lunes, 17 de octubre de 2022

ORTOGRAFÍAS, POR ANTONIO CARVAJAL

Para la sección de Extractos críticos del blog Ancile, traemos una nueva entrada que no tiene desperdicio del poeta y profesor (y amigo entrañable), Antonio Carvajal. En esta ocasión nos ilustra con un texto que firma con el título de Ortografías.





ORTOGRAFÍAS



Ortografías. Antonio Carvajal




Mi buen Francisco Acuyo, mal debe andar de dineros la Academia Española cuando está preparando una reforma, ¡otra!, de la ortografía que nos impone. Aprovecha que hace tres siglos que casi nadie le chista y, hale, cada vez que se le antoja a la culta corporación, sin que se le de un figo ni se le importe un pito, nos atiza una reforma parcial muy sensata en apariencia, con aparato logorreico y a bajo precio, eso sí, contando con que a euro por cabeza de familia hablante de nuestra martirizada lengua podrá henchir sus arcas. Una peseta nos pidió doña Lola Flores a todos los españoles cuando se vio perseguida por la justicia y no me consta que nadie se la diera. Pobrecilla, con el arte que tenía y carecer de poderes coactivos. La Academia tiene uno terrible, castiga nuestras faltas a sus dictados por persona interpuesta, como un sanedrín que pone sus víctimas en manos de Pilatos descerebrados. Nótese que desde que Nietzsche anunció la muerte de Dios, más de una iglesia ha eliminado el purgatorio y hasta el infierno, que ya no es una barbacoa como me enseñaron de niño; pero la Academia, constituida mayoritariamente por “mulos de reata”, con la inestimable colaboración de sus moscardas porculeras, dice que poner tilde sobre la i de ti es una falta de ortografía, lo que sus secuaces toman al pie de la letra y aplican con tenacidad de bestias estériles a la corrección de la infancia, la mocedad, la juventud y cuantos habitan los arrabales de la senectud, hasta el punto de que más de un becario ha perdido por rasgo tan inútil la ayuda que disfrutaba y algún opositor ha padecido el cintarazo de lápiz rojo en pleno rostro. Estoy harto de explicar que en tal caso no cabe hablar de falta sino de sobra de ortografía pues, siguiendo las pautas que para sus caprichos nos endilga la Academia, no es económica una excepción en un conjunto cerrado de tres elementos afines (mí, ti, sí). Quienes me oyen suelen mirarme con aire de lástima y un desprecio se les dibuja en el entrecejo como una nueva Atenea parida de la testa de Zeus: “Chocho”, les leo.

No tan chocho. De chiripa acabo de encontrar en internet una joya servida por la Biblioteca Nacional de España, que todos los que estamos hasta el último pelo del curuto de las truhanerías académicas debemos lucir en nuestra frente, el breve y divertidísimo libro titulado Ortografía racional, de cuya portada te adjunto fotografía. No tiene desperdicio. Desfila por sus líneas la reata de mulos, desmiente etimologías, clama por recuperar la ortografía sonora que la doctora Santa Teresa de Jesús usó para escribir sus maravillas y que don Miguel de Cerbantes y Saavedra aplicó a la escritura de sus apellidos. Por cierto que me autoriza a decir mal de la Academia el hecho de que en 1882 premió un libro sobre el lenguaje de Santa Teresa, escrito por don Antonio Sánchez Moguel, quien aboga por la ortografía racional, obra que no se publicó hasta 1919, con su autor muerto hacía seis años: era peligrosa, don Antonio se anticipaba varios años a don Marcelino Menéndez Pelayo y le echaba a cara descubierta todos los uebos que el asunto requería (esta etimología sí es cierta, opus>uebos, y no hay faltas).

Hablando no se cometen faltas de ortografía.

Recibe mi afectuosísimo saludo.

Antonio Carvajal



Ortografías. Antonio Carvajal


viernes, 14 de octubre de 2022

EL ÁRBOL DE LAS ARTES (Décima decimal)

 Para la sección habitual de Poesía del blog Ancile, traemos un nuevo post que lleva por título El árbol de las artes.



EL ÁRBOL DE LAS ARTES

(Décima decimal)

 

 

El árbol de las artes. Francisco Acuyo




 

   INMÓVIL de la tierra emisario,
el árbol, la raíz por las simas
del suelo serpentea, y en opimas
directrices alcanza el contrario
sendero que su copa el cielo
pisa, y sus ramas versos, durante
un momento de acorde terciopelo,
canta a la eternidad un instante
con el rumor que traza su pintura.

 

 

Francisco Acuyo




 

El árbol de las artes. Francisco Acuyo

 

martes, 11 de octubre de 2022

CONCIENCIA Y REALIDAD ¿QUÉ ES LA REALIDAD? ¿ES NECESARIO CONOCER LA REALIDAD?

 Abundando sobre la temática del concepto de realidad y su incidencia en el ámbito de la conciencia, traemos un nuevo post para la sección de Ciencia del blog Ancile; esta vez bajo el título: Conciencia y realidad. ¿Qué es la realidad? ¿Es necesario conocer la realidad?



CONCIENCIA Y REALIDAD

¿QUÉ ES LA REALIDAD?

¿ES NECESARIO CONOCER LA REALIDAD?


 

Conciencia y realidad. ¿Qué es la realidad? ¿Es necesario conocer la realidad? Francisco Acuyo


 

Hay quien dijo que parece normal que nos burlemos de los más admirables prodigios (seguramente la conciencia es uno de ellos cuando relegamos su entendimiento a tan groseros silencios), atrincherándonos en una ciencia ilusoria, cuando deberíamos ceder humildemente al miedo de lo desconocido*, cuando la realidad y la conciencia pueden ser los fenómenos de más grande estupefacción de nuestros últimos tiempos. La realitas latina que expresa la cualidad relativa a la cosa verdadera o real, en la experiencia ordinaria y convencional, se ha mostrado del todo insuficiente para apreciar la realidad más profunda de la materia, y dicho intento, paradójicamente, a través de la conscientia conciencia, entendida como la capacidad de estar consciente del bien y del mal. No obstante, el prefijo con (unión, todo, conjunto…) nos habla etimológicamente de una vinculación a la realitas como aquello que no puede separarse de su consistencia primordial cual es la cosa verdadera. En cualquier caso, parece que esta convención de realidad es del todo incapaz de atender al constructo profundo de lo que ella en verdad sea. Señalábamos en ocasión anterior que buena cuenta daban de esta insuficiencia teorías como la de la relatividad y la mecánica cuántica.

            El distingo ilusorio entre sujeto y objeto se hace patente en el ámbito de la física cuántica, donde la realidad se manifiesta como un todo entrelazado que conecta sus partes potenciales sea cual fuere la distancia y el tiempo entre sus componentes[1], pero que buena parte de los empíricos ha abandonado parecen este fundamental presupuesto, dejando este efecto desconcertante en manos de un actor supuestamente evidente y claro que parece dividir el mundo.

            Esta acción fantasmagórica a distancia,[2] que trajo de cabeza al mismísimo Einstein, será uno de los pilares básicos de la realidad más íntima del mundo. La no localidad (tan asombrosa para nuestra percepción ordinaria) de los componentes o partículas fundamentales del universo, será, sin embargo, sustento capital para cualquier aproximación a la realidad del universo.

            A la vista de este principio controvertido pero incuestionable de no localidad  en física, se intenta describir la estructura y fundamentos más recónditos del cosmos, no es raro que cuestionemos qué o cuál es la realidad (y si podemos si quiera imaginarla) mediante nuestra percepción, y si la conciencia común ordinaria puede acceder a ella, y si esta puede elegir lo que es real y si tiene facultad de escoger, y en esta elección, lo elegido, capacidad de rehusar ser otra cosa que lo que supuestamente, en virtud de esa conciencia ordinaria, es.

            No parece que la realidad íntima de la materia tenga un comportamiento semejante y accesible a a aquella conciencia grosera que distingue entre objetos y sujetos. Entonces, si la inseparabilidad constituye la realidad fundamental,[3] ¿será posible, no obstante, a la conciencia -acaso más profunda- ser accesible? Deberíamos distinguir o precisar, la conciencia individual con esa mencionada más profunda y de la que hablaremos más tarde, y más adelante veremos por qué. De ser así, podríamos revelar que en verdad nuestra mente está entrelazada (¿materialmente?)  al universo. Pero, ¿esto qué significa?

            Si el experimento de la realidad (cuántica) es imposible de explicar de manera clásica,[4] parece que tampoco podemos eliminar el misterio ni de su realidad ni la manera en la que podemos dar cuenta de su existencia, y de la que tiene todo que ver la conciencia . El famoso colapso de la  función onda (el observador observa y la onda colapsa en partícula) ofrece un panorama inquietante para quienes aspiran a contrastar una realidad de sujetos y objetos totalmente independientes. Es así que parece que cualquier fenómeno no es real hasta que no es observado,[5] o lo que es lo mismo, nada existe sin ese proceso de observación.

            La realidad de la realidad toma acaso un cariz cuando menos extraño a lo que de manera perceptual se nos ofrece a nuestros sentidos. No obstante, es claro que para llevar a cabo la rutina diaria de nuestras vidas no parece necesario este reconocimiento. ¿O tal vez sí? Pero,

 seguiremos indagando sobre la enigmática estructura de la realidad que nos ofrecen esta y otras dilucidaciones al respecto, mas será en próximas entregas de este blog Ancile.

 

 

 

Francisco Acuyo

 



*Shakespeare, W.: A buen fin no hay mal principio, obras completas, vol. V,  Aguilar, MAdrid, 1982, pág. 24.
[1] Poniendo incluso la constante de la velocidad de la luz en aparente contradicción con el universo de lo infinitamente pequeño.
[2] Termino acuñado por el propio Einstein.
[3] Bohm, D.: On the instuitive Understanding of Nonlocality As Implied by Quantum Theory, Foundations of Physics 5, nº 1 (1975), Págs. 93-109.
[4] Feyneman, R.:The Character of Physical Law, Nueva York: Modern Library, 1994.
[5] Wheeler, J.: Quantum Theory and Measurement, Princeton University Press, 1983.





Conciencia y realidad. ¿Qué es la realidad? ¿Es necesario conocer la realidad? Francisco Acuyo


martes, 4 de octubre de 2022

LA MATERIA: ¿MÁS ALLÁ O MÁS ACÁ DE LA CONCIENCIA? MUY BREVEMENTE

 Os traigo una serie de breves pero intensas y creo que muy interesantes entradas sobre la tan traida como llevada cuestión de la realidad (y la conciencia), y todo para la sección de Ciencia del blog Ancile. Porta el título de La materia: ¿más allá o más acá de la conciencia? Muy brevemente.


LA MATERIA: ¿MÁS ALLÁ O

MÁS ACÁ DE LA CONCIENCIA?

MUY BREVEMENTE

 

 

La materia: ¿más allá o más acá de la conciencia? Muy brevemente. Francisco Acuyo




En el ámbito, por cierto, hoy indiscutible, de la primacía de la materia y el materialismo como explicación del mundo, acaso muy bien nutrida y muy mal educada, no deja, sin embargo, de resonar una duda más que razonable sobre la veracidad de sus presupuestos en los que basa dicha presunción, si es que en verdad queremos fundamentarla en los principios básicos que a su vez sustentan el método científico; a saber: la constatación empírica de la realidad de la materia (si podemos situarla antes o más allá de la conciencia). En cualquier caso, todo parece indicar en el reino del materialismo, que todo a lo que naturaleza concede ciertas prendas, puede desembarazarse sin ningún aprieto en la materia.

                Es un hecho incontestable que, para experimentar algo, es imprescindible la conciencia de la susodicha explanación de su realidad. Así las cosas, ¿no partimos, pues, de un presupuesto muy discutible en nuestras aproximaciones sobre la realidad última y primera de la materia si es a través de la conciencia desde donde podemos obtener respuestas de lo que aquella sea? Parece que la mejor respuesta, a pesar de la contradicción, será aquella que satisfaga todas las preguntas, y aunque no sea cierto, radica en la realidad ¿lógica? indiscutible de la materia como principio y fin de cualquier cosa, como silla de barbero que se adecúa a cualquiera morfología de posadera.

                Pero la materia, como hipotético origen de todo y universal respuesta de nada se ajusta a todas las preguntas, incluida el origen y naturaleza de la propia conciencia, aunque nos resultará bastante dudosa si hacemos un análisis de juicios lógico somero. ¿Cómo es posible afirmar algo (incluida la misma materia) a priori de aquel instrumento básico (la conciencia) mediante el cual conocemos dicha sustancia primordial cual es la materia?

La materia: ¿más allá o más acá de la conciencia? Muy brevemente. Francisco Acuyo

                De todos modos, la certidumbre de la materia antes de la conciencia no puede ser en verdad más desconcertante y la respuesta de la materia una respuesta tan inmensamente larga que nunca responda todos los caracteres de algunas interrogantes. Veremos por qué.

                ¿No será que aquello que damos por supuesto apriorísticamente (la materia, en este caso) no es sino una paradójica e inquietante abstracción? ¿No será lo incuestionable que presuponemos como materia, en realidad, lo desconocido, y lo ciertísimo y conocido no es la conciencia mediante la cual establecemos los parámetros de lo que es o no es ciertamente?

                Lo cierto es que, si nos barajamos con presupuestos indiscutiblemente lógicos, habría que comenzar la disposición de juicios sobre lo que verdaderamente conocemos, la cual se basa en la propia conciencia como capacidad de conocer y su potencia reveladora la que expondrá lo que ha de existir o no, por lo que el viejo remedio material puedo medio servir por mucho tiempo, pero no para siempre.

                Estos cuestionamientos no son solo un juego más o menos ingenioso de logicidad, tienen fundamentos de razón científica, así lo reconocieron genios de la talla de Einstein, quien afirmaba que el marco de referencia (materia, valga la redundancia, en el que basaba sus presupuestos de ciencia) era indemostrable.

                Esta aserción nos ha de llevar a otro franco y no menos lógico cuestionamiento: ¿Es la conciencia un mero epifenómeno del cerebro? O lo que es lo mismo ¿es el cerebro el verdadero y único origen de la conciencia?

                Que físicos (y reconocidos adeptos de la realidad de la materia como objeto de la ciencia) como Max Plank consideraran a la materia como un derivado de la conciencia, es algo que a todos los materialistas convencidos lleva a una contradicción flagrante. Pero no serán estos los únicos (padres de la física moderna) que tengan una opinión similar (así lo podemos constatar en el caso de James Jean), que se expresa en términos parecidos. Parece que tenemos otros científicos y filósofos que consideran como acontecimientos corrientes y ordinarios (aunque no puedan explicarlos) los fenómenos aún incomprensibles, es el caso de la misma conciencia.

                En filosofía puede ser aún más numerosas las aproximaciones que pueden emparentarse con la de estos supuestos díscolos físicos de la materia. Servirá, como ejemplo, Schiller, quien afirma que la materia no sólo no produce la conciencia, sino que la materia limita y confina su intensidad dentro de ciertos límites.[1]

                Si el sentido común de nuestras convenciones ya se puso en total cuestionamiento por la física relativista y cuántica (también la física del caos), dichas dudas no parecen haber surtido mucho efecto, no solo en el sentir común de las gentes, tampoco en el dominio medular de la misma ciencia. No obstante, seguiremos indagando sobre esta cuestión tan interesante en posteriores entradas del blog Ancile.

 

 

Francisco Acuyo



[1] Schiller:  Ridlles of the Sphins, Charlestons, Sc, Forgotten Books, 2010.



La materia: ¿más allá o más acá de la conciencia? Muy brevemente. Francisco Acuyo


miércoles, 28 de septiembre de 2022

POESÍA E INDIVIDUALIDAD

Concluimos las entradas dedicadas a la individualidad con este post que lleva por título: Poesía e individualidad, para la sección de Pensamiento del blog Ancile.


  POESÍA E INDIVIDUALIDAD


Poesía e individualidad, Francisco Acuyo


El poeta genuino (y el lector avisado) sabe(n) que la participación (vital, orgánica o animista) es fundamental en todo lo que el poeta expresa: es un organismo que vive en comunión con todo lo que vibra, es un proceso de contemplación activa que no pretende reducir la experiencia de la existencia vital a cantidades o explicaciones lógico científicas. La cosa poética se percibe como una presencia que vive y habita en uno mismo, que nos es sino lo más íntimo del cosmos todo.

            El verbo poético explora las dinámicas de nuestro devenir existencial, y lo expresa lejos de cualquier intento de lenguaje mecanicista, y si bien algunos creen que este lenguaje (nuevo) está por nacer,[1] lo reconocemos nosotros en las creaciones más genuinas de la poesía universal. Acaso sea la expresión poética el lenguaje apropiado para la indagación y entendimiento de la agencia subjetiva que anida en el corazón de cada cosa en el mundo.[2]

            La no exposición clara de la importancia del ser como individuo, conlleva necesariamente al olvido del Ser (Heidegger). Nos expone inevitablemente a ser mucho más vulnerable ante los atropellos de la modernidad manifiestos sobre todo en los avances tecnológicos que nos adocenan. La revolución digital es una siniestra muestra de la era de la interrupción (Thomas Friedman), donde le individuo es incapaz de mantener constante una vida plena en virtud de las continuas y estresantes interrupciones

Poesía e individualidad, Francisco Acuyo
que nos provoca la vida digital. El mundo virtual y los juegos electrónicos pueden ser una buena muestra de ello, pues condenan a que la imaginería individual sea cada vez menos personal y más colectiva y mecánica. La personificación integradora es de capital importancia en poesía, mas, ¿solamente en ella?

            Las emociones y sentimientos dirigen a un conocimiento que no por subjetivo es menos importante, pues constituyen en el individuo una virtud de excelente precio, virtud y potencia que debiera estimarse infinitamente. El poeta, como el chamán, actúa como intermediario con la comunidad que integra el mundo y su acto expresivo perceptivo debe entenderse como interactivo y participativo pues, trasciende el proceso verbal al uso de la norma, y establece una integradora relación sensorial con aquello de lo que habla. La poesía trata de no sujetarse al método de investigación porque sabe que lo que se observa y habla con la convención no es la naturaleza misma, y porque sabe que todo fenómeno es potencialmente expresivo: pues en realidad todo habla.

            La posmodernidad, en su huida hacia adelante, no ha insistido lo suficiente (si es que siquiera a reparado en ellos) en estos detalles capitales. Con Hölderling hemos de insistir en: que allí donde hay peligro // crece también el poder salvador[3]; entendiendo el peligro en los excesos de las nuevas tecnologías, y el poder salvador, en el arte y sus diversas formas creativas, pues será el impulso creativo el que realmente nos muestre vías de aprehensión y entendimiento del enigma de nuestra existencia. La poesía nos enseña que los recursos que pedimos al Cielo residen en nosotros mismos.  Para el poeta el arte poética es la mente mediante la que se expresa la materia misma, pues concibe su conciencia poética como anterior y primordial y, desde luego, irreductible a cualquier género o especie de mecanismo: es la forma fundamental de expresión y reconocimiento del individuo que trasciende las cosas que, supuestamente, están ahí fuera.


Francisco Acuyo



[1] Harding, S.: Tierra viviente, Atalanta, Gerona, 2021, Pág. 58.

[2] Ibidem.

[3] Hölderling, en Heidegger, M.: The Question Concernig Technology, Pág. 28.



Poesía e individualidad, Francisco Acuyo


viernes, 23 de septiembre de 2022

EL DIGNATARIO DE LA HUMANIDAD

 Siguiendo la temática del individuo en la posmodernidad, traemos un nuevo post para la sección de Pensamiento del blog Ancile, que lleva por título El dignatario de la humanidad.




EL DIGNATARIO DE LA HUMANIDAD



El dignatario de la humanidad. Francisco Acuyo



El dignatario, aquel que porta dignidad, desde la antigüedad (Roma) era el portador de valores altamente representativos de buena conducta y de no menos alta consideración moral, era el individuo referente ¿lo sigue siendo en la actualidad? ¿Hasta qué punto en los estudios culturales, literarios y concretamente poéticos sigue siendo este un modelo social, ético y estético? Si entonces no era extraño que aquél que ganaba en dignidad fuese tenido como ejemplo ético y de reconocido prestigio en atención al valor que tenía el honor obtenido de su conducta y proceder ejemplar, ¿lo es ahora de igual modo?

            La admonición del párrafo anterior se hace extensiva irremediablemente al ámbito de los valores éticos y estéticos. Debe referirse sin ningún pudor al dominio de aquellos impulsos interiores más profundos y que tanto la modernidad como la propia posmodernidad olvida e incluso rechaza. El reduccionismo compartido por ambas circunscripciones de pensamiento hace inadmisible cualquier otra dimensión que no sea la estrictamente materialista, tan maleable, por cierto, a las costumbres consumistas de la actualidad. El triunfo mecanicista de Laplace se extiende por la modernidad y la posmodernidad y llega hasta nosotros con deprimentes aseveraciones como: La célula es una máquina. El animal es una máquina, el hombre es una máquina[1]; de esta suerte, no es extraña la aventajada victoria de este colectivismo adocenado del consumo, donde cada individuo es solo una parte del engranaje del gran artilugio social del todo insaciable. La vida y el organismo es una ilusión, donde lo vivo está en realidad muerto.[2] Quienes hemos estudiado a fondo la fenomenología del lenguaje poético, sin duda no podemos estar en mayor desacuerdo: la organicidad y dinamismo del verso y del conjunto poemático, y las aproximaciones desde sus más diversas perspectivas (lingüísticas, gramaticales y sintácticas, métricas[3], retóricas, ...) dan buena cuenta de nuestra contrariedad y, por ejemplo, de la tendencias estéticas posmodernas que desdeñan todo lo que no sea nuevo, y cuyo entendimiento no se muestra sino en la elección de un supuesto hallazgo que expira antes que la misma moda.

            No será raro familiarizarse con este atroz mecanicismo olvidado de la persona cuando las consideraciones sobre nuestra humanidad se reducen a meros datos, a información básica para olvido de cualquier identidad. El individuo al que nos referimos, en cualquier caso, no será el reducido al ego secular o religioso… es la personalidad del que sufre y no sabe por qué y del que se puede inferir una auténtica teoría del dolor[4], y de la que la poesía hace una praxis expresiva de excepción.

            La separación de la persona de cualquier atisbo de trascendencia es ley normalizada en cualquier campo del saber, incluido el filosófico en la actualidad, olvidando milenios de vivencia, intuición y entendimiento de lo que bien puede estar más allá de lo que podemos aprehender por una vía racional materialista, y las consecuencias de su inhibición hasta la fecha acaso sólo han podido apenas soslayarse. Decíamos que el nous (inteligencia) incluso en occidente se ignora, cuando Platón y Aristóteles evocan al mismo como el don divino que hace al individuo participante activo en el orden cósmico. Hoy día la inteligencia pretende ser artificial, centrada la potencia de esta en el cómputo de datos, y donde pensar es realizar cálculos (Hobbes), pero, seamos serios ¿tiene esto algo que ver con la experiencia consciente de pensar?[5]

El dignatario de la humanidad. Francisco Acuyo

            El proceso de la consciencia, en sus diversas manifestaciones, es lo opuesto al repliegue de patrones familiares de lo mecánico, porque se hace precisa una recepción activa, orgánica e integral que nos conecte y constituya en el mundo. No se ha hecho énfasis suficiente ni en la modernidad, ni acaso en la mal denominada posmodernidad, de la importancia del sentido y del significado de las cosas para el individuo que, al fin y al cabo, compone la totalidad de la sociedad. Así podemos encontrar afirmaciones enervantes y desalentadoras de personalidades de primer nivel del pensamiento del siglo XX que afirman que: Nuestros orígenes, esperanzas y miedos, nuestros amores y creencias no son más que el resultado de disposiciones accidentales de átomos;[6] a añadir a otras perlas como las ya adelantadas de Monod, acentuando así la descripción, no ya del hombre, sino de la misma naturaleza como una máquina (y aún la misma actividad artística y poética) que está dispuesta para beneficio de quien esté dispuesto a obtenerlo.

            Si ponemos tanta atención al individuo será, aunque pueda parecer lo contrario, para poner más vigor en un hecho cada vez más incontrovertible, y que solo será perceptivo claramente si atendemos al individuo como fuente para la mejor comprensión de que la naturaleza no es una descripción contable de sujetos, sino una comunión de ellos. Los conceptos positivo materialistas del tiempo y el espacio son puestos en cuestión y se muestra como acaso el mismo órgano de cognición por excelencia, el cerebro, como mero filtro o receptor cognitivo, y que aquellos no son más que reflejos de lo que realmente tiene durabilidad y consistencia.

            Por todo lo antecedido no será disparatado hacer una reflexión sobre la pérdida de valores (y como decía, no sólo éticos y estéticos) en la actualidad, también su incidencia en la cultura en general, y particularmente en la literatura, y aún más singularmente en la poesía, pero se insiste en reducir al individuo en su existencia a módulos cognitivos, ADN replicante, microtúbulos de sensibilidad cuántica, bucles de software y datos, muchos y complejos datos.


Francisco Acuyo



[1] Monod, J.: Entrevista en la BBC, citada en Lewis (ed) Beyond Chance and Necessity, Pág. 9.
[2] Naydler, J: La lucha por el futuro de la humanidad, Atalanta, Gerona, 2021, pág. 71.
[3] Acuyo, F.: De la proporción en lo diverso, Universidad de Granada, 2007 y Jizo ediciones, en 2º edición aumentada, Granada 2009.
[4] Acuyo, F.: Pasión y razón del sufrimiento, Epílogo de Lógica de la decepción, el problema del mal en el mundo (en prensa).
[5] Naydler, J: op. cit. pág. 150.
[6] Russel, B.:



El dignatario de la humanidad. Francisco Acuyo


martes, 20 de septiembre de 2022

LA DIALÉCTICA SOCIEDAD-INDIVIDUO: ENTRE LA SINTIENCIA CONSCIENTE Y LA INSINTIENCIA MATERIAL

Para la sección de Pensamiento traemos un nuevo post que lleva por título: La dialéctica sociedad-individuo: entre la sintiencia consciente y la insintencia material.



 LA DIALÉCTICA SOCIEDAD-INDIVIDUO: 

ENTRE LA SINTIENCIA CONSCIENTE

 Y LA INSINTIENCIA MATERIAL



La dialéctica sociedad-individuo: entre la sintiencia consciente y la insintencia material. Francisco Acuyo


El legein del lenguaje[1] como representación identitaria de lo social no es nada sin la persona que lo produce, y cuya lógica (logos) se sitúa más allá de una representación social, si realmente aspira a ser profundamente creativo. Esto puede constatarse en la expresión poética, que supera el teukhein[2] instrumental (comunicativo) del lenguaje (poético) para ser creación, conocimiento y expresión de lo más íntimo del individuo, que ha de despertar el corazón sin que la tiranía del pensamiento robe todo simulacro de verdadera vida.

            La dialéctica sociedad-individuo está marcada en lo más profundo por el misterio de la existencia como fundamento de la experiencia humana, la cual intenta la indagación de la llamada de una verdad más primordial, vasta, intensa y recóndita (Heidegger) y que atañe al ser consciente de su individualidad, o lo que acaso sea lo mismo que consciente de la misma consciencia. La poesía nos enseña revivir y convivir con un animismo (que tuvo sus ecos en occidente a través de Spinoza, Leibniz y, ya en pleno siglo XX, por Alfred North Whitehead, donde la sintiencia se ponía en duda como origen de lo insintiente material arcano, y que ha sido inhibido durante siglos y que, sin embargo, aspira a entender el impulso que hace viva a la misma materia.

            Mucho se ha hablado de la necesidad de una revolución del uso del lenguaje. Se ha preferido el reproche por el silencio antes que por el abuso de las palabras. Pero, ¿qué modo de expresión sería este? Tanto valdría aspirar a articular un verbo estelar para comprensión de todos los astros que hallar un lenguaje suficiente satisfactorio para cualquiera logomaquia de razón que no pudiese mentir o ser falseada. No obstante, hay un lenguaje singular que pasó inadvertido por apercibirse (tanto al moderno como al posmoderno intelectual) adulterado, por no ir conducido siempre por juicios de razón, y la pobre sabiduría de este lenguaje, desde Platón, puesta al servicio de la opulenta ignorancia que no esté a la razón sujeta. 

La dialéctica sociedad-individuo: entre la sintiencia consciente y la insintencia material. Francisco Acuyo

            En la observación del lenguaje poético y el individuo a través de su verbo trasgresor de la norma, observamos nosotros el salto anhelado que lleva la peculiaridad de su expresión, enunciado y testimonio de profundo calado, y que supone  la superación de la lengua en su sistemática formal para hablarnos como lo hace la misma naturaleza a través de los árboles, los manantiales, las montañas, las estrellas… pues todos ellos forman parte del anima mundi que activa el pulso orgánico del universo, y el no menos vital de la poesía, puesto que los símbolos, metáforas, analogías verdaderamente poéticos no son en modo alguno lineales y mecánicos, forman parte de la organicidad del cosmos que llega a nosotros por la experiencia individual y ontológica de la existencia del ser en el mundo. El poeta verdadero sabe que: El mundo es de hecho un ser viviente dotado de alma e inteligencia.[3] 

            La lógica poética diside de aquella otra dialéctica del método controlador de la naturaleza (y que reconocemos en lenguaje formalista de las matemáticas aplicadas) y de la concepción racional del lenguaje deductivo racional, y la que nada deja a la pasión honda del espíritu sino reliquias inhibidas a las que inconscientemente adorar. Trata el verbo poético de redimirnos de la crisis de percepción (por otra parte, tan característica de la modernidad) que ve el mundo tras la óptica mecánica y hondamente materialista de la tecnología y el dígito informático, los cuales impide ver la realidad profunda de la organicidad de la república de la Naturaleza, y que la poesía entiende como algo vivo inseparable del individuo que lo expresa y lo contempla. El árbol, la fuente, el astro… se están expresando a través de la conciencia poética más allá de cualquier reduccionismo, de hecho, es la clara oposición a cualquier análisis lógico: la integración. Es una lógica de sistemas que atiende más que a los objetos como entidades contables, a las relaciones y jerarquías de los mismos, y desde cuya óptica constatamos que la totalidad en modo alguno puede ser la suma de las partes, lo cual es un bonito interés, sin que el capital sufra por ello ningún quebranto.



Francisco Acuyo



[1] Ibidem.

[2] Ibidem.

[3] Platón, Timeo, Obras completas, Aguilar, Madrid, 1997, Pág. 567.



La dialéctica sociedad-individuo: entre la sintiencia consciente y la insintencia material. Francisco Acuyo