viernes, 9 de julio de 2021

DEL LENGUAJE FALSIFICADO Y TRAÍDO AL MARGEN DEL LOGOS Y DEL BÁSICO ENTENDIMIENTO DE LO MORAL

 Finalizamos las reflexiones sobre la ausencia de fundamento intelectual y moral en los que debieran ser ejemplo de conducta para la sociedad y el individuo, y todo para la sección Pensamiento del blog Ancile, bajo el título: Del lenguaje falsificado y traído al margen del logos y del básico entendimiento de lo moral.



DEL LENGUAJE FALSIFICADO Y TRAÍDO

AL MARGEN DEL LOGOS

Y DEL BÁSICO ENTENDIMIENTO DE LO MORAL



 

Del lenguaje falsificado y traído al margen del logos y del básico entendimiento de lo moral. Francisco Acuyo


 

Que hoy pongamos en cuestión la naturaleza del nous, de la inteligencia misma, es mucho más que un síntoma, es la declaración de una enfermedad social, no sé si todavía curable. EL conocer ya no tiene ninguna importancia, y es cuestionada incluso en la misma convivencia humana.[1] La manipulación del lenguaje como fundamento de todo conocimiento es la triste realidad de la alienación de las conciencias en la actualidad, y donde el sentido (aístheis) de lo justo o de lo injusto, de lo que está bien o mal es ignorantemente llevado al olvido y este dado por plenamente justificado.

                Cómo se ha olvidado, sí, la base de toda felicidad (eudamonía), que es el conocernos a nosotros mismos a través de la mirada justa, sapiente y benefactora de los demás. Mas ¿cómo podemos fiarnos de esa mirada y ese conocimiento cuando los fundamentos de toda moral y todo conocimiento se cuestionan y desaparecen por mor de unos interés (políticos, ideológicos, de grupo…) creados?

                La lucha platónico aristotélica de una felicidad sólo posible a través de una forma justa de convivencia se ha desvirtuado por la profunda ignorancia de quien ahora (interesadamente influenciados por el poder en boga) proclama las formas que son las que rigen aquella convivencia. Acaso ahora, aunque no es nueva esta situación, es más extrema y recalcitrantemente zafia, nesciente y estúpida. Cuando los guardianes (de la República) se privilegian tan descaradamente en su dominio y muestran sin pudor ninguno su ignorancia de espaldas en realidad a lo que conviene a la sociedad, ¿qué podemos esperar de la ciudadanía –avisada del logos y de la justa moral-, si no es su profunda desafección y radical desprecio?

                Si la bondad e inteligencia deben ilustrar y guiar al guardián genuino ¿cómo hemos de actuar quiénes, ante este imperio de ignorancia e injusticia lo único que cuenta es la felicidad del tirano y sus acólitos y cofrades? ¿Qué, cuando la sabiduría y la prudencia brillan por su total ausencia? ¿Cómo hemos de estimar premios, reconocimientos y galardones ofrecidos discrecionalmente por estos y otros personajes afines a tan increíble despropósito?

                Una cosa es clara, hoy día no hay necesidad de toda forma de paideia condicionada, porque esta es inexistente, y lo será porque si la máscara de aquella era proporcionada por la misma filosofía, esta es ahora irrelevante, y es que no existe siquiera un fingimiento filosófico por parte del hombre público bien formado, sino el descaro del profundamente ignorante que hace uso del dominio de su poder para la propia ( y a la de los suyos, que viene a ser la misma cosa)  ventaja.

                Ya no hay siquiera peligro de que la cultura, la obra del pensamiento pueda articularse en un largo sintagma terminológico[2], porque este también es inexistente. Ante tal indigencia intelectual, ante tal miseria moral, ante tal vileza personal ¿qué podemos esperar para el fin primordial de cualquier república que es la ansiada eudamonía (felicidad) que nos iguale y nos distinga según nuestra idiosincrasia y méritos justamente reconocidos?

                Desde luego no hay que temer que la filosofía, la cultura, el lenguaje mismo acaben esclerotizados al margen semántico de su origen (de conocimiento y justicia moral de dónde hubieron de ver la luz), porque está tristemente ausentes en las aspiraciones del hombre que debiera ser ejemplar en nuestras vidas.

                Si el más grande fruto de la autosuficiencia es la libertad (que proclamara Epicuro), estableciendo la amistad como uno de los pilares básicos de vida y convivencia, basada en el conocimiento y la actitud moral justa, ¿dónde, o cómo queda aquella simpátheia tan necesaria para la convivencia? ¿Dónde queda aquella perpetua lucha entre la epistémé estable y la doxa en continua varianza? ¿Dónde el equilibrio entre el yo que quiere hermanarse con conocimiento y voluntad moral al exterior que lo rodea? ¿Acaso estas interrogantes está ya fuera de lugar en nuestros días? Mal se nos pinta el futuro de la humanidad de ser cierto.

                No obstante, por todo lo deducido de esta y otras entradas sobre estas cuestiones y otras similares, debemos reivindicar aquello de que tenemos que liberarnos de la cárcel de los interés cotidianos y de la política.

 

 

Francisco Acuyo



[1] Véase la manipulación constante de la educación por las diferentes ideologías y resurgimiento del lobby como maneras de presión de lo más básico para la expresión de la inteligencia como es el lenguaje.

[2] Lledó, E.: op. cit. pág. 271.



Del lenguaje falsificado y traído al margen del logos y del básico entendimiento de lo moral. Francisco Acuyo


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