viernes, 12 de mayo de 2017

DE LA REALIDAD: EL ÁTOMO, LA VIDA Y LA CONCIENCIA

Abundando en la cuestión de la realidad (material, o no) de lo que podemos conocer, ofrecemos para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, el post titulado: De la realidad: el átomo, la vida y la conciencia.




De la realidad: el átomo, la vida y la conciencia. Francisco Acuyo


DE LA REALIDAD: 

EL ÁTOMO, LA VIDA Y LA CONCIENCIA







¿El tiempo será un concepto[1] que está inevitablemente unido a la realidad, (o es un constructo) físico del universo material? Todo parece indicar que en base a esta premisa temporal, se parte por indicación de algunos científicos, de la misma materia para negar un principio u origen al cosmos. Aunque no se sientan capaces estos mismos científicos de aventurar una afirmación –o negación-  sobre si hubo o no un instante antes de cualquiera otro instante, [2] es inevitable que algunos tengamos que conjeturar qué hubo antes de ese primer momento, o, al menos, imaginar si hubo algo en vez de nada, o lo que viene a ser lo mismo, ¿es posible que todo (el universo) haya surgido de nada?

                Se evoca a la imposibilidad de violar las leyes de la física y a la conservación de la energía para negar un origen o una entidad –material- de cualquiera especie antes del tiempo, ya que todas las cantidades energéticas que se conservan[3] en el universo son iguales (a cero), por lo que cualquier otra opción distinta a aquella conservada sería imposible en un momento anterior al tiempo, donde el universo no existiría material y energéticamente como lo conocemos. Entonces, todo aquello conocido materialmente puede ser atendido por el científico sin que encierre ningún propósito, sentido o necesidad alguna, y esto aunque no se pueda responder con una explicación convincente la existencia misma de la realidad material (supuestamente conocida y reconocible) en el universo conocido o reconocible. Huérfanos de razones, propósitos y sentido nos encontramos en la tesitura nada agradable de no saber gran cosa sobre los fundamentos de esta realidad nuestra, tan torpemente asequible para nuestros sentidos, mas sin recurso también de otros principios, o al menos rudimentos lógicos,, razonables o intuitivos -¿no materiales?- que trasciendan los presupuestos parciales que nos ofrecen los sentidos y su reconocida incompletitud para dar respuestas. De hecho, el Cogito ergo, sum cartesiano es inaceptable, dado que el pensamiento y por tanto la mente no es más que un epifenómeno de la materia, y que esta posee tanto propiedades físicas como ¿psíquicas?, lo que no deja margen de maniobra
De la realidad: el átomo, la vida y la conciencia. Francisco Acuyo
intelectual más allá de la explicación nuclear (o atómica del mundo), aun cuando esta plantea tantas y tan serias interrogantes como las que hemos descrito en esta y otras ocasiones al respecto.

                Sucede algo parecido con la vida, fruto de y herencia de la materia. Solo la evolución darwiniana puede dar alguna luz al mismo sentido de la vida, si esta es producto incuestionable, como decimos, de la materia. No es del todo explicable, sin embargo, su relación con la conciencia. Sí, la vida, siempre la vida es enigmática en muchos aspectos, ya que, al fin y al cabo, al menos hasta el momento, que sepamos, una piedra no tiene capacidad de cogitar, por lo que inferimos que es de los seres vivos de donde proviene la conciencia. No obstante, nuevamente la vida (de la cual tampoco sabemos gran cosa en cuanto a su origen y su propia compleja y misteriosa naturaleza) es drásticamente reducida a un fenómeno estrictamente material. Será a la luz de la entropía y la necesidad (también denominada emergencia) de donde se puedan encontrar explicaciones sobre la existencia de estos sistemas complejos organizados que, además, se encuentran en determinados sitios propicios como la tierra, aunque tampoco se sepa el por qué lo hacen, y por qué mantienen en estos lugares dichas organizaciones complejas, aparentemente en contra de la propia ley que las hace posibles (segunda ley de la termodinámica), si es que el desequilibrio en los lugares donde aparece -la vida- es precisamente lo que la garantiza.

                Si el inicio primigenio (cuántico) del universo no necesita un principio u origen que lo explique, decíamos, según las corrientes cientifistas, ¿sucede lo mismo con el origen de la vida? Sin embargo, se reconoce la imposibilidad de entender a día de hoy cómo fue posible la vida, así que el origen y el propósito quedan en terra incógnita para encontrar explicaciones más allá de lo que teoría de la evolución pueda aportarnos. También el misterio del transporte de la información en el ámbito de lo infinitamente pequeño es perfectamente trasladable al ámbito de la biogénesis, al margen de todo lo reconocido en el dominio y conocimiento de la genética y del ADN como fuente de entendimiento de muchas e importantes funciones biológicas de los organismos. Es así que la probabilidad de la aparición de las condiciones precisas para la  vida en el universo conocido nos parece remota y extraña, aun cuando aceptemos que sea posible el principio antrópico[4] para explicarlo, principio que, por otra parte, nos lleva al campo no menos excepcionalmente complejo y difícil como es el del ya traído a esta y otras entradas anteriores sobre el entendimiento del fenómeno de la conciencia.

De la realidad: el átomo, la vida y la conciencia. Francisco Acuyo
                No es extraño que, a la hora de significar, definir o situar a la conciencia, veamos que los conceptos puramente físicos ocupen primordialmente los lugares de preferencia para su descripción,  explicación y entendimiento. No obstante, ese carácter tan genuinamente subjetivo que tiene el experimento de la conciencia, para muchos es inescrutable, y por lo tanto su realidad completamente indescriptible (famoso es el denominado problema de los qualia)[5]; para otros no es más que una extensión de los átomos que conforman la única estructura (material) real a la que aludimos (de manera parece que bastante torpe) con expresiones que nos quieren hacer pensar en su independencia. No hay dualismo mente cuerpo, solo existe la materia, que es la que realiza cualquier proceso de conciencia, aunque no quede verdaderamente acreditado. En verdad  que resulta gracioso por parte de algunos naturalistas (mal llamados poéticos) observar cómo emplean la metáfora –que sustituye la presencia material de algo por el concepto más apropiado para su mejor expresión y más acertada coincidencia- para hablar de lo hermosamente construida que está la naturaleza y su excrecencia mental –e inexplicable- que es la conciencia, y es que en modo alguno lo mental consciente, independiente de la materia, puede ser parte de la configuración estructural de lo que entendemos por realidad (que en modo alguno puede ser distinta a la materia estructuralmente constituida por el despliegue atómico de partículas).

                No hay lugar para nada que no sea materia, aunque como hemos visto en anteriores entradas, muchas veces no sabemos realmente qué es la misma materia (al margen de los átomos y fuerzas que supuestamente componen su realidad última y que creemos entender), y esto aun cuando tan solo  imaginamos la naturaleza espuria de la conciencia, y aunque sea a través de ella que, aquello que experimentamos del universo, nos hace pensar que es inteligible. No son pocas las consideraciones al respecto que se nos ocurren, pero de ellas daremos cuenta en próximas entradas.



Francisco Acuyo              



[1] El tiempo en física es un concepto en verdad muy controvertido. Después de ser considerado una dimensión más (junto a las tres espaciales), recuérdese la teoría de la relatividad de Einstein, se han barajado ideas realmente encontradas sobre su realidad física y su incidencia en la estructura y dinamismo del universo.
[2] Carrol, S. El gran cuadro, Edit. Pasado y presente, Barcelona, 2017, p. 228.
[3] Nos referimos al principio de conservación de la energía.
[4] Este principio establece la coherencia del cosmos en función de la existencia del ser humano
[5] Enmarca el mundo subjetivo de cada experiencia individual del mundo y que puede referirse a la percepción de los colores, el dolor, ¿la belleza?....



De la realidad: el átomo, la vida y la conciencia. Francisco Acuyo

jueves, 11 de mayo de 2017

SUJETO Y OBJETO: REALIDAD DE LO IMPRACTICABLE:

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos una nueva reflexión sobre el concepto de realidad, esta vez bajo el título: Sujeto y objeto: realidad de lo impracticable.


Sujeto y objeto: realidad de lo impracticable, Francisco Acuyo



SUJETO Y OBJETO: 

REALIDAD DE LO IMPRACTICABLE






¿Qué puede considerarse observador y qué observado? La vieja cuestión del objeto y el sujeto adquiere a la luz de las observaciones de la mecánica cuántica una perspectiva, si no nueva, acaso sí muy controvertida y controvertible. El problema de la medición cuántica mantiene su dificultad y discutible polémica en nuestros días, y en verdad que sin visos claros de concierto entre las partes implicadas en su discusión.

            El objeto –obiectus: ob, sobre, encima, iacere: lanzar, tirar, echar-… es aquello que esta fuera de nosotros, que se nos pone enfrente y que, como lanzado fuera diríase no tener grande importancia, es lo que, etimológicamente, cabe deducir de su terminología en pos de un significado; por otro lado, sujeto, -de subictare: sub, debajo, e iactare, de iacere, recordamos echar, lanzar,…, nos da la idea de tirar, lanzar algo abajo para dominarlo; son los conceptos terminológicamente desgranados bajo los cuales, en definitiva, se trata de clarificar e interpretar la supuesta realidad cuántica: el objeto (cuántico) y el sujeto (observador) que interpreta e influye sobre la realidad observada del mismo. Se infiere que la realidad puede estar sujeta a unas variables ocultas,[1] o bien no es posible una realidad objetiva en la que sostenerse, por lo que la materia misma es puesta en cuestión, ya que de lo único que podemos hablar son de los resultados de aquellas mediciones experimentales, por lo que, en realidad, lo que tenemos son descripciones físicas abstractas[2], por lo que la física lo que trata de poner de relieve no es tanto lo que es la naturaleza, sino lo que podemos decir de ella.

            Sin embargo, son mayoría los que dicen que la función de onda[3] no es una abstracción matemática, sino que ¿representa? la realidad de la naturaleza en lo más íntimo de la materia. En este caso volvemos al problema inicial que tratábamos en anteriores reflexiones de este espacio: ¿qué es lo produce el colapso de los estados cuánticos y define la realidad física de los mismos? Todo nos lleva al observador (con o sin conciencia, lo cual es en verdad algo peliagudo de explicar y más aún de entender).
Sujeto y objeto: realidad de lo impracticable, Francisco Acuyo            Hubo quien redujo todo el funcionamiento cuántico a través de la ecuación de Schrödinger negando cualquier tipo de colapso y diferencias entre objeto y sujetoobservador, ya que la mecánica cuántica, en realidad, funciona a través del entrelazamiento[4] cuántico-, ya que todas las partes del universo participan de la misma función de onda, que nos lleva a la interpretación no de una sola realidad, sino de muchas otras, tantas como mundos adicionales puedan inferirse, pero, ¿cómo es que apreciamos una realidad física que parece responder a unas leyes deterministas?, o, ¿cómo es posible que aquello que miramos es bastante distinto a cuándo no lo miramos?

            En cualquier caso, el cientifista[5] acabará reduciendo toda realidad a partículas y fuerzas. No en vano se expone por la teoría física de forma contundente que mientras no haya una comprensión clara y completa de la mecánica cuántica no tendremos que renunciar al determinismo clásico newtoniano-laplaciano. La cuestión es que al margen de dicha descripción cuántica de la realidad y de las diferentes teorías que puedan construirse al margen de aquella visión cuántica del universo, ha de campar por sus respetos siempre la visión atómico determinista como la vía de mejor conocimiento del mundo y de la podemos inferir la realidad y su supuesta existencia objetiva. Que si no podemos contemplar de manera directa los campos de fuerzas ni las mismas partículas, y aunque no sepamos si existen influencias en las partículas que podamos observar, todo lo fiamos a teorías (de campo efectiva[6], es una de ellas) que puedan darnos una visión de entendimiento mínimo, al menos de aquello que entendemos como realidad cotidiana.

            La vieja cuestión de por qué hay algo en vez de nada,[7] parece no tener importancia en nuestros argumentos teóricos sobre la realidad, incluso cuando nos movemos a tientas en relación a lo supuestamente incuestionable, como es la estructura íntima (atómica) de la materia y su naturaleza (y potencial dinamismo). Esto hace que la interrogante (causal y racionalmente legítima) de si el universo (es realidad) tuvo que tener un origen no es relevante. El argumento cosmológico[8] no deja de ser más que un juego de intuición infantil lógicamente insostenible: cualquier cosa que exista no tiene por qué tener una causa primera de su existencia, mas esta deducción tiene mucho que ver con el concepto de tiempo, cuestión que abordaremos más adelante, en nuevas entregas de nuestro blog. En cualquier caso, y siguiendo la argumentación de anteriores entradas referidas a aquel concepto de naturalismo poético defendido por algunos sectores teóricos de la ciencia (con el que pretenden explicar el mundo), a nuestro muy humilde entender, si tienen inevitables semejanzas con el naturalismo de la ciencia, muy poco tiene que ver con lo que entendemos como poético. Abundaremos sobre esta cuestión.


Francisco Acuyo





[1] Son las que no hemos podido determinar claramente y con la precisión debida para saber del estado de un sistema cuántico cualesquiera, por lo que se vería obligado a interactuar partes de dicho sistema con otras partes fuera del mismo en el espacio.
[2] Así lo determinaba el mismo Niels Bohr.
[3] La función de onda (función compleja) es una representación (¿abstracción?) del estado de un sistema de partículas cuya evolución, según la ecuación de Schrödinger que explica de forma determinista la evolución temporal de dicha función.
[4] Paradoja EPR (Einstein, Podolsky y Rosen) es una propiedad que fue predicha por los físicos señalados en el paréntesis, y que Schrödinger definía como partículas que no tenían estados individuales definidos, sino que funcionaban como un sistema con una función única de onda.
[5] Recordamos que este concepto lo hemos propuesto nosotros para definir al tipo característico de científico cuyo método reductivo y positivo materialista es el imperante, véase la entrada anterior al respecto.
[6] Entendida como una aproximación a una teoría fundamental que incluya los grados de libertad para la descripción de un fenómeno a la escala de energía y longitud, en este caso, subatómica.
[7] Célebremente expuesta por Leibniz
[8] La defensa de una causa (primera) del origen del universo,Tomás de Aquino lo defendía muy amena y razonablemente.



Sujeto y objeto: realidad de lo impracticable, Francisco Acuyo

domingo, 7 de mayo de 2017

EL SUEÑO DE LA MATERIA PRODUCE MONSTRUOS

El sueño de la materia produce monstruos, es el título de la última entrada para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, la cual sigue incidiendo en el mundo de lo que sea aquello que entendemos como la realidad.

El sueño de la materia produce monstruos, Francisco Acuyo





EL SUEÑO DE LA MATERIA PRODUCE MONSTRUOS









Si las matemáticas (y la lógica) se puede(n) considerar como vía(s) de conocimiento diversa(s) a la(s) que es (son) propias de las ciencias de la naturaleza, y si se dice que las realidades sobre las que trabaja(n) aquella(s) (matemáticas y lógica) se fundamentan en verdades que no pueden ser consideradas propias de lo que entendemos como mundo real (físico, químico, biológico….) y, por tanto, las pruebas axiomáticas recogidas en sus teoremas exigen sólo que dichos teoremas, estén basado en axiomas verdaderos, se nos plantean dos dudas que, a mi humilde juicio, puede convertirse en serias objeciones al concepto mismo de verdad y de realidad; a saber: ¿por qué las verdades matemáticas, no obstante de ser distintas de las obtenidas por la ciencia de la naturaleza, casan (¿misteriosamente?) e incluso fundamentan las verdades fenoménicas de la ciencia (véase la física, la química, la biología…)?, recuérdense los famosos juicios sintéticos a priori kantianos; y, ¿qué debemos entender por verdad o por realidad en relación al mundo en el que existimos y sobre el que se supone que versa la ciencia natural si aquellos juicios matemáticos –a priori- son posibles en la realidad fenoménica?

El sueño de la materia produce monstruos, Francisco Acuyo            El naturalismo metodológico sobre el que se basa la ciencia dícese que descarta cualquier fenómeno no natural para su estudio (lógico o teológico). Pero, ¿la realidad matemática (y lógica) no son naturales por ser hijas –abstractas- de la mente (como acaso también puede estimarse la poesía, aun cuando muestran estar implicadas –¿enigmáticamente?- en la construcción de la realidad? O, ¿debiéramos acogernos al denominado empirismo metodológico que encuentra sus pilares de procedimiento sistemático en la comprobación experimental de la fenomenología del mundo? ¿Cómo explicamos entonces la incidencia inevitable del mundo de la abstracción racional, lógica y matemática (y por qué no, poética) en la construcción de los modelos metodológicos para su comprobación experimental?, o lo que es más inquietante para el acérrimo cientifista[1], ¿es posible un conocimiento de la realidad más allá de los sentidos y del método empírico? De hecho, ¿significa que cualquier vivencia, interpretación, deducción o inferencia de algo que trascienda el ámbito positivo material es una mera ilusión si no tiene una explicación materialista?

            Estas y otras muchas interrogantes se plantean a la hora de sacar conclusiones sobre la manera que conocemos o creemos conocer el mundo. La propia ciencia reconoce que es imposible tener certezas absolutas sobre la propia percepción experimental y del conocimiento deducible de aquella, en cualquier caso, no se cortan un pelo los más radicales cientifistas para negar todo aquello que sea estrictamente deducible de un conocimiento que ellos mismos reconocen parcial y siempre superable.

            La aceptación de que la estructura íntima de la materia (que necesita de la superación de la ciencia clásica para su comprensión) solo puede ser descrita por sus valores discretos,[2] lo que quiere decir que la determinación de sus elementos constitutivos no es posible (es la denominada función de onda)[3] sino en virtud de probabilidades que, en fin, acaban demoliendo cualquier certidumbre al respecto de una posible determinación, nos parece muy digna de tener en seria consideración a la hora de valorar lo que sea o no la realidad. Las consecuencias y significado de esta realidad –cuántica- basada en la incertidumbre se están todavía valorando y debatiendo, sobre todo cuando constatamos que el estado cuántico se colapsa o toma realidad material cuando está sometido a la observación y se obtiene un resultado concreto en la medición de aquel análisis y examen obtenido.

            Puede parecer algo bastante perturbador, sobre todo para el irreductible cientifista, en tanto que aparece un elemento inquietante en el conocimiento e interpretación de la realidad íntima de la materia: el observador.

            Pero, ¿la medición que acabará por dar forma material a lo más íntimo de la materia, si requiere un observador, es preciso que sea portador de algún tipo de conciencia? Para la ciencia de la mecánica cuántica, en líneas generales, no se admite la posibilidad de conciencia alguna, y por tanto la realidad no tiene por qué estar conformada ni activa ni pasivamente, ni total ni parcialmente por la conciencia. Nosotros, con toda humildad no lo vemos tan claro, pero de esta cuestión hablaremos en próximas entradas.




Francisco Acuyo




[1] Término acuñado con toda modestia por nosotros para referirnos a la postura radical positivista y materialista para la explicación y conocimiento del mundo.
[2]  Se puede medir la posición de una partícula, y también su velocidad, pero de manera discreta, es decir, o bien medimos posición o bien velocidad, pero no ambas a la vez, como sí podía hacerse en el ámbito de la mecánica clásica –newtoniana- y de los objetos de la vida cotidiana
[3] Se dice que el estado de un sistema será el resultado de una superposición de todos los resultados posibles de las potenciales mediciones.



El sueño de la materia produce monstruos, Francisco Acuyo

jueves, 4 de mayo de 2017

RELIQUIAS DEL PASADO: EL PROPÓSITO, EL SENTIDO Y LA CAUSALIDAD

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos la reflexión titulada, Reliquias del pasado: el propósito, el sentido y la causalidad.   

Reliquias del pasado: el prpósito, el sentido y la causalidad.  Francisco Acuyo



RELIQUIAS DEL PASADO

EL PROPÓSITO, EL SENTIDO Y LA CAUSALIDAD







Hoy son pocos los avisados que creen que el mundo constituye su naturaleza y mantiene su estricto y riguroso funcionamiento según los principios clásicos –newtonianos- de la ciencia; la mecánica cuántica establece el estado cuántico[1] como la vía única de conocer y calcular ¿la realidad? física. Mas la cuestión capital radica en que el denominado estado cuántico diríase funcionar de modo perfectamente determinista hasta que se trata de observar en cualquier sistema, pues será entonces cuando aparezcan todo tipo de comportamientos aleatorios, contradictorios y paradójicos, teniendo sólo constancia de aquellos de manera probabilística (relativa) por lo que el resultado final será posible de entre varios o muchos probables. El principio de razón suficiente[2] parece que no es asumible en el mundo no solo de las relaciones cuánticas, acaso hoy (¿derivado de aquellas?) en el ámbito mismo de un sentido común razonable, donde los efectos sin causas no son sólo puestos en duda, sino que son recocidos como concebibles, y esto porque no tienen por qué ser necesariamente ilógicos aquellos razonamientos (de hecho en lógica matemática es perfectamente prescindible). La contemplación de esta potencial superación del sentido común ordinario se plantea científica y lógicamente como una vía de superación de cualquier propósito, sentido e incluso determinación de un origen causal (¿estamos ante un peculiar renacimiento de la idea de la generación espontánea?), donde, ni las leyes de la física ni el origen prístino atómico aducido de consuno por el naturalismo materialista, necesitan para explicar su existencia ni la del mundo regido por aquellas leyes y dicha constitución singular, por lo que puede prescindirse cualquier causa como supuesta consecuencia de su efecto o realidad percibida en el fenómeno último de la materia.

                ¿La causalidad será pues una reliquia del tiempo, es decir, de una época pasada[3]? ¿Todo propósito, sentido o causalidad obedece a la flecha del tiempo[4] que se refleja esencialmente en la memoria?[5] En el mundo de la lógica y de la matemática la causalidad no es conditio sine qua non para la explanación de sus presupuestos y de su contrastación con la verdad –matemático-lógica-. Todo esto nos hace reflexionar sobre una cuestión nada baladí y que afecta a la esencia de toda epistemología que se precie, y es que el conocimiento adquirido no siempre tiene por qué ser del todo fiable, dado que la fiabilidad conlleva cierto grado de incertidumbre que nos lleva al mundo de las probabilidades y a la necesidad de la actualización de nuestro conocimiento. La cuantificación es capital en aquello que creemos comprender, pero no podemos obviar la funcionalidad de aquello que creemos entender[6]
.
                De lo anteriormente deducido cabe reflexionar de nuevo, si el conocimiento empírico (sobre el que se sustenta el método científico) es en realidad aceptable epistemológicamente. El conocimiento obtenido de una determinada experiencia puede también ponerse en cuestión, no solo Wittgenstein participaba de este escepticismo, y la duda sobre lo que la realidad sea, es en cierto mátrix virtual que acaso daría la razón al mismo Wittgenstein sobre lo que es o no cierto cuando decía: De que me parezca a mí – o a cualquiera- que sea así, no se deriva que sea así. No obstante, la denominada conservación del momento[7], el movimiento constante del universo[8] y la ley de conservación de la información[9], hacen inevitablemente obsoletos el propósito, el sentido y la causalidad, aunque estos se muestren tozudamente resistentes a mostrarse definitivamente superados y –dícese- por lo que encuentran su último y único fundamento en el lenguaje, la manera de hablar del mundo será la que produzca la ilusión de una naturaleza aparente, siendo, no obstante ésta, la única realidad verdadera –y finalmente reducida a sus fundamentos atomistas-. ¿Es posible un reconocimiento del lenguaje como vía de ilusión, pero también de realidad incuestionable y de aquel lenguaje una suerte de naturalismo poético? Mucho es decir que sea algo más que lingüístico, hiperbólico que fuese poético.
Reliquias del pasado: el propósito, el sentido y la causalidad.  Francisco Acuyo

                En cualquier caso aquel escepticismo razonable del hablábamos se muestra reticente y a un tiempo tenaz y porfiado por mostrarse tan real en el mundo de los átomos como en el de la conciencia, y es que nos invita a una seria reflexión del concepto mismo de realidad puesto a prueba más allá de toda duda razonable. El problema deviene, sin embargo, de lo que es en sí mismo razonable, a las matemáticas y a la lógica se les da una higa lo que sea o no razonable, son las propias reglas que las constituyen las que definen lo verdadero o falso, lo cual no implica que sigamos siendo escépticos y proclives a tener en cuenta lo mucho más numeroso que es lo incierto en nuestras vidas (más que lo seguro e irrefutable), y que apreciamos más allá de lo que nuestros sentidos puedan indicarnos, por lo que la realidad también puede ser perfectamente asequible por vías que, no necesariamente, tengan que ser las estrictamente científicas.

                Indagaremos en el conocimiento posible de la realidad más allá (o más acá) del método rigurosamente científico, eso será en próximas entradas de nuestro (vuestro) blog Ancile.



Francisco Acuyo





[1] También conocida coma la función de onda.
[2] Para cada hecho auténtico, hay una razón por la que es así, y por la que otra cosa no lo es en su lugar; de esta manera lo exponía Baruch Spinoza.
[3] Russel, B.: On the notion of cause, proceedings of the Aristotelian Society 13: 1-26.
[4]Concepto acuñado por Eddington para distinguir el tiempo en una dirección (que discurre desde el pasado, pasando por el presente, hasta el futuro) en un espacio de cuatro dimensiones.
[5] Carrol, S.: El gran cuadro, Pasado y presente, Barcelona, 2016, p. 74.
[6] El Teorema de Bayes será el instrumento capital para barajar todas las proposiciones posibles sobre un determinado creer que sabemos.
[7] Dedúcese de ésta que el universo no necesita un motor.
[8] Movimiento que, por esperado, es algo ¿natural?
[9] Dicha conservación muestra la evolución del universo pasando de un momento presente a otro donde no existen objetivos propincuos ni encuentra fundamento en su historia pasada.



Reliquias del pasado: el propósito, el sentido y la causalidad.  Francisco Acuyo

lunes, 1 de mayo de 2017

REDUCTIO AD ABSURDUM: DE LA VIDA, LA POESÍA Y OTROS SISTEMAS COMPLEJOS

Bajo el título, Reductio ad absurdum: de la vida, la poesía y otros sistemas complejos, introducimos unas reflexiones para la sección, Pensamiento, del blog Ancile.



Reductio ad absurdum: de la vida, la poesía y otros sistemas complejos, Francisco Acuyo
De Mike Davis




REDUCTIO AD ABSURDUM:

DE LA VIDA, LA POESÍA Y OTROS SISTEMAS COMPLEJOS


 

Han sido muchas y muy diversas las ocasiones en las que, consciente o inconscientemente, he tenido que rebelarme  contra los reduccionismos –lógicos y científicos- más recalcitrantes y, por cierto, para mi humilde sentir y pobre entendimiento, deprimentes hasta la extenuación, mas en virtud de esta conjura y pronunciamiento tan personales en relación a no pocos discursos supuestamente científicos –estrictamente positivo materialistas-, sobre todo aquellos que tratan de referirse y aprehender los sistemas complejos, organizados, dinámicos, como es el caso de la propia vida (o como también entiendo el proceso de configuración–y estructura- de la poesía)[1], y es que en verdad siempre he podido constatar que la totalidad de los estos mismos sistemas acaban por sumar más que el conjunto potencial de sus supuestas partes constituyentes.

                  Comprimir, sujetar, disminuir la vida, pongamos por ejemplo, a una pacata y patética visión que nos remite finalmente a una  interacción de átomos que funcionan en virtud de unas leyes (deterministas) físicas, me parece una desvirtuación flagrante de la realidad compleja, dinámica y orgánica de los sistemas anteriormente referidos, cuyos componentes más íntimos pretenden ser atendidos según una apreciación de principios netamente mecánicos, y al albur de curiosos intentos de ofrecerlos bajo un naturalismo que, aunque anclado en convicciones materialistas positivas, portan el marchamo audaz con el que aliñarse, y es nada menos que el de poético. Concepto de naturalismo poético metido con calzador en un orbe triste, lineal y mecánico de relojería que poco o nada tiene que ver con el impulso vivo creativo de la poeisis sobre la que se sustenta la vida y los sistemas complejos que se fundamentan en ella, como es el caso de la misma poesía.

                  Parece que  el sentido (del cual carece cualquiera manifestación de la naturaleza según la óptica netamente naturalista) y la posible trascendencia de la creación viva, es sólo una imagen escasa o nula de fundamento a la luz (o, mejor, las tinieblas) del reduccionismo
Reductio ad absurdum: de la vida, la poesía y otros sistemas complejos, Francisco Acuyo
De Mike Davis
positivo materialista.  Según esta corriente ¿fatuamente optimista? de la ciencia no hay propósito detectable en la fascinante realidad de lo vivo, organizado y dinámico, y donde el impulso creativo de la naturaleza viva –y de nosotros mismo- no es más que un falaz espejismo, la supuesta pertinaz realidad de tuercas y tornillos (átomos y leyes rígidas de la naturaleza) conforman la mecánica realidad última de todas las cosas en el universo.

                  La realidad única del mundo natural está perfectamente descrita por las leyes ¿inmutables? de la misma naturaleza, vida y conciencia no son más que meros epifenómenos de esta máquina, cuyo constructo se manifiesta del todo insuperable para la descripción de su estructura y funcionamiento. Los productos de la vida consciente no pueden tener realidad alguna de manera autónoma sino son restringidos a la reducción atomista, y es que no son tangibles y cuantificables empíricamente.

                  El utilitarismo mecánico es uno de los fundamentos indiscutibles de la ciencia, solo en virtud de esta conveniencia e interés utilitario puede concebirse lo que es real, y si hay algo fuera de aquel reduccionismo aducido, no merece la pena tenerlo en consideración, ya que la realidad de lo que pueda inferirse (discursivamente) de lo observado, será real en virtud de su utilidad o incompetencia científica: la belleza y la bondad, por ejemplo, son reales a tenor de que nosotros, hijos de la materia atomista, introducimos en el mundo sus conceptos prescindibles, estériles e improductivos. Sólo es válido aquello que se basa en patrones –observables- y no en propósitos o en búsquedas de sentido. Laplace campa por sus respetos aún en nuestros días. Pero, ¿realmente, existe siquiera la posibilidad de un determinismo capaz de inferir el futuro desde lo que sabemos desde nuestro presente? El demonio de Laplace es conforme y concorde respecto a la ciencia clásica; mas, en relación a la nueva ciencia (relativista y sobre todo cuántica) acaso se tendría mucho más que reflexionar e inferir sobre su competencia, productividad y adecuación a su realidad. De ello hablaremos en próximas entradas de nuestro blog Ancile .


Francisco Acuyo

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[1] Acuyo, F.: Fundamentos de la proporción en lo diverso, Departamento de Lingüística y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Universidad de Granada, Granada 2017, Fundamentos de la proporción en lo diverso: nueva edición corregida y adaptada, Jizo ediciones,  de Ensayo, nº 17, Granada, 2009. Fisiología de un espejismo, Artecittà ediciones (Fundación Internacional Artecitta), Granada, 2010, Elogio de la decepción (y otras aproximaciones a los fenómenos del dolor y la belleza), Jizo ediciones, colección El círculo del límite: Granada, 2013.

Reductio ad absurdum: de la vida, la poesía y otros sistemas complejos, Francisco Acuyo
De Mike Davis