Bajo el título de IA (inteligencia artificial) y la conciencia emergente, ofrecemos un nuevo post para la sección de Ciencia del blog Ancile.
IA Y LA CONCIENCIA EMERGENTE
Bajo el título de IA (inteligencia artificial) y la conciencia emergente, ofrecemos un nuevo post para la sección de Ciencia del blog Ancile.
IA Y LA CONCIENCIA EMERGENTE
A vueltas con la IA, traemos otro nuevo post para la sección de Ciencia del blog Ancile, esta vez bajo el título: ¿Es realmente inteligente la IA?
¿ES REALMENTE INTELIGENTE LA IA?
A la luz de las apreciaciones,
definiciones y acepciones varias sobre el concepto de inteligencia, cabría
plantearse la lógica pregunta de hasta qué punto es inteligente la IA, si es
que hasta hace muy poco la inteligencia era atributo exclusivo del ser humano.
Lo
primero que nos resulta interesante es que buena parte de los ingenieros de la
IA describen a esta como la capacidad de un dispositivo (artefacto o máquina)
para realizar tareas que se han atribuido al ser humano de manera habitual.
Estos sistemas artificiales emulan áreas del conocimiento propias del ser
humano y sus diferentes manifestaciones de inteligencia.
Veremos
que la IA distingue varios tipos, así: una IA específica dedicada para tareas
muy concretas como hacer cálculos o jugar al ajedrez, se la define también como
IA débil. La IA fuerte, o general es la que opta por la posición más radical,
que cree que puede tener todas las capacidades del ser humano; opción que a día
de hoy parece totalmente descartada, sin que por ello nos beneficiemos de lo
positivo que ofrece desde una óptica tecnológica. La más controvertida sería la
concepción de la IA como singularidad, es decir, aquella que superaría la
inteligencia humana, superinteligencia que, por definición, ni siquiera podríamos
entender.
Vemos
que la cuestión de la IA, antes las perspectivas expuestas, no extraña que
cause una extraordinaria expectación popular, sobre todo a raíz de la difusión
a través del cine, el comic, la novela de ficción y los propios artilugios que
se han ido produciendo (robot, chat inteligentes …).
Las
escuelas simbólico (lógica) y la conexionista para conseguir la IA, son la
muestra definitiva de lo que trato de explicar. La primera (top dwon) es
la que utilizan (los sistemas expertos) para representar conocimiento a través
de símbolos y razonamiento lógico para obtener un conocimiento nuevo. La
segunda (o botón-up) que se sustenta en los datos, la experiencia que
estos aportan y que encuentran reflejo en lo que denominamos redes neuronales: machine
learning y deep learnig, son ejemplo de esta corriente.
Si
bien la IA es capaz de sintetizar y automatizar tareas muy diversas que, en
principio se consideran como intelectuales, el problema surge cuando las mal
interpretamos. Si bien estas tareas revisten el campo de la IA con un
carácter universal, en su aplicación, es muy dudoso que pueda considerarse que
en realidad tengan pensamiento propio. Por otra parte, todos reconocemos que la
capacidad intelectual del ser humano es limitada y no puede resolver todo tipo
de problemas, ergo, si la máquina quiere emular al ser humano, debe
tener, al menos, las mismas limitaciones.
Si
indagamos sobre la famosa máquina de Turing podremos obtener, así lo piensan
muchos, que la prueba de que dicha máquina sobrepase ampliamente al dialogar con
un humano (y este no sea capaz de distinguir si lo hace con una máquina), no es en modo alguno cosa clara, véanse, por ejemplo, los chats de inteligencia artificial, no obstante, la singularidad importante en
relación con la prueba de Turing, debe radicar en que el entrevistado o contertulio debe
saber que está hablando con una máquina.
Más
adelante veremos en este blog Ancile, otras cuestiones sobre la posibilidad de que
una máquina pueda simular que piensa sin tener realmente pensamiento (experimento
de la habitación china) y sobre todo atender a la gran dificultad (entre las
filosóficas, éticas…) que supone la comunicación con el usuario, en virtud, o
en este caso, supuesto defecto de la ambigüedad del lenguaje, ambigüedad que,
como hemos visto en anteriores post de este blog, puede ser una gran ventaja.
Sobre estas cuestiones tiene mucho que decir la lingüística computacional.
Francisco Acuyo
Para la sección de Poesía del blog Ancile, traemos un nuevo post dedicado a la versión bilingüe en español e italiano de los poemas de la poeta Rosaura Álvarez, bajo el título de Meriggiare, antología poética, con traducción del profesor Rosario Trovato.
MERIGGIARE : ROSAURA ÁLVAREZ EN ITALIANO
Algra editore (https://www.algraeditore.it/) ha publicado recientemente Merigiare, un volumen con poemas de Rosaura Álvarez seleccionados, traducidos y prologados por el profesor Rosario Trovato, quien al final del prólogo escribe: “Con esta edición antológica de su poesía se ha querido dar a conocer al público italiano una poeta que ha sabido ofrecer una visión moderna y vivificadora de la realidad y del destino humano”.
Se
incrementa, así, la excelente nómina de autores de lengua española que el
profesor de la Universidad de Catania acerca a los lectores italianos, iniciada
con Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora, considerada la mejor
versión hasta ahora al italiano, nómina que cuenta con nombres como Lope de
Vega, Bécquer, Pardo Bazán, Unamuno, José Martí, Pedro Salinas, Octavio Paz,
etc., y que dedica especial atención a escritores granadinos como Pedro Antonio
de Alarcón, Federico García Lorca, Elena Martín Vivaldi, Rosaura Álvarez y
Antonio Carvajal, además de estar actualmente dedicado a la traducción de Paraíso
cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos, de Pedro Soto de Rojas.
Modernidad
vivificadora: la poesía de Rosaura Álvarez esplende en ambas lenguas con su
cristalizada musicalidad, contención en la expresión de la sensualidad grata,
suave melancolía, y muestra, con la aportación del poema inédito final, la combinación
magistral de narratividad histórica y lirismo evocador, cómo cabe elaborar
nuevos textos épicos sobre iniciativas de mejora social, sin caer en lo
panfletario.
No cabe
sino elogiar y agradecer esta generosa labor de difusión de nuestros mejores valores
literarios.
Dionisio Pérez Venegas
A nadie cuentes –¿ para
qué?–
este espejo de grávida nostalgia
al contemplar un alma
que tanto ardió,
aunque nieve se sabe en el olvido
de su estar,
de su aire.
Non
raccontare a nessuno – a che scopo? –
questo specchio di greve nostalgia
quando si contempla un'anima
che tanto arse,
anche se neve si sa nell'oblio
del suo stare,
del suo piglio.
Si supieras, mi dios, el
duro estío
de tu presencia ausente, este morar
donde la luz no canta,
ni el silencio conversa,
y es acero la blanda brisa
que en el jardín se esparce.
Si supieras la noche
intacta del desvelo,
si fría luna filtra
claror opaco de lo tangible
y luce el alba holandas de sudarios.
de aquel tu aliento nada
aroma en mi agostada carne, y vivo
cual mentidas las glorias de tu estar.
SE SAPESSI
Se sapessi, mio dio, la dura estate
della tua assente presenza, restare
dove la luce non canta,
né il silenzio conversa,
ed è acciaio la dolce brezza
che nel giardino si spande.
Se conoscessi la notte
intatta dell'insonnia,
se fredda la luna filtra
chiarore opaco del tangibile
e l’alba fulge tele di sudari.
Se sapessi, mio dio, che già
l’humuvia[1]
di quel respiro tuo nulla
nella mia carne secca aroma, e vivo
come mentita gloria del tuo essere.
SOÑADO UNIVERSO
Para
Antonio Chicharro
Al cabo de los años,
vendando voy sangría de las horas
con pudor sumo de pincel y lápiz.
Voy, a tientas, desde la soledad
a otra soledad cercana
a la que dulce olvido
no puede dispensar ausencia.
Quizás por ello,
hacedora divinizada el alma
engendra con presura
artístico universo que
inicie albas sobre angustia tanta.
Tal vez, el arte solo sea
afán de que no acabe
signo auroral de tu materia.
SOGNATO UNIVERSO
Per
Antonio Chicharro
Dopo tanti anni,
[1]“Humuvia”, termine che ho coniato dallo spagnolo per indicare il
petricore, l’odore caratteristico della terra bagnata dopo la pioggia. In
spagnolo esistono due termini, petricor
e humuvia, e mi è sembrato opportuno
acquisire in italiano anche humuvia che peraltro mi sembra più congruo visto
che deriva dal latino, humus (terra)
e pluvia (pioggia).
Para la sección de Extractos críticos del blog Ancile traemos un nuevo post de nuestro amigo Francisco Silvera, escritor, poeta y excelente articulista, bajo el título de Karateka de la literatura.
KARATEKA DE LA LITERATURA
Converso con el poeta, traductor, investigador y hasta cantaor y tocaor Miguel Ángel Feria, de quien tuve la suerte de aprender una vez hace mucho siendo alumno en mis clases; hablamos sobre el panorama literario actual, vamos, el mismo de siempre. Llegamos a la conclusión de que nuestro destino ya, dada una edad y una cabezonería poética y unos compromisos coherentes, no es ser Catedráticos sino Karatekas de Literatura. ¡Vamos al kata de hoy!
Dos errores de perspectiva: uno, pensar que el verso es una frase emotiva o ingeniosa relativamente corta; dos, creer que una novela es un libro gordo. Porque si grave es desvincular la duración de un cuento de su tiempo narrativo, que determina la longitud de lo narrado más allá del número de personajes o de la trama (nada más tedioso que un relato que se complica y complica y complica hasta necesitar un mapa para saber dónde se está, ¡es el tiempo, oh Proust, oh Mann!), hoy la longitud del libro la determina el precio posible, estos libros en los que se trata de marear al lector sin que se pierda, si puede ser, y eso es un arte, no crean; si usted es novelista y aspira a algo (más bien económico) debe pasar las 300 páginas, si no: el precio no será rentable. Siendo pérfidos, podría decirse que la prosa española actual sería decente si le amputaran un 66% a cada novela publicada.
El otro error, el del verso, es despreciar la expresividad de la métrica, que se supone debería ser lo poético, el fundamento de la versificación. En principio no sería mala perspectiva, siempre y cuando la prosa usara el ritmo como herramienta para vehicular su intención narrativa, poemas en prosa, que sé yo... Temo que no, prosa cutre: cutre verso. ¿No será prosa entrecortada buena parte de la poesía actual? ¿Cómo lo distinguimos si no? ¿Mirando en la “wiki” la “bio”?
Claro que, a lo mejor, ya no se hace Arte con artes, ni la Literatura es Literatura, ni la Música es Música, y Bad Bunny (con todo el respeto a su cosa popular) es el Bach hodierno. Afirmar algo así sólo podría hacerlo alguien que desconociera por completo la música y el contexto y la cultura del autor de las Goldberg, hablamos de fenómenos inconmensurables, quizá la ligereza líquida de la Cultura contemporánea consista en confundir todo bajo un manto de ignorancia.
No se trata de que lo pasado sea mejor, o la norma, o el academicismo, el Arte es antiacadémico o no lo es, no, hoy hay artistas de altura, claro, pero lo cierto es que se echa de menos un poco de continuidad conceptual, da igual lo que haga la artista, lo que debería interesarnos es la poética con que lo defiende, su coherencia interna que demuestre actividad; hay que huir del personalismo provocado por el Arte huero en el que el ingenio ha sustituido al intelecto. Pero eso exige un público activo, que en realidad es constituyente de la obra… no que busque entretenerse y salir indemne.
Llámenme elitista o gilipollas,
pero adular el ingenio es elevar un culto a la personalidad excepcional, el
artista, el ingenioso, ése que disfrazado tantas veces de progresismo supone el
verdadero elitismo clasista y reaccionario, eso sí: con chaqueta de pana: el
culto al dios... de la nada.
Francisco Silvera
Para la sección de Ciencia del blog Ancile, traemos una serie de post con reflexiones sobre los conceptos que atañen a la definición de la inteligencia y su realidad en el ámbito de la IA (inteligencia artificial),; este primer post lleva por título: IA: el sentimiento y la sublimación de la máquina ¿inteligente?
IA: EL SENTIMIENTO Y LA SUBLIMACIÓN
DE LA MÁQUINA ¿INTELIGENTE?
Quizá llevado por la deformación
(¿vicio?) del que maneja y le interesa el lenguaje en todas sus manifestaciones
(de lingüista, por supuesto, de escritor, de semiólogo, de investigador, de
poeta, nada menos), me parece de capital importancia que, a la hora de hablar
sobre un determinado tema, sepamos de lo que realmente estamos hablando. Esta
advertencia pasa por el uso (y el abuso) que hagamos sobre determinadas
acepciones recogidas en palabras sobre las que tenemos intención de buscar
explicaciones sobre sí mismas (denotación) y sobre sus supuestas relaciones con
otras palabras en ámbitos (contextos) diversos.
Hal,
es el célebre artefacto de inteligencia artificial creador por Arthur C. Clark
para su no menos célebre y excelente novela 2001, una odisea en el espacio. No
menos famosa sería la espléndida adaptación cinematográfica de homónimo título
del genial Stanley Kubrick. Fue este computador de excepción el que me hizo reflexionar
seriamente sobre la tan traída y llevada inteligencia artificial (IA). La intelligentia
latina, analizada desde el prefijo inter (entre), el sufijo -nt- agente,
y el sufijo que indica la cualidad, -cia-, y el verbo legere, que
viene a significar escoger, separar… inferimos, a través de su etimología, que
la inteligencia es la habilidad para escoger la mejor alternativa entre varias.
Pero, si atendemos a las diferentes acepciones de nuestro diccionario, constatamos que la variedad es amplia y nada fácil de interpretar en su conjunto.[1] Por eso, en términos generales, se describe como la capacidad de manejar y percibir información y retenerla como conocimiento útil y aplicable para ser adaptado a entornos determinados. Podemos, en fin, comprobar que la semántica deducible del término ofrecido por la Academia, es, cuando menos, poco precisa. Parece inevitable tener que acudir a otras disciplinas para entender con un grado de mayor certeza qué es la inteligencia, para eso la biología, la sociología, la psicología, la neurociencia… pretenden establecer criterios positivos para su mejor entendimiento. Pero, atención, el mundo de la información también tiene algo que decir al respecto. La inteligencia artificial (IA) es una prueba manifiesta de la inteligencia puede ser extensiva al dominio de los artefactos creados por el hombre y que ofrecen cualidades que pueden encontrarse en el repertorio de definiciones de nuestros diccionarios, y que creíamos propias del ser humano.
La posibilidad de crear máquinas pensantes, postuladas en su famosa máquina de Turing, era una de las conjeturas que manejaba el genial matemático y lógico Alan Turing, uno de los padres de la ciencia de la computación y de la actual informática.[2] Pero, es cierto que la inteligencia mostrada por una de estas máquinas era capaz de ofrecer respuestas a problemas, sea indistinguible para un ser humano. El test de Turing ofrece la respuesta: si exponemos a un humano a dos conversaciones, una llevada a cabo por una máquina y otra por un humano, y si este es incapaz de distinguir una de otra, significa que esa máquina es tan inteligente como un ser humano.
La cuestión no es tan sencilla como puede parecer a ojos del romántico espectador que ve en el computador Hal, una máquina de Turing con los mismo atributos e incluso superiores al del humano que interacciona con ella.
Seguiremos en próxima entrada indagando sobre este
mundo que creo que empieza a ser ciertamente tenebroso para la humanidad, y no
tanto por la prevalencia de la capacidad de estas máquinas inteligentes para
hacer tantas y tantas tareas que nos facilitan la vida, pero que también hacen
que nos olvidemos de aspectos básicos de nosotros mismos que nos desconectan
con lo más profundo de nuestra naturaleza.
Francisco Acuyo
Bajo el título Retórica y significado: la ciencia, la filosofía y la poesía del sentido, editamos un nuevo post para la sección de Ciencia del blog Ancile.
RETÓRICA Y SIGNIFICADO: LA CIENCIA,
LA FILOSOFÍA Y LA POESÍA DEL SENTIDO
En
los ámbitos de la ciencia física y en el estudio de determinados fenómenos (el
mundo de la nueva cosmología, o el de la
mecánica cuántica y su incidencia en los dominios de lo infinitamente pequeño, o
en el territorio no menos fascinante de la teoría del caos y de la
complejidad), siempre me llamó la atención el uso (y abuso) de sus creadores o
descubridores, también de los propios teóricos de la ciencia, de determinados
tropos o figuras literarias para extraer, no sólo aproximaciones explicativas
para el neófito, también significados ante la importante incidencia en el
concepto del universo y del lugar de nosotros en el mismo.
Cuando
en el título de este post hablaba de sentido, debe entenderse este strictu
sensu, como la acepción cuarta reconocida por la RAE en la que se dice que
este es la capacidad de reconocer la realidad circundante y de
relacionarse con ella, mas también la extensión novena, que nos habla del
sentido en relación al significado (de la palabra), y con la
décima, que lo establece como la interpretación que se hace de un
objeto, de un mensaje o de una obra.
Me
parece muy adecuada esta palabra, sentido, porque, aunque la relacionemos con
el ámbito abstracto del significado con las acepciones extraídas del
diccionario, si atendemos a su etimología, sentire (oír o
percibir táctil o gustativamente) y el sufijo, ido (cualidad perceptible
por los sentidos, y sus derivados, pero también con el que la relaciona con seso (sensus,
y su riquísima raíz, sen, que ofrece diversos
significados que van más allá de la potencia perceptiva, acercándose a la la
reflexión y pensamiento, por lo que dicha percepción, nos hace entender el
proverbial sintagma sentido común ). Esta interacción y
tránsito etimológico entre el sentido sensorial y el abstracto, es altamente
significativo, y lo pone en relación con las aproximaciones hechas en el
capítulo anterior expuesto sobre la fusión de lo sensorio y lo abstracto en
poesía, y ampliamente relatado en otras ocasiones reiteradamente señaladas.[1]
Dicho
esto, observamos que la metáfora, la analogía, el símil… utilizados por el
científico, intérprete o difusor de la ciencia, encalla sus figuras en una
restrictiva relación espacial de las mismas, que llevan al que quiere encontrar
en ellas una vía de explicación pertinente, a un locus concreto
y supuestamente objetivo de experiencia mecánica de lo que en realidad sucede y
acaece, por lo que acaban aún más de
desvirtuar el fenómeno o realidad que trata de representar con su manejo
inapropiado. Esta localización nos hace separarnos peligrosamente de la
realidad que tratan de describir o hacernos entender. Se pierde de vista el
fundamento de la naturaleza del fenómeno estudiado por la ciencia (y de la realidad poética, si nos
movemos en este ámbito), y más aún cuando este se comporta de manera
tan extraña que cuestiona aquel sentido común convencional sobre el que
edificamos nuestro entendimiento de la realidad, que se viene a fundamentar
sobre las convenciones de espacio tiempo utilizadas para su descripción.
Veremos que, para el entendimiento de
alguno de los fenómenos en cuestión, no tratan o describen objetos entendidos convencionalmente (por ejemplo, partículas
subatómicas, en el caso de la mecánica cuántica), sino más bien de procesos[2] en los cuales la totalidad
del universo convergen implicando[3] al universo todo.
Cuando constatamos que la lingüística
ha debatido ampliamente sobre la ambigüedad, la polisemia (ver anteriores
entradas al respecto), para concluir que
esta, en modo alguno, puede existir para que exista comunicación[4], deberíamos plantearnos el
uso y recurso de determinados tropos para clarificar determinados aspectos o
situaciones de la realidad que, no se atienen a las convenciones aceptadas en
el uso y significación de la norma pactada para la comprensión de lo
lingüísticamente representado, ni siquiera por aquellos lenguajes
especializados. Por todo esto y otras razones que iremos exponiendo, no nos parece exacto que la
comunicación quede necesariamente suprimida por la ambigüedad, sobre todo
cuando esta se ofrece como un recurso, no sólo expresivo, sino de una
representación pertinente a las situaciones de incertidumbre que nos rodean en
el mundo.
Seguiremos indagando en otras entradas
del blog Ancile sobre estas extraordinarias cuestiones, que acaso pasan
desapercibidas para el entendimiento de los extraños acontecimientos en los
fenómenos que estudian las ciencias y, cómo no, en el no menos profundo y
complejo territorio de la expresión y conocimiento poéticos.
Francisco
Acuyo
[1] Acuyo, F.: ob. cit.
[2] Whitehead, A. N.: La ciencia y el mundo moderno,
Losada, Buenos Aires, 1959.
[3] Bohm, D: La totalidad y el orden implicado, Kairós,
Barcelona, 1988.
[4] Martinet, A.: en Lingüística y significación, Salvat,
Barcelona 1963
Para la sección de Narrativa del blog Ancile traemos un nuevo post Juan Vellido, periodista, escritor poeta, crítico de cine y muy querido amigo Juan vellido, relato que lleva por título: Desquite de la araña.
DESQUITE DE LA ARAÑA,
POR JUAN VELLIDO
Los
espejos aumentan estrepitosamente el chisporroteo de las velas. Todo tenue,
mortecino, y una lámpara fulgurante, casi frívola, sobre la mesa apolillada y
polvorienta.
Es un
viejo sótano que apenas sirve como trastero de la vieja casona en que vivieron
tus abuelos y tus padres. Ahora es tu refugio. Has decidido abandonarte a tu
suerte. Te has convertido en un viejo lastimero, ahora que te has quedado solo
en medio de esa gran multitud que bulle inquieta sobre el tosco mundo en que
habitamos.
Por eso
has optado por quedarte ahí, sentado e inmóvil, ante la mesa polvorienta del
sótano inhabitado y sucio, a la espera de que el azar determine tu fortuna o tu
desgracia. No comes, no bebes, y procuras no pensar. No aspiras a otra cosa que
la indolencia y la apatía más absolutas, la inacción, el inmovilismo como
doctrina existencial. Sabes que nada tiene sentido. No hay un cielo protector.
Hace
muchas horas, días acaso, que permaneces sentado, cuasi petrificado en tu
asiento, mientras adviertes que las ratas salen sinuosas de sus madrigueras, se
acercan a tus pies con movimientos presurosos, olfatean tus zapatos, escudriñan
a tu alrededor, desconfiadas y vigilantes, y a menudo huyen espantadas en
oleadas geométricas, cuando tu estómago exhala pequeños ruidos recónditos que
las asustan.
El sótano es frío. Permaneces quieto, aparentemente sosegado, ¿tranquilo? Tu cuerpo, se diría, se ha hecho ya a una postura estática, y conforme pasa el tiempo vas dejando de sentir frío o hambre o sed.
Hace días
que no te mueves. No sientes necesidades fisiológicas, pero notas tus piernas y
tu espalda agarrotados y sabes que tu cuerpo no responderá ya a ningún estímulo.
Has concentrado tu escasa energía en mantener tu mente en blanco, como si se
tratara de un ejercicio atávico de introspección.
Ya,
inerme --no existe posibilidad alguna de que distingas el día de la noche en
ese sótano oscuro y frío de las afueras de la ciudad-- has perdido la noción
del tiempo y la capacidad de pensar. No tienes miedo ni hambre ni sed ni frío
ni calor.
Las ratas
rodean tus pies. Cientos de ratas rodean tus pies. Y comienzan poco a poco a roer
tus zapatos, ajenas al enorme entramado de hilos de araña que pende sobre sus
cabezas.
Has
perdido la sensibilidad en tus extremidades, pero notas levemente sus hocicos
puntiagudos y sus dentelladas y sus agudos chillidos y sus rápidos movimientos
en remolino, mientras mordisquean todo lo que encuentran a su paso.
Las
arañas, entretanto, observan con sus múltiples ojos los movimientos de las
ratas, mientras confeccionan minuciosamente un laberinto de hilos con el que
dispondrán su ataque, como si de una meticulosa táctica militar se tratara.
Desde tus
ojos nublados contemplas borrosamente cómo un ejército de arañas teje
armoniosamente, en una curiosa danza voladora de múltiples y ásperas patas, su
singular embestida a los roedores.
Ya
cárdeno, flaco, cataléptico, después de muchos días inmóvil, sentado ante la
mesa apolillada y polvorienta --hasta el chisporroteo de las velas ha quedado
como un viejo recuerdo-- asistes, inmolado, a tu consentida depredación.
Nebulosamente sólo ves ratas, cientos de ratas que trepan por tus piernas. Un
festín de silbidos agudos y sangre. Y un ruido múltiple de turbadores chillidos
de los roedores.
En un
instante, las arañas han dejado caer desde las alturas del viejo sótano una
tupida y laboriosa red impenetrable en la que han quedado atrapados los roedores
que, inmovilizados, aprisionados por miles de hilos de seda de araña, han
convertido el suelo del viejo sótano en un extraño manto de ratas transfiguradas
en curiosas momias.
Juan Vellido