viernes, 19 de noviembre de 2010

EL ESPEJO O EL" DAIMON" DE ARSENI Y ANDREI TARKOVSKI (II)

El espejo o el Daimon de Arseni y Andrei Tarkovski 2, Francisco Acuyo


EL ESPEJO O EL DAIMON DE ARSENI
Y ANDREI TARKOVSKI (II)




II

APROXIMACIONES A LA IMAGEN Y LA POESÍA




CUANDO, al inicio de nuestro trabajo, hablábamos del fenómeno de la sinestesia (y de la relación de ambigua bidireccionalidad –entre el cine y la poesía- que nos refiere a una no menos insólita -e inversa- manera de écfrasis), lo hacíamos aceptando la óptica semántica (significativa) del concepto y del ámbito sensorial que representa, todo lo cual describía rigurosa y, a nuestro juicio, estrechamente vinculados, respecto del complejo fenómeno de la sinestesia, cuya realidad más profunda nos parece en buena parte trascenderlo, pues como ya expusimos en otra ocasión (Acuyo 2010) la relación sinestésica puede evidenciarse también como aquella entidad mucho más intricada en el singularísimo ámbito del diálogo entre las artes (plásticas, visuales, como en este caso), y las que se originan y desarrollan en el manejo de conceptos (la literatura, y concreta y especialmente la poesía). Decíamos (Acuyo 2010): […] que la sinestesia y la écfrasis vertidas en su espacio-tiempo diluyen el ámbito espacio-temporal de la naturaleza en su evocación artística. La intención, el impulso, la energía que mueve en la écfrasis o la sinestesia (poéticas) será aquella que quiere recuperar los moldes (materiales y formales) para (no sólo fusionar las artes), también diluir las fronteras, los límites espacio temporales que la distinguen, acaso para ser en lo eterno, y que sólo la entidad poética es capaz de insuflar para ser genuinamente en el mundo […]. Mas habida cuenta de lo que ahora nos motiva en este estudio, es preciso añadir que junto al valor semántico (lingüístico), es muy oportuno valorar la importancia de la sinestesia desde una perspectiva psicológica y, desde luego, filosófica-cognitiva, para empezar a estimar dicha fenomenología como ejercicio estético bajo el sometimiento de una lógica propia del conocimiento sensible, (Acuyo 2010) por lo que tendríamos que pensar ya en una epistemología del conocimiento sensible en virtud a la atención debida a fenómenos de tales características.

El espejo o el Daimon de Arseni y Andrei Tarkovski 2, Francisco Acuyo
Añadíamos: […] este aparataje de interrelación con lo externamente susceptible nos ofrece una suerte de modalidad expresiva capaz de un conocimiento que, aunque difiere radicalmente de aquel otro también genuinamente humano que se obtiene de la abstracción pura (la matemática, la física aplicada...), demuestra, no obstante, que la vivencia del poeta (del artista) en lo que de verdadera tiene, puede ser cifrada, reducida a cantidades mensurables, y es que aquél que participa de aquella gracia poética se funde en plenitud, más allá de la mera representación, en el ser y devenir del mundo, y esto porque creemos que, el poeta (el artista imbuido de esta ciencia poética), ejerce su potestad creativa como la naturaleza misma, no según ella, aunque la impresión (sensorial) es, para el que ejerce su arte, fundamento inexcusable […] (Acuyo 2010).

Así las cosas, al margen de que el poema (poemas, en realidad) aparezcan con total naturalidad, perfectamente integrados en el film como parte de su organismo singular, a la luz de lo anteriormente apuntado en la forma de conocer lo sensible del impulso artístico (sinestésico), tendríamos realmente que desgajar violentamente el poema de aquel cuerpo vital de la película a la que hacemos referencia, reconociendo acaso la, estéticamente ilegítima violación de su unidad programática, por lo que pedimos sinceramente disculpas, pues la finalidad de este desgarramiento proviene de la intención, no menos legítima, de atender comparativa y científicamente los entresijos del funcionamiento del verso en la imagen, en este caso, cinematográfica, y viceversa, la relación de la imagen en relación con la manifestación poemática.
La peculiar competencia (sinestésica) de trasposición de sensaciones que adjudica una sensación a un sentido que no le corresponde, o, acaso también (si entendida) como la percepción sensorial simultánea que expresa la transferencia de un significado, desde el ámbito dominado por otro sentido, en una sugestiva y no menos expresiva forma de fusión que reconocemos como sinestesia: veremos que esta realización artístico sinestésica (y –o- ecfrástica) no sólo es susceptible de llevarse a cabo por el poeta cuando transforma el oír en contemplar, sino también por el que manipula la imagen, si sabiamente gobernada, puede también convertir la visualización en oír, y no sólo el sonido rítmico y armonioso del poema, también en el rumor íntimo (significativo y emocional) que anima en el espíritu sensible de los hombres.

Pero, si, además, reflexionamos sobre la posible (a nosotros nos parece indiscutible) capacidad descriptiva del lenguaje literario en general, y del poético particularmente, observadas a la luz de las manifestaciones artísticas visuales (y plásticas), tradicionalmente de la poesía respecto de la pintura (el ut pictura poesis horaciano), y si la pintura es poesía silenciosa, y la poesía es pintura que habla, que decía Simónides de Ceos en el siglo V a. C, ¿qué nos atreveríamos a decir del cine y la poesía, en la actualidad? En el caso de El espejo de Andrei Tarkovski cabría preguntarse si, en virtud de la excepcional capacidad narrativo-descriptiva del autor no nos encontraremos en un caso de especial y rara descripción ecfrástico abstracta, con singulares matices sinestésicos presentes en muchos momentos de la obra, respecto a la generatriz que impulsa el selecto discurso poemático que presenta; además dictado (por voz del propio autor), en los versos de su admirado padre. Esta inversión en la disciplina artística del recurso ecfrástico es una de las características más peculiares, sin duda, de esta producción cinematográfica.

Cabría en principio (aunque ya lo hiciera Lessing en términos magníficamente expuestos, aun en una vertiente muy distinta a la que exponemos nosotros en este trabajo) poner en tela de juicio las Réflexions critiques sur la poésie et sur la peinture, del abate J. B. Du Bos (Du Bos 2010), pues aquella jerarquía de signos no arbitrarios e instituidos de la pintura (miméticos), hoy, desde luego, no Time & Space are Real Beings, de William Blake, hoy -tiempo y espacio- más que nunca, son del todo cuestionadas como entidades absolutas de análisis, desciframiento y codificación no sólo de la propia manifestación artística, aun también de la realidad del mundo.

El espejo o el Daimon de Arseni y Andrei Tarkovski 2, Francisco Acuyo
 La analogía interartística encuentra, a raíz del romanticismo, nuevos parámetros de explicación y significación y que, según la hipótesis de Lessing, buscaba sus fundamentos en la naturaleza temporal e invisible de una (la poesía), y espacial y supuestamente visible de la otra (la pintura). Hoy, habida cuenta de la densa y variada topografía cultural de nuestro tiempo tampoco parece alcanzarse un argumento concluyente en la potencial analogía de una y otras artes desde aquella perspectiva que colocaba en franca dicotomía unas de las otras, si espaciales o temporales, y aún menos en el cine (donde el elemento temporal es perfectamente descriptible).

En cualquier caso, en la consecución narrativa del film se puede detectar una muy variada suerte de descripciones, cuya particular dinámica ecfrástica parece moverse: entre la prosopografía[1] y las de carácter etopéyico[2], pasando por los excepcionales retratos[3] de insinuante dejo y profundidad extraordinaria; desde luego no podemos obviar las topografías[4] bellísimas con sus no menos singulares cronografías[5] y, a nuestro juicio, de manera muy especial en el manejo excepcional de la hipotiposis[6] de la que hace solemne gala, y todo esto enfáticamente espoleado por el impulso creativo poético manifiesto en el magnífico elenco poético de Arseni Tarkorvski, cuyos poemas se sitúan como ejes vertebradores de la consecución cinematográfico narrativa. Marca todo ello una rara senda descriptiva que quiere contar (absorbiendo las propiedades de abstracción de aquel tiempo emocionalmente vertido, tan propio del signo lingüístico poético) con las imágenes espléndidas incardinadas, cuyo impulso, sentimental una veces, o trascendente en otras, hace el papel del verso: así se ofrecen el ritmo y la eufonía peculiar de la secuencia fílmica (impregnada de la proverbial y solemne del verso de Arseni Tarkovski), muy bien pudiera dar envite, estímulo para la generación de un neologismo que describa la expresión dinámica de esta representación artística como una auténtica topopoética. Así, entre otros fotogramas memorables, podríamos destacar aquellos momentos en los que el tiempo se hace plásticamente perceptible en la agitación del viento fotografiada, entre el follaje y la arboleda, que se dirían acompasados por el dictado imponente de los versos:


No creo en los presentimientos, tampoco me asustan las señales,
No huyo ni del veneno, ni de las calummnias.
La muerte no existe en el mundo, todos son inmortales [...]



III

LOS POEMAS. LAS IMÁGENES. LOS SIMBOLOS


Quisiera centrarme, en fin, en el poema identificado con el título Vida, vida, respecto de los que recita el propio Arseni Tarkovski en el film de su hijo Andrei, para lo cual venimos a reproducirlo íntegramente:


Vida, vida [7]



1



No creo en el presentir, ni temo a las señales.
No huyo del veneno, ni de la calumnia.
En este mundo no hay muerte.
Todos son inmortales, todo es inmortal.
No temas a la muerte ni a los diecisiete, ni a los setenta.
Existe sólo la luz y la realidad.
No hay ni la oscuridad, ni la muerte en este mundo.
Estamos todos en la costa del mar.
Yo soy de los que van sacando redes
repletas, llenas de inmortalidad.


2


Morad en su casa para que no se derrumbe.
Puedo invocar un siglo cualquiera,
voy a entrar en él para construir una casa.
Es por eso que sus hijos y mujeres están conmigo
en la misma mesa, y la mesa es del bisabuelo y del nieto.
El futuro se realiza hoy,
y si levanto ahora mi mano
los cinco rayos con ustedes quedarán.
Cada día del pasado fue entibado
a fuerza de mis clavículas y hombros.
Medí el tiempo con una cadena del agrimensor
y lo atravesé como si fuesen los Urales.


3

Elegí el siglo a mi altura.
Fuimos al sur, levantando polvaredas sobre la estepa;
las malas hierbas humeaban, el saltamontes retozaba,
tocando las herraduras con su bigote y profetizaba,
y, como monje, me amenazaba con la muerte.
Até mi destino a la silla de montar,
también hoy, en tiempos venideros,
me levanto cual niño en los estribos.
Me basta con mi inmortalidad,
para que mi sangre fluya de siglo en siglo.
Por un rincón fiel del calor bien conservado
pagaría con mi vida obstinada,
mas su aguja voladiza
me lleva por el mundo, como el hilo de Ariadna.



En El espejo de Tarkovski, se diría detectarse una observación muy peculiar de este poema en tanto que comparte el sentir cromatográfico de los poemas del padre, aunque imbuido de un vigor ciertamente enigmático. Pero ya adelantamos que el tiempo aquí representado no es el convencionalmente asumido como un transcurrir lineal del mismo. Este espejo inaudito refleja un mundo de profundidades y significación insondables mediante la indagación aparentemente esterotipada del universo.

El espejo, en su compleja simbología es, según fuentes ingentemente informadas y harto recomendables, representación proverbial de la conciencia, de la imaginación, e incluso del pensamiento (Cirlot 2005), si todos ellos son instrumentos de autocontemplación y de referencia y reflejo del universo que intentan comprender. Se presenta en la taxología figurativa simbólica como el elemento lunar (femenino) por excelencia (acaso, en este film, representado por la fascinante figura de la madre -del autor, y esposa del poeta-), cuya pasiva condición no viene sino a reforzar las otras imágenes de la producción que actúan como las múltiples almas reflejadas en su espejo, y que desfilan por la obra y nos hablan del espejo que una vez las proyectó al otro lado, y de cuya trascendencia y realidad conjeturan en un diálogo sin duda misterioso y, cómo decíamos anteriormente, que al mismo tiempo resulta en verdad extremadamente familiar en su gozosa y a la vez sorprendida recepción.

El carácter autobiográfico expreso en la película encuentra, no en vano, especial sustento en este objeto de reflexión (zerkalo), en tanto que todo lo que está allí reflejado es una representación insólita del tiempo (Cooper, 2000). Esto es de una gran importancia para la comprensión del discurrir y del ser del relato cinematográfico. El speculum originario (etimológico) descrito para la observación y atención temporal del film se vierte como una sucesión visual y poética que proyecta el contenido del corazón (Chevalier y Gheerbrant 1988) y de la conciencia, del que puede deducirse gratamente a su vez del impulso creativo de sus autores cuando al mirarse en él (en ese insondable espejo) le sucede como a aquel otro (poeta) que diríase también podría hablarnos en el film: […] de los sueños y buscando que son / como hojas bajo (su) tu cristal de agujero profundo […] (Mallarmé 1948) cuya visión (mallermiana) conecta espléndidamente con este zerkalo tarkovskiano, que es espejo de la capacidad intelectiva humana y símbolo (divino) del impulso creador.

En cualquier caso no debiéramos obviar el carácter esotérico (mágico) del espejo que (además de proyectar el tiempo –pasado y futuro-) puede llegar a manifestar, en su capacidad de reflexión, la potencia más genuina de las artes adivinatorias –precognitivas-, pues puede tanto proyectarse hacia el futuro como interrogar a los espíritus del pasado. El numen del espejo también puede ofrecer la psique, y no de manera excepcional, conectada con el reverso acaso más tenebroso de los hombres.
El espejo o el Daimon de Arseni y Andrei Tarkovski 2, Francisco Acuyo
Mas ¿qué es (o qué sentido adquiere) la misma cámara que retrata la realidad en su paisaje y figuras– y que después proyecta-, si no un singularísimo espejo?

La maestría en el uso del lenguaje cinematográfico en esta producción se manifiesta en la equilibrada simbiosis, diríamos, discretamente acorde entre la imagen y el sonido sustanciado en la palabra del que cuenta (además del narrador) en los diálogos expresos para la narración temporal y entre los actantes, los poemas recitados y la música sintetizada en plena armonía en el transcurso de la imagen. El magistral uso de los planos, en concordancia con los elementos anteriormente descritos, consiguen los efectos deseados de solitud, por ejemplo, en los largos planos generales (véase el primer plano en color: la figura sobre la valla, enclavada en un hermosísimo paisaje azotado por una penetrante brisa, y otra figura, caminando, a la búsqueda de la que está quieta, sedente sobre los troncos del redil); o los maravillosos planos medios en los que gusta recrearse, ora plena de gozo en la sugerente y misteriosa expresión de la protagonista, ora en la actitud meditabunda, dramática de algunos de los secundarios; sin querer abundar en la excelsa magnificencia expresiva de los primeros planos en pos de la consecución ideal dramática; o la extraordinaria agilidad, gracilidad, precisaríamos mejor, en todas y cada una de las distancias focales (angulares, teleobjetivos…), cuya transición se hace de manera tan sutil que no parecen suceder sino como apreciaciones indistinguibles para el espectador, que los asume como realidad incuestionable sobre aquellos hermosos parajes que parecen surgidos, de súbito, de lo más recóndito e inopinado del espíritu que anima la naturaleza.

Así la cámara (el espejo, decíamos) se sucede y se sitúa con una majestuosa y a la vez natural disposición y con una dinámica solemnidad en la que las escenas transitan en sucesión excelsa e inaudita, como persiguiendo los movimientos del paisaje, tiempo y personajes; la naturaleza y el artificio (los conseguidísimos interiores) fluyen con plena libertad, y sin notar más que aquellos contrastes que el autor estima como exactamente oportunos; así las acciones vitales de los actantes, insertadas en los espléndidos panoramas naturales, quedan enérgica y expresivamente integrados para el alma del espectador atento, dejándolo todo sumido en la total perplejidad de quien quiera asomarse a tan subido panorama, bien a través de los excepcionales traveling, bien de los sugestivos zoom en los que se disuelve, muy al gusto del realizador, la realidad con un aura de raro ensueño.
Se ha dicho que El espejo es un poema cinematográfico, y si se llega a admitir tal carta de naturaleza será en virtud de la gracia, sencillez y sutileza del guión que adapta con naturalidad soberana los poemas y su espíritu poético junto a la acción de los personajes y la narración de la historia. La sinopsis (documentación) y estructura que informan el guión culminan en su excelencia narrativa, la cual sustenta el film impecablemente en el tratamiento de acciones y personajes. Tanto la transición (en sus diferentes secuencias) de las imágenes, en consecución y acompañamiento del sonido, la música y los poemas, ofrecen, a nuestro entender, en no pocas ocasiones escenas antológicas para la historia del cine (recuérdese, a modo de ejemplo, la escena de la alcoba, donde la figura de la mujer, dormida, se encuentra suspensa –ingrávida- en el aire, sobre la cama, en un cuadro de visión mística, o, cuando menos, onírica de un tiempo misterioso evocado).

La luz original y única del film (tanto en las imágenes en blanco y negro como en las que proyecta con esos personales matices de color) establece las pautas de una producción excepcionalmente original, cuyos ambientes y las sensaciones traídas por aquellos, encuadran una portentosa fotografía donde se alternan el color y blanco y negro como especial muestra del discurrir (he aquí la trascripción) del tiempo (cuya huella, metáfora del pasado, se ofrecerá en blanco en negro), pues pretende comportar en el discurrir vital del film, como delicada sinestesia y audaz écfrasis respecto de la abstracción del sentir poético en su transcurso felizmente estimulado y que, en cada imagen, misteriosamente, como los poemas que se cantan, el espíritu creativo que vigorosamente alienta, estimula y conforta.

El espejo o el Daimon de Arseni y Andrei Tarkovski 2, Francisco AcuyoAquí, la luz, al igual que el espejo que la proyecta, no es un motivo referencial alegórico o metafórico, es el símbolo que se establece como el ímpetu o el estímulo que nos habrá de trasladar, fotograma a fotograma, del momento fenoménico experimentado por el autor, hasta el extático, místico y totalizador entendimiento del mundo de la poesía y del arte genuino. Se hace, en virtud de su simbólica omnisciencia, consciente no sólo de la evidencia sensible, en profundidad, también de lo velado, oculto, misterioso que subyace en el arcano inconsciente. Es por esto que la luminescencia de este espejo y sus potenciales y extraordinarios reflejos ofrecen una visión que, desde luego, trasciende la mera complacencia autobiográfica, individual, para dialogar con lo integral, global e inconsciente colectivo. Es la luz de este espejo cinematográfico la vía por la que es posible comunicar mucho más que cuestiones sentimentales, sensibles o sensitivas, pues se eleva para hacernos partícipes de lo primordial, prístino y originario, cuya significación polivalente no hace sino mostrarnos la sublime potencia del impulso creativo resuelto y resoluto en la expresión sintética del más refinado lenguaje artístico. La luz, pues, en cada fotograma, es mucho más que la manifestación del fenómeno físico y en cuya óptica se hace visible la materialidad de los objetos, aquí se proyecta la luz como instrumento simbólico mediante el que el espíritu penetra en la realidad última. Veremos que los poemas de Arseni Tarkovski participan de esa potencia trascendente en sus enérgicas intus legere,[8] soslayar cuando menos el otro lado del espejo o del mundo, pues nos aproxima a aquellas dimensiones metafísicas superiores a las que atiende la verdadera y más íntima y excepcional poesía. Así verán los planos de secuencia de este espejo especial en tantas ocasiones iluminados por su espíritu vital y enigmático, el cual nos transporta inevitablemente a la quinta esencia del arte verdadero.

No hacemos nuestra la pretensión de hacer aquí un análisis crítico cinematográfico de esta producción, tan sólo pretendemos introducir con estos (y otros deducibles) matices iniciales la verdadera intención de nuestro trabajo: por un lado la cuestión fascinante y singular de la interacción entre las artes, por otro, la no menos sugerente referida a las características del tiempo artístico (poético) y, finalmente, la que atiende a la que muchas veces se nos ofrece profundamente enigmática: el origen y naturaleza del impulso creativo.

Notas.-

[1] Descripciones complejas de personalidades.
[2] En atención a rasgos morales o psicológicos.
[3] De algunos de los personajes.
[4] del paisaje
[5] De los paisajes en distintos momentos históricos.
[6] Presentación pormenorizada de los personajes principales.
[7] Versión del poema de: Enrique Tourever
[8] Lectura interior.





El espejo o el Daimon de Arseni y Andrei Tarkovski 2, Francisco Acuyo

jueves, 18 de noviembre de 2010

EL ESPEJO O EL" DAIMON" DE ARSENI Y ANDREI TARKOVSKI (I)


En varias entregas de esta bitácora dejaremos constancia del trabajo intitulado: El espejo o el daimon de Arseni y Andrei Tarkovski, publicado en su momento para la revista Cuadernos de rusística española, de la Universidad de Granada, en su número 6, y que hace posible el Grupo de Investigación: Eslavística, Caucasología y tipología lingüística (2010).

En base al diálogo establecido en el film El espejo, de Andrei Tarkovski, entre la poesía (con poemas de Arseni Tarkovski, su padre, recitados en off, por él mismo) y el arte cinematográfico, tiene lugar una serie de reflexiones expuestas en este trabajo, sobre el origen del impulso artístico creativo, así como sobre la puntualización de significativas coincidencias (literarias y extraliterarias) en ambos discursos, habida cuenta de que, según el criterio de quien les habla, poesía y cine en este caso en particular, parten de una misma impronta generativa. Se propone un estudio de acercamiento sobre los mecanismos expresivos (lingüísticos, narrativos, poéticos, plásticos…) entre las artes, en principio, nada afines y que, sin embargo, confirman, en virtud de la singularidad del discurso poético, una vía común de entendimiento y de aprehensión de la realidad artística, la cual se mantiene en una no menos singular comunión con el mundo de lo que es y deviene en la existencia humana.



El espejo o el Daimon de Arseni y Andrei Tarkoski 1, Francisco Acuyo


EL ESPEJO(1) O EL DAIMON
EN ARSENI Y ANDREI TARKOVSKI




I


Introito





Ahora vemos como por espejo, en obscuridad;
mas entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte;
mas entonces conoceré como soy conocido.



Pablo Corintios 1, 13:12





LA gentil novedad de un verso bien concebido y mejor ataviado, puede, a veces, en súbita sorpresa de la imagen, feliz, graciosamente, encontrar apropiada solución a su subido y estético desvelo; en otras, no en menor grado de gracia conceptual e ingenio, numerosas, provocar grande admiración, sutil probidad y excelsa elegancia; mas puede suceder que un ímpetu sagrado y enigmático en el verso también se ofrezca como insólita conciencia (tal vez receptiva a unos pocos elegidos), e incluso como aquella fruición extática proclive para el atento y no menos privilegiado capaz de aprehender en tal sinergia e impulso vital creativo, si es que se dan acreedores de tal estirpe sólo en singulares y excepcionales y sublimes casos.

Encontraremos algo más que señas nebulosas o someros vestigios de ese raro producto del genio verdaderamente creativo que advertíamos en los versos, entre otros recitados en el film de su hijo Andrei: El espejo, en los del poema intitulado: Vida, vida, de Arseni Tarkovski.

Desde luego que no va a la zaga a aquellos versos, a nuestro modesto entender, en su extraordinaria capacidad de sugerencia, el discurso lírico narrativo de Andrei Tarkovski en el desarrollo de su producción Zerkalo (El espejo). La particularidad ofrecida por el film respecto a la introducción de los poemas (voz en off del propio Arseni Tarkovski) radica, tal vez, en la aparición del recitativo en momentos coyunturales de la proyección, incrementando el interés y potencialidad expresiva y de sugerencia visual que, se verá, finalmente, con amplitud reforzada y con una energía y capacidad de síntesis que obtendrá al fin, como resultado, un producto artístico de una naturaleza a todas luces harto especial por su subida belleza y su no menos alta capacidad de sugestión en lo enigmático que traslada en su inhabitual discurso cinematográfico.

La mezcla e insigne heterodoxia de versos tan inspirados con imágenes no menos sugerentes, elevadas y plétora de toda suerte de excelencias cinematográficas, nos llevan consecuentemente a la vívida comparecencia de la más alta poesía en una organicidad vital integrada con la visión no menos extraordinariamente sintetizada en la imagen más evocadora de la que es capaz, con total y solemne maestría, nuestro muy estimado cineasta.

El espejo o el Daimon de Arseni y Andrei Tarkoski 1, Francisco Acuyo
En esta fusión (imagen, sonido, concepto, vívida emoción…) poético-cinematográfica nos sugiere el hallazgo, en algunos momentos cumbres de su desarrollo, de una muy peculiar sinestesia, cuya relación de ambigua bidireccionalidad nos habla de una no menos insólita manera de écfrasis, que aporta ingentes argumentos de interpretación, análisis y proyección intelectivos, que de cuya forma conceptual y estética muy bien se pueden deducir infinidad de trabajos (como este) en múltiples aproximaciones sobre tan compleja y riquísima heterodoxia. En cualquier caso, nosotros llevaremos a término un estudio cuando menos tan heteróclito como la manifestación artística que nos ocupa en este film y en aquellos poemas conque encuentran tan raro y bello aparataje en el que se sustenta expresividad artística tan inusitada.

Aquella preocupación tan clarividentemente manifiesta en el Pensamiento salvaje, de Claude Levy Strauss, por la observación total y de inventario (Strauss 2002) en la primitiva forma de concepción racional del mundo y del ser humano en sus orígenes (reflexivos), en absoluto (nos referimos a aquella capacidad -¿incipiente-¿de reflexión) la apreciaba polarizada en la realización o sufragación de las más básicas necesidades; tampoco nosotros la entendemos centrada en pos de subvenir aquellos menesteres fundamentales del hombre (alimentos, agua, cobijo…) en tanto que, del resultado científico y, sobre todo, del artístico obtenido (y apercibido) en sus representaciones concretas y abstractas y manifiestas en sus organizaciones peculiares (de ciencia y arte), pues se infiere y se da cuenta de ello en sus resultados de manera a todas luces evidente, si afectarán de manera esencial a lo que entendemos como valor estético, y lo harán de forma tan inminente como eminente, según tendremos ocasión de comprobar a lo largo de esta exposición que ahora urgentemente les presentamos.

La magia (y la ciencia) que constituye(n) cualquier arte verdadero se caracteriza(n) por convivir razonablemente con la capacidad proverbial de discernimiento y ordenación residente en el pensamiento humano, y todo en virtud de su magnífica competencia para una integración pacífica (entre aquellas, decíamos: la mágica competencia y el poder de reflexión -observación e inventario-), en tanto que la técnica y la intuición creativa supervisan, paralelamente, sin confrontación, los frutos de su miscelánea siempre dinámica y generativa, cuya singular constitución no hace sino dar cuenta de una no menos peculiar memoria, de cuya colección y acopio excepcional dan cuenta algunas no menos inauditas y extraordinarias obras de arte. Observaremos ahora nosotros, como ejemplo inusitado que aúna los poemas (del padre) y las imágenes (del hijo), en la magna producción El espejo (Zerkalo).

Si señalamos que subyace en esta obra cinematográfica un carácter mito-poético, cuyas reflexiones se sitúan acaso entre el precepto y el concepto, y cuyo signo (lingüístico) se establece como vínculo excepcional entre el significante (imágenes) y el significado (concepto), estaremos diciendo que el signo que lo constituye exige de forma indefectible un rasgo de humanidad (subjetivo) incorporado a la realidad (lo supuestamente objetivo) que necesariamente reproduce. El conocimiento subjetivo (interno) y el externo (objetivo), en su magnificiente vinculación, tendrán como resultancia sublime la estética manifestación reconocida en la emotiva –y (o) sugestiva- realidad de su objeto artístico. Es claro que uno de los más sorprendentes efectos será que la significación percibida es captada por el espectador y que se lleva a cabo como si tuviera o participara de un rasgo común con el receptor en misterioso pero estrecho parentesco. Esta familiaridad se nos hace del todo reconocible en el film, aun cuando no entendamos conceptual o racionalmente los significados en los momentos más insondables, y, diremos que esta rara afabilidad que nos sorprende y nos conecta, será una de las características sin duda más genuinas de todo arte verdadero.

La reflexión a la que invita la película (al igual que los poemas integrados en una unidad orgánica incuestionable) es siempre vital y sujeta al misterio que contiene el arrebatador impulso creativo. Puede decirse que mantiene en su producto un carácter totémico en el que la imagen cinematográfica lograda se ofrece, no como algo necesariamente precisado de un análisis conceptualizado, ni siquiera sometido a determinadas acciones que, en principio, empujen a una interpretación de lógica conceptual, sino como algo esencialmente vivido y asumido que, sin embargo, acabará por afectar a amplios grupos humanos con los que, en su visión participativa, no hará sino ratificar aquel estrecho parentesco al que con anterioridad nos referíamos.

El sentido dinámico, integrador, totalizador del sentir (intuir) de este arte cinematográfico (y poético), sin embargo, no hace sino separarnos, en principio, de la razón dialéctica, en tanto que todo lo que rodea al ser humano (y al artista como integrado e integrador de aquella humanidad), no puede resultarle ajeno (así la hermosísima y oportuna redundancia del paisaje, de la naturaleza, darán buena cuenta de lo que decimos, y que el lector (y espectador) debe(n) entender como una seria advertencia para su mejor entendimiento), así esta identificación singular en el espejo no hará sino constatar la falacia de la identidad personal como oposición entre el yo y el otro que, acaso, no se entiende como otro yo mismo.


 
Notas.-

(1) El Espejo (Zerkalo), Film de Andrei Tarkovski, 106 minutos, Producción: Mas Film, Cámara: Georgui Rerberg, Música: Edouard Artemiev, J. S. Bach, G. Pergolesi y E. Purcell, poemas de Arseni Alexandrovich Tarkovski, leídos por el poeta.
(2) Descripciones complejas de personalidades.





El espejo o el Daimon de Arseni y Andrei Tarkoski 1, Francisco Acuyo

martes, 16 de noviembre de 2010

UN POEMA DE ARSENI TARKOVSKI

Mostramos un poema, en versión de Enrique Tourever, del interesantísimo poeta ruso Arseni Tarkovski, padre del genial cineasta Andrei Tarkovski. Este poema fue incluido, entre otros, en el extraordinario film Zerkalo (El espejo) y que reproducimos como excusa de algunas reflexiones posteriores que iremos ofreciendo en diversas secciones en esta bitácora, mas no solo para comentar las relaciones peculiares entre la poesía y el cine, sobre todo para proponer un estudio de acercamiento sobre los mecanismos expresivos (lingüísticos, narrativos, poéticos, plásticos…) entre las artes, en principio, nada afines y que, sin embargo, confirman, en virtud de la singularidad del discurso poético, una vía común de entendimiento y de aprehensión de la realidad artística, la cual se mantiene en una no menos singular comunión con el mundo de lo que es y deviene en la existencia humana.




Un poema de Arseni Tarkovski, Blog Ancile





Vida, vida






1





No creo en el presentir, ni temo a las señales.
No huyo del veneno, ni de la calumnia.
En este mundo no hay muerte.
Todos son inmortales, todo es inmortal.
No temas a la muerte ni a los diecisiete, ni a los setenta.
Existe sólo la luz y la realidad.
No hay ni la oscuridad, ni la muerte en este mundo.
Estamos todos en la costa del mar.
Yo soy de los que van sacando redes
repletas, llenas de inmortalidad.



2



Morad en su casa para que no se derrumbe.
Puedo invocar un siglo cualquiera,
voy a entrar en él para construir una casa.
Es por eso que sus hijos y mujeres están conmigo
en la misma mesa, y la mesa es del bisabuelo y del nieto.
El futuro se realiza hoy,
y si levanto ahora mi mano
los cinco rayos con ustedes quedarán.
Cada día del pasado fue entibado
a fuerza de mis clavículas y hombros.
Medí el tiempo con una cadena del agrimensor
y lo atravesé como si fuesen los Urales.




3



Elegí el siglo a mi altura.
Fuimos al sur, levantando polvaredas sobre la estepa;
las malas hierbas humeaban, el saltamontes retozaba,
tocando las herraduras con su bigote y profetizaba,
y, como monje, me amenazaba con la muerte.
Até mi destino a la silla de montar,
también hoy, en tiempos venideros,
me levanto cual niño en los estribos.


Me basta con mi inmortalidad,
para que mi sangre fluya de siglo en siglo.
Por un rincón fiel del calor bien conservado
pagaría con mi vida obstinada,
mas su aguja voladiza
me lleva por el mundo, como el hilo de Ariadna.


Arseni Tarkovski






Un poema de Arseni Tarkovski, Blog Ancile

IGNACIO PRAT Y LA POESÍA GRANADINA II: JOSÉ BAILÓN

Adjuntamos a la anterior entrada esta otra en la que se relaciona a Ignacio Prat con otro poeta de la escuela granadina, el desgraciadamente ya desaparecido José Bailón, cuya originalidad poética no dejó de llamar la atención del atento y avisado  Prat. Mostramos también algunas interesantes cartas así como una reseña publicada en la revista Ínsula sobre uno de sus libros más interesantes: Caídas inmortales, todo lo cual expone su curiosidad por el autor y  el manifiesto interés por la hornada de poetas de la ciudad en aquellos momentos, y de lo que se pueden inferir sin duda muy interesantes conclusiones respecto a los instantes del panorama literario de entonces.


Ignacio Prat y la poesía granadina 2: José Bailón, Jizo de Humanidades




CORRESPONDENCIA (Y UNA NOTA BIBLIOGRÁFICA)
 CON JOSÉ BAILÓN






José Bailón

Caídas inmortales*

Granada, Editorial Albahaca, 1981, 81 pp.





Ignacio Prat y la poesía granadina 2: José Bailón, Jizo de Humanidades
Belleza, pureza, alegría al filo de la muerte, de la muerte fea y de la “muerte linda” (como dijo otro gran poeta andaluz). Y posesión muy íntima del lenguaje de esa gran empresa barroca; posesión, es decir, compromiso. José Bailón entrega en este acto unos rehenes carísimos, además de su laudable imprudencia: aquello que parece lo más perenne siendo lo más frágil. No sé qué: las infancias de todo, todas las creaciones que son criaturas. Pero no lo repetirá una segunda vez, porque las reglas del juego, que conoce tan bien, son durísimas: son mortales. El poeta se exhibe con ardor y valor en la trampa. Ejemplos: “Desde / amor desde tristeza junto a lejos” (p. 55); “sin dañar los peces sino ríos” (p. 7); “Si le doliera que vuelvo” (p. 25); “pido que ni existo” (p. 7); “también no recuerdo el repetido” (p. 20); “Ayer cumple los mares” (p. 8); “me escuché tristeza apretadamente amé” (p. 15); “hombre mi pájaro durante gaviota” (p. 8). Están apretadas las flores maravillosas que decoran, no a su pesar, las tumbas cálidas, pero discurren —piensan, corren— como sentimientos: “¡Cuánta tristeza se llevan / (t)ramos de flores mustias!” (p. 22). ¿No las dignifica a ellas ese gran suceso que este bello libro presenta con su nombre más propio, desde el mismo título? Esta perspectiva no resulta familiar; mejor todavía, sorprende —instruye— desde el punto de partida de unos versos poco torturados estilísticamente: “Morí para saber de la muerte / y sólo la tuve. / ¡Pero todavía para poder morir / hay que haber sonreido! (p. 64). El lector admitirá que cierta sabiduría ha costado tanto, cuando se mide “Lo lejos de lo cerca” (p. 44) —la misma frase está en una carta de Franz Liszt— o se viene de un “aire (que) no tiene escapatoria entre los árboles” (p. 43) o de “-bajo del mar tranquilo con manos altas de águila” (p. 43). La osadía lingüística (por calificarla, no por definirla) de Caídas inmortales no sabría ser insolente (insolencia es decir esto); para poner “Tengo me iré / -bello tengo-” (p.20) o “qué me iré” (p. 19), el autor de tan insólitos reposos en la sutil psicología, ha resbalado luego por estas pendientes de hermosura más heredada, no más tolerable: “He venido a que me hagáis compañía (flores)” (p. 33; cf. lo dicho sobre la consolación de los frágiles testigos); “los que van a conocerte / rodar por las gargantas de caoba dulce” (p. 42). (El último verso procede, claro, de una elegía; y conviene volver del revés del primer derecho, la máxima estúpida: todos los no elegíacos son unos canallas; sépase que en la obra de José Bailón la agresión de la muerte se dibuja con dos intensidades superpuestas —¿imprescindibles para no ser de verdad un elegíaco?—, como en este ejemplo del riesgo sobre el riesgo, donde no desaparecen los nombres insoportables de esos tonos: “Si matas un pájaro / te presto las heridas [p. 63]; y cito otros dos versos en conexión con otros ya copiados “No quisiera pensar en la alegría / pues a veces hay detrás un niño / que espera nuestra muerte [p. 61]. Quizá la extraña armonía anotada tenga las dimensiones de unos suelos y techos de “caoba dulce”, donde dramáticamente los reflejos ofrezcan otras figuras que las enfrentadas (“Le busqué los escombros, / sin embargo busqué las ruinas” [p. 19]). El poeta puntúa porque nada está más lejos de su propósito que la anbigüedad, pero la sintaxis depende, también, del universo de nortes y sures encontrados con tanto peligro:
nadie sabe que esperan pero nos esperan beso mientras labio,se escucha:

mientras me llegué la flor

no perfumaré el corazón.

(p. 8)

Por otra parte, la geografía y el destino no se traicionan (casi inútil es advertirlo). Como el título de un poema de la cuarta sección del libro, las palabras de José Bailón aspiran a “flores fulgurantes” cuyo aroma (“el perfume / es el grito de la inocencia” [p. 22] es la “belleza incurable”; ésa y no otra.



*ïnsula, nº 422, enero, 1982, pág.8.


CARTAS



B. 6 de dic. de 1980



Estimado José Bailón:



Ignacio Prat y la poesía granadina 2: José Bailón, Jizo de Humanidades
Recibí el segundo ejemplar de Edema terral, que has tenido la amabilidad de enviarme. Recibí el primero, y te escribí entonces; por lo visto, la carta no te llegó, ni a mí me la han devuelto. Últimamente, he perdido algunos envíos, pero las pérdidas se ahora las entiendo por las huelgas de correos, etc. Ya entonces te comunicaba mi emoción al leer tus poemas que me parecen extraordinarios, con una sintaxis e imágenes que me confirman que hoy existe alguien que avanza hacia el futuro en un panorama que no puede ser más triste. Espero que se te sitúe en el puesto de vanguardia que tu poesía merece. En mi pobre opinión, tu poesía debe estar entre las más importantes de estos años que ahora tanto se recuerdan, 1970-1980.

Muchas gracias por tu amabilidad. ¡Tengo dos ejemplares de tu libro, que conservaré como algo muy valioso! Gracias otra vez.

Un saludo de

Ignacio Prat



B., 15 de febrero de 1981



Estimado José Bailón:



Ignacio Prat y la poesía granadina 2: José Bailón, Jizo de Humanidades
He leído varias veces este fin de semana tu libro magnífico Caídas inmortales, que espero publiques pronto; le dedicaré, cuando salga, un comentario, pues he tomado varias notas a lo largo de estas lecturas de estos días. Te repito mi agradecimiento por la dedicatoria de “Manifiesto...”; te repito, sin asomo de molestia que no creo merecer esta deferencia. Toda tu obra está llena de novedades, en imágenes y en ritmos, y creo que su publicación será un acontecimiento. Parece que se nota en la crítica últimamente un deseo bastante positivo de recuperar el tiempo perdido y de establecer cosas coherentes.

Gracias infinitas. (A tu obra espero hablarle desde unas páginas impresas, en su momento.) Muchos saludos de

Ignacio Prat



Te suplico me digas si puedo quedarme la copia que me has enviado. Si la necesitas, te la enviaré inmediatamente, luego de hacer —si me permites— una para mí.



Querido José Bailón:




Muchas gracias por la dedicatoria de tu poema, que me ha dejado maravillado y sorprendido. Me parece extraordinario y lejos de las cosas normales que se hacen por ahí. Creo que tu poesía es de lo mejor que se hace hoy en España. Así es.

Pero... Yo no soy nadie para poner prólogo a la Edición nueva de Edema terral. Mi opinión es que se lo pidas a personas con más méritos, que pueden dar más valor a tu libro y la difusión que el libro merece. Pero de todas formas, me tienes a tu disposición en último caso. Eso por descontado.

Gracias de nuevo por todo y por tu dedicatoria y tu poema estupendo.



Muchos saludos de



Ignacio Prat




Ignacio Prat y la poesía granadina 2: José Bailón, Jizo de Humanidades


domingo, 14 de noviembre de 2010

IGNACIO PRAT Y LA POESÍA GRANADINA: JOSÉ GUTIÉRREZ

La relación con la poesía granadina por parte de Ignacio Prat fue estrecha y fructífera a pesar de su brevedad, desafortunadamente nos abandonó demasiado pronto. Muestra de ello es la correspondencia que mantuvo con algunos de sus más insignes representantes, como fue el caso de Antonio Carvajal y del que ya hablamos en anteriores entregas, y el que ahora nos congratulamos en presentar, el del selecto poeta José Gutiérrez, en verdad poeta adelantado a muchos de sus coetáneos, cuestión esta no del todo reconocida. Mostramos algunas de sus cartas con este autor que rezuman cordialidad e interés literario y poético como muestra singular de lo que hablamos. Al igual que el material anteriormente ofrecido, este forma parte del número 6-7 de la Revista Jizo de humanidades, dedicado en exclusividad a la figura de Prat.



Ignacio Prat y la poesía granadina: José Gutiérrez, Jizo de humanidades


CORRESPONDENCIA CON JOSE GUTIÉRREZ





Carta 1


Querido José Gutiérrez:

Pocas horas hace que he recibido su libro Ofrenda en la memoria, que le agradezco mucho. Lo he leído una sola vez, y me parece de lo mejor que he leído últimamente; mejor dicho, me recuerda otras épocas en que leer era estimulante. No sé si lo he advertido bien, pero estos versos sólo mirados me sorprenden por una extraña mezcla: un fondo de agresividad con el Poder y sus siervos, con el mundo que existe más bien para no comprender y que nunca sabe de dónde es excluido (aunque sea de lo fundamental; no sé, no se nace para nada; sobre todo se nace para no cambiar; esto mismo produce una serenidad en quien lo comprende y comprende que su destino es no cambiar en lo magnífico, ¡por desgracia!); y, por otro lado, una indiferencia o confianza lírica en lo inalterable (se supone que lo es también lo horrible). Los poemas son magníficos, el verso difícil, exacto. Claro: las distribuciones simétricas son necesarias para acomodar esa filosofía de la permanencia y la superioridad del testigo a que aludo más arriba. La adaptación de vaivén entre el título y el conjunto es un logro clásico: Sustantivo-partícula-Sustantivo: tres de siete es el conjunto inmortal. Veo que usted lo ha comprendido, mejor dicho, ha logrado que esa realidad le mire a usted (no lo he querido decir al revés). Perdone; no sé si lo que digo es muy exacto. Tengo que leer su libro.

Por favor, le ruego (si conoce al Góngora de nuestro tiempo –no lo llamo así porque haya contactos solamente-, A. Carvajal) le diga que un estudio mío prometido sobre su poesía sigue en marcha, aunque detenido por “una larga y penosa enfermedad” y otras cosas. Veo que cita a N. Antino. ¿Puede comunicarle mi agradecimiento por sus libros, mi admiración por ellos, que una desgracia circunstancial me impidió manifestarle por extenso?

¡La escuela poética granadina de los años 60-70 es un milagro!

Le saluda

Ignacio Prat


Carta 2

B., 14 de oct. de 1978



Querido José Gutiérrez:



He estado bastantes días de viaje, y a mi vuelta encuentro la carta de Ánade. Desde luego, me puede considerar suscriptor de honor (¡no de los más caros, ¿eh?!); ya me dirá cómo le envío el dinero.

Leí, claro está, Espejo y laberinto antes de mi viaje. No le escribí dándole mi impresión porque estas cosas, si salen elogiosas, parecen demasiado banales o poco sentidas. Su libro me encantó y escribí unas líneas de reseña para Insula, que dejé sin terminar. Las termino casi ahora mismo y las envío a Cano. Su primer libro ya me impresionó, y este segundo, sin entrar ahora en pormenores, me ha parecido una obra muy importante. La verdad, lo he leído varias veces (¡y enhorabuena también por su presentación!). En fin, ya leerá esas cuatro palabras. Querría pedirle un favor. Escribí al prof. Sánchez Trigueros, de la Universidad de Granada, y no me ha contestado. ¿Vd. le conoce y puede darme su dirección particular? Se lo agradecería mucho. Y reciba un apoyo, también moral, a esa empresa de Ánade. Muchas felicidades por su libro excelente.



Ignacio Prat

Carta 3


Querido José Gutiérrez:

Hasta hoy, día 30, no he podido contestar a tu preciosa tarjeta del día 19. He estado reposando, algo enfermo. Sí, te debía una explicación por aquel asunto, pero la he eludido porque parece que ahora sí saldrá esa breve reseña mía, sin valor ninguno, por otra parte. Todo se debió a una confusión sobre el lugar de aparición, entre dos revistas. Saldrá muy pronto, creo, en la que tú me mencionas. Yo admiré, y admiro, mucho tu Espejo y laberinto, que me parece cifra de unos valores extraordinarios. Citas mi antología. Gracias, pero la edición y otras cosas han sido lamentables; hay erratas sin cuento, errores graves, etc. ¡Para qué hablar de eso! Te ruego, si lo ves, saludes de mi parte al Gran Antonio Carvajal y le transmitas mi admiración más profunda hacia su poesía (a pesar de las líneas torpes que sobre ella he escrito).



Un saludo de

Ignacio Prat


Carta 4

“Si la sangre dijera su verdad más profunda...” *



B., 12 de dic. de 1978





Querido José Gutiérrez:



Ignacio Prat y la poesía granadina: José Gutiérrez, Jizo de humanidades
Muchas gracias por el ejemplar (precioso) de El cerco de la luz, con el poema Centinela del sueño, III, manuscrito y dedicado. Guardaré con mucho cuidado tu libro magnífico. Me ha impresionado mucho este tercer libro tuyo, más complejo emocionalmente que los anteriores y, significado, para mi gusto, una derivación muy positiva de tu expresión y temas tan personales, profundos y delicados. Me parece que tu poesía es de las muy pocas que actualmente tienen un valor “histórico” (un ... y una gracia filosófica que me asombra). Gracias por todo y hasta pronto

Ignacio



* Gracias (personales) por haber escrito este verso extraordinario.







jueves, 11 de noviembre de 2010

DIÁLOGOS DEL CONOCIMIENTO:CON ANTONIO CARVAJAL, SOBRE IGNACIO PRAT

Esta sería la segunda entrega sobre la figura de Ignacio Prat en este blog. Presentamos la entrevista a Antonio Carvajal sobre su figura, obra e influencia publicada en el número 6-7 de la Revista Jizo de Humanidades, que nos parece de interés en tanto que quien habla fue uno de los poetas que tuvo el privilegio de llamar la atención de su excepcional juicio crítico, Antonio Carvajal.



Diálogos del conocimiento: con Antonio Carvajal, sobre Ignacio Prat, Jizo de Humanidades







DIÁLOGOS DEL CONOCIMIENTO
CON ANTONIO CARVAJAL, 
SOBRE IGNACIO PRAT





1-FRANCISCO ACUYO: ¿Estimado Antonio, cuál crees que ha sido la aportación de Ignacio Prat al ámbito de los estudios literarios en general y a la crítica poética particularmente?

-ANTONIO CARVAJAL: Hay dos obras suyas fundamentales: la tesis sobre Jorge Guillén, cuya lectura es imprescindible, además, para entender los procedimientos poéticos del propio Ignacio Prat, y su deslumbrante estudio sobre Juan Ramón Jiménez, El muchacho expatriado.

2- F. A.: ¿Cómo piensas que habría enjuiciado las trayectorias y corrientes poéticas que actualmente copan la atención de público y crítica?

Diálogos del conocimiento: con Antonio Carvajal, sobre Ignacio Prat, Jizo de Humanidades
-A.C.: No puedo imaginarlo; ¿después de escribir La página negra se puede escribir La página color ala de mosca?

3- F. A.: ¿De qué forma valoras la atención que Prat prestó a tu producción de entonces? ¿Crees que influyó positivamente para la mejor recepción y comprensión de tu obra?

-A.C.: Prat fue decisivo para una recepción mejor de mi obra, y a los hechos me remito: ahí están las tesis de Joëlle Guatelli y de Joaquín Moreno.

4- F. A.: ¿Crees válidos sus planteamientos teóricos de entonces, en principio aplicables al panorama de finales de siglo XX; o por el contrario, se necesitan nuevos parámetros para el óptimo entendimiento del fenómeno literario y poético en su singularidad en nuestros días?

-A. C.: De Prat es todo aprovechable hoy, tanto sus planteamientos teóricos y críticos como su práctica. No veo, salvo la expansión del descreimiento banal en la poesía, ningún rasgo que diferencie las prácticas poéticas de hoy de las de hace 25 años.

5- F. A.: Parecía detectarse en sus opiniones respecto de la poesía última, la admonición de una severa crisis en el panorama de la creación poética, ¿crees que hoy puede advertirse, si no una crisis, al menos una prevalencia de presupuestos que no siempre pueden tenerse como estrictamente poéticos; pongamos por ejemplo, la tendencia a fusionar las fronteras entre la poesía y el fenómeno narrativo? ¿cuál es tu parecer a este respecto?.

-A. C.: El narrativismo versal debe ser la base de cierta épica, supongo, y ya Aristóteles nos advirtió de que no confundiéramos verso y poesía. Lo que abunda hoy es la vacuidad conceptual y la pérdida de hallazgos en la versificación, pero tampoco es un fenómeno nuevo; más duro que Prat fui yo en mi De métrica expresiva frente a métrica mecánica con determinadas prácticas aplaudidas por gente reputada de sabia. Y...

6- F. A.: ¿Tiene sentido hoy día mantener la controversia levantada a fines de los setenta y ochenta sobre los denominados novísimos como referente de la mejor poesía del momento?

-A.C.: Lo que se celebró de los novísimos, recuérdese bien, repásense las reseñas del momento, fue la promesa de un oreo renovador. El fenómeno duró poco y pronto adquirió el hedor de una sala de autopsias. Hoy, como entonces, los mejores poetas fueron y son algunos que estaban en activo pero Castellet no los incluyó en una antología hecha para revestir a Gimferrer con púrpuras de primado.

7- F.A.: ¿Podría ser útil difundir los criterios y obra de Ignacio Prat en el panorama de la crítica actual?

A.C.: -No sólo sería útil; es necesario reeditar su obra.

8-F. A.:  ¿cómo valorarías la figura de Prat con la perspectiva de los años?

-A. C.: Como lo que fue, un ser excepcional y, como tal, arrebatado pronto por la muerte.

9- F. A.: ¿Por qué mostró Prat esa inclinación hacia la poesía granadina, propensión a todas luces manifiesta en la correspondencia con diversos poetas de la tierra, en la que tú mismo te incluyes?

-A. C.: Quizá porque no teníamos tufo de mandarines.

10- A. C.: ¿No te parecería interesante reeditar los estudios literarios y la obra crítica de Ignacio Prat?

-Repito: No sólo me parece interesante; es necesario y urgente reeditar su obra.


25 de abril de 2008




Diálogos del conocimiento: con Antonio Carvajal, sobre Ignacio Prat, Jizo de Humanidades