jueves, 15 de octubre de 2015

POESÍA (COMO EL ZEN): ENTRE LOS LÍMITES DE LA RAZÓN Y LOS CONFINES DEL LENGUAJE

Para la sección De juicios, paradojas y apotegmas, del blog Ancile, Poesía (como el zen): entre los límites de la razón y los confines del lenguaje.


Poesía (como el zen): entre los límites de la razón y los confines del lenguaje, Francisco Acuyo



POESÍA (COMO EL ZEN): ENTRE
LOS LÍMITES DE LA RAZÓN Y LOS 
CONFINES DEL LENGUAJE








SIEMPRE consideré que los términos pensamiento (pensare, -estimar, comparar- y  miento –resultado-), razón (ratio- onis, de reor, reris, reri –pensar, creer-)  y conciencia (conscientia,  con –convergencia- y scientia de sciere –saber-) - habían traído más sombras y confusión que luces o elucidación para la actualización de sus terminologías al ámbito de la filosofía, la ciencia, la disciplina filológica e incluso en los ámbitos de aplicación artístico literarios. Sobre todo con la arrolladora aparición de la neurociencia como piedra de toque para la explanación de todos los fenómenos que atañen al comportamiento psicológico –consciente e inconsciente-, intelectual e incluso para la explicación de la aspiración trascendente del individuo (y que en tantas ocasiones se ha evaluado como la nueva religión (científica) ya que, dice, aporta todas las soluciones al problema de la identificación y evaluación de los procesos del pensamiento y la conciencia, todos ellos fenómenos, o, mejor, epifenómenos del cerebro), cuestión esta que se muestra abierta a un amplio, complejo y contradictorio debate que no se perfila con visos de solución inmediata.

Poesía (como el zen): entre los límites de la razón y los confines del lenguaje, Francisco Acuyo
                Hay procesos de profunda significación psicológica –no solo neurológica-, filosófica e incidente en ámbitos de diversas ciencia naturales (incluso la física) que encierran todavía un profundo misterio para el conocimiento humano. Uno de ellos es el de la propia conciencia advertido en reiteradas ocasiones en este blog, pero el más extraordinario sea el de la capacidad creativa –inevitablemente conectado a la conciencia- que, muy bien pudiera emparentarse con la disposición o idoneidad para lo trascendente –que, aún bajo la imponente presión positivo científica y desde luego
ideológica- quiere ser relegada al ámbito de la fabulación, sin tener presente no ya su reiterada y tenaz insistencia y resistencia a través la historia de la humanidad a desaparecer, sobre todo por su innegable originalidad para interpretar y recrear el mundo, cuyos beneficios –puros, me refiero al margen del desarrollo doctrinal e institucional que pudieran derivarse de algunos de estos intentos trascendente religiosos- son evidentes para el individuo (y quién sabe si para las sociedades que quieran admitirlo, a fuer de ser materialistas, no tanto por convicción sino por relajamiento mental y ético).

                Ya el torturado y agónico pensamiento unamuniano nos advertía de que el pensar no era compatible con el impulso que alienta a la vida, el entendimiento, es verdad, puede no tener nada que ver con la vida, aunque sea bajo su manto vital bajo el que se produzca. El místico nos enseña la necesaria emancipación no solo de las convenciones culturales y sociales para la liberación verdadera, también nos habla del aquietamiento y silenciamiento de la mente en sus procesos de pensamiento, raciocinio e intelección de conceptos. Todas estas vías de conocimiento o percepción de la vida son parciales y limitadas y rebajan, e incluso anulan, la visión totalizadora y totalizante de la realidad que se ofrece y se oculta (a la razón y al pensamiento) en la vida.

                Hay unanimidad entre los iluminados en que se precisa de una ruptura de la conciencia limitada por el pensamiento y el análisis racional –o lógico-, ya que serán aquellos los que no permitan ver la totalidad de lo que hay en el mundo y en la vida consciente tal y como nosotros la entendemos. Véase aquí que la acepción de conciencia viene claramente diferenciada de la de pensamiento y razón, por entender que estas últimas son necesarias para el desarrollo práctico de la vida, pero parciales a la hora de aprehender la realidad el mundo. El místico verdadero no solo rechaza la voluntad del pensamiento y la razón, sino la de Dios mismo, en tanto que si no se es libre en tanto que no soy criatura ni Dios, sino lo que era y lo que permanecerá ahora y siempre.[1] Lo curioso es que esta impresionante afirmación no la hace ningún cenobita zen, sino, nada menos que el heterodoxo e iconoclasta Maestro Eckhart. Algo similar sucederá con nuestro San Juan de la Cruz, obligado a explicar la naturaleza de su Cántico Espiritual para no acabar, quizá, en los tribunales del Santo Oficio.

Poesía (como el zen): entre los límites de la razón y los confines del lenguaje, Francisco Acuyo
                Aquella divina universalidad a la que aspira el místico, resueltamente se presenta, atención, no ajena o antinómica a la razón y al pensamiento, sino que reconoce que estos son inevitables, insuficientes y reconocibles y, desde luego, superables para la percepción total; de su desarraigo nace la capacidad de elevarse para llegar al hombre interior (divino). Es una exigencia para la superación de los procesos conscientes racionales a través de una necesaria radical transformación (que nos recuerda a Schopenhauer o al Niezstche de su Zaratrusta).

                Si el lenguaje lleva a equívocos para el entendimiento unitario de las cosas, no es extraño que al fin de aprehenderlas en su totalidad la paradoja como vía heterodoxa sirva de acercamiento, sino a esa realidad perseguida, al menos para contrastarla de la apariencia. A este efecto el nos encontramos que el poema –como el Koan[2] (Zen)- se ofrece como el útil predilecto para alcanzar aquel fin de comprensión última que en modo alguno se encuentra bajo las directrices o relaciones estrictamente racionales.

                La falta de presupuestos (racionales, de pensamiento conceptual o lógico) en el siempre raro ámbito de la poesía[3], como en el relato zen, obedece en sus fundamentos como principio, mas esto no significa que no exista una convergencia y un saber (conscientia) que abra a la luz de lo verdadero, sobre todo porque conecta el mundo de lo consciente e inconsciente ofreciendo el panorama inaudito de la totalidad que supone la iluminación. Esta consciencia de lo inconsciente deriva en una necesaria y nueva definición de la palabra conciencia, al menos para la que pretende abarcar (los contenidos del inconsciente) como matriz de todos los enunciados metafísicos, de toda mitología, de toda filosofía y de todas las formas de vida que se basan en presupuestos psicológicos[4]. Lo que nosotros aquí denominamos consciencia equivaldría al Satori, o al Nirvana y que, dentro de la culturas y lenguas occidentales encuentran con gran dificultad una expresión (que no sea poética) para su enunciación. Acaso por eso no nos hemos cansado de emparentar la singularidad del más elevado discurso poético con la conciencia de la realidad invocada más allá del devenir temporal, para incluirse en una suerte de eterno presente que radica en el espíritu en soledad de un hombre que pone en evidencia los límites del pensamiento, de la razón e inevitablemente del lenguaje.



                                                                                                       Francisco Acuyo




[1] Eckhart, Maestro: El fruto de la nada, Sermones, Beati Paupere, Siruela, Madrid, 2014.
[2] Pregunta que hace el maestro cuya respuesta (verbal o de acción directa) es siempre paradójica e incluso de apariencia absurda.
[3] Por mucho que las doctrinas literarias postmodernas, cuanto más literarias más ridículas, pretendan vender la poesía como algo asequible a cualquier a criatura plañidera y sollozante,  o ahíta de su propia insuficiencia intelectual y espiritual para situarse en un mundo lleno de convenciones cada vez más frívolas, crueles y egoístamente impresentables.
[4] Jung, C. G: Introducción al libro Introducción al budismo zen, de D. T. Suzuki, Edt. El mensajero, Bilbao, 1986, p. 26.





Poesía (como el zen): entre los límites de la razón y los confines del lenguaje, Francisco Acuyo

lunes, 12 de octubre de 2015

SOLIDARIDAD Y HUMANISMO: LA RAZÓN Y SIN RAZÓN DE LA NATURALEZA HUMANA

Ofrecemos para la sección, De juicios, paradojas y apotegmas, del blog Ancile la reflexión titulada: Solidaridad y humanismo: la razón y sin razón de la naturaleza humana.



Solidaridad y humanismo: la razón y sin razón de la naturaleza humana, Francisco Acuyo





SOLIDARIDAD Y HUMANISMO:

LA RAZÓN Y SIN RAZÓN DE LA NATURALEZA HUMANA










A tenor de los movimientos más o menos bien intencionados de repulsa ante la barbarie de la segregación,  aislamiento o violencia de determinados grupos humanos en la sociedad (diversa, contradictoria y compleja) de nuestros días, ha venido a resultar una (ya muy vieja) iniciativa para la denuncia y al tiempo para la solidaridad que en realidad esconde – o no- otras cuestiones egotistas inconfesables.

            Lo cierto es que nada hay más humano que la manipulación, la hipocresía y el cinismo manifiestos en la conducta individual de algunos y en la indiferencia de casi todos ante estos procederes, y no tanto a efectos de rasgarse las vestiduras ante las injusticias evidentes de nuestras sociedades, como para denunciar estos comportamientos sangrantemente farisaicos cuando no descaradamente impostores. Todos sabemos de los que, en virtud de la desgracia ajena, gustan de obtener la correspondiente imagen y publicidad de sus denuncias, reconociendo –porque en verdad nos cuesta creer que se sea tan majadero como para ignorar que nos damos cuenta, sin contar la insultante conducta para la inteligencia de quienes dudamos ciertamente de su sinceridad-  que la difusión (personal) a través de estos eméticos instrumentos de divulgación de sus supuestas excelencias éticas y estéticas funcionan resueltamente.

Solidaridad y humanismo: la razón y sin razón de la naturaleza humana, Francisco Acuyo            Que somos hijos de un proceso evolutivo singular sería uno de los rasgos que con mayor particularidad hablarían de nuestra naturaleza, pues, si somos una especie animal, hasta qué punto gozamos de excepcionalidad en este reino -animal- en particular, cuestión que se ha debatido –y creo que se seguirá haciendo durante bastante tiempo-, en cualquier caso, mostramos con extraordinaria frecuencia nuestro proverbial poco respeto con el resto de especies que pueblan nuestro común hogar planetario.

            La sociobiología se interesa en mostrarnos cómo las conductas sociales de los animales muestran colaboración, territorialidad, agresión… y que no son muy diferentes a las que les son propias al ser humano. O, ¿Sí?. La verdad es que es difícil constatar en otra especie esa entrega por la devastación de su entorno y la propia autodestrucción. Diríase que si hay una especie menos dueña de su destino (evolutivo) sería la del ser humano.
            La conducta altruis
ta de grupo observada en muchas especies para la selección inclusiva, en los seres humanos, se ofrece como una vía más para la autopromoción y el silenciamiento y la segregación de los que están fuera de sus presupuestos ocasionales y de sus intereses personales. Shakespeare en su tragedias supo sacar rédito como pocos de estas miserias humanas para encumbrar
Solidaridad y humanismo: la razón y sin razón de la naturaleza humana, Francisco Acuyo
lo más granado de la humanidad, a saber: su denuncia.

            Etnias amenazadas, refugiados a la fuga de las miserias de la guerra, emigrantes que huyen de la hambruna…. son las nuevas víctimas no solo de la desgracia objetiva que les cerca (hambre, guerra, persecución política…), sino de los buitres de los buenos sentimientos que se placen en las miserias de estos desheredados de la tierra para sacar copioso rédito a la sazón. Son la nueva plaga de un mundo en franca descomposición y que viven de su carroña cierta.

            No puede extrañarnos que la afirmación, la humanidad no existe, trascienda las fronteras de la teoría de la evolución, la sociobiología, la política, la filosofía… porque es una manifestación ética, o mejor, de ausencia de la misma, que pone en clara evidencia el mito del progreso, o es que acaso no es esta la mayor reacción al futuro de un mundo más justo, más igualitario, más razonable, en fin, ante la negación de un hecho incontestable, el constante conflicto de nuestra naturaleza, manifiesto en la inaceptable confrontación entre los individuos como tales y la sociedad como colectivo.

            El altruismo anónimo de tantas personas que en el mundo ofrecen sus dones materiales, personales y éticos sin esperar nada a cambio son, aun en su anonimato, el ejemplo moral que pone en duda el hecho constatable -hasta el momento- de que el progreso es un mito.



            Francisco Acuyo

            





Solidaridad y humanismo: la razón y sin razón de la naturaleza humana, Francisco Acuyo

miércoles, 7 de octubre de 2015

LA SOLEDAD DEL BREZO

Para la sección Poema semanal del blog Ancile, traemos el poema titulado La soledad del brezo, del libro Los principios del tigre, 1997, 2012 en segunda edición.


Enlace a la Web Ancile



La soledad del brezo, Francisco Acuyo, Ancile






LA SOLEDAD DEL BREZO




La soledad del brezo, Francisco Acuyo, Ancile







CIELO de luz
para la senda estrecho,
donde abre un mundo
tibio, propio, perplejo.

Aquel deliquio
de abejas y de pétalos,
de tibios peces
y pájaros pequeños.

Frica del cauce
con mecánico juego
la luz que engasta
en sus vívidos émbolos.

Bebe el espíritu
tan subido deseo,
bebe la carne
sobre un mármol eterno.

Cielo de luz
para la senda estrecho,
donde abre un mundo
tibio, propio, perplejo.





Francisco Acuyo, de Los principios del tigre, 1997 y 2012 en segunda edición.







La soledad del brezo, Francisco Acuyo, Ancile

domingo, 4 de octubre de 2015

MELODÍAS DE LA LUZ, PARA FRANCISCO FERNÁNDEZ

Ofrecemos para la sección de Noticias del blog Ancile, la primicia editorial de Jizo Ediciones titulada, Melodías de la luz, antología de textos en homenaje al fotógrafo, profesor y sobre todo amigo, Francisco Fernández. En este libro encontrarán poemas, trabajos en prosa, partituras, prosa poética... de muy diversos autores: poetas, escritores, músicos, artistas, filósofos, profesores... que les une el nexo indeleble de la verdadera amistad hacia una persona de singular, indulgente y comprensivo talante como el de Francisco Fernández.
En esta publicación se rinde culto siempre cordial al personaje, pero también a la excelencia de la fraternidad ofrecen su regalo y homenaje, por el orden que aparecen en el libro: Francisco Acuyo, Rosaura Álvarez, María Victoria Atencia, Enrique Baena Peña Juan Alfredo Bellón, Marga Blanco Samos, Virgilio Cara, José Cabrera Martos, Antonio Carvajal,  Francisco Castaño, Juan José Castro, Antonio Checa, Antonio Chicharro, Juan Antonio Díaz,  Rosario de Lepanto y Pedro Fernández, Francisco Domene,  Carlos Fernández Serrato, Juan Carlos Friebe, Trinidad Gan, José Antonio García Aguilera,  Pedro Garciarias, Jesús García Calderón, Manuel García, Albertto García Demestres,  Rafael Giménez Callejas, Constanza González Ferrer, José A. González Núñez, Joëlle Guatelli-Tedeschi, Rafael Guillén, Diego Jesús Jiménez,  Rafael Juárez, Emilio Lledó,  José Luis López Bretones,  Héctor Eliel Márquez, Anselmo Martínez Camacho, Jesús Martínez Labrador, Carolina Mayorga, Juan M. Molina Damiani,   Ángeles Mora  Luis Javier Moreno,  Jesús Munárriz, Kiko Nuez, Juana Olmedo, Dionisio Pérez Venegas, Antonio Piedra,  José Antonio Ramírez Milena,  Rosa Romojaro,  María Rosal, José Manuel Ruiz, Manuel Salinas, Antonio Sánchez Trigueros, Francisco Silvera, Alberto Soler, Juan Ramón Torregrosa, Rosario Trovato, Manuel Urbano, Manuel Ángel Vázquez Medel, Manuel Vergara Carvajal.
Queremos nosotros, aprovechando la onomástica del homenajeado,  Francisco Fernández, en el día de San Francisco de Asis, felicitarle con esta entrada, e invitar a todos los devotos por las ediciones exquisitas, la poesía, la literatura, la música.... y sobre todo la amistad, a acercarse a las páginas de estas Melodías de la luz, con la seguridad de que encontrarán en ellas lo más granado y sincero del espíritu humano, volcado con el artista, el profesor, el amigo, en fin, que está siempre presente en estas páginas. Felicidades, Francisco Fernández, con un fraternal abrazo de todos los que han podido intervenir en esta edición, y de otros muchos que también te quieren sinceramente, que les habría gustado darte las muestras de cariño que mereces.
Dejamos aquí la nota introductoria del libro editado por Jizo ediciones y espléndidamente diseñado y maquetado por Atticus ediciones, y, nuestro deseo de que estas muestras de lealtad sean frecuentes en las trajinadas vidas que nos ocupan y nos hacen distantes aun sin pretenderlo. 
Presentaremos esta edición el día 29 de este mes octubre en la Picasso de Granada. Os mantendremos al tanto del evento.


Melodías de la luz, para Francisco Fernández, Ancile
Fotografía de Javier Leal



MELODÍAS DE LA LUZ
PARA FRANCISCO FERNÁNDEZ



Melodías de la luz, para Francisco Fernández, Ancile




PALABRAS LIMINARES



Este libro que quiere ser un “ramo de rosas” (así llamó Rubén Darío a su soneto dedicado al Marqués de Bradomín) ofrecido a Francisco Fernández Sánchez con el doble motivo de su septuagésimo aniversario (la fecha de nacimiento suele ser un dato privado) y su onomástica (fecha más pública, pues el nombre propio es lo primero que decimos para establecer el contacto social). En respuesta a la convocatoria de Antonio Carvajal (no extrañen, por tanto, las continuas alusiones a él), se han recibido las obras que aquí se recogen y que, según los hábitos de la floristería, se presentan con el tratamiento adecuado para dar impresión armoniosa. Pues hay quienes han escrito el texto para esta ocasión; quienes han recuperado textos que, unas veces éditos, otras guardados, ya habían tenido a Francisco como destinatario o sujeto; quienes, para cumplir el plazo para su recepción, ocupados en mil tareas, han escogido un poema o una página de prosa antes sin destinatario expreso y se han incorporado a este coro de amigos: porque a la generosidad de Francisco Fernández sólo se puede corresponder con generosidad pareja.
Así que se ha mantenido su nombre cuando es título o de él forma parte; pero en ocasiones aparece como paratexto. Y aquí debemos apartarnos de la floristería para añadir, como elemento afectivo del ornato, expresiones que dan a ciertas rosas un matiz en su perfume.
Son estas: A Francisco Fernández en el jubiloso pabellón (González Núñez), por sí, por todo (Ramírez), día a día en su luz (Ángeles Mora), que eterniza estos filtros (Piedra), fraternalmente, esta luz de octubre en su pintura (Acuyo), pintor de instantes y de almas y de amigos: mirada de poeta sobre lo mejor que fuimos (Friebe), artista de la luz (Chicharro) que sabe hacer que se estremezcan todos los colores que hay dentro del blanco y negro (Domene), “doctor luminis causa”, según palabras de Antonio Carvajal (Garciarias), el mejor amigo para emprender cualquier largo viaje (García Calderón).
Francisco Fernández es un héroe de la Primavera de Arcimboldo, sofisticado flâneur de itinerarios palaciegos, habitante misterioso de atardeceres y balaustradas de mármol. Su perspectiva, de observador experto; bajo ese privilegiado tamiz, el elemento adopta una forma proporcionada y clara. Flores: calas; jardines, fuentes. Rostros, en los que las facciones casi siempre cobran un insólito cariz, irradiadas de blancos suaves, negros discretos y múltiples grises. Su mirada generosa, manierista y sincera se posa en una faz y se obra el milagro: saca de ti tu mejor tú (Olmedo).
Gracias por cruzarte en nuestras vidas y contribuir a mejorarlas (Juana Olmedo, en nombre de todos los amigos).






Melodías de la luz, para Francisco Fernández, Ancile

jueves, 1 de octubre de 2015

EL TIEMPO EN LOS ÁLAMOS

Para la sección, Poema semanal, del blog Ancile, traemos el poema titulado, El tiempo en los álamos, del libro Los principios del tigre, 1997, 2012 segunda edición aumentada.


Enlace a la Web Ancile



El tiempo en los álamos, Francisco Acuyo, Ancile






 EL TIEMPO EN LOS ÁLAMOS






El tiempo en los álamos, Francisco Acuyo, Ancile


MEMORIA. Sol de los muros.
Ángel caído en la tarde:

Entre ramos de azucenas,
entre jazmines galanes,

las palomas y las fuentes
de corolas y corales.

Tras del tópico del agua,
el arrayán y el estanque;

y las frutas en los frescos
y ataurique en los cristales.

El horizonte bermejo
sobre sueños verticales.

Tras de su huerto las fuentes,
aunque juguete de edades,

regresan donde el futuro
eternamente se sabe.

En derredor de sus muros
las nuevas antigüedades.

En el vértigo hacinados
proyecta el tiempo los valles:

El anónimo trasiego
de escogidos personajes.

El álamo cotidiano
y las prisas seculares.




Francisco Acuyo, de Los principios del tigre, 1997, 2ª edición 2012.





El tiempo en los álamos, Francisco Acuyo, Ancile

martes, 29 de septiembre de 2015

IA: DE LA NATURALEZA DE LA CIENCIA Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL: ALGUNAS CUESTIONES TERMINOLÓGICAS

Algunas aproximaciones sobre el discurso utilizado en relación a la ciencia computacional respecto de otras disciplinas, en el blog Ancile, para la sección De juicios, paradojas y apotegmas, bajo el título; De la naturaleza de la ciencia y la inteligencia artificial, algunas cuestiones terminológicas.

IA: de la naturaleza de la ciencia y la inteligencia artificial: algunas cuestiones terminológicas., Francisco Acuyo


DE LA NATURALEZA DE LA CIENCIA 
Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL:
 ALGUNAS CUESTIONES TERMINOLÓGICAS



IA: de la naturaleza de la ciencia y la inteligencia artificial: algunas cuestiones terminológicas., Francisco Acuyo




CUANDO está tan en boga y vigor la cuestión –nada sencilla para ser sujeta a una mera descripción aproximativa- del avance de los procesos tecnológicos en la denominada inteligencia artificial, se pone sobre la palestra aspectos que van desde la identificación, definición y naturaleza de aquella, siempre con no pocas controversias, equívocos e indefiniciones, acaso porque todas aquellas exposiciones y dictámenes al respecto provienen de muchas y muy diversa áreas del saber científico y filosófico. También porque no parece en modo alguno relacionarse la inteligencia con el no menos peliagudo problema de la conciencia (del que hablaremos en otra ocasión próxima). Añadamos el hecho perfectamente constatable de que tanto la inteligencia proveniente de un ingenio informático o cibernético, en las analogías llevadas a cabo en relación con la inteligencia humana, se han hecho casi siempre bajo los auspicios de la terminología de la máquina como ingenio computacional, estableciéndose entre una y otra este grado de semejanza e incluso de igualdad, que considera la inteligencia artificial hija de la máquina, y la humana con idéntico grado de parentesco mecanicista e incluso parecido proceso (¿vital?) evolutivo.
                Véase que la inteligencia se entiende, según la RAE, como: Capacidad de resolver problemas. Conocimiento, comprensión, acto de entender. Sentido en que se puede tomar una sentencia, un dicho o una expresión. Habilidad, destreza y experiencia, e incluso como sustancia puramente espiritual.[1] Para la disciplina de la inteligencia artificial, la inteligencia es un programa capaz de ser ejecutado independientemente de la máquina que lo ejecute, sea computador o cerebro. Algunos psicólogos de relieve[2] aceptan con más o menos matices la noción de racionalidad como un proceso derivado de la computación – de cálculo-. No es extraño que algunos otros profesionales
IA: de la naturaleza de la ciencia y la inteligencia artificial: algunas cuestiones terminológicas., Francisco Acuyo
de la psicología crean que nuestros cerebros son el resultado de una evolución ¡¿emparentada con la de las máquinas inteligentes?! hasta convertirse en una máquina viva, y de paso establecer una suerte evolución, entiendo que  mecanicista, en referencia a las propias máquinas artificiales,  supuestamente dotadas de la  pensar –cosa harto discutible a día de hoy.
                La inteligencia, del latín intelligentia,[3] cabe entenderse, por su etimología, como aquella cualidad, en fin, para escoger correctamente entre diversas opciones. En cualquier caso, habría que saber leer entre líneas, puesto que, si legere (escoger, leer…) porta la raíz indoeuropea leg, que significa acumular, dicha raíz también está presente en griego –legein- y significa escoger, leer, y que nos parece fundamental distinguir. El discurrir –escoger lo más idóneo- y el memorizar, acumular información, son procesos que necesitarían diferenciarse, y de cuya diferencia pueden deducirse múltiples formas de inteligencia: abstracta, concreta, social, emocional… de todo lo cual cabe inferirse la complejidad del tema en la cuestión terminológica que debatimos.
                No estaría demás establecer algunos parámetros adecuados en relación al origen de una y otra inteligencia (artificial y o humana o natural), y que creo que se debate, con toda modestia, de manera equívoca, ante todo por el poderoso influjo de las ciencias de la computación, la informática o la cibernética, de las que se extrapola inadecuadamente el concepto de artefacto, máquina al ser humano, al que sin duda, humildemente, casa mucho mejor el de organismo vivo e inteligente. Así pues, la inteligencia artificial sería la rama de la ciencia de la computación dirigida a la automatización de la conducta inteligente. De esta definición, aceptada por aquella disciplina, ya cabe distinguirse claramente los procesos automáticos y mecánicos del artificio inteligente, de aquellos que proceden del complejo orgánico biológico (sin contar todos los referentes que influyen muy directamente en la conducta inteligente del individuo: culturales, sociales, psicológicos, genéticos….)
                No debemos obviar otro fundamento de la inteligencia artificial en su procedimiento para la resolución de problemas y acumulación de datos, a saber: su inicial dependencia algorítmica para llevar a término estas actividades inteligentes. Estas reglas para la consecución de cualesquiera supuestos suponen en el ámbito de la eficacia nemotécnica un avance inigualable e incomparable en el que la máquina tiene todas la ventajas sobre el ser humano, mas este procedimiento matemático del ingenio inteligente queda fuera de tantos parámetros en los que se encuentra influido la inteligencia humana, que no sé si pueden ser siquiera comparables.
                La máquina de Turing, acaso, no hace sino poner nuevas interrogantes y problemas nuevos a la posible relación impuesta por el discurso de los seguidores de la IA[4] entre la inteligencia natural o artificial. Existirá inteligencia artificial cuando seamos capaces de distinguir entre un ser humano y un programa de computadora en una conversación a ciegas[5].
                Pueden contrastarse opiniones diferentes sobre esta temática en lugares especializados como la revista edge. org, a la sazón sede de la Edge Foundation, Inc.[6], lugar en el que podrán
IA: de la naturaleza de la ciencia y la inteligencia artificial: algunas cuestiones terminológicas., Francisco Acuyo
considerarse estas cuestiones que nos parecen algo más que meras disquisiciones semánticas entorno a las definiciones en las que se mueven los especialistas e interesados, singularmente estigmatizados por la adopción irregular de terminologías anglosajonas adaptadas a otros idiomas, incluidos el español y, sobre todo, en la afiliación descuidada de terminologías propias de los lenguajes especializados de la IA a discursos de otras disciplinas que resultan cuando menos irregulares e inexactas, llevando a confusiones como las que marcan el discurso de  autores como de George Church, eminente profesor de  Harvard cuando dice, y no metafóricamente, […] solo soy una máquina que piensa,[…] y como máquina humana aprendemos a ampliar nuestras capacidades a través de la simbiosis con otras máquinas…. que se suponen otros seres humanos, animales, plantas, etc…
 Máquina, del latín machina y este del griego dórico majana, mantiene las acepciones en nuestro idioma de: Artificio para aprovechar, dirigir o regular la acción de una fuerza. Conjunto de aparatos combinados para recibir cierta forma de energía y transformarla en otra más adecuada, o para producir un efecto determinado. Agregado de diversas partes ordenadas entre sí y dirigidas a la formación de un todo,[7] que creo da una muy clara referencia en su diferentes acepciones a lo que es una artefacto de lo que se supone es un organismo, como conjunto de órganos regido por leyes específicas que caracterizan a un ser viviente[8]. No pretendo llevar esta disquisición a la platónica y tan traída deus ex machina platónica, aunque vendría al pelo, si atendemos al significado literal de la misma, que hacía referencia al teatro griego cuando se utilizaba una grúa –máquina- para introducir una deidad en el escenario para resolver cualquier situación dramática de la obra en cuestión representada.  Pues bien, así viene usándose. Lo mismo para un roto que para un descosido, el término, indistintamente se usa para lo que la máquina realiza inteligentemente, y lo que con inteligencia puede realizar un ser humano como organismo peculiar, creemos que siempre diferente del de la máquina.
                Es interesante comprobar que el designio semántico de la palabra organismo (como conjunto de órganos que conforman un ser vivo) derivada del organum latino y del organon griego (instrumento, herramienta, útil, órgano) deja entrever la concepción de un sistema singular.
IA: de la naturaleza de la ciencia y la inteligencia artificial: algunas cuestiones terminológicas., Francisco Acuyo
 A fuer de parecer algo tiquismiquis en esta relación etimológico-lingúistica, insisto en utilizar el lenguaje con propiedad a la hora de establecer analogías, no entraré en este post sobre las cuestiones que relacionan o diferencian a la inteligencia artificial de la que se supone que no lo es (por ser humana), sobre todo porque en principio se establece una diferencia fundamental entre la máquina inteligente y el organismo dotado así mismo de inteligencia y en continuo cambio, y es que hasta la presente aquel organismo evolucionado que llamamos hombre (con conciencia de sí mismo y de lo que le rodea) es el que posee la inteligencia creativa capaz de generar entidades nuevas, como es el caso de la propia máquina portadora de inteligencia artificial. Habrá ocasión para adentrarse en esta cuestión capital y verdaderamente fascinante. Quédense ahora con las aproximaciones terminológicas que deben usarse con mayor propiedad, sobre todo porque llevamos a la confusión no sólo del lego en cuestiones computacionales, sino también del avisado que intenta contrastar con garantías de buen entendimiento las relaciones entre la máquina que calcula, procesa o  acumula información, y el ser humano que, en su ámbito de interacción interpersonal y ambiental bien distinto, es capaz de tener conciencia y de crear, por lo que requeriría de terminología más apropiada; es preciso una seriedad discursiva que, sin duda, irá en beneficio tanto de los investigadores



                                                                                                          Francisco Acuyo






[1] Diccionario de la RAE: Espasa Calpe, edición 22ª, Madrid, 2014.
[2] Nos referimos a psicólogos evolutivos como es el caso de Steven Pinker.
[3] Se compone de inter –entre-, del verbo legere –escoger, separar, leer…, del sufijo, nt, que indica agente, y del sufijo ia, que viene a indicar cualidad.
[4] Acrónimo de Inteligencia Artificial.
[5] Así lo definía Turing tras elaborar su célebre Test (Test de Turing) en el que un juez humano se encuentra en un lugar aislado mientras que en otro se encuentra una máquina y un humano, dicho juez debe descubrir quién es el humano y quien la máquina a través de respuestas escritas que ambos hacen a sus preguntas, estando autorizados a mentir y a equivocarse en sus respuestas.
[7] Diccionario de la RAE, ver nota 1.
[8] Véanse las diferentes acepciones en nuestra lengua.





IA: de la naturaleza de la ciencia y la inteligencia artificial: algunas cuestiones terminológicas., Francisco Acuyo