lunes, 14 de mayo de 2018

APROXIMACIÓN A LA VIDA Y AL PENSAMIENTO DE KARL MARX. EN EL SEGUNDO CENTENARIO DE SU NACIMIENTO (I)


De la mano del profesor Tomás Moreno traemos una nueva entrada para la sección, Microensayos, del blog Ancile, y todo bajo el título: Aproximación a la vida y al pensamiento de Karl Marx. En el segundo centenario de su nacimiento.


Aproximación a la vida y al pensamiento de Karl Marx. En el segundo centenario de su nacimiento. Tomás Moreno




APROXIMACIÓN A LA VIDA Y AL PENSAMIENTO

 DE KARL MARX.


 EN EL SEGUNDO CENTENARIO DE SU NACIMIENTO (I)





Aproximación a la vida y al pensamiento de Karl Marx. En el segundo centenario de su nacimiento. Tomás Moreno



Karl Marx (1818-1883) nace en Tréveris (también llamada Trier)[1], en la región de la católica Renania (Prusia), en el seno de una familia burguesa, liberal-ilustrada, de origen judío. Era el tercero de nueve hermanos. Su padre Heinrich Marx era un prestigioso abogado liberal, funcionario en la administración municipal de Trier y judío converso a la Iglesia evangélica luterana en 1816, eligió esta confesión minoritaria en la ciudad porque como Heine, el gran poeta judío, asimilaba el protestantismo a la libertad de espíritu. Por otra parte, la ley prusiana prohibía a los judíos ocupar cargos públicos o ejercer una profesión liberal, por ello su padre se vio obligado a convertirse una vez que, tras la derrota de Napoleón, en 1815, la ciudad quedó bajo el dominio prusiano (reino conservador y autoritario). El joven Marx recibió, en consecuencia, una educación liberal e ilustrada y fue bautizado a los seis años[2].
            Tras realizar sus estudios medios en el Gimnasium de Tréveris, en donde entra en contacto con la cultura clásica e ilustrada, cultiva la poesía (romances, baladas, algún acto de tragedias inconclusas, etc.) y lee a Rousseau, cursa estudios de Derecho en las Universidades de Bonn (desde 1835 a 1837) y Berlín (hasta marzo de 1841). En Bonn llevó una vida estudiantil algo agitada, por lo que su padre decidió mandarlo a Berlín, donde tiene como maestro al hegeliano Edgar Gans e ingresa en el famoso “Club de Doctores”, liderado por Bruno Bauer, sede de los jóvenes hegelianos –demócratas radicales, liberales de izquierdas-, al que pertenecían también David Federico Strauss, Mosés Hess, Ludwig Feuerbach y Arnold Ruge entre otros activistas e ideólogos.
Aproximación a la vida y al pensamiento de Karl Marx. En el segundo centenario de su nacimiento. Tomás Moreno            En 1841, a los 23 años, elabora su tesis de doctorado, dirigida por Bruno Bauer, que presenta en la Universidad de Jena, sobre el tema “Diferencias de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro”. En ella puede leerse su famoso juramento: “como Prometeo yo odio a todos los dioses y representa su primer contacto con el materialismo y con el ateísmo. Mosés Hess, seis años mayor que él, en una carta a su amigo Berthold Auerbach, nos describe así entusiasmado, la personalidad de su joven amigo y recién doctorado Karl Marx: “Te puedes ir preparando para conocer al filósofo más grande, quizá el único entre los vivos que lo es de verdad […]. Doctor Marx, así se llama mi ídolo, es un hombre todavía muy joven (unos veinticuatro años como máximo), que le dará a la religión y a la política medievales el golpe de gracia. Liga la seriedad filosófica más profunda con el humor más agudo. Imagínate a Rousseau, Voltaire, Holbach, lessing, heine y Hegel unidos en una persona –digo unidos, no amontonados- : ahí tienes al doctor Marx”.
            Por esa época lee a Hegel y a Feuerbach (“La esencia del cristianismo”) y a los socialistas utópicos franceses Fourier, sobre todo, y a Pierre-Joseph Proudhon líder del socialismo anarquista del momento. Marx aspira, por entonces, a una prometedora carrera universitaria, pero sus ilusiones pronto se ven frustradas como consecuencia de la expulsión de la universidad de Bonn  de su maestro Bruno Bauer, quien, acusado de “ateísmo” por los censores del gobierno prusiano de Federico Guillermo IV, es represaliado y separado de su cátedra, al igual que ocurrió con la mayor parte de los profesores universitarios hegelianos de izquierdas.
            Entre 1842 y 1843 el joven Marx, después de regresar  Tréveris, ejerce como redactor, primero, y como redactor-jefe, después, en la Gaceta Renana de Colonia (la Reinische Zeitung), en la zona más industrializada de Alemania, que estaba dirigida por Mosés Hess, y que era el órgano de expresión de la burguesía liberal radical en clara oposición al gobierno autoritario y casi feudal imperante. Marx escribe una serie de artículos de crítica y denuncia social entre los que podemos destacar los siguientes: “Sobre la libertad de prensa”, “Debates en la dieta prusiana”, “Sobre el robo de leña en los bosques señoriales”, contra los terratenientes y a favor de los campesinos, “Sobre la insurrección de los viñadores del Mosela”, “Sobre el Zar de Rusia”, etc. la junta de accionistas del periódico atemorizada ante las presiones del monarca prusiano cesa a Marx y poco después, en marzo de 1843, se cierra el periódico por orden gubernamental. Marx contrae matrimonio con la hija del Prefecto de Tréveris, la joven aristócrata Jenny von Westfallen, tras siete años de noviazgo.
Aproximación a la vida y al pensamiento de Karl Marx. En el segundo centenario de su nacimiento. Tomás Moreno            A instancias del Zar Nicolás I, Marx es expulsado por el gobierno prusiano y tiene que trasladarse a París, en donde la Restauración absolutista de Luis Felipe de Orleans, va a imponer un clima de feroz censura en toda Europa. Entretanto, y como efecto de su persecución y fracaso político, los hegelianos de izquierda se escinden en tres tendencias: a) el grupo de los “Frein”, los “liberados”, entre los que están los hermanos Bauer y sus amigos, que interpretan el fracaso liberal como un “retroceso de las masas” y se retiran de la lucha política para refugiarse en la crítica teórica; b) el grupo “democrático-humanista”, con diversos grados de compromiso político, representado por A. Ruge, L. Feuerbach, Froebel y Wigaud; y c) el grupo “comunista-filosófico”, con M. Hess, Bakunin, Engels, que conciben el comunismo como una categoría moral y conceden primacía a lo social sobre lo político.
            A partir de ahora pueden señalarse tres etapas significativas en el desarrollo de su vida y de su pensamiento: la etapa de París (1844-1845); la etapa de Bruselas (1845-1849); y la etapa de Londres (1849-1883). En octubre de 1844 el joven Marx llega a París, capital en ese momento del movimiento obrero revolucionario y sede de los exiliados revolucionarios alemanes. Esta etapa va a representar, en el proceso de su desarrollo intelectual, la superación del “liberalismo democrático-radical” de su anterior fase de “publicista beligerante” así como del “hegelianismo de izquierdas” y, sobre todo, el encuentro con la tradición socialista europea (con las “sociedades secretas socialistas y comunistas, con la “Asociación de obreros alemanes”, etc.).
            Es un periodo “especulativo-teórico”, de revisión y ajuste de cuentas con sus anteriores mentores intelectuales. Allí funda, con Arnold Ruge, una revista, los “Anales Franco-Alemanes” (Deutsch-Französische Jahrbücher), revista de los exiliados alemanes opuestos al gobierno prusiano, en la que publicará dos importantes ensayos. “Sobre la cuestión judía” y “Para una crítica de la Filosofía de Derecho de Hegel. Introducción” (ambas de 1843). En la revista, de la que sólo se publicará un único número, colaboraron también Heine, Hess, Bakunin, Engels y Feuerbach. Es una época para Marx de consolidación y maduración de sus ideas revolucionarias y socialistas, en donde no sólo conecta con la tradición socialista y comunista alemána y europea en el exilio, sino también con el anarquismo de Proudhon, Bakunin y Blanqui.
            Lee con avidez a los economistas liberales clásicos Adam Smith y David Ricardo; se familiariza con los escritos de Saint-Simon, L. Von Stein, Flora Tristán y W. Weitling y conecta y conoce in situ la dramática situación del proletariado de la época, que sería literariamente descrita y reflejada por escritores como Eugenie Sué (Los misterios de París), Charles Dickens (Oliver Twist, Historia de dos ciudades) y H. de Balzac ( ), y a la que Friedrich Engels, -a quien conocerá por entonces y cuya amistad le acompañará hasta su muerte- dedicará su gran ensayo o informe sociológico “La situación de la clase trabajadora en Inglaterra”.
Aproximación a la vida y al pensamiento de Karl Marx. En el segundo centenario de su nacimiento. Tomás Moreno            Aunque publicada póstumamente, (en 1932) a esta época corresponde la elaboración de sus “Manuscritos de Economía y Filosofía”, también denominados “Manuscritos de 1844”, en los que inspirándose en numerosas lecturas de los economistas franceses e ingleses (Quesnay, Say, David Ricardo, Adam Smith, T. R. Malthus y James Mill, el joven Marx, ya teóricamente comunista, expone su concepción sobre la “propiedad privada” (expresión material objetiva del trabajo alienado de otros hombres) y sobre “el trabajo alienado”, conceptos capitales para entender la dimensión humanista y antropológica de su pensamiento de juventud. De 1844 a 1845 es la otra gran obra de este periodo, “La Sagrada familia o la crítica de la crítica crítica”, escrita en colaboración con F. Engels, y en la que se polemiza con la satíricamente denominada “Sagrada familia” (los pensadores pertenecientes al círculo de Bruno Bauer y de Proudhon, por no analizar, en sus críticas, las causas reales de la alienación de los trabajadores, que se encuentran en el lugar que estos ocupan en la producción de la vida económica). Expulsado de París, de nuevo a instancias del gobierno prusiano, Marx se exilia a Bruselas. (Cont.)

TOMÁS MORENO    



[1] Tréveris era una ciudad francófila, pues había pertenecido durante 20 años a la Francia revolucionaria –y muy influenciada por las ideas ilustradas francesas-, situada en la parte meridional del río Mosela, no lejos de las fronteras de Francia y Bélgica, con una gran iqueza vitivinícola. La Renania era la región más avanzada e industrializada de toda Alemania, con industrias de carbón y siderurgia. Una zona rica que esperaba su “revolución burguesa” pendiente.
[2] Son numerosísimas las obras que tratan de la biografía  de Karl Marx  entre ellas destacamos las siguientes: Isaiah Berlin, Karl Marx,  Alianza editorial, Madrid, 1973; Werner Blumenberg, Karl Marx. En documentos propios y testimonios gráficos, Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1970, y la más reciente de Gareth Stedmann-Jones, Karl Marx: Grandeza e Ilusión, Taurus, Madrid, 2018. *En el cine Madrigal de nuestra ciudad están proyectando estos días un film, “El joven Karl Marx”, que refleja muy fiel y objetivamente el período de juventud del gran pensador alemán  (desde sus escritos como periodista hasta el final de la etapa de Bruselas).





Aproximación a la vida y al pensamiento de Karl Marx. En el segundo centenario de su nacimiento. Tomás Moreno

jueves, 10 de mayo de 2018

EL IDEALISMO ALEMAN Y LA MORAL DE LAS MUJERES (FICHTE Y HEGEL)


Abundando sobre la misoginia, traemos una nueva entrada para la sección, Microensayos, del blog Ancile, del profesor y filósofo Tomás Moreno, que lleva por título, El idealismo aleman y la moral de las mujeres (Fichte y Hegel).


El idealismo aleman y la moral de las mujeres (Fichte y Hegel). Tomás Moreno



EL IDEALISMO ALEMAN 

Y LA MORAL DE LAS MUJERES (FICHTE Y HEGEL)




El idealismo aleman y la moral de las mujeres (Fichte y Hegel). Tomás Moreno


Los idealistas alemanes, con Johann Gottlieb Fichte (1762-1814) a la cabeza, suscribirán las directrices que ilustrados, románticos y revolucionarios franceses pensaron para las mujeres. Expulsadas de la ciudadanía y desterradas de la vida pública, sólo encontrarán su lugar propio natural en el oikos: el matrimonio y la familia bajo la tutela del padre o del marido. Tanto en su Fundamento del Derecho Natural (1796) como en su Sistema de teoría moral (1798), por sólo citar sus textos más claros al respecto, atribuye a los diversos sexos humanos ámbitos y actitudes diferentes de vida y conducta y sostiene el clásico reparto de roles/papeles entre los sexos: lo público y la actividad, para el varón; lo privado y la pasividad, para la mujer. Para Fichte el varón tiene la primacía racional[1].
El idealismo aleman y la moral de las mujeres (Fichte y Hegel). Tomás Moreno            En efecto, en la medida en que el impulso sexual masculino se hace por medio de la actividad, concuerda con la razón. Pero en el caso de la satisfacción del impulso femenino su obtención no puede ser absolutamente inactiva, pues en tal caso la mujer se comportaría como simple objeto de uso, pasivo e irracional. La disposición natural que rige este impulso sexual femenino debe estar dirigido u orientado a satisfacer a otro, debe ser un impulso de entregarse a otro, el varón, mediante el amor -una especie de “pasividad activa”, que no anula la racionalidad que posee la mujer-, un impulso en el que se produce la “unificación originaria de la naturaleza y de la razón” (J. G. Fichte,  Sistema de teoría moral)[2]. Por el amor –no por mero placer sexual e irracional- la mujer se da al varón y “su existencia se pierde en la de éste” (J. G. Fichte,  Ibid)[3].
            En el matrimonio, ese amor femenino se realiza jurídicamente, bajo la regulación del Estado. La mujer –comenta Juan Cruz- se somete ilimitadamente a la voluntad del marido por un motivo moral –y no meramente jurídico-, por amor de su propia dignidad. “En virtud de esta sumisión, la mujer ya no se pertenece a sí misma sino a su marido. Al casarse la mujer abandona su personalidad y transmite a su marido la propiedad de todos sus bienes y los derechos que le corresponden en exclusividad dentro del Estado. En el matrimonio, la mujer expresa libremente su voluntad de ser anulada ante el Estado por amor al marido (Ibid.)”. Al renunciar la mujer a su persona jurídica, el marido se convierte en su tutor legítimo y vive, en todos sus aspectos, la vida pública (öffentliches Leben) de su mujer, “y ella conserva exclusivamente una vida privada” (häusliches Leben).
El idealismo aleman y la moral de las mujeres (Fichte y Hegel). Tomás Moreno            Sometida la mujer casada por su propio deseo al marido en todos los aspectos de su vida, su moralidad deja de ser autónoma, al haber renunciado por amor a todo su ser y cedido a su marido por su propio deseo incluso todos sus derechos, el cual condiciona así su libertad y su moralidad. “El marido se hace garante de la mujer ante el Estado; se convierte en su tutor legítimo; él vive, en todos los aspectos, la vida de su mujer; y ella conserva únicamente una vida privada”. Únicamente una mujer soltera no sometida a ningún marido puede ejercer por sí misma los mismos derechos civiles que los varones, a excepción de ejercer un oficio público (como funcionaria del Estado), ni siquiera si prometiera no casarse nunca, ya que tal promesa no podría razonablemente hacerla ninguna mujer, sería algo impensable: ya que toda mujer está “destinada a amar y el amor no depende de su libre voluntad”[4].
            Para Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), la mujer sólo posee en la familia su determinación sustancial y en la piedad tiene su íntima disposición ética. Por eso en una de sus exposiciones más sublimes –la Antígona de Sófocles- la piedad ha sido expuesta fundamentalmente como la ley de la mujer. En efecto, el juicio de Hegel sobre la figura de Antígona –la mujer que muere por dar sepultura a su fallecido hermano, Polinices, expuesto por el rey Creonte a los animales carroñeros- es extremadamente positivo y con el expresa Hegel las líneas generales de su concepto de familia: “El interés de la familia es el pathos de la mujer, Antígona. El bienestar de la comunidad es el pathos de Creonte, el hombre” (Hegel Aesth. II 53). Juan Cruz contrapone magistralmente, por ello, los elementos éticos que se dan en la familia y que encarnan cada uno de los protagonistas principales de la tragedia: “varón-mujer, ciudad-casa, poder-piedad, Ley humana-Ley divina, fuerza-ternura, claridad-misterio, ciencia-intuición, mediación-inmediatez, trabajo-sosiego, pensar-vivir”[5].
            A ella le corresponde -como comenta Celia Amorós- el ámbito de la Sittlichkeit, de todo ese conjunto de costumbres que constituyen el bagaje normativo irreflexivo, no tematizado ni argumentado, de un pueblo. Antígona está adscrita, como diría Lévi-Strauss, a aquellas reglas de la tribu que no se discuten; es más, que no se deben discutir. Como lo dirían nuestros multiculturalistas, son el patrimonio constitutivo de la “identidad cultural”. “El precio de asignar a las mujeres el deber de la identidad, mientras los varones se reservan el derecho a la subjetividad. Las mujeres han de viajar con la marca de sus lugares simbólicos como si fuera la prolongación de su propia piel… A los individuos, varones, se les reconoce el derecho de desmarcarse de la Sittlichkeit  como cemento normativo del grupo”. Las mujeres, como afirma Michèle le Doeuff, tienen ‘sobrecarga de identidad’. Nunca pueden ser individuos[6]. (Cont.).

TOMÁS MORENO


[1] Juan Cruz Cruz, Sentido del curso histórico. De lo privado a lo público en la historiografía dialéctica, Pamplona, Eunsa, 1989,  p. 207. Hemos seguido, resumiéndolas, sus atinadas reflexiones al respecto, así como las citas incluidas en este apartado de los idealistas alemanes, Fichte y Hegel (pp. 206-224 passim).
[2] Citado en Juan Cruz, Sentido del curso histórico, op. cit., p. 208.
[3] Ibid., p. 209.
[4] Ibid, p. 211.
[5] Ibid, p. 217.
[6] Celia Amorós, “El Legado de la Ilustración”: De las iguales a las idénticas”, en Alicia H. Puleo (Ed.) El reto de la igualdad de género, op. cit, p.54.





El idealismo aleman y la moral de las mujeres (Fichte y Hegel). Tomás Moreno

miércoles, 9 de mayo de 2018

MAL DE LUJO, SEGUNDA EDICIÓN AUMENTADA

Para la sección, Noticias, del blog Ancile, traemos la primicia de la edición (segunda aumentada) de mi libro, Mal de lujo, publicado por Entorno Gráfico Ediciones, para su colección El torno Gráfico. Trae poemas nuevos y una introducción orientadora para su lectura. Os proporcionamos enlace de la editorial para los interesados. Mal de lujo  




Mal de lujo (segunda aumentada), Francisco Acuyo






MAL DE LUJO, SEGUNDA EDICIÓN AUMENTADA





Mal de lujo (segunda aumentada), Francisco Acuyo






FRAGMENTO DE LA NOTA INTRODUCTORIA


[...] Nombrar, reconocer, no es suficiente para el amor: El mal de lujo (recuérdese la etimología de amor –a-mors–) no es otro que el pensamiento que arguye sobre la cuestión de si, para amar, es necesaria la muerte. No hablo de la iniciación ritual de desintegración para un conocimiento nuevo y extremo, hablo de la disolución de lo aprehendido previa asunción de lo telúrico para, al fin, entender dónde el espíritu concita aquello que, en verdad, dura, porque está fuera del tiempo, porque nos contiene más allá de este, y por fin nos libera de cualquiera trabazón o ligadura. No es extraño que el amor se ofrezca para el corazón y el entendimiento como primum mobile existencial y espiritual a un tiempo. [...]






ALGUNOS POEMAS




TIEMPO DE AMOR


«Con el sol que luce
más allá del tiempo»

Antonio Machado: «Coplas»




CORO infinito de reposo.
Hora donde el silencio
al borde mismo del amor
              colma
el filo o el azar que con la vida,
rebosa instantes sin propósito.

Todavía inasible, todavía
bellísima al través del haz transido,
de la célica luz en transparencia,
del vuelo que perfila en cada gesto
con rasgo de fugaces
               límites la mejilla
apenas, como si la luz que prende
               no alcanzase
el halo de colores
a bosquejar su imagen lo bastante.
Sólo morir es ciencia. Quién amó no ha vivido.
Morir. Vivir no es río pero esplende
               su conciencia,
conciencia que circuye presintiendo
mi peso sobre el cáliz de tu vientre
o en el estambre de tu pecho,
si carne no tocada.

Como el tigre en el filo del relámpago
late, entre el laberinto de las manos
en los muslos, batiéndose al empuje
que la enerva o la inclina jadeante.

Circuye con la música:
la cintura es el vidrio casi azúcar.
La trenza en equilibrio que sostiene
un torso cincelado de corolas.

                   La azucena
sobre el estambre de su aguja marca,
y a contrapeso pierde para el tiempo
hora tan delicadamente acorde.





LA VENUS DEL ESPEJO,
O EL ESPÍRITU EN VELÁZQUEZ



«Verás cuánto mejor te vence armada
la que desnuda te venció primero»

Lope de Vega: «Venus y Palas»




TODAVÍA la tenue transparencia
parece de tus labios, todavía
la luz que vibra sobre la sombría
silueta soslayada con prudencia.

Apenas corazón, apenas ciencia
que pulsa con razón la lejanía
del amor y la luz de cada día:
la transparencia, amor, la transparencia.

Miró en tu frente el fin que el tiempo inicia,
la eternidad se vio desnuda al paso
y hoy el rostro del ayer codicia.

Dejó para inscribir aquel regazo
de luz donde el espíritu propicia
lienzo, pincel y transparente trazo.




CONSENSO



«Ya que con más regalo el campo mira»
Luis de Góngora:

«Soneto sesenta y cuatro»




DESPACIO flor, deseo, amor, despacio.
Despacio sobre el cáliz de tu pecho;
despacio, noche, aliento, seda, lecho,
pétalo, tiempo, cisne, amor, espacio.

Sereno, sosegada luz, palacio
de fragancias, de juego, de despecho;
despacio, si dolor, si paso estrecho,
si amplio deliquio, si cristal, despacio.

Comba el silencio trémulo en la roca
la luz sonora, y en el campo he visto
doblarse las espigas en la boca

del viento, y en tu vientre adormecida,
morir por el azar de lo previsto
la amapola que sueña con la vida.




Francisco Acuyo




Mal de lujo (segunda aumentada), Francisco Acuyo

martes, 8 de mayo de 2018

SUPERACIÓN DEL DUALISMO Y LA EXPERIENCIA DE LA ANGUSTIA VITAL


Para la sección, Pensamiento, y bajo el título, Superación del dualismo y la experiencia de la angustia vital, ofrecemos en el blog Ancile.







Superación del dualismo y la experiencia de la angustia vital, Francisco Acuyo









SUPERACIÓN DEL DUALISMO

 Y LA EXPERIENCIA DE LA ANGUSTIA VITAL











Leibniz proponía superar el dualismo mente-materia señalando que la mente y la materia no interactúan, sino que actúan en paralelo. En la observancia de los procesos perturbadores de la angustia, la ansiedad, la depresión… se puede colegir cosa bien distinta, ya que las interacciones entre materia (cuerpo) y mente y sus constatables influencias externas, se muestran evidentes y bien diferenciadas o distintas o independientes, pero no podría tener lugar esa interacción manifiesta que señalábamos, si no hubiera algo que mediara entre ellas, entonces ¿qué puede ser eso que media entre ambas, o, lo que es lo mismo, qué mantiene la interacción y funcionamiento entre los dos fenómenos que consideramos separados?

Es precisamente en aquellos procesos tan particulares como la angustia de donde se puede constatar un hecho fundamental, a saber: el fuerte condicionamiento y parcialidad de nuestros puntos de vista, de los que todo puede quedar frustrado al albur de una profunda intuición que nos hace sentir hondamente insatisfechos. Esta intuición (¿vitalista?) no parece responder a la idea que proyecta sobre la mente la biología molecular, pues no puede dar explicación a ese aliento vital[1] que anima lo que está vivo, y no digamos del fenómeno de la conciencia.

Superación del dualismo y la experiencia de la angustia vital, Francisco AcuyoA mí siempre me gustó hablar de poesía (poiesis)[2] en términos extraliterarios, como entidad o como medio singular para explicar el impulso creativo capaz de generar lo nuevo, y que propicia el diálogo (creativo) entre los elementos perpetuamente separados de la conciencia y la materia, ya que, a mis justos alcances, podría identificarse con los procesos de morfogénesis y explicarlos con más coherencia que la biología tradicional. Rupert Sheldrake apuntaba a unos enigmáticos campos morfogenéticos capaces de hacer interactuar dinámica y unitivamente el cuerpo y fuerza vitales para la generación de cualquier organismo diferenciado,[3] y que yo, acaso ingenuamente, identifico con ese impulso poiético de creación.

A través de la experiencia de la angustia y su incidencia en el proceso existencial podemos colegir que esta interviene como aquella intuición que, decíamos, nos hace sentir incompletos,  como si acaso no prestásemos la atención debida a aquello que, al tiempo, nos hace distinguir el mundo y sus singularidades y nos integra en el mismo a través de los procesos de creación que, acaso, en realidad, son los que integran la conciencia poética o creativa desde una óptica ontológica.


Francisco Acuyo




[1] Emparentado con el élan vital Bergsoniano.
[2] Hace tiempo planteaba un razonamiento singular sobre la poesía como potencia o capacidad creativa (extrayéndola del ámbito estrictamente literario), así las cosas, la poesía puede considerarse como conciencia en sentido ontológico, ya que su impulso creativo es fundamento de la mente (que incide en la materia), ya que se establece como un mecanismo dinámico (poético) –ser en la belleza- consciente que interactúa, como conciencia en la materia.
[3]  ¿Volvemos acaso a la idea platónica o a los moldes apriorísticos sintéticos kantianos?




Superación del dualismo y la experiencia de la angustia vital, Francisco Acuyo