jueves, 20 de junio de 2013

HÉCTOR VÉLIZ, POETA INVITADO DE ANCILE

Ofrecemos para nuestra sección muy estimada de Poetas invitados, del blog Ancile, al escritor y poeta chileno Héctor Véliz, irá presentada de la mano de la también poeta Jeniffer Moore con un texto para la ocasión. Haremos posteriores post de este autor como prosista. Quede ahora con todos vosotros la faceta poética de Héctor Véliz.



Héctor Véliz, poeta invitado, Ancile



HÉCTOR VÉLIZ, POETA INVITADO DEL BLOG ANCILE


Héctor Véliz, poeta invitado, Ancile



Héctor Véliz Pérez-Millán es un prolífico escritor chileno, oriundo de la ciudad de Castro, en la isla de Chiloé, al sur de Chile. Pertenece a la comunidad indígena mapuche quienes se establecieron en la zona y han desarrollado entre otras actividades, virtudes en el arte y la literatura. Dueño de una gran imaginación sumada a su aptitud para observar e interpretar los hechos históricos de su pueblo y su tierra, Héctor Véliz ha escrito cuentos y relatos reconstruyendo la riqueza de las leyendas mapuches, celoso del resguardo de su cultura ancestral a través de los años. Es un autor formado en la legendaria Generación AUMEN, Taller Literario semillero de grandes escritores, como el distinguido profesor Carlos Trujillo, quien actualmente ejerce la docencia universitaria en Estados Unidos y con quien mantiene una muy interesante entrevista que compartiremos más adelante.
Héctor Véliz es un poeta inquieto y caminante. En su constante andar conserva la sabiduría de sus mayores. Su poética deja traslucir inquietudes por el Tiempo, la Belleza,  el Destino, la Naturaleza, la Justicia y el Amor. Agudo crítico de los regímenes políticos que no respetan la importancia de los valores humanos y artísticos, y de las injusticias sociales que acentúan la pobreza y la ignorancia, la voz del poeta se deja oír sin disimulos ni embagues.
Recomiendo leerlo, compartir con él en las redes sociales (Facebook) donde entrega su arte a su numeroso público lector, y conocer su poesía y narrativa. Ha publicado una treintena de libros en su propia y artesana Editorial Mentanegra  y vende sus obras en las calles, ferias de artesanos, medios de transporte público y en las puertas de las universidades del sur de Chile, viviendo él y su familia (compuesta por su esposa  y cuatro hijos jóvenes a quienes ha enviado a la universidad y ya están obteniendo todos ellos sus títulos académicos), solventados por su oficio de escritor. Además es un amigo muy querido, con quien comparto frecuentemente esa visión especial y generosa del mundo, de la paz y de la Poesía.

Jeniffer Moore, Miami, USA Junio de 2013

Héctor Véliz, poeta invitado, Ancile
Feria de Dalcaue, Isla de Chiloé


BIOBIBLIOGRAFÍA


Héctor Véliz Pérez Millán - Escritor chileno, nacido el 15 de junio 1960, Isla de Lemuy. Ha vivido la mayor parte de su vida en Chiloé donde trabaja como editor de sus propias obras. Integrante de la Generación Aumen, que desde mediados de los años 70, emergió como Resistencia Cultural en ese país, cuyos integrantes son en su mayoría profesores y poetas del sur de Chile.

Antecedentes Académicos:

Estudios de Literatura Universal en Taller Literario Aumen (1975-1980); Teoría y Técnica del Turismo (1980), Corporación Nacional Forestal, Punta Arenas; Buceo y Navegación (1983) Capitanía de Puerto, Castro; Administración Pública (1987), Universidad de los Lagos, Osorno; Ciencias de la Comunicación Social (1990) Universidad de Magallanes, Punta Arenas; Diplomado en Extensión Intercultural, Universidad Arcis-Patagonia, Castro, Isla de Chiloé ( 2008)
Director, escritor y editor de Editorial Mentanegra.
Hasta la actualidad ha publicado en forma independiente libros relacionados con la cultura ancestral de la Región de los Lagos y Chiloé.
1986: El Origen de un Archipiélago. 1988: Los Mitos del Exilio. 1992: Cucao Lagos Gemelos. 1998: La Recta Provincia. 1999: Jesús Nazareno y el Talavera de la Muerte. 2000: Encuentro en Chiloé. 2001: El Machucho de los Montes y la Bruja de Talagante. 2002: Winka-Mapuche, el encuentro de dos Mundos. 2003: Cultura Ancestral Mapuche, Apuntes para un Diccionario Mapudungun. 2004: El Libro de los Juegos. 2005: La Gran Construcción del Puente de Chacao; El libro de Oro de las Adivinanzas, 2007; Cuentos Ancestrales de la Patagonia 2008; Cuentos Ancestrales de Chiloé (2009). Cuentos ancestrales de la Región Williche (2010). Maestras de Paz (2011). Nación Mapuche, territorio y cultura (2012).



Héctor Véliz, poeta invitado, Ancile



POEMAS




El tiempo destruye
hasta la luz del sol.
Sólo tu corazón
se opone al tiempo.

Héctor Véliz Pérez Millán
I

Ayer tomé la resolución de marcharme mañana
Y aunque sé que parece imposible
Quiero darme el máximo de plazo
Para hacerlo al día siguiente de pasado mañana.
Tú sabes,
Un día Unomismo se levanta y corre hacia el futuro
Que no es otra cosa que una prisión del pasado.

II

Nunca más la poesía
Sino tu sonrisa
Que aún danza
En mi corazón.

Nunca más la esperanza
Sino tu promesa
Que aún corteja
Alguna ilusión.

Nunca más el amor
Sino la Muerte
Que solitaria
Peina su calavera.

Nunca más ningún dios
Sino Unomismo
Para revivir el amor,
La esperanza y la poesía.

III

Nadie ve tu nombre
En la arena, el sol
Jadea en el mar
Con tus ojos claros

Nadie pregunta por ti
Pasan días y meses
Hacia el nuevo año
Con sed de tus lágrimas

Tu dolor es la calavera
De un sueño asesinado
Desnudo frente al mar

Nadie ve tu nombre
Nadie ve tu dolor
Sólo el sol de los Andes
Y el mar, te vieron pasar


IV

La nieve sola se incubó
En una antigua lágrima
Lejos aprendió a danzar
Hasta caer en tu cabello

Puede ser que un puma
Te asalte y coma tu pasión
Bajo el sol de los Andes
Porque mereces ese gusto

Las únicas flores que vuelan
Son tus ardientes pensamientos
Como luciérnagas salvajes
Vivirán en la oscuridad

La nieve y el puma sueñan
Merodean tus pensamientos
Como aquel verano invernal
Que siempre llora de alegría

V

La belleza fue mía una vez
Más allá de la derrota
Y el resplandor del tiempo

Debiera imaginarla ausente
Y sentir el fuego blanco
De la luna en su cabellera

La belleza hiere por gusto
No quiere nada y se va
Con las voces amantes

A veces la veo regresar
Cabalgando en la oscuridad
Devorando las risas del día

La belleza fue mía una vez
Al margen del día y el alba
Era una noche de luna llena


VI

cada día se hace más posible la vida,
esa truculenta función de ir adquiriendo
fuerza y más fuerzas para vencer...

harto sabemos de ésta confusión
con su presencia de volver y acallarnos
sin dejar huir siquiera
lo que aprendimos en su estancia.

unomismo aguarda de los lejanos días
una recompensa, sin embargo,
hay un pequeño dios
que con dulzura exprime el zumo de las horas
y  dará largo tiempo a los hombres de este mundo.

VII

La mariposa de tu corazón
Viaja a través del tiempo
Y deposita la continuidad de su vuelo
En mi memoria.
Entonces,
Todo se vuelve eternidad
Y la primavera está asegurada.

VIII

Si no puedes quedarte
Durante toda una vida
Al menos desea siempre
Momentos de alegrías

No podrás vivir siempre
Construyendo tu amor
Nadie se acerca al final
Sin oír el eco del pasado

IX

Cuando sueñes con días mejores
No tiembles si el ansia te devora
Ni lamentes el estado de alerta
En tu corazón oprimido bajo el cielo

Desea que, al menos en apariencia,
Esos días sean eternos en tu memoria
Para que no olvides la proeza
De haber sentido
La flor oculta del corazón

Recuerda que el amor es un milagro
Sólo si se comparte por el camino
Como la fina caricia del arco iris
Que trae a la luz
El regalo de mejores días


X

Aunque destruyan tu imagen
Y tu nombre no lo digan

Atravesarás las colinas
Y con voluptuosidad
Buscarás la pequeña muerte

A pesar de tus labios secos
Le sonreirás como siempre

Y volverás a vivir otra vez
El placer que habías olvidado


XI

Dentro de todo lo iniciado
Hay una ventana chorreando la luz
De los primeros jardines
En el que ya nadie pretende existir
Sin el dolor de los viejos amigos.
Pero sé que te puedo encontrar en un árbol
Porque dentro de Unomismo están las palabras
En cuyo bosque se divierte la realidad,
Brincando a intervalos por las ciudades del Sur.


XII

Toda esperanza
Quedará en el olvido.

El futuro quedará en el olvido.

La primavera
Quedará en el olvido.

Todo el amor y la pasión
Quedarán en el olvido.

Toda resistencia
Será sometida
Al olvido…

Entonces
Volveremos a vivir
el pasado

XIII

La ternura es como la fragancia de las plantas,
Que pase lo que pase,
Nunca se marchita en la memoria
De quienes aspiran su aroma.


Héctor Véliz







Héctor Véliz, poeta invitado, Ancile
Canal de Dalcahue





martes, 18 de junio de 2013

ECOLOGÍA Y NAZISMO: DEL ANIMALISMO EXTREMO AL GENOCIDIO NAZI

Interesantes reflexiones sobre la paradójica visión ecologista de grupos totalitarios, por parte del profesor y catedrático Tomás Moreno, para la sección Microensayos del blog Ancile. No dejará indiferente la puesta en escena de una temática tan controvertida como la que ofrecemos y que seguro nos hará pensar con más detenimiento sobre una cuestión que no deja de ser gran actualidad.


Ecologismo y nazismo: del animalismo extremo al genocidio nazi, Tomás Moreno, Ancile





 DEL ANIMALISMO EXTREMO AL GENOCIDO NAZI




Ecologismo y nazismo: del animalismo extremo al genocidio nazi, Tomás Moreno



En la historia de la humanidad no ha habido episodios de crueldad tan incomprensibles como los llevados a cabo bajo la égida del nazismo. Conviene reflexionar sobre un caso de extrema insensibilidad, como fue el de la concepción nazi del ecologismo animalista verdaderamente patológico, además de sentimentaloide y sensiblero[1]. Consistió, todos lo sabemos, en una extrema humanización del animal pareja a una degradante animalización del hombre y ocurrió  no hace más de setenta y cinco años, en la sociedad europea tenida por más avanzada tecnológicamente y más civilizada culturalmente de su época.
            De esa extrema y ominosa experiencia animalista nazi, podemos -debemos- sacar algunas enseñanzas para no repetirlas nuevamente, para que nunca más se repitan. “Sin duda, la predilección nazi por el vegetarianismo -escribe Rosa Sala Rose-  está estrechamente relacionada con una de las características que más perplejidad han suscitado especialmente a partir de 1945, cuando los horrores de los campos de concentración se dieron a conocer en toda su magnitud: el amor de los nazis por los animales"[2].
            Todos sabemos la auténtica obsesión que Hitler sentía  por la protección de los animales, por el culto a la naturaleza y el vegetarianismo (heredados tal vez de su admirado Richard Wagner, del que  recogerá sus argumentos sobre las bondades del cuidado de los animales y del vegetarianismo)[3]. Es bien conocido asimismo el desmesurado afecto que sentía Hitler por su perro Blondi, así como el enojo que le causaba el notorio entusiasmo por la caza de Hermann Göring, aunque también éste afirmara amar a los animales, convencido de que disfrutaban siendo cazados. La devoción nazi por los animales no fue ajena a
Ecologismo y nazismo: del animalismo extremo al genocidio nazi, Tomás Moreno, Ancile
Rosa Sala Rose
su explotación propagandística: en las películas del Tercer Reich, un soldado alemán nunca deja a su suerte a un perro abandonado.
            También Heinrich Himmler se sorprendía de que su masajista Felix Kersten encontrara placer en disparar en los bosques a pobres criaturas indefensas, y le recordaba que todos los pueblos indogermánicos comparten el respeto por los animales y expresaba su admiración por algunos monjes budistas, que hacen sonar una campanita a su paso para ahuyentar a todos los animales a los que su presencia pudiera dañar[4].
            La ley de 1939 sobre la protección de los animales en Alemania, establecía que “en el nuevo Reich no habrá el mínimo lugar para la crueldad hacia los animales". Por tanto, resulta tanto más paradójico, contradictorio y sorprendente, comenta Rosa Sala Rose, que los altos mandatarios nazis, amantes de los animales, pudieran ser tan crueles con seres humanos a los que consideraban racialmente inferiores. Y es que, los judíos no eran ni siquiera animales para los nazis. Habían sido expulsados, sacados de la humanidad.
            En efecto, en los campos de exterminio se despojaba de su apariencia humana a los internados, haciéndoles aparecer como subhumanos,  lo que confirmaba su creencia o prejuicio. Cuando alguien preguntó a Rudolf Höss qué significaba el término Untermensch, contestó: “Mira, lo puedes ver por ti mismo. No son como tú o como yo. Son diferentes. Tienen otro aspecto. No se comportan como seres humanos". Primo Levi nos recordará en "Los hundidos y los salvados"[5] cómo “había que mostrar que los judíos, la subraza, los subhombres, se avenían a toda y a cualquier humillación, incluso la de autodestruirse. El mensaje era: No sólo podemos destruir vuestro cuerpo, sino también vuestra alma”.
            Al negarles a las víctimas toda condición moral se convencían a sí mismos de que no había en ellos ninguna dignidad humana que respetar. La eliminación de esta barrera contribuía a hacer posibles las matanzas. La crueldad extrema era el ardid para que les fuera posible hacer lo que hicieron.
            Tanto los historiadores como los supervivientes de los campos de concentración han descrito deshumanización. En 1945, Himmler afirmaba con orgullo que “los alemanes somos el único pueblo que
Ecologismo y nazismo: del animalismo extremo al genocidio nazi, Tomás Moreno, Ancile
Primo Levi
adopta una actitud decente con sus animales”, y añadió que “también adoptaremos una actitud decente con respecto a 'estos animales humanos' (en referencia a las mujeres checas y rusas), pero sería un crimen contra nuestra sangre pretender ahorrar la suya o proporcionarles ideales de ninguna clase”.
            La misma expresión “animal humano”, nos ofrece ya un indicio del perverso desplazamiento de la cadena jerárquica del ser que se produjo en la cosmovisión nazi. La humanidad de las razas inferiores resultaba cuando menos incierta y muchas veces era directamente puesta en entredicho hasta ser explícitamente aniquilada y animalizada. Pero dicha exclusión no hacía, sin embargo, que se beneficiasen del nuevo estatus de animalidad: estában por debajo de él, eran menos que los perros para las SS. Así, por ejemplo, el Oberscharführer de las SS Kurt Franz, destinado al campo de concentración de Treblinka, solía divertirse azuzando a su perro a atacar a los internos con la estremecedora orden -en la que se invertía la condición específica de uno y otros- de: “¡Humano, atrapa a ese perro!”
            Y a esta determinación biológica racista, pronto sucederá un enfoque bacteriológico. El judío, no sólo era un infrahombre o un simple animal, sino que se convertía en un virus, una bacteria, un bacilo. Un discurso de Himmler de 1943, en el que distingue a los rusos (semejantes a los animales) de los judíos (bacilos que hay que eliminar a cualquier precio), ilustra cómo se recurre a esa nueva referencia. El riesgo de contaminación exige medidas apropiadas y masivas, y ¿hay algo más eficaz que el fuego para garantizar la desinfección? “Mientras eliminamos a un bacilo, no queremos ser contaminados, caer enfermos y morir también”, dice Himmler.
            S. Friedländer, que cita este pasaje del discurso de Himmler, dice a este respecto que “el elemento microbiano en el mito nazi del judío fue el factor desencadenante de esa irreductible necesidad, primero de excluir a su persona física, luego de exterminarle”[6]. Otras veces, incluso eran excluidos de la animalidad misma para ser explícitamente "cosificados". Acaso no haya testimonio a este respecto más espeluznante y acusatorio que "Shoah", el documental estremecedor de C. Lanzmann, en el que un testigo internado en los Lager llega a decir: “El que pronunciaba la palabra muerto o víctima, era golpeado [...]. Los alemanes nos obligaban a decir, en relación con los cuerpos [de las víctimas], que se trataba de Figuren, es decir de marionetas, muñecas, o de Schmattes, es decir, andrajos”.
            La archirrepetida comparación de los judíos con sanguijuelas, ratas u otros animales parasitarios a los que era preciso exterminar por el bien común -recuerda Rosa Sala Rose- favorecía la ubicación de las razas supuestamente inferiores en la categoría más baja no ya de la escala humana, sino de la animal, hasta [7].
Ecologismo y nazismo: del animalismo extremo al genocidio nazi, Tomás Moreno, Ancile
Hans Magnus Enzenberger
llegar -como acabamos de ver- a su simple cosificación. "Desde ese punto de vista, y aun con todo su horror, el respeto por los animales y las atrocidades contra ciertos seres humanos resultaban ideológicamente conciliables"
            Experiencias más recientes -recordemos solamente las llevadas a cabo en Camboya, en Ruanda, en Bosnia, etc.,  a finales del siglo XX- ponen de manifiesto que lamentablemente, el importante trabajo de memoria sobre la Shoah, destinado a prevenir la vuelta de tales horrores, no ha servido desgraciadamente más que para una cosa: para que los términos de "purificación étnica", "genocidio", "eutanasia" o "eugenesia terapéutica" y otros con ellos relacionados, jamás sean empleados por los que la practican o alientan, y para que éstos usen eufemismos al referirse a tales prácticas o se defiendan con toda su agresividad y mala conciencia de semejante acusación[8].
            Cuando se habla frívolamente del respeto debido a los fetos animales y, sin embargo, se anatematiza la defensa de los fetos humanos en el seno de sus madres -desposeyéndoles de cualquier tipo de derechos, como si se tratara de "algo sin valor" o de un mero material biológico desechable- estamos asistiendo a una tremenda degradación y perversión de la conciencia moral humana, carente de cualquier tipo de justificación racional y moral al efecto.
            Entonces, es momento adecuado de acudir a la historia de nuestro aciago siglo XX, en el que la barbarie moral de una ideología política, el nazismo, utilizó sin ningún tipo de reserva moral este tipo de argumentos y justificaciones animalistas en contraste con la despiadada e inhumana crueldad con la que actuaron en relación con otros seres vivos, esta vez humanos -judíos, eslavos, gitanos, homosexuales, comunistas y otros enemigos políticos, etc.- considerados como infrahombres, como infra-animales, como "cosas" carentes de cualquier tipo de derechos y de respetabilidad moral.
            La lectura de un famoso ensayo del gran escritor y poeta germano Hans Magnus Enzenberger[9], en el que se contraponen órdenes y decretos nazis sobre la "protección de los animales" y decretos y órdenes nazis sobre la "aniquilación de seres humanos", tal vez podría hacernos meditar y reflexionar sobre el peligro  que supone, no ya el contraponer derechos de los animales versus derechos humanos, sino el excederse en la sentimental conmiseración hacia animales y peces, anteponiendo el respeto debido hacia esos especímenes (que, por supuesto, debemos mantener e incrementar) al de los propios seres humanos, en flagrante detrimento de la consideración debida a los derechos de las personas -de cualquier clase o condición- a ser tratados de acuerdo con la dignidad inmarcesible e inalienable a la que son merecedoras.
            Transcribamos alguna de ellas. Seguro que nos harán pensar, reflexionar  y nos ayudarán a tomar conciencia de que en realidad todas esas abominables prácticas han sido dictadas por ideologías antiigualitarias e inhumanas, inspiradas en el viejo darwinismo social, en el racismo más inclemente y en el malthusianismo más retrógrado e insolidario y que, por supuesto, nada tienen que ver con el verdadero progreso moral solidario, humanitario y fraternal de la humanidad:
Decreto sobre el sacrificio y tenencia de peces vivos y demás animales de sangre fría, del 14 de enero de 1936:
“Apartado 2 (1). A cangrejos, bogavantes y demás crustáceos, cuya carne ha destinado el hombre para prohibido colocar los animales en agua fría o sólo templada y ponerlos a hervir después”.
Ecologismo y nazismo: del animalismo extremo al genocidio nazi, Tomás Moreno, Ancile
su consumo, se les dará muerte a lo posible por separado arrojándolos al agua en plena ebullición. Queda
Telegrama número 234.404 cursado en Berlín el 9 de noviembre de 1938 a todos los puestos y comisarías de Policía:
“1. En breve plazo tendrán lugar en Alemania operaciones de limpieza contra los judíos, en especial contra sus sinagogas. No debe ponérsele obstáculos […].
3. Se hacen preparativos para la captura de unos 20.000 a 30.000 judíos en el Reich. Ante todo hay que elegir los judíos acaudalados. Se promulgarán más disposiciones en el curso de esta misma noche […]. Gestapo II. Firmado: Müller.” [10]
b) Decreto para la protección de plantas silvestres y animales que no son de caza, del 18 de marzo de 1936:
“Apartado 16 (1). Se autoriza a los propietarios de terrenos, a los usufructuarios o a sus mandatarios el apresar, sanos y salvos, y tomar en custodia a gatos ajenos e incontrolados que durante el período del 15 de marzo al 15 de agosto, y mientras la nieve cubra el suelo, sean hallados en jardines, huertos, cementerios, parques o lugares públicos similares. Los gatos tomados en custodia se han de tratar con todo cuidado […].”
Telegrama número 663-43 del 25 de mayo de 1943 cursado en Varsovia al jefe superior de policía y de las SS en el Este.
“Al inciso 1. Del total de 56.065 judíos capturados, unos 7.000 se quitaron voluntariamente la vida en el curso de la gran redada efectuada en el ex distrito judío. Durante el transporte hacia T. II, fueron exterminados 6.929 judíos, con lo cual la cifra asciende en total a 13.929. Hay que descontar aproximadamente 5 ó 6.000 judíos de la cifra 56.065, los cuales perecieron en voladuras e incendios […]. El jefe de Policía y de las SS en el distrito de Varsovia. Firmado: Stroop.” [11]
c) Discurso de Heinrich Himmler en Posen el 4 de octubre de 1943 a los SS-Gruppenführer.
“La mayoría de vosotros sabéis lo que significa que haya 100 cadáveres tendidos en el suelo, o 300, o 1.000. Haber soportado esto –prescindiendo de excepciones de debilidad humana- y, además, haber guardado la compostura, he aquí lo que nos ha endurecido. Ésta es la página gloriosa de nuestra historia escrita y que nunca se escribirá”[12].
Decreto para la protección de plantas silvestres y animales que no sean de caza del 18 de marzo de 1936.
“Apartado 23 (1). Con objeto de proteger a los restantes animales en libertad no cazables, se prohíbe: 1. el capturarlos o exterminarlos en masa sin un motivo razonable y justo.”


                                                                                                           Tomás Moreno





[1] Quiero hacer constar que de ninguna manera pueden establecerse analogías, paralelismos ni semejanzas entre este "animalismo criminal nazi" y cualesquiera de los, por lo general, muy encomiables movimientos "animalistas" y "ecologistas" existentes en la actualidad. Nada tienen que ver entre sí. El "caso" que tratamos es evidentemente una patología, una perversión de ideas y movimientos sumamente respetables y, en la mayoría de los casos, benéficos.
[2] Rosa Sala Rose, "Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo", Acantilado, Barcelona, 2003, pp. 397-398.
[3] A Wagner le conmocionaba que se sacrificase a un pollo. Y Liszt describe en 1853 al músico “acariciando a su perro Pepi” y “escupiendo a los judíos”.
[4] Felix Kersten, Totenkopf und Trae, pp. 144 y sig. Citado por Hans Magnus Enzenberger, "Política y Delito", Seix Barral, Barcelona, 1968, pp. 19-20. "No comprendo -escribía Himmler- cómo usted puede hallar placer, Herr Kersten, en disparar a mansalva contra los pobres animales que tan inocentes, indefensos y desprevenidos pacen en las lindes del bosque. Eso, bien mirado, es un puro asesinato… La naturaleza es hermosísima, y al fin y al cabo todo animal tiene derecho a vivir. Precisamente este punto de vista es lo que me maravilla en nuestros antepasados… Este respeto al animal lo hallará usted en todos los pueblos indogermánicos. Me interesó extraordinariamente el enterarme el otro día de que aún hoy los monjes budistas, cuando atraviesan el bosque de noche, llevan consigo una campanilla, para hacer que se aparten los animales del bosque que podrían aplastar con el pie, a fin de no causarles ningún daño. Pero entre nosotros no hay serpiente que no matemos a patadas, ni gusano que no pisoteemos" (Ibíd).
[5] Primo Levi, "Los hundidos y los salvados", Muchnik editores, Barcelona, 2001.
[6] S. Friedländer, "Les Collectións de l’Histoire", octubre de 1998, p. 15.
[7] Rosa Sala Rose, "Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo", op. cit, p. 397-398.
[8] Cfr. Armelle Le Bras-Chopard, "El zoo de los filósofos", Taurus, Barcelona, 2003, p. 295 y 296.
[9]  Hans Magnus Enzenberger "Política y Delito", op. cit., pp. 18-20.
[10] Gerard Schoenberner,"Der gelbe Stern. Die Judenverfolgung in Europa, 1933 bis 1945", Hamburg, 1960, p. 12. Citado en Hans Magnus Enzenberger, "Política y Delito", op. cit, p. 18.
[11] "Es gelbe keinen judischen Wohnbezirk in Warschau mehrl" (Edición facsimil del informe de Stroop) Neuwied, 1960. Citado en Hans Magnus Enzenberger, op. cit., p. 19. Los entrecomillados son nuestros.
[12] Tribunal militar internacional, "Der Prozess gegen die Hauptfriegverbrecher", Nürenberg 1947 y sig. Tomo XXIX, p. 145. 




Ecologismo y nazismo: del animalismo extremo al genocidio nazi, Tomás Moreno, Ancile

viernes, 14 de junio de 2013

POESÍA, O ESE VASTO DOMINIO EN LO DESCONOCIDO

Unos apuntes apresurados sobre la poesía para la sección De juicios, paradojas y apotegmas, del blog Ancile, para hacer una brevísima reflexión sobre el concepto, realidad y distinción de lo que pueda o no ser la poesía, y todo en virtud de lo que hoy acontece en ámbitos que se dicen, consignan y distinguen como poéticos, y aun consagrados a la más elevada concepción de literatura que pensarse hubiere, con toda la suerte de confusión que en nuestros trasegados tiempos nos arrebatan, azoran y confunden.

Poesía, o ese vasto dominio, Francisco Acuyo, Ancile





POESÍA, O ESE VASTO DOMINO
 EN LO DESCONOCIDO






Permitidme que lleve a cabo una introducción al concepto de poesía cuando menos bastante peculiar (si es que este es posible, y aunque parezca que no viene ahora al caso), y entre bromas y veras sirva para hacer una reflexión que, acaso en los tiempos –de incierta postmodernidad- literarios y artísticos y también científicos que nos ha tocado vivir, sea de interés para aproximarnos a ella al menos con una remota garantía de certeza.

Que la poesía sea una manifestación artístico-literaria investida de una naturaleza singular, claramente ostensible en su manera de usar, reconocer, construir, reconstruir y,  al fin, crear y recrear el lenguaje, es algo reconocido desde ámbitos de estudio diferentes (la lingüística, los estudios literarios, la métrica, la retórica…), pero también por sus no menos peculiares vías de atención, entendimiento, expresión e integración con el mundo (quiero decir como forma muy especial de comunicación), sin contar con su manera no menos inaudita de aprehensión, interpretación y reconocimiento del poder creativo de la conciencia (humana, es decir, como vía de conocimiento y trascendencia), siendo por todo ello cosa resueltamente insólita, enigmática y rara, y que  hace de su lectura cosa poco inteligible y recomendable para el lector ocasional, no digamos del que se acerca al libro por el forro de sus entretelas. En cualquier caso todo esto no será en modo alguno óbice para que una precipitada tropa de almas torturadas, irredentas, tristes, desconsoladas, solitarias y perpetuamente incomprendidas, fueren inopinadamente a acosar, perseguir, hostigar, pretender y asediar a la siempre inmarcesible y generosa musa de la poesía. Es así que, ora unos por afligidos espíritus del desamor, la traición y la más ingrata felonía, encuentran en el verso el paño enjugador de las lágrimas en la lluvia de su desconsuelo; ora otros dueños de su genial ingenio, atento
Poesía, o ese vasto dominio, Francisco Acuyo, Ancile
s al inconmensurable canto que mueve el cisne de su incondicional talento, descubren los límites del universo mundo en sus aforismos, reflexiones y apotegmas versados con puntual o largo y reflexivo aliento; ora, por el contrario, está el que espoleado por la divina gracia de la fama y la oriflama de lo insustancial aspira lo más alto y banal del empíreo mundo, y todo en pos de poder templar las cuerdas que el vulgo vil reclama; ora verán, incluso, la vena mística que también llama a las puertas de la inconsolable musa en loor de santidad; pero, ora también podrán encontrar al que, en su particular paso por el desierto de la injusticia, clama por la ecuanimidad, probidad y rectitud de este mundo, reclamando igualdad y compromiso social en verso, que en verdad es cosa muy grata para los sandíos que se enardecen con los discursos vacuos y mítines poéticos. Y esto podrán encontrarlo todo en su individual e íntegra entrega, o, también, en singular heterogenia, que puede combinarse la necedad muy a la sazón del que guste paladear toda suerte de incongruente majadería. Pero, en verdad ¿qué ha hecho la musa de la poesía para  merecer tan injusto, impropio, cruel y mendaz trato?

                El estupor de las Piérides y toda su poética parentela será sin duda más que justificado. Bien es cierto que la vena épica, elocuente y bella de Calíope nunca mereció tal indignidad y descortesía; ni que decir tiene que la atribulada Erato en su lírico estro tampoco fuese acreedora de tan vil procedimiento e indecoroso compromiso; mas, qué decir de la bucólica inspiración de Talía, o del sacro numen de Polimnia, o la coral sublime de Terpsícore o la didáctica consigna de la celestial Urania.

                En cualquier caso hemos de decir en favor de los embelesados profanadores de la inaudita consigna que significa de manera tan extravagante y rara la musa de la poesía, que es del todo entendible, al menos para quien con toda modestia diserta en este exiguo opúsculo. La sugestiva, evocadora, estimulante e incluso hipnótica energía que envuelve el ámbito donde nace, se desarrolla, se consuma y significa es, indubitablemente, una fuerza fascinante, perturbadora e incentiva. En realidad estamos ante la impronta genuina del impulso que hace posible nada menos que el acto creativo y la manifestación del equilibrio vital consciente que sólo es posible atento a la potencia que se manifiesta en aquello que entendemos como  belleza. ¿Significa esto que la poesía es un dominio común accesible para todo aquel que  quiera  entender, aprehender, vivenciar la singular energía, insisto vital, que la encarna tan irresistiblemente? Desde luego que sí. Cuestión harto diferente es que todo aquello que se ensaya, se lee, se reproduce e incluso se interpreta y critica sea significativamente poesía.

 Este desenfadado, breve, fugaz e inopinado apunte sólo quiere ser un toque de atención para la reflexión de los que aceptan como canónico cualquier producto escrito, y que en muchos casos no llega al rango siquiera de pseudoliterario, y mucho menos poético. Cuestión digna de más serio debate será la probidad necesaria para establecer elementos de  juicio con los que establecer unos parámetros objetivos para su reconocimiento, no digamos para su creación, si se pretende  en verdad contactar con el insólito vigor que anima la poesía.

                Así las cosas me parece este un buen preámbulo para ofrecerles elementos de contraste con los que ustedes mismos puedan distinguir y contrastar. Nada mejor para ello que lo más alejado de cualquier aparato teórico, es decir, el espejo de la poesía misma. Tengan muy en cuenta que hablo de poesía. Por eso les ofreceré un poema muy digno de consideración atenta e instrumento muy apropósito y elocuente y reflexivo.




                                                                                                                     Francisco Acuyo



Poesía, o ese vasto dominio, Francisco Acuyo, Ancile




EL POETA




Para ti, que conoces cómo la piedra canta,
y cuya delicada pupila sabe ya del peso de una montaña sobre un ojo dulce,
y cómo el resonante clamor de los bosques se aduerme suave un día en
                                                                                        [nuestras venas;
para ti, poeta, que sentiste en tu aliento
la embestida brutal de las aves celestes,
y en cuyas palabras tan pronto vuelan las poderosas alas de las águilas
como se ve brillar el lomo de los calientes peces sin sonido:
oye este libro que a tus manos envío
con ademán de selva,
pero donde de repente una gota fresquísima de rocío brilla sobre una rosa,
o se ve batir el deseo del mundo,
la tristeza que como párpado doloroso
cierra el poniente y oculta el sol como una lágrima oscurecida,
mientras la inmensa frente fatigada
siente un beso sin luz, un beso largo,
una palabras mudas que habla el mundo finando.

Sí, poeta: el amor y el dolor son tu reino.
Carne mortal la tuya, que, arrebatada por el espíritu,
arde en la noche o se eleva en el mediodía poderoso,
inmensa lengua profética que lamiendo los cielos
ilumina palabras que dan muerte a los hombres.

La juventud de tu corazón no es una playa
donde la mar embiste con sus espumas rotas,
dientes de amor que mordiendo los bordes de la tierra,
braman dulce a los seres.

No es ese rayo velador que súbitamente te amenaza,
iluminando un instante tu frente desnuda,
para hundirse en tus ojos e incendiarte, abrasando
los espacios con tu vida que de amor se consume.
No. Esa luz que en el mundo
no es ceniza última,
luz que nunca se abate como polvo en los labios,
eres tú, poeta, cuya mano y no luna
yo vi en los cielos una noche brillando.
Un pecho robusto que reposa atravesado por el mar
respira como la inmensa marea celeste,
y abre sus brazos yacentes y toca, acaricia
los extremos límites de la tierra.

¿Entonces?
Sí, poeta; arroja este libro que pretende encerrar en sus páginas un
[destello del sol,
y mira a la luz cara a cara, apoyada la cabeza en la roca,
mientras tus pies remotísimos sienten el beso postrero del poniente
y tus manos alzadas tocan dulce la luna,
y tu cabellera colgante deja estela en los astros.



Vicente Aleixandre (Sombra del paraíso, 1944)


Poesía, o ese vasto dominio, Francisco Acuyo, Ancile


martes, 11 de junio de 2013

HORACIO CASTILLO EN UNA ANTOLOGÍA MÍNIMA DE ALFREDO JORGE MAXIT, CON UNA ALOCUCIÓN DE OSVALDO BALLINA

Nos honra presentar en nuestra sección de poetas invitados del blog Ancile al poeta argentino Horacio Castillo. Ante la proximidad de la conmemoración del tercer año de su fallecimiento, hemos querido ofrecer en nuestro medio un reconocido homenaje mediante la colaboración inestimable del también poeta Alfredo Jorge Maxit, que se ha encargado de llevar a buen término el trabajo introductorio y la selección de poemas. también hemos querido introducir un texto en forma de alocución del que fuera su buen amigo Osvaldo Ballina.


ANTOLOGÍA MÍNIMA 
DE LA POESÍA DE HORACIO CASTILLO,
POR ALFREDO MAXIT

                            
Antología mínima de la poesía de Horacio Castillo, por Alfredo Maxit, Ancile
Horacio Castillo en su alocución en la Academia de las Letras




INTRODUCCIÓN



El 5 de julio se cumplen tres años de la muerte de Horacio Castillo, el poeta argentino nacido en Ensenada, en 1934, y fallecido en el 2010, en La Plata, ciudad en la que estudió y residió la mayor parte de su vida. Fue miembro de la Academia Argentina de Letras y es considerado como uno de los más importantes poetas de la Literatura argentina y uno de los más reconocidos traductores de los poetas griegos contemporáneos.
También escribió cinco obras en prosa: Ricardo Rojas (1999), Darío y Rojas (2002), La luz cicládica y otros temas griegos (2004), Sarmiento poeta (2007) y Colectánea (2010).
 Con motivo del primer aniversario de su fallecimiento, escribió el poeta César Cantoni:

<>Castillo se da a conocer publicando “Descripción” (1971), pero es en “Materia acre” (1978), su segundo libro, donde empieza a asomar su verdadera identidad creadora. Luego seguirán “Tuerto rey” (1982), “Alaska” (1993), “Los gatos de la Acrópolis (1998), “Cendra” (2000), “Música de la víctima y otros poemas” (2003) y “Mandala” (2005), este último, un extenso y hermético poema con el que su autor cierra definitivamente una obra concebida, según sus propias palabras, como “un drama del lenguaje”, con su planteo, su desarrollo y su desenlace. A lo largo de ese drama, la poesía de Castillo va evolucionando hacia formas cada vez más complejas, al tiempo que da cuenta de la angustia y la fragilidad humanas con hondura metafísica. Quizá, su inclinación a enmascarar la realidad mediante el recurso de la alegoría, que lo induce a componer curiosos mitos personales o a recrear episodios de la literatura clásica –en particular de la griega–, sea lo que más diferencia a Castillo de sus colegas contemporáneos. Como él mismo lo explicó alguna vez, dicho recurso se funda en la necesidad de “abstraer” al objeto del poema, despojándolo de todo rasgo accesorio o contingente a fin de presentarlo al lector en su “pura esencia”.
Si bien sus primeros poemas denotan cierto pesimismo existencial, también es verdad que Castillo siempre buscó asignarle a la vida alguna trascendencia, movido, acaso, por la luminosidad del mundo helénico, que tanto dominó su pensamiento. De esta manera, su poesía se fue impregnando, poco a poco, de júbilo creciente, hasta augurar una “primavera” de resurrección “que abolirá todo invierno”, como se desprende de “Diario bizantino”, poema incluido en “Los gatos de la Acrópolis”.
No obstante, a medida que se acerca a la luz, Castillo marcha hacia el silencio. Prueba de ello es “Mandala”, su último y más impredecible poema, en el que la persecución de un lenguaje absoluto que le permitiera expresar lo inefable y que llamó “lo neutro”, lo lleva al extremo de tachar la palabra “palabra” para que sean “las cosas mudas”, como diría Hugo von Hofmannsthal, las que hablen, finalmente. Con este poema, el poeta alcanza una conciencia límite que le impedirá, en adelante, seguir avanzando por el camino del lenguaje y, mucho más aún, desandar el recorrido.<>

Traducido a varios idiomas, a días de su fallecimiento su esposa Susana recibió la versión griega de su obra Los gatos de la Acrópolis, editada en Atenas, como un reconocimiento de la mítica ciudad a su amor por Grecia.
Distintas entrevistas que le realizaron en los últimos años (las siguientes citas son tomadas de la última de ellas, a cargo de Augusto Munaro) , más las propias anotaciones a sus escritos, nos permiten disfrutar de su voz metapoética, tan llena de esa luminosidad privilegiada, como hija que fue de la sensibilidad, talento,  experiencias, lecturas y  continua reflexión, en la que anduvieron juntas vida y poesía.
En rigor, toda mi poesía está basada en experiencias de vida depojadas de su materialidad y sublimadas mítica o alegóricamente.
Como dice Gustavo Martínez Astorino lo que trato de construir es una alegoría, esto es una máscara. Al no estar la cosa de la que habla el poema (la referencia, por decirlo de algún modo), hay un “envío”, una suerte de anamnesis que es en realidad lo que el lector puede recuperar.
Eso que está cerrado, encerrado, lo que alguna vez he llamado con un neologismo “misteriosidad”, es la cualidad de todo lo que es por el solo hecho de haber sido arrancado del no ser; ergo, arrancadas de lo divino <>Hacia ese lugar, hacia esa “misteriosidad”, se dirige, o debe dirigirse, la mirada del poeta. Yo he tratado de hacerlo en la medida de mis posibilidades.
Cada autor, cada poema, sigue sus propias leyes. No hay una receta. En mi caso, el comienzo del poema es una experiencia interior, una emoción, una vivencia, que se transforma en idea y, luego, se objetiva en una “máscara” ya sea un personaje histórico o inventado en un “nos” que convierte el “yo lírico” en un “nosotros lírico”. Sobreviene entonces un estado de gran concentración, de búsqueda y espera, donde operan el instinto, la reflexión, el oficio y también el azar. Así voy armando el poema como si fuese un reloj, pieza por pieza, palabra por palabra, resolviendo cada problema que se plantea de manera artesanal.

Antología mínima de la poesía de Horacio Castillo, por Alfredo Maxit, Ancile


ANTOLOGÍA MÍNIMA



Arte poética


Soltar la lengua, de manera que no trabe el producto
que viene desde adentro, impulsado
por una fuerza superior
y el hábil juego de riñón y diafragma;
insistir presionando los músculos
como para expulsar
un caballo o un cíclope;
repetir el procedimiento
provocándolo inclusive con los dedos
o una materia acre,
hasta quedar vacío, sólo reseca piel,
odre para colgar del primer árbol,
extenuada matriz de lo volátil, acaso de la luz.

(De: Materia acre, 1974)



Anquises sobre los hombros

Todos llevamos, como Eneas, a nuestro padre sobre
los hombros.
Débiles aún, su peso nos impide la marcha,
Pero luego se vuelve cada vez más liviano,
hasta que un día deja de sentirse
y advertimos que ha muerto.
Entonces lo abandonamos para siempre
en un recodo del camino
y trepamos a los hombros de nuestro hijo.

(De: Materia acre, 1974)



Pablo entre los gentiles


Su pie acostumbrado al desierto,
su ojo, repudiaban el mármol
mientras descendía entre mirtos y laureles,
dioses y héroes, centauros y lapitas.
Y dirigiéndose a la plaza disputó con los gentiles
Antología mínima de la poesía de Horacio Castillo, por Alfredo Maxit, Ancilesobre el dios desconocido
que también habían cantado sus rapsodas
y tenía allí mismo un altar.
De él somos progenie, dijo,
y cuando suene la trompeta,
vendrá a rescatarnos de la muerte,
a poner sobre nuestras cabezas,
no la corona corruptible de los atletas,
sino la guirnalda inmarcesible de la resurrección.
Pero ellos, que habían visto volver del Hades
más de un mortal, aunque nunca al padre o al hijo,
a la esposa o al hermano, al extranjero o al enemigo,
rieron y se dispersaron.
Y caminaron hacia el estadio, subieron
las gradas del teatro, entraron a las tabernas,
dispuestos a oír otra vez sobre el punto,
intrigados por ese dios misterioso
que rehusaba el nardo y el apio,
que se negaba a sí mismo,
que atravesaba, como una lanza bárbara,
el costado del sol.

(De: Tuerto rey, 1982)


Tren de ganado


Somos inocentes, gritábamos desde los trenes.
¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos?
Asomados por el tragaluz mirábamos la inmensa llanura.
De pronto un mugido nos traía el recuerdo de Ifigenia
y volviéndonos hacia nuestros hijos los apretábamos contra el pecho.
¿Qué es aquello? El sol. ¿Qué es aquello? Una nube.
Habíamos olvidado el color del mar, el olor de la lluvia.
Los que sabían de estrellas habían olvidado sus nombres
y les dábamos los nombres de nuestros hijos para orientarnos al regreso.
¿Qué es aquello? Un árbol. ¿Qué es aquello? Un río.
Y un canto gregoriano se elevaba a nuestro alrededor,
hablaba por todos los destinados al sacrificio.
Somos inocentes, gritábamos desde los trenes.
¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos?
La leche se había agriado en los pechos de las madres,
peinábamos nuestro cabello y se convertía en ceniza.
¿Qué es aquello? Un pájaro. ¿Qué es aquello? Una piedra.
Y bajando la cabeza ocultábamos nuestro rubor,
cortábamos en silencio las uñas de los muertos.
Somos inocentes, gritábamos desde los trenes.
¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos?
Bebíamos al atardecer el vino de los ciegos,
soñábamos todavía con un bosque de orquídeas.
¿Qué es aquello? Arena. ¿Qué es aquello? Niebla.
Y la vida escapaba como un murciélago entre las sombras
y nos dormíamos con una inusitada mansedumbre en la mirada.
Después nuestros ojos se volvieron como los ojos de las estatuas,
miramos nuestras manos y había desaparecido la línea de la vida,
y desde la estiba se elevó el ronco yambo
gimiendo por ti, por mí, por todos nuestros compañeros.
Sólo quedaron detrás nuestro líneas etruscas,
cantos de cera navegando hacia el sol,
y a nuestro lado siempre tú, piadoso coro,
tú, alma mía, vaca coronada de nardos y violetas.


(De: Alaska, 1993.)


Antología mínima de la poesía de Horacio Castillo, por Alfredo Maxit, Ancile
Con sus nietos


La ciudad del sol

Expulsados de la ciudad bajo el cargo de fabuladores,
vamos de un lado al otro, durmiendo ya en cuevas,
ya a la intemperie, y alimentándonos de hierbas y raíces
o con la miel de algún panal hallado fortuitamente.
Han venido con nosotros las mujeres y los niños,
y cuando nos reunimos junto al fuego del atardecer,
sus ojos se vuelven una y otra vez hacia las murallas:
después de todo, allí pasamos parte de nuestra vida.
Pero lo exigía la razón. ¿Cómo podían soportar
que llamáramos a la piedra río, al árbol estrella?
¿Cómo podían soportar que llamáramos al pájaro magnolia?
Lo exigía la razón. Y ahora, desde aquí,
vemos con tristeza las anchas puertas de bronce,
las altísimas torres doradas por el sol;
y cuando entran o salen las caravanas
los mercaderes describen las mesas y los vasos de oro,
los magníficos altares cubiertos de ofrendas,
las armas que colman todos los recintos
y que en el próximo milenio, dicen, incendiarán el cielo.
Lo exigía la razón. Y ahora, como una horda,
vamos de un lado al otro balbuceando nuestra lengua,
hablando el dialecto de una ciudad perdida
que ya nadie comprende. ¿Cómo podían soportar
que llamáramos al fuego pez, al agua paloma?
¿Cómo podían soportar que llamáramos a la rosa destino,
ellos, los que creen que las bellotas son bellotas?

(De: Alaska, 1993.)

Antología mínima de la poesía de Horacio Castillo, por Alfredo Maxit, Ancile


Mujer peinándose ante el espejo

El peine va y viene por un campo de azafrán,
mientras la mirada recorre el óvalo del rostro,
las líneas de las cejas,
el lóbulo casi transparente de la oreja,
los ojos donde una sustancia viscosa
la adhiere a pensamientos antiguos,
hasta que una ráfaga la arroja hacia atrás,
lejos, como un pájaro marino,
al jardín donde espera el paso del rey,
pero el rey no ha pasado, o ella no lo vio,
y se sienta con el ramo sobre la falda
a escuchar la música de las rosas,
mientras todo se detiene a su alrededor,
el viento entre las hojas, las palomas en el tejado,
la sombra del mundo sobre sus párpados,
y sube los escalones del Primer Sueño
donde se sienta nuevamente en el jardín
a esperar el paso del rey,
pero el rey no ha pasado, o ella no lo vio,
y subiendo los escalones del Segundo Sueño
se siente con el ramo sobre la falda
a escuchar la música de las rosas,
pero el rey no ha pasado, o ella no lo vio,
y sube los escalones del Tercer Sueño,
siempre con el ramo junto a la falda
y la mirada detenida en el seto,
pero el rey no ha pasado, o ella no lo vio,
y se pierde en los caminos de lo Desconocido,
se extravía hacia Nunca o Ninguna Parte,
en el confín de los sueños, allí donde nace la realidad,
y de pronto se mueven o parece que se mueven las ramas,
alguien ha pasado el umbral de las rosas
y está despierta, viva otra vez.
después del sueño de quinientos años,
y todo se pone otra vez en movimiento,
el viento entre las hojas, las palomas en el tejado,
la sombra del mundo sobre los párpados,
esos labios que ahora se pliegan en una sonrisa
mientras la mano se detiene en el aire
y una manda de soles corre por su espalda hacia la libertad.


(De: Los gatos de la Acrópolis, 1998)


A una nube que pasa

Nieve diseminada a la orilla de un lago. ¿O vértebras?
¿Una estrella de mar? ¿El omóplato de un dios?
Sentados en el mármol, al borde del promontorio,
te vimos a la derecha, navegando sobre las ruinas,
sobre la antigua tierra batida por los sueños,
más accesible para las gaviotas que para los caballos.
(Porque todo estalló, porque la forma estalló,
cayó como un anzuelo sobre todas las cosas
y todo mordió el anzuelo: la piedra fue piedra,
el árbol árbol, el asno asno y para siempre;
todo mordió el anzuelo, menos tú, siempre otra,
soplo o alma, nada eternamente en fuga).
Y divisamos a lo lejos la nave de proa azul
y al hombre de anchos hombros dormido junto a la adúltera
―su mano tocando la cadera― y a todos los compañeros
que volvían volvían del amor del olvido.
―Traíamos oro, bronce, mujeres, vino,
traíamos callos, sarna, peste, sueño,
pero de pronto el viento comenzó a soplar,
las olas se encabritaron y la tormenta nos dispersó,
unos hacia el destino, otros hacia el recuerdo.
¿Un hipocampo? ¿La trompa de un elefante?
¿El arco de una espalda? ¿El dorso de un delfín?
(Porque la luz estalló, porque el ojo estalló,
segregó una sustancia blanca ―rocío o semen―
y huyó de la materia del límite de la muerte)
mientras navegaban hacia el sur, hacia la playa de Proteo,
y los seguimos largo rato con los prismáticos,
hasta que doblaron el cabo y se perdieron en la bruma.
―Tendidos en la arena, escondidos entre las focas,
esperamos casi sin respirar la llegada de la mañana,
hasta que el astuto nos descubrió y empezó a transformarse.
¿Un pez, un dragón, un árbol de alta copa,
una lengua de fuego, un corpulento jabalí?
Pero ya tirábamos con todas nuestras fuerzas de la red.
―Hay una isla en el cielo, una isla sin raíces,
que flota a la deriva como el tallo de un asfódelo,
patria siempre errante que a la hora del crepúsculo
arroja anclas, garfios, manos al fondo del abismo.
(Porque fijando la forma nada detienes,
pues lo que en ella sobrevive es lo que nunca fue).
Y nos quedamos inmóviles, hasta que sonó el clic
que nos volvió rígidos, amarillentos, eternamente jóvenes.
Este es mi padre, esta es mi madre, este soy yo,
y das vuelta, hijo mío, la hoja del álbum.

(De: Los gatos de la Acrópolis, 1998)

Antología mínima de la poesía de Horacio Castillo, por Alfredo Maxit, Ancile

A una rama de laurel

Un verde más intenso que todo otro verde,
un sueño más perfecto que todo otro sueño.
¿Qué es lo que huye? ¿A quién persigo?
Una lluvia ácida cae sobre mis hombros,
arde un clavo en mi nuca y los pies descienden
hacia la salida ávida de los muertos.
No hay mundo: sólo eso que huye.
¿Por qué trueca sus brazos en ramas, su pelo
en follaje? ¿Por qué muda de corteza
y cambia vena por vena, savia por savia?
Huye la naturaleza de la naturaleza, la hermosura
de la hermosura, pero la sangre es una
y atravesando las nervaduras más secretas
colma de hojas amargas la boca del futuro.
¿Qué es lo que huye? ¿A quién persigo?
El dedo envuelto en un pétalo de rosa mece su gema
y el ritmo despierta lo que yace oculto en sí mismo.
Así se alimenta el fuego. Y el calor, renovando
el misterio del círculo, curva la rama
y dora las hojas. Estalla, bulbo rojo de la vida.
Corona: mi locura te alcanzará.
Un verde más intenso que todo otro verde,
un sueño más perfecto que todo otro sueño.
Y el laurel inclinó su copa como una cabeza.


(De; Cendra, 2000.)


La toma de Constantinopla


Las naves, colocadas sobre rodillos y tiradas
por bueyes, descendían por las laderas
con las velas desplegadas y cada remero
en su puesto. Así, con esa visión –porque
creímos que era una visión- comenzó nuestro fin.
A la noche sacamos los íconos, los huesos
de los santos, cruces y pedrería, las reliquias
-el diente del loco que habló con su caballo,
el dedo meñique del pastor de lobos,
el centímetro de piel que jabonó la muerte-
y recorrimos la ciudad entonando himnos.
En vano: el tiempo se había cerrado detrás de nosotros
y una fuerza irresistible cortó por lo sano
lo que estaba sano o por lo enfermo lo que estaba enfermo.
Habíamos vivido en el interior de un huevo
(el huevo sin salar de la Creación –decía)
y nunca pensamos que fuera del mismo existiera algo
y menos un poder suficiente para cascarlo.
“Han puesto una cuña en mitad del sueño
y ahora tendremos que soportar de nuevo el destino:
si esto o lo otro, hacia aquí o hacia allá, qué, dónde,
nosotros que conocimos la gracia de la verdad
y de su mano habíamos llegado hasta el cielo”.
“Es el fin, my only friend, el fin –contesté.
De los planes que elaboramos, el fin; de todo
lo que perdura, el fin; sin sorpresa, el fin.
Toma, pues, la autopista del desierto,
cruza conmigo el lado salvaje del dolor.
Starfucker, starfucker, este es el fin”.
“Quiero bailar al compás de los salmos,
bailar frenéticamente al ritmo de la pena madre.
Déjame olvidarme del hoy hasta mañana
¿o ya es mañana y hoy es el fin de todo?
Sálvate solo, ya que yo no te he podido salvar”.
Habíamos comenzado a escapar, las llamas
bloqueaban rápidamente todos los caminos
y volvíamos una y otra vez la cabeza
para ver cómo nacía una nueva civilización.
“No quiero morir en el lecho de una euménide –grité.
Espérame en la tierra del sueño más azul”.
Pero ya había crecido la maleza en la Historia y en sus ojos.

(De, La música de la víctima, 2003)


   
Versos iniciales


Destino veloz hacia el corazón de lo neutro         Neuter-la lengua virgen
y arriba en el colmo un incesto magnético.
¿Cómo sobrevino? Llevaba un zapato negro
y el otro rojo, la campanilla colgada del cuello.
“Soy una rama retirada del altar de lo dual”,
dijo, y reconocía la voz de mi hermano                Gracia de lo neutro: remi-
-mi hermano, lengua de una misma lengua.           tir hasta el punto incompa-
“Yo también”, contesté, y vimos al deshollinador  tible con la escisión  y  la
salir vestido de blanco por la chimenea.               diáspora
“Ni lo uno ni lo otro”, voceaba desde lo alto.
“Ni lo uno ni lo otro”, contestábamos desde
    abajo.

Todo era gemido y confesión, un cardumen
      voltaico.                                                     ¿Y la palabra?
La mano se adhería a la mano, el pie al pie,
el hombro al hombro, la rodilla a la rodilla,
la espalda a la espalda, el cabello al cabello,
la mano al pie, el hombro a la rodilla,
el cabello a la espalda, la rodilla al pie                 La palabra es la desdicha
el pie al hombro, el hombro al cabello.                de la hipóstasis
¿Cómo es posible atar y desatar al mismo
     tiempo?
La cuerda que ata todo desata todo
y un nudo inextricable une y separa al mismo
     tiempo.
“No temas –dije a mi hermano-. Vamos hacia
     maná”.
“¿Hacia mamá?”, respondió. “Sí, hacia maná”.     ¿Habla?


(De Mandala, 2005.)



Horacio Castillo




Breves anotaciones.  Esta mínima selección incluye el primer poema (Arte poética) y un fragmento del último (Mandala,)  los que -según el propio autor- abren y cierran toda su obra poética y le confieren unidad y totalidad.  Anquises sobre los hombros manifiesta la pronta presencia del mito en su creación. Pablo entre los gentiles –siempre según sus palabras-  anuncia el comienzo de la poesía narrativa de Alaska. Tren de  ganado es uno de los poemas  más ilustrativos de la polisemia en su poesía y del uso de las preguntas como itinerario formal, mientras que La ciudad del sol habla de la marginación platónica de los poetas y la de la sociedad contemporánea, incapaz de comprender lo irracional. Mujer peinándose en el espejo es un ejemplo de dos aspectos de su poesía: “primero, el título, que remeda el de un cuadro, y luego el recurso mítico que transfigura la experiencia concreta”. La estructura de  A una nube que pasa “consiste en varias partes con discurso distinto que se repiten”. A una rama de laurel es la recreación del mito de Apolo y Dafne, su enmascaramiento. Vuelve la polisemia en La toma de Constantinopla: “Si bien el titulo se refiere a un hecho histórico, los mismo que varias circunstancias de los primeros versos, el poema avanza hacia un espacio más vasto: el fin de una época, de una civilización, de ésta, la nuestra <>”. El último texto poetico es el comienzo de su último libro-poema Mandala. Del mismo anotó Horacio Castillo: El título de este poema identifica, por un lado, su estructura formal –son textos paralelos, aparentemente distintos, pero con una simetría interna- y por otro lado el mandala es una representación gráfica del Ser. Sobre esta base formal el poema narra la búsqueda de un lenguaje esencial, que supere lo fenoménico, y que el autor denomina “lo neutro”. Esta búsqueda de la palabra-madre configura un incesto que culmina con la manifestación de lo siniestro  en  freudeano, esto es, que la única posibilidad de habla, de dejar el “blabla”, es tacharse a sí mismo. Por eso el texto se cierra con la palabra “palabra” tachada con una cruz.

Antología mínima de la poesía de Horacio Castillo, por Alfredo Maxit, Ancile
 Con sus amigos Luis Soulé, Gustavo Martínez Astorino, 
Osvaldo Ballina  (Horacio Castillo) y César Cantoni


HOMENAJE DE LA EMBAJADA DE GRECIA.
ALOCUCIÓN DEL POETA OSVALDO BALLINA
(Embajada de Grecia en Bs.As. 2 Noviembre 2011)



Antología mínima de la poesía de Horacio Castillo, por Alfredo Maxit, Ancile
Horacio Castillo en Grecia


Amar la palabra es caminar sobre tierra de salud.
Ese territorio, signado y dispuesto en la luz por derecho propio, es inexpugnable para la vida inferior con sus ofensas  y las ilusorias mezquindades terrenales.
Hoy venimos a celebrar a un hombre que habitó ese territorio, que procuró alternativas a la realidad y a la precaria imaginación de nuestros días.
Horacio Castillo fue habitante de ese reino
para felicidad de la palabra y de nosotros mismos.

No es el propósito que nos guía el tributo de añoranza.
Es nuestra voluntad dar testimonio de una vida cumplida entre todos nosotros y en.la poesía.
Horacio Castillo, nuestro querido amigo Horacio Castillo, está, como siempre,  cantando.

Y nos deja ese milagro entre las manos que tiene la impar virtud de que nada se despida de nosotros.
La poesia, que respira entre el cielo y la tierra, ajena a todo mercantilismo,  purifica en sí su rigor .Dictamina sentencia como ningún género literario, lo que vuelve prescindibles otras alternativas que no sean su esencia misma.

Horacio Castillo nos da prueba de ello :
“Ni la rosa perfecta ni el laurel público:
nardo y albahaca, anís, lavanda, nuez moscada,
y que el aire de alba esparciendo su aroma
avise al peregrino: Este vivió.”

¿Qué exégesis, qué estudio sesudo, qué pronunciamiento académico no queda relegado al plano de lo accesorio 
ante este vínculo vida-hombre-posteridad?

La poesía concedió a Horacio Castillo
felicidad de palabra marcando en su frente
el signo de los elegidos para custodio de la fertilidad espiritual.

Es así que quien se decide a abrir su propio sendero en la poesía de Castillo no tardará en advertir, para plenitud de expresión,
que sus poemas son destellos de revelación.
Revelación  de un alma que en la creación respira al unísono
con lo absoluto.

Es la celebración de lo humano, la exaltación, la caída y la resurrección en fuerte intensidad de lenguaje sobre el fondo de una civilización  con ausencia de  lo divino  asfixiada por la propia sumisión a las servidumbres materiales.

Y en nuestra civilización donde  el  hombre  deambula
por una tierra de súbito desconocida;
y se interroga , extranjero de sí mismo,
con viejas preguntas que no encuentran nuevas respuestas.

En palabras del poeta:
“Esta es la casa, pero la casa ya no está,
este es el puente, pero el puente ya no está,
este es el mundo, pero el mundo ya no está
y corres a tocar, antes que la muerte, la pared.”

De esta manera, el poeta deja al lector en a la puerta de nuevas realidades, de realidades alternativas bajo el dictado de un rigor lingüístico con una depurada creación de imágenes.
Es una voz de otro mundo llegada a este mundo.
Es, a la vez,  una voz de este mundo que busca lo racional y lo dionisiaco  en ese otro mundo .
Es una retroalimentación existencial
para testimoniar, esclarecer, gozar
y padecer las vicisitudes humanas a través de una poesía irreductible en su esencia y ubicada en el centro de un universo propio.
Como dijimos, el poeta celebra sus bodas con el mundo a través de la palabra.
Ahora bien, ¿cuál es el lugar físico, el territorio  de esa palabra?
¿Qué lugar atesora su recuerdo afectivo?
¿Dónde esta ubicado ese punto de mira privilegiado?

Horacio Castillo no ha pasado por los lugares
de esta tierra como una sombra en el agua.

Llevado por su fe en la palabra como instrumento de conocimiento, inicia su tránsito a la fuente original.
Es así que su vida, como su poesía, dio en Grecia con su destino natural, Y hacia ella avanzó en su aventura espiritual, ascética y rigurosa sustentada en la trascendencia y en la pretensión
constante de lo absoluto.

En Grecia Horacio Castillo cumplió con dos viajes por igual ávidos y opulentos:
el viaje creativo y el viaje real
que se traduce en el fluir de voces ilustres  que trajo de Grecia
a nuestra lengua tanto en sus traducciones como en los numerosos textos que dedicó al helenismo en sus ensayos .

Para Castillo hablar de Grecia era
un sentido convocado de la existencia,
una confirmación que lo instaló en un vínculo sólido que reivindica la conciencia histórica y la justificación primigenia y última del espíritu.

Grecia hizo, hace y hará de todos nosotros  que no haya huérfanos del espíritu, nos dice Castillo,
esa Grecia  -cito -  “que a través de los siglos, de los milenios, la poesía ha convertido en poesía”
y nos devuelve, inexorable y  siempre, a nuestro centro de
gravedad, no permitiéndonos
nunca el pecado de la fatuidad o de la nada.

En Horacio, todo lo griego era vivir también toda la fruición existencial  que se nos permite por  gracia.
En  esa fruición que no es exultante y que no excluye las viejas y nuevas angustias,  encontró paradójicamente, el equilibrio por elección de sus días.
La palabra de Horacio Castillo
bautiza ese don  y da testimonio de esa fe.
Es mediadora desde lo eterno del pensamiento helénico
y desde lo efímero de nosotros,
sus criaturas maravilladas y agradecidas.

Por sobre el oleaje de nuestra contemporaneidad
a ese mundo nacemos día tras día:
nosotros como sinónimo de lo nombrado.
Y nos tomamos de la mano de poetas como Horacio Castillo,
alimentados por esa médula, creadora y procreadora ,como es la poesía, para alcanzar lo intangible, que une la luz con la oscuridad y que se consagra en ofrenda para gratitud de lo humano.


En esa luz , que tiene “el sentido de captación de la esencia” , como dice Odysseas Elytis, te recordamos y te celebramos, poeta y amigo. Desde la perduracion y el afecto.





Antología mínima de la poesía de Horacio Castillo, por Alfredo Maxit, Ancile