domingo, 24 de enero de 2016

JOSÉ MERCADO Y SUS "PIEZAS DE ARMAR"

Traemos para la sección, Noticias, del blog Ancile, la soberbia edición -póstuma- del libro del escritor y profesor José Mercado, Piezas de armar, editada por la Diputación de Málaga en la impecable y muy preciosa colección Puerta del Mar, sabiamente dirigida por el poeta -y amigo- Manuel Salinas; presentado en el Centro Artístico, Literario y Científico de Granada recientemente, por el propio Salinas, Celia Correa, Antonio Carvajal y por el responsable de la edición, el también poeta (y también buen amigo) José Luis López Bretones. 
Traemos para esta entrada la sentida y muy hermosa y reflexiva introducción que hizo Manuel Salinas para la ocasión y que vino a intitular: Del lado de la vida, extraído de su libro, Y Portuguesa el alma. 




José Mercado y sus piezas de armar, Ancile
José Mercado




JOSÉ MERCADO Y SUS "PIEZAS DE ARMAR"




José Mercado y sus piezas de armar, Ancile





DEL LADO DE LA VIDA






Sin duda,  el amor es una forma de conocimiento. 

Escribió Simone Weil que el gran dolor del hombre lo constituye el hecho de que mirar y comer son dos operaciones diferentes. Esto es, mirar  es alertar a los sentidos ante el mundo de las cosas sensibles. Y comer es llevar esa mirada al campo de la experiencia y de la memoria.
Basta mirar para comprender que del tema del amor al de la verdad el tránsito es breve. 

Hoy en día el amor es un lenguaje cuyo protagonista principal es el cuerpo, la praxis utilitaria del mundo, la mirada que ignora que lo útil – o lo inútil- es cuanto nos ayuda a hacernos mejores. 

Escribió el valenciano Vicent Andrés Estellés:

[…] “Nuestro amor es un amor brusco y salvaje,
y tenemos la añoranza amarga de la tierra,
de andar a revolcones entre besos y arañazos.
¡Qué queréis que haga! Elemental, ya lo sé.
Ignoramos a Petrarca e ignoramos muchas cosas.

Las Estances de Riba y las Rimas de Bécquer.

Después, tumbados en el suelo de cualquier manera,
comprendemos que somos unos bárbaros, y que esto no puede ser.”


Pero, el valor polisémico del sustantivo bárbaro también habla de esa persona ciega y sorda a la presencia del símbolo. Sin lugar a dudas, en el poema está hablando el rey Egerio que toma la palabra en El Purgatorio de san Patricio de Calderón para señalar 

            […] Porque quisiera
fiera ansí parecer, pues que soy fiera;
a dios ninguno adoro,
que aun sus nombres ignoro,
ni aquí los adoramos ni tenemos;
que morir y nacer sólo sabemos.



Imagen del bárbaro, hombre ridículamente carente de la capacidad de dialogo, que quizás venga a la modernidad desde aquel “Retrato” del libro El mal poema de Manuel Machado hasta esa musa del malvivir cuyo ideal de felicidad inmediata nos arrastra a saltar desnudos de cama en cama, después de emborracharnos antes del mediodía, como escribió Auden. 

Sin embargo, como el valenciano, comprendemos que somos unos bárbaros, y que esto no puede ser , que también deseamos una hipótesis explicativa del mundo. Pues toda barbarie cultural produce una barbarie moral. Jep Gambardella, en la película La Gran Belleza, afirma: siempre se termina así, con la muerte. Pero primero ha habido una vida, escondida bajo el bla, bla, bla, bla.… Todo está resguardado bajo la frivolidad y el ruido, el silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo…

Pero el poeta, el pintor que aspira a lo mejor en todo, debe estar dispuesto a absorber la vulgaridad para transformarla sin ignorarla desdeñosamente. Nada prueba la incompatibilidad entre la praxis y la existencia de un ideal, y, como escribió W. Benjamin, ni siquiera los muertos están a salvo del enemigo si éste vence y éste siempre vence. 

 En efecto, señala José Mercado: 

Creo que la función primordial del poeta es crear belleza. Si lo ha conseguido, de ella se deducirá toda una gama de valores útiles al hombre en su pequeño mundo de pasiones y cambiante fortuna. Sin partir de posiciones elitistas, existe un deber del poeta, del artista en general, de hacer comprender a los demás hombres que existe otro lenguaje, que no es limitado, empolvorecido y torpe que acorta nuestro propio horizonte humano; que, a través de la obra bella, y usándola como instrumento, se puede luchar contra cuanto entorpece, denigra y humilla al hombre.


Sin duda que el mundo actual ha dejado de creer en la belleza. Nos ha hecho mayores; no sabemos participar de los encantamientos de ese otro mundo de lo humano donde la vida imaginativa, la estética y la práctica son aún una sola cosa. Anotó Simone Weil:

En el fondo del corazón de todo ser humano, desde la primera infancia hasta la tumba, hay algo que, a pesar de toda la experiencia de los crímenes cometidos, sufridos y observados, espera firmemente que se haga el bien y no el mal. Eso es, ante todo, lo que es sagrado en el ser humano. 
El bien es la única fuente de lo sagrado. No hay nada sagrado sino el bien y lo que se refiere al bien.

En fin, si nos comemos el mundo y no sólo lo miramos, hallaremos que el cuerpo es cuerpo en tanto yo lo sé, en tanto en cuanto yo tengo conciencia de él. Así el amor como el cuerpo es un saber, una experiencia, un conocimiento - Se me ha vuelto todo firmamento, escribió Blas de Otero-,  idea que sabe crear dioses y que tiene un más allá de sí misma, un hondo firmamento.

En fin, que nos empleamos en la tarea de hacer significar, hacer hablar a las cosas, porque este dialogo genera una impresión de realidad, una articulación de vida, que bien merece ser vivida, tarea que ha sido el más eficaz  instrumento de paideia. 

Sin duda, es el comer una realidad emocional, una cosa imprecisa y difícil de describir que, a veces, ni yo mismo entiendo. Dios me entiende y basta dice don Quijote al salir de la tenebrosa cueva de Montesinos. 

La poesía, el comer muestra el dialogo mediante el cual se enriquece y desestabiliza lo que llamamos vida. Y lo que pertenecía al campo del poema  interacciona y pasa al campo de la vida de tal manera que uno es otro él mismo, y el otro nos devuelve nuestro ser al hablarnos. La palabra ajena se convierte en semiajena. Como escribió Unamuno: todos nos buscamos a través de los demás, y no hay otro modo de llegar a encontrarse. 

El encuentro, la entrega, porque al final mi vida es tuya y tu canto es otro yo mismo, nos ayuda a conocernos como personas. Hablar de amor es hablar sobre ese territorio subjetivo de la interpretación. Recordemos la pregunta don Quijote: ¿fue verdad o fue sueño lo que yo cuento que me pasó en la cueva de Montesinos?”. Y contesta: “hay mucho que decir, de todo tiene”. 

El ser del cuerpo, como escribió Emilio Lledó, es un ser dicho, y decir es interpretar, engarzar en el hilo de la lengua. Esto es, comer. Ya nos avisó Lope:     


                   La lengua del amor, a quien no sabe 
                   lo que es amor, ¡qué bárbara parece!


              

En este sentido, la lengua del amor es una forma de repetición. Pues repetir es mostrar la fe en el lenguaje, frente al temor de no tener nada que contar. La palabra nace para ser vida frente al silencio, para ser memoria frente al olvido, para ser experiencia, para ser luz de encuentro, comunicación y construcción de lo humano. 

La belleza, la palabra, la interpretación es habitar el lugar donde lo humano vive, donde se realiza ese compromiso que el arte tiene con la humano. Porque la palabra afecta a todas las dimensiones de la vida, a la que da una dilatación fabulosa.  El poeta, con su aval de pájaros, suele levantar el rebelde y mezquino idioma para crear un lugar repetido, vivo: otra casa, otra ciudad. Un lugar lejos de la mirada, cerca del saber, del pensamiento. No hay desvelo mayor que elegir, y que nos elija, este manjar fresco que nos marca de forma indeleble en lo intelectual, afectivo, moral, estético.

La naturaleza se ofrece a la mirada. Pero el poeta busca el equilibrio armónico y el juicio ordenado: todo vive en la luz y el caballito soñado también es materia, como el tiempo o como el puñado de fina arena que al despertar se escapa, sin embargo.

El poeta siempre está del lado de la vida, como escribió el granadino Antonio Carvajal. Porque la vida es, a fin de cuentas, el mejor de los libros. Todo poeta escribe su autobiografía. Real o ficticia, que más da. Y su fin es buscar la felicidad, la de todos. Por eso debemos hablar de belleza en el poema, porque en cada poema la lengua aspira a ser más que a decir. Por eso el poema es, más que visual, música. Música por la temática y por el ritmo, o por ambas cosas a la vez. Pero sobre todo, porque la música es una moral: la redención moral del mundo. 

Mas el mundo no es justo, y por eso sólo el ser libres nos hace felices, y amamos y somos amados, para qué los ojos, si todo es lontananza.




MANUEL SALINAS

              Del libro. Y PORTUGUESA EL ALMA        





José Mercado y sus piezas de armar, Ancile
Manuel Salinas, Celia Correa, J.L. López Bretones y Antonio Carvajal 

viernes, 22 de enero de 2016

CUATRO NUEVOS TÍTULOS DE LA COLECCIÓN "EL TORNO GRÁFICO", DE LA EDITORIAL ENTORNO GRÁFICO EDICIONES

Nos complace traer para la sección, Noticias, del blog Ancile, la primicia sobre la aparición de cuatro nuevos títulos de la colección El torno Gráfico, de la editorial Entorno Gráfico Ediciones, nos referimos a, La costumbre de ser Lluvia, de Fermín López Costero, En piel del Ángel caído, de Magda Robles, La noche de los cangrejos, de Pastor Aguiar y Pan y leche para niños, en su tercera edición aumentada, de Francisco Acuyo. Muy pronto estarán tanto en la librerías como en la tienda virtual de la editorial. Dejamos aquí sus portadas y una aproximación muy breve sobre sus autores y su libro.



Cuatro nuevos títulos de la colección El torno Gráfico, Ancile





CUATRO NUEVOS TÍTULOS DE LA COLECCIÓN 
"EL TORNO GRÁFICO", DE LA EDITORIAL




Cuatro nuevos títulos de la colección El torno Gráfico, Ancile




Fermín López Costero (Cacabelos, León, 1962) es autor de los libros de poesía, Memorial de las piedras (Talavera de la Reina, 2009. Premio Joaquín Benito de Lucas 2008) y La fatalidad (Granada, 2014). Como narrador, ha publicado un libro de cuentos, titulado Pequeño catálogo de historias breves (Cacabelos, 2003), y otro de microrrelatos, titulado La soledad del farero y otras historias fulgurantes (León, 2009). Dentro de la microficción, su obra ha sido reconocida en varios certámenes y aparece en las más recientes e importantes antologías. También es autor del libro Catálogo bibliográfico de Antonio Pereira (Ponferrada, 2006) y de numerosos artículos y estudios sobre temas artísticos e históricos relacionados con la comarca leonesa del Bierzo. Algunos de sus poemas y microrrelatos han sido traducidos al francés y al portugués.




Según la prologuista del poemario, Magda Robles, estamos ante un libro:
Con el estilo profundo, elegante y culto, pero a la vez cercano, al que nos tiene acostumbrados, Fermín López Costero nos ofrece esta lluvia literaria del Noroeste peninsular, que empapa por igual de júbilo y melancolía la Galicia de Rosalía de Castro, la Asturias de Clarín, el Bierzo galaico-leones de Antonio Pereira y el norte portugués de Miguel Torga. Un poemario impregnado de añoranza, que juega con las luces y las sombras para crear una sublime composición entre penumbras. La costumbre de ser lluvia oscila entre el existencialismo intrínseco a la asunción personal de la fugacidad y la fragilidad humanas, acrecentado en ocasiones por circunstancias propias y ajenas, y un romanticismo con evidentes tintes góticos que lleva a la voz poética a la sublevación, a encontrar refugio en lo irreal, en lo ilusorio, en lo que reside más allá del espejo; a la búsqueda de respuestas vitales que consigan acallar la duda ontológica en cierta medida, a cuestionar el discurso hamletiano del ser o no ser, y establecer que la verdadera disyuntiva se encuentra entre el ser, como realización personal suprema, y el existir, como mera supervivencia en este aciago tiempo en que vivimos.





EL SALTO




Eres hoja volandera,
pétalo segregado, que se deja seducir
por el misterio de los precipicios.

Bastaría el zumbido de un insecto
para despertar tus ansias de volar.

Equilibrista en la cuerda floja de la palabra,
que calcula las variables de la estocástica
y toma el impulso necesario
para, a pesar de todo, sobrevivir.



Fermín López Costero







Cuatro nuevos títulos de la colección El torno Gráfico, Ancile





Magdalena Robles León, decía de sí misma en las solapas de este nuevo libro suyo: Con el cuerpo en este siglo, y la mente dispersa en sueños inciertos y siglos pasados, esta granadina comenzó a dar sus primeros pasos en el mundo de las letras a la par que daba sus primeros pasos por el mundo. Como dice en serio, aunque la suelen tomar a broma, aprendió a leer y escribir casi antes que a hablar. Y en ello sigue. Poco a poco cambió la libreta, el boli negro y su mala letra por una perfecta caligrafía moderna que escribe sin tinta y no mancha los dedos, y comenzó a llenar de palabras prestadas y “deslices” propios un blog escrito a media luz, ”En penumbras…”. En ese espacio se fue gestando el que hasta ahora era su primer poemario publicado, En penumbras se hizo verbo, galardonado con el XVII Premio Nacional de Poesía Miguel de Cervantes de la Ciudad de Armilla. Guarda en el cajón, que no en el olvido, dos poemarios más que quizá en otra ocasión vean la luz: su Pequeño muestrario de relojes y silencios, y el puñado de deslices un tanto oscuros que componen Por los malditos, y se encuentra dando forma a un tercero, Breviario. Incluida en las antologías nacionales Antología de Poetas Andaluces, Antología Poetas de Sierra Morena, y Ronda de letras, y la antología internacional La luna en verso, sus letras aparecen en diversos portales literarios y revistas, y les ha dado voz en distintos recitales y encuentros poéticos por su tierra andaluza, y ciudades cercanas. Lectora voraz, es además reseñadora por afición, y colabora en diversas publicaciones tales como la Revista Jizo de Humanidades, las revistas digitales de arte, literatura y crítica literaria Espacio-Órbitas y Papel Literario, y el fanzine Ultratumba, publicación dedicada a la literatura, música, y fotografía de tendencia gótica.




DECLARACIÓN DE INTENCIONES



He necesitado
tan solo
trece mil latidos
y un instante
para nombrarte.

Eres.
Sed.
Y calma.

Quede este cuerpo
como ofrenda
viva e inmutable.

Sea esta voz semilla tuya.
Perpetua.
Esparcida al viento.




Magda Robles






Cuatro nuevos títulos de la colección El torno Gráfico, Ancile






Pastor José Aguiar (1950). Nacido en Cuba y estadounidense por elección desde los años ’90.
Es médico, especialista forense, escritor y poeta. Ha desarrollado un estilo personal de narrativa costumbrista cubana con matices en la literatura real maravillosa, inspirada en sus vivencias como hijo de campesinos cubanos emigrantes de Islas Canarias y asentados en la mayor de las Antillas durante el siglo pasado. Ha publicado, Cuentos, por Editorial Pelícano, Miami (2012) y Tierrita de la Discordia y otros cuentos (2014), en Editorial Entrelineas, Miami. Ha participado en numerosas Antologías internacionales en español e inglés, obteniendo algunos premios y menciones tanto en Cuba como en Estados Unidos. Su creación literaria es abundante y permanece en su mayoría, aún inédita. Es fundador de los blogs Viajero, Mi Arboleda y Poesía Libre; aficionado a la fotografía y a la pesca, actividades que practica en su tiempo libre en Florida, donde vive actualmente con su familia y trabaja en el campo de la Medicina del sueño.


Decía en el prólogo a este libro Francisco Acuyo lo siguiente:

El apartamiento de la lengua común —desviada— es tan cristalino y de tal sutileza en estos relatos que, como acaso hubimos de constatar en la poesía de talentos excepcionales como el caso de Antonio Machado, diríase, tal es la maestría y exquisitez del tratamiento de los recursos estilísticos, que estos parecen diluirse hasta su aparente inexistencia, operación nada fácil de llevar a cabo con resultados tan sutiles y extraordinarios; se diría que cuenta con una total naturalidad en su conferencia narrativa, aprestado el discurso al uso habitual de la lengua hablada de común en el territorio en el que nuestro autor sitúa a los personajes y su acción narrativa. No hay, aparentemente, extrañamiento lingüístico —que no sea el que causa el léxico local y sus giros propios y habituales para el no iniciado en su particularidad idiomática, apariencia que, perseveramos en ello, puede llevar a engaño pues, el aparato literario es mucho más intrincado de lo que puede parecer, seducido por mor de esta sencillez aparente. Me estoy refiriendo no sólo a aquellas particularidades psíquicas que estilísticamente se revelan como propias del genio creador de quien las escribe, estoy aludiendo también a los innegables valores estructurales que conforman estos relatos: recursos verbales, procedimientos estilísticos; ritmos narrativos, de diálogos y de discurso, que confluyen en una sistemática que resulta extraordinariamente original y compleja en su alegato y conferencia literaria.


AQUELLOS OJOS (fragmento)


Pareciera que lo había olvidado, porque pocas veces mencionaba su nombre como cascarón vacío. Quedaba resonando el eco varios segundos y él ya iba entrándole a otro asunto. Decía “pipo” hacia arriba y terminaba en algún pájaro de tiempo irremediable.
 Terco disimulo, porque raro era el día en que no cerraba los ojos un buen rato, estuviera donde estuviera, para rescatar a pipo, al menos su rostro. A pesar de que en un mes iba a cumplir diez años cuando el trueno le mató al padre, su figura le llegaba por referencias de los dos o tres parientes muy ancianos, un pipo corpulento, no tan alto, que acostumbraba a ponerle nombretes a todo el mundo; y un retazo de mediodía como en un cofre, para él solamente, con pipo sobre la cama a la hora de la siesta, las ventanas de par en par y aquella brisa tibia manoseándoles la piel. Su padre sin camisa con el brazo derecho levantado como una palma real, para que él lo golpeara con el canto de su manita, arrente el hombro, imaginando que derribaba un árbol, quizás entre risas.


Pastor Aguiar






Cuatro nuevos títulos de la colección El torno Gráfico, Ancile




Francisco Acuyo (Granada 1960) cursó estudios de Derecho y de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada —en esta última disciplina es doctor.
Entre los libros de poemas publicados se encuentran La Transfiguración de la Lira (1984), No la flor para la guerra (1987, 1997, 2ª edición aumentada), Ancile (1991), Cuadernos del ángelus (1992), Vegetal contra mosaico (1994), Los Principios del Tigre (1997, 2012, 2ª edición aumentada), Mal de lujo (1998), Pan y leche para niños (2000, 2010, 2ª edición aumentada), El Hemisferio Infinito (2003), Centinelas del sueño (2008) o Haikus de la Alhambra (2013). Entre los cuadernos de poesía y pintura: Diez Décimas Decimales (2000), Ángel contrario al imposible (2001) o En Campos de Zafiro (2001) entre otros. En cuanto a ensayos científicos y literarios: Los fundamentos de la proporción en lo diverso: sobre la simetría y la asimetría endecasilábica (2007 y 2011, en edición nueva y revisada), Fisiología de un espejismo (2010) y Elogio de la decepción (y otras aproximaciones a los fenómenos del dolor y la belleza), (2013). Ha sido traducido al inglés, francés, polaco y portugués.


Pan y leche para niños, 3ª edición aumentada, del libro de poemas del poeta Francisco Acuyo, con una nota introductoria del autor y nuevos poemas. Según el propio autor en un fragmento de dicha nota introductoria:
Veréis discurrir en desigual desfile pues, poemas1 que se ubican en el mundo de la infancia para redimir el prejuicio de nuestra edad adulta, ya tristemente remisa a indagar en el mundo y en la vida con similar entusiasmo a como lo hizo cuando niño. Así las cosas, no son poemas para niños, no obstante, lo son inevitablemente, pues, están inspirados no sólo en el aspecto meramente vital, existencial de la infancia, también en la necesidad de permanecer como niños para el mejor y más genuino entendimiento de la razón emocional que hace más genuino al ser humano. El que no sea como un niño no verá el reino de los cielos, tiene su fundamento precisamente en que en ese estado de conciencia primordial se manifiesta el ideal para la integración de esa conciencia en el ser y el devenir de nuestras vidas.




EN EL OTOÑO



(Andante)

En los anales del alma
amarillo y ocre se cerca
de amarantos el paisaje,

el corazón de lobelias.
En el pensil de los setos
se desliza una leyenda:

luz y sombra, sombra y luz
–dice entre las hojas secas–
que del fin hace principio,
del infinito frontera.




Francisco Acuyo
Fermín López Costero (Cacabelos, León, 1962)




Enlace al blog de la Revista Entorno Literario




Cuatro nuevos títulos de la colección El torno Gráfico, Ancile


miércoles, 20 de enero de 2016

EL SUEÑO DE ESCIPIÓN

Para la sección, Poema semanal, del blog Ancile, traemos la breve composición titulada, El sueño de Escipión, del libro, Los principios del tigre, 1997, 2012, 2ª edición aumentada.


Enlace a la Web Ancile


El sueño de Escipión, Francisco Acuyo, Ancile








 EL SUEÑO DE ESCIPIÓN




El sueño de Escipión, Francisco Acuyo, Ancile




Cicerón




DESDE Somnium Scipionis todavía,
el mirto del jardín su aroma esplende.
En el cáliz eterno que germina
despertó del sopor a la conciencia
y al efímero fruto la semilla.





Francisco Acuyo de, Los Principios del tigre, 1997, 2ª edición 2012









El sueño de Escipión, Francisco Acuyo, Ancile

domingo, 17 de enero de 2016

MIGUEL DE UNAMUNO: AMOR Y POESÍA

Para la sección, Amor y poesía, del blog Ancile, traemos a Miguel de Unamuno, en una selección mínima de poemas en la que podremos constatar su singular, sobria y casta concepción  del amor, o cuando el éste es dolor común, llevada al ámbito de lo más granado de  nuestra poesía.


Miguel de Unamuno: amor y poesía, Ancile





MIGUEL DE UNAMUNO: AMOR Y POESÍA




Miguel de Unamuno: amor y poesía, Ancile





¡AY QUE ES ESTRECHO EL SENDERO! 



¡Ay que es estrecho el sendero!  - el amor lo ensanchará.
Al fondo está como puerta, - puerta de la eternidad,
la llaga que con su lanza - -¡ay qué primor de crueldad!-
abriera un soldado ciego,- -disciplina enseña más!-
en el pecho; moribundo – de la encarnada Verdad.
¡Ay que es estrecho el sendero! – El amor lo ensanchará.






EN EL DESIERTO




 ¡Casto amor de la vida solitaria,
rebusca encarnizada del misterio,
sumersión en la fuente de la vida,
 recio consuelo!

 Apartaos de mí, pobres hermanos,
dejadme en el camino del desierto,
dejadme a solas con mi propio sino,
 sin compañero.

 Quiero ir allí, a perderme en sus arenas
solo con Dios, sin casa y sin sendero,
sin árboles, ni flores, ni vivientes,
 los dos señeros.

 En la tierra yo solo, solitario,
Dios solo y solitario allá en el cielo
y entre los dos la inmensidad desnuda
 su alma tendiendo.

 Le hablo allí sin testigos maliciosos,
a voz herida le hablo y en secreto,
y Él en secreto me oye y mis gemidos
 guarda en su pecho.

 Me besa Dios con su infinita boca,
con su boca de amor que es toda fuego,
en la boca me besa y me la enciende
 toda en anhelo.

 Y enardecido así me vuelvo a tierra,
me pongo con mis manos en el suelo
a escarbar las arenas abrasadas,
 sangran los dedos,

 saltan las uñas, zarpas de codicia,
baña el sudor mis castigados miembros,
en las venas la sangre se me yela,
 sed de agua siento.

 de agua de Dios que el arenal esconde,
de agua de Dios que duerme en el desierto,
de agua que corre refrescante y clara
 bajo aquel suelo,

 del agua oculta que la adusta arena
con amor guarda en el estéril seno,
de agua que aún lejos de la lumbre vive
 llena de cielo.

 Y cuando un sorbo, manantial de vida,
me ha revivido el corazón y el seso,
alzo mi frente a Dios y de mis ojos
 en curso lento

al arenal dos lágrimas resbalan
que se las traga en el estéril seno,
y allí a juntarse con las aguas puras,
 llevan mi anhelo.

 Quedad vosotros en las mansas tierras
que las aguas reciben desde el cielo,
que mientras llueve Dios su rostro en nubes
 vela severo.

 Quedaos en los campos regalados
de árboles, flores, pájaros…, os dejo
el regalo en que vivís hundidos
 y de Dios ciegos.

 Dejadme solo y solitario, a solas
con mi Dios solitario, en el desierto,
me buscaré en sus aguas soterrañas
 recio consuelo.




EN LA MUERTE DE UN HIJO


Abrázame, mi bien, se nos ha muerto
el fruto del amor;
abrázame, el deseo está a cubierto
en surco de dolor.

Sobre la huesa de ese bien perdido,
que se fue a todo ir,
la cuna rodará del bien nacido,
del que está por venir.

Trueca en cantar los ayes de tu llanto,
la muerte dormirá;
rima en endecha tu tenaz quebranto,
la vida tornará.

Lava el sudario y dale sahumerio,
pañal de sacrificio,
pasará de un misterio a otro misterio,
llenando el santo oficio.

Que no sean lamentos del pasado,
del porvenir conjuro,
bricen, más bien su sueño sosegado
hosanas al futuro.

Cuando al ponerse el sol te enlute el cielo
con sangriento arrebol,
piensa, mi bien: "A esta hora de mi duelo
para alguien sale el sol".

Y cuando vierta sobre ti su río
de luz y de calor,
piensa que habrá dejado oscuro y frío
algún rincón del amor.

Es la rueda: día, noche; estío, invierno;
la rueda: vida, muerte...
Sin cesar así rueda, en curso eterno,
¡tragedia de la suerte!

Esperando el final de la partida
damos pasto al anhelo,
con cantos a la muerte henchir la vida,
tal es nuestro consuelo.



LOGRE MORIR CON LOS OJOS ABIERTOS




Logre morir con los ojos abiertos
guardando en ellos tus claras montañas,
-aire de vida me fue el de sus puertos-
que hacen al sol tus eternas entrañas
¡mi España de ensueño!

Entre conmigo en tu seno tranquilo
bien acuñada tu imagen de gloria;
haga tu roca a mi carne un asilo;
duerma por siglos en mí tu memoria,
¡mi España de ensueño!

Se hagan mis ojos dos hojas de hierba
que tu luz beban, oh sol de mi suelo;
madre, tu suelo mis huellas conserva,
pone tu sol en mis huellas consuelo,
¡consuelo de España!

Brote en verdor la entrañada verdura
que hizo en el fondo de mi alma tu vista,
y bajo el mundo que pasa al que dura
preste la fe que esperanza revista,
¡consuelo de España!

Logre morir bien abiertos los ojos
con tu verdor en el fondo del pecho,
guarde en mi carne dorados rastrojos;
tu sol doró de mi esperanza el lecho,
¡consuelo del ensueño de mi España!.






AL PERRO REMO




Cuando pone en mi pecho sus patas
y me mira a los ojos el perro,
las raicillas del alma me tiemblan,
¡temblor agorero!
Me acongoja la muda pregunta,
de sus ojos el líquido ensueño;
ni le queda dolor en al alma,
¡tan sólo silencio!
En el lánguido humor de sus niñas
se me encara perlático espejo
de un ayer tan lejano que se unce
a un mañana eterno.
¡Ay la cárcel de carne en que duerme
la divina conciencia!, ¡ay del sueño
de una sombra que mira en los ojos
del trágico perro!
¿No es acaso mi Dios que al mirarme
desde lo hondo del alma de “Remo”
con la cruz de la carne me hostiga
mi eterno deseo?
Cuando pone en mi pecho sus patas
y en mis ojos sus ojos el perro…
“¡Dios mío, Dios mío, por qué me has dejado!”,
clamó el Nazareno.



Miguel de Unamuno





Miguel de Unamuno: amor y poesía, Ancile