viernes, 7 de julio de 2017

DEL INFINITO MATEMÁTICO AL POÉTICO

Sobre la cuestión del infinito seguimos abundando con el título, Del infinito matemático al poético, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile.



Del infinito matemático al poético, Francisco Acuyo




DEL INFINITO MATEMÁTICO AL POÉTICO








Si la secuencia de los números naturales (1, 2, 3, 4 ….) se dice que es infinita, lo será en virtud de que siempre será susceptible de añadirse un número más, y del que será, además,  deducible una idea de temporalidad que no está del todo clara, y es que ese siempre que puede llevarnos a la enumeración infinita de números naturales puede también evocarnos la idea de eternidad, cuyo concepto no es en modo alguno equiparable a la idea de un tiempo infinito, si es que lo que es eterno está en verdad fuera del tiempo.

                En cualquier caso la prolongación infinita de algo o el proceso infinito de división (si es  posible un proceso de división infinito (aporías –aporimas-, recordamos las muy célebres de Zenón de Elea (Aquiles y la tortuga), a otras muchas como las de Anaximandro, Demócrito, Sócrates…) todas las cuales deben tener una relación con lo indeterminado o, lo que es lo mismo,  con aquello que carece de límites. Cuestión contradictoria y muy debatida en el ámbito de la filosofía será la vinculación inquietante entre lo infinito y el vacío, lo ilimitado y la nada que, desde Parménides, será objeto de inevitable controversia, todo lo cual nos muestra que cuando hablamos del infinito, estamos ante mucho más que un mero objeto abstracto o imaginario, y es que esta idea de lo ilimitado acompaña al hombre desde siempre, como lo hace cualquier otro inseparable elemento vital a nuestra conciencia como es el tiempo o la misma concepción de la vida.

                Pero, volvamos a la cuestión del infinito como potencia y actualidad anteriormente enunciada[1]: que n+1, dará siempre un nuevo número (natural) es algo indiscutible, la cuestión es mucho más sutil, sobre todo si lo que tratamos es de saber la posibilidad de qu
Del infinito matemático al poético, Francisco Acuyo
e su infinito sea un hecho factual, no solo sujeto a especulación lógico abstracta. En realidad lo que sucede es que nos enfrentamos ante la posibilidad de un infinito teórico y un infinito real. La infinitud de los mundos de Giordano Bruno era una abstracción imaginable, no constatable factualmente, este ejemplo puede servirnos para adelantar que no tiene nada de particular que en matemáticas el infinito sea una cuestión puramente temporal o teórica (al menos así lo fue hasta el siglo XIX).

                Si el infinito, como ilimitado, es doble[2] (es forma y materia), cuya polaridad se ha asociado al bien (si limitado) o al mal (si es infinito), es interesante resaltar un parentesco con la poesía que no me atrevo a denominar como inaudito (poesía, ciencia de la paradoja),[3] si son las que engarzan con lo telúrico, primigenio, en el que una vez tuvo origen precisamente la lucha de similar dualidad y que también fue reconocida  en la aritmética, si es que esta igualmente hace posible la reunificación del límite y lo ilimitado,[4] y que, a la sazón, se hace extensiva a la misma geometría.

                Como se puede colegir fácilmente, de la cuestión del infinito se deduce también el viejo e irreductible problema de la unidad y la mutiplicidad que tanto juego dio al mismo Platón y a su sabrosa conclusión de que todas las cosas son producto de la heterogeneidad que se encuentra sumada y sintetizada en lo limitado y lo ilimitado, y que del equilibrio entre ambos es posible una estabilidad existencial.

                Volviendo a la cuestión puramente matemática, tenemos que añadir que el infinito actual se dice que solo es posible en el dominio de las matemáticas (y añadimos nosotros, que también en el ámbito de la poesía). Los conflictos y paradojas que acontecen en el territorio de las matemáticas suelen ser violentos y de consecuencias controvertidas y que llevan en muchos casos a la negación del infinito de manera actual[5]. No obstante, en la parte de las matemáticas dedicadas al cálculo (sobre todo al cálculo infinitesimal) lleva a generar confusiones notables que muy bien pueden ser comparables a las que acontecen en el ámbito de la física clásica en relación a la física de partículas (cuántica). Mantienen una exigencias de interpretación muy diversas, no sólo sobre la disciplina de la que tratan (sea física o sea matemáticas), sino sobre el corazón mismo de lo que el mundo y la realidad sean. Insistiremos en este asunto en próximas entradas de este blog.




Francisco Acuyo



[1] Acuyo, F.: Blog Ancile, El ser y la gracia indeterminada del infinito y de la poesía: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/07/el-ser-y-la-gracia-indeterminada-del.html
[2] Plotino: Enéadas, Gredos, Madrid, 1982.
[3] Acuyo,  F: Fisiología de un espejismo, Artecittá, Granada, 2010.
[4] Zellini, P.: Breve historia del infinito, Siruela, Madrid, 2004, p.23.
[5] Véase la sección del blog Ancile, Poesía y matemáticas: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/search/label/Poes%C3%ADa%20y%20matem%C3%A1ticas


Del infinito matemático al poético, Francisco Acuyo

miércoles, 5 de julio de 2017

EL SER Y LA GRACIA INDETERMINADA DEL INFINITO Y LA POESÍA

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos la entrada que lleva por título: El ser y la gracia indeterminada del infinito y de la poesía.



El ser y la gracia indeterminada del infinito y de la poesía.Francisco Acuyo


EL SER Y LA GRACIA 

INDETERMINADA DEL INFINITO Y LA POESÍA






En anterior ocasión hablábamos del antes y el después de lo que fue concluso, terminado, perfecto. Interrogarse sobre el antes y el después de lo que está acabado o acabándose o formándose, es necesariamente interrogarse sobre el infinito. Aquello que se conforma para ser y estar en una estructura es objeto de conocimiento y de cultura. Aquello que no puede delimitarse en pos de una cerrada disposición o armadura definitivas, es una totalidad en movimiento que no concluye, pues es ella la que dinamiza lo que quiere ser y estar como objeto o como libre configuración del espíritu que alienta lo que nunca acaba, porque nunca tuvo comienzo. Es aquel estado de gracia atribuible a lo genuinamente creativo y que Juan Ramón Jiménez identificaba necesariamente con la poesía[1].

                La intuición genial del poeta de Moguer acierta casi de pleno con lo que la poesía es desde su acepción etimológica primitiva: poiesis, que no es otra cosa que la cualidad de la acción referida a la creación desde el espíritu (la mente, el pensamiento) a la materia, pero siendo ésta –la poesía- antes y después de esta última –la materia-. El infinito es enigma, misterio inexcusablemente creativo. Si el infinito no tiene fin ni termino[2], es una cualidad inherente a lo que es la potencia que posibilita el acto mediante el que las cosas llegan a ser.

                Mas tampoco puede el infinito tener principio. Sobre todo si en él está el origen indeterminado y potencial creativo de todas las cosas. Entendamos que este concepto no es necesariamente el de infinito lógico matemático, del cual, por cierto, ya hablaremos con posterioridad, sobre todo porque es susceptible de la sutil diferenciación entre el infinito actual y el potencial.

El ser y la gracia indeterminada del infinito y de la poesía.Francisco Acuyo       La poiesis tiene, a nuestro juicio, una poderosa vinculación con el apeiron (sin límites) del infinito, en tanto que es en él donde acontece lo que sopesamos como cosa o entidad propia de ser medida y dada por consumada en menor o mayor medida, con más o menos grado de perfección. Si toda cosa o es principio o precede de un principio: pero no hay del infinito principio alguno, que sería su límite[3], la poeisis, como indica su sufijo –sis (acción, creativa, añadimos nosotros), es inicial y terminalmente imposible.

                El rasgo de su inagotabilidad es propio de la razón poética tanto como lo es del propio infinito, ya que característica es precisamente la de corriente –vital- infinita[4] inagotable de la que corriente infinita (o también una suerte de evolución creadora[5] que no se agota y no empieza en lugar alguno, y podremos definir en virtud de lo que de esta corriente conclusa podemos medir desde su inicio hasta el final de su construcción. No sucede así con la poesis, ya que participando de aquella inagotabilidad (o infinitud) no es abarcable totalmente, pues está siempre en construcción, o mejor dicho, en proceso de construir, de crear, de fluir o de ser en cualquier estado pensable o impensable.

                No deja de parecernos harto sugerente a la altura de nuestro tiempo que las visiones, concepciones e inquietudes intelectuales de Anaximandro y Aristóteles, en tanto que son principios divinos, inmortales e indestructibles,  casen también con la noción incipiente que estamos dando de la poesía y sus posibles relaciones con el extraordinario y sugerente idea del infinito. Abundaremos más en profundidad sobre esta y otras cuestiones en próximas entradas de este nuestro, vuestro siempre,  blog Ancile.


Francisco Acuyo 



[1] Jiménez, J. R.: El trabajo gustoso, Aguilar, Madrid, 1961, p. 41.
[2] Diccionario de la Real Academia, 23ª edición.
[3] Aristóteles: Física, Gredos,  Madrid, 2007.
[4] Nueva referencia a Juan Ramón Jiménez, esta vez en relación a su Corriente infinita, volumen que recoge buena parte de sus textos críticos y de evocación, véase La corriente infinita, Aguilar, Madrid, 1961.
[5]  Analogía referida a aquella a la que Enri Bergson aludía en: La  Evolución Creadora, Espasa Calpe, Madrid, 1985. 


El ser y la gracia indeterminada del infinito y de la poesía.Francisco Acuyo

sábado, 1 de julio de 2017

LA POESÍA Y EL INFINITO: ¿AL PRINCIPIO DEL FIN, O, AL FIN DEL PRINCIPIO?

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos el post intitulado: La poesía y el infinito, ¿Al principio del fin, o, al fin del principio?


La poesía y el infinito, ¿Al principio del fin, o, al fin del principio?, Francisco Acuyo


LA POESÍA Y EL INFINITO: 

¿AL PRINCIPIO DEL FIN, O, AL FIN DEL PRINCIPIO?



La poesía y el infinito, ¿Al principio del fin, o, al fin del principio?, Francisco Acuyo





La imaginación del infinito cabe decir que no se reduce a un mero juego imaginativo (matemático o lógico). La lemniscata[1] (de lemniscus, cinta colgante) que describe las matemáticas del infinito, puede decirse que ha obsesionado por igual a filósofos, teólogos, artistas, escritores…  Las relaciones con el caos y lo indeterminado (el apeiron o lo ilimitado e indefinido como principio u origen, el –arché-  presocrático –de Anaximandro-), mantiene en muchos momentos inquietantes relaciones con aspectos reconocibles de nuestra realidad cotidiana: Aristóteles hablaba de la infinitud en las divisiones de las magnitudes, del tiempo… y, en matemáticas, es una idea importantísima que se contempla en relación a diversas parcelas de su importante disciplina,  los números enteros, por ejemplo. El infinito aristotélico[2] implica lo incompleto, lo fragmentario, enfrentado a la nada, en tanto que fuera de lo infinito es preciso que haya algo. Lo ilimitado es incompleto, y se muestra evidente en que solo es completo lo que tiene fin.
La poesía y el infinito, ¿Al principio del fin, o, al fin del principio?, Francisco Acuyo                A raíz de estas reflexiones indagaba yo pensando (en fin, con la limitaciones disciplinares y de conocimiento de poeta) en la extraordinaria fuerza expresiva –y poética- del romance –también susceptible de encontrase en el cancionero- tradicional(es), y todo ello en la característica fragmentariedad de tantos y singulares y sugerentes casos recogidos en nuestro rico acervo romancístico[3]. Fragmentariedad que implica un fin abierto, e incluso un incierto principio. A partir de aquí interrogaba lo siguiente: ¿El poema puede ser un fenómeno o un artefacto literario no reconocible dentro de los parámetros genéricos de nuestros estudios literarios, sobre todo a tenor de esa ruptura, por otra parte, seguida fielmente hasta nuestros días por grandes poetas (y aun con la supuesta la superación teórica de todos conocida en muchos aspectos argumentales), con la poética aristotélica y su noción de fábula y unidad de acción, que exige que su discurso sea entero, completo, con su principio, medio y fin [4] y por tanto sujeto al límite de dichos presupuestos. Mas ¿es ocasional ese carácter fragmentario en la poesía y reducible a unos casos muy concretos, como es el de los romances –reconocible también en nuestro cancionero tradicional-?

                Al margen de los estudios sobre géneros (abundantes y muy completos en algunos casos) señalando o clasificando a la poesía como un género especial, diríase que la infinitud  está no solo en la presunta fragmentariedad o final abierto o sin final, a veces incluso sin un  principio claro de referencia, tan importante para muchos poetas y estudiosos del fenómeno poético, puede parecer igualmente incompleto por no hallarse referencias claramente objetivadas y, por tanto, ajeno a alusiones  de origen o principio. Mas si seguimos indagando en otros aspectos también nos hace intuir que la poesía es una forma de expresión artístico lingüística harto especial, incluyendo el manejo desviado del lenguaje al uso común[5] y que también tiene su función expresiva -e impresiva, disculpen el extravagante apelativo, de la que hablaremos más adelante- y de la que dimos cuenta en algunos aspectos en otras ocasiones[6], al lector se le deja un margen de interpretación tan amplio que muy bien puede tener tantas interpretaciones como potenciales lectores.
                La poesía más genuina (según los más exigentes lectores e intérpretes, eximios poetas muchos de ellos, véase a Juan Ramón Jiménez), viene a tener su fuente más extraordinaria en la visión unitiva de los poetas místicos. Cuando San Juan de la Cruz decía: Su origen no lo sé, pues no lo tiene[7] […] acaso estaba ya planteando una singular y poética definición de infinito, si es que el infinito es posible atrás y delante de lo que es completo y limitado.
                Cuando Juan Ramón Jiménez distinguía la literatura[8] (como algo concluido, cerrado, perfecto) de la poesía, lo venía a hacer distinguiendo a esta última como expresión de lo inefable (es decir, inacabado, indeterminado, abierto siempre), lo cual nos está proyectando a la idea del infinito, cuya característica esencial, decíamos, es la de no realizarse definitivamente nunca. Rasgo este de capital importancia en cualquier caso para contrastar la naturaleza de la poesía en diferencia con otras artes de escritura, si es que en verdad la poesía es: la profundidad insondable, el sentimiento verdadero de lo que no tiene fondo[9]. Abundaremos sobre esta noción poética de infinito y su potencial parentesco con la idea filosófica y matemática de infinito, eso será en nuevas entradas de este blog Ancile.


Francisco Acuyo





[1] Símbolo introducido por  John Wallis y descrita por el matemático Jakob Bernoulli.
[2] Aristóteles: Física, Gredos, 2008.
[3] Menéndez Pidal, Ramón: Flor nueva de Romances viejos, Espasa Calpe, Madrid, 1985.
[4] Aristóteles:  Poética, Gredos, Madrid, 2010
[5] Jakobson, R.: Lingüística y Poética, Cátedra, Madrid 1981.
[6] Acuyo, F.: en Ancile; Roman Jakobson: Sobre lingüística y poética,: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2010/10/roman-jakobson-sobre-linguistica-y.html
[7] San Juan de la Cruz, Poesía,: Cantar del alma,  Monte Carmelo, Burgos, 1951.
[8] Jiménez, Juan Ramón  El trabajo gustoso, Aguilar, 1961, p. 39.
[9] Ibidem, p. 40.




La poesía y el infinito, ¿Al principio del fin, o, al fin del principio?, Francisco Acuyo

martes, 27 de junio de 2017

EPÍLOGO A LA CUESTIÓN DE LA BELLEZA EN LA REALIDAD Y LA REALIDAD EN LA BELLEZA

Conclusión sobre la belleza y su incidencia en la realidad, y viceversa, en la sección, Pensamiento, del blog Ancile, bajo el título de: Epílogo a la cuestión de la belleza en la realidad y la realidad en la belleza. 




Epílogo a la cuestión de la belleza en la realidad y la realidad en la belleza. Francisco Acuyo





EPÍLOGO A LA CUESTIÓN DE LA BELLEZA 

EN LA REALIDAD Y LA REALIDAD EN LA BELLEZA








La complejidad del mundo y la interacción inexcusable de nosotros –entidades vivas- con la realidad y naturaleza del mismo, a día de hoy es algo incuestionable. Que la realidad –física, material-  crea la conciencia (desde la óptica de la biología, es un epifenómeno del cerebro) es una concepción sobre la que la ciencia, hasta el siglo XX, nunca mantuvo discusión alguna. Hoy sabemos que la cuestión no es tan simple, y que muy bien puede ser al contrario, y que la conciencia pueda crear o influir en lo que la realidad sea, no es una idea en modo alguno descabellada. No es que yo me incline por un antropocentrismo irreflexivo (regido por el famoso y harto controvertido principio antrópico), más bien al contrario, tal vez la conciencia no sea en modo alguno patrimonio exclusivo de la estirpe del hombre. De hecho puede que el enigma de la conciencia sea en realidad un hecho inequívoco e incontestable que se presenta en el mundo y que ofrece a aquella, a la conciencia, como una incógnita y enigmática existencia que en la naturaleza se manifiesta con la misma contundencia a como puedan ofrecerse las características o propiedades más incontestables de la materia (la masa, la carga, la gravedad …. a través de las cuatro fuerzas o interacciones primordiales de la misma[1]).

Epílogo a la cuestión de la belleza en la realidad y la realidad en la belleza. Francisco Acuyo                En cualquier caso nos parece oportuno tener en consideración una fundamental distinción entre conciencia y pensamiento. Sobre todo porque el pensamiento es la manifestación condicionada de nuestro ego, el cual acaso no hace sino desvirtuar, a través de su visión prejuzgada de sí y del entorno, la realidad a la que aspira la conciencia como capacidad uniabarcadora, totalizadora u holística de entendimiento. La memoria y su fundamento temporal no deja entrever la realidad total –e intemporal- a la que aspira la conciencia y que tiene como primordial singularidad la potencialidad del ejercicio creativo, el cual aspira a la generación de lo nuevo, y por tanto lejos del anhelo de ser algo y de alargar la duración de esa memoria condicionada que caracteriza al yo.

La percepción de la belleza y su valoración singular se viene a manifestar también en el ejercicio creativo (y en el reconocimiento de lo bello en la naturaleza), pues  vincula nuestra conciencia a la atención precisa para reconocer nuestro condicionamiento y manipulación psicológica, y en este darse cuenta, posibilitar el acceso a la realidad de lo nuevo, de lo bello e intemporal. Hablamos de una conciencia libre, no obligada por lo prejuzgado de la memoria y el pensamiento y del juicio y que invita a la nada, la nada que será primordial ya que de ese vacío es de donde sólo puede surgir la verdadera creación  y la más sublime capacidad –intuición- para el reconocimiento de la belleza. Si estamos atentos a la verdadera naturaleza de nuestro pensamiento –separador siempre, proclive al dolor y sufrimiento, que el tiempo y espacio propician-  constatamos la realidad de la conciencia –siempre unitiva- ,y desde la que será posible la obtención y la contemplación de la belleza, la verdad e incluso el amor genuino.

                Si en lo que la realidad sea tiene mucho que ver la conciencia (seguimos manteniendo las tesis cuánticas de la estructura y origen de la naturaleza), ¿es el tiempo y el espacio supuestas realidades creadas por la conciencia? ¿O sería más correcto decir que son creados por el pensamiento? Si atendemos a la cuestión de la belleza como ejercicio creativo y portador de verdad no parece que pueda tener continuidad y por tanto estar sujeta al tiempo, si es que en verdad es apreciada en cierto modo siempre de manera nueva, como si el que está embelesado por el objeto bello hubiese muerto y renacido a aquella verdad plena y llena de belleza, perpetuamente.




Francisco Acuyo




[1] Fuerza gravitatoria, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil.

Epílogo a la cuestión de la belleza en la realidad y la realidad en la belleza. Francisco Acuyo

viernes, 23 de junio de 2017

REALIDAD, REALIZACIÓN Y CREATIVIDAD

Cerramos en primera instancia las reflexiones sobre la belleza y la realidad, con la entrada que lleva por título: Realidad, realización y creatividad, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile.



Realidad, realización y creatividad, Francisco Acuyo





REALIDAD, REALIZACIÓN Y CREATIVIDAD







Prosiguiendo con las reflexiones sobre el concepto y valor de la belleza expuestas en anteriores ocasiones, y emparentadas con la visión y la comprensión de lo que la realidad sea, pueden alcanzar su punto culminante cuando cuestionamos la realidad física del mundo sin la implicación de la consciencia. Recordemos el inquietante dibujo de John Wheeler[1], mientras decía: Mirar atrás  ”ahora”, ¿da realidad a lo que ocurrió “entonces”? La visión autorreferencial de lo que existe (y ha existido) y que en cierto modo existirá[2], es sin duda muy desconcertante. Cuando Antonio Machado exponía en sus proverbios: El ojo que ves no es // ojo porque tú lo veas; // es ojo porque te ve.// proclama una extensión no menos inquietante de la realidad que puede enfrentarla con la lógica de andar por casa de muchos.

Realidad, realización y creatividad, Francisco Acuyo
                Cabría preguntarse a estas alturas de nuestras diversas exposiciones, si la belleza sería sin la conciencia, y me refiero no ya al producto bello del arte, la literatura… sino también aquello que en la naturaleza es hermoso singularmente (ineludiblemente gracias a la misma conciencia). Interrogante que, como vimos, se hace extensible al concepto mismo de realidad. Se ha dicho que el efecto estético de los objetos es siempre debido al valor emocional de la conciencia en la que tales objetos existen[3], o lo que viene a ser lo mismo ese valor al objeto de lo bello es atribuido mediante una proyección que es el fundamento de la objetividad de la belleza y que, sin embargo, puede suponer una vía de liberación del yo (que prejuzga) para la contemplación sublime y total del mundo. Es inevitable encontrar parecido y analogía con la visión cuántica del mundo.

                La materia, la forma la expresión de la belleza tienen un sentido que acaso emparenta con el mismo mediante el que se construye la realidad del mundo –como una entidad física y material-  y que, no obstante, reside en la conciencia. Si analizamos su constructo constatamos que estamos ante la fisiología de un espejismo[4], por lo que acaso aquella, la belleza, digo, sea algo indescriptible en última instancia, como también pueda serlo la misma naturaleza. Si el sentido de la belleza radica en su realización, acaso el mismo sentido de la vida, del mundo sea también la realización de los mismos. Esto exige una contemplación diferente del mundo y de nosotros mismos como una enigmática unidad en la que existe una totalidad (¿consciente?) que se expresa en un orden implicado[5] para su realidad o lo que es lo mismo, su realización. Realidad o realización que no deja de ser sino una implicación creativa siempre en marcha.

                Este reconocimiento de la totalidad del mundo (sujeto y objeto) elimina la dualidad y el inevitable conflicto que siempre conlleva. Por eso la aspiración a la belleza (como el anhelo  al entendimiento último de las cosas) es sin duda el fin más excelso al que pueda aspirarse. La idea de la perfección subyace en ella y al tiempo es una garantía de la armonía y conformidad del espíritu y la misma naturaleza.



Francisco Acuyo





[1] John Archibald Wheeler (1908-2008), físico teórico cuyas aportaciones a la física de partículas son de una gran importancia.
[2] El principio antrópico fuerte (en cosmología este principio establece que tiene que ser consiste con la misma existencia de la conciencia humana) participa de esta visión.
[3] Santayana, G.:El sentido de la belleza, Tecnos, Madrid, 199.  p. 181.
[4] Acuyo, F.: Fisiología de un espejismo, Artecittá, Granada, 2010.
[5] Concepto extraído de David Bohm de su libro imprescindible, La totalidad y el Orden Implicado, Kairós, Madrid, 1992.




Realidad, realización y creatividad, Francisco Acuyo

miércoles, 21 de junio de 2017

EL SUEÑO DE LA MATERIA, Y LA MATERIA DE LOS SUEÑOS, AL ALBUR DEL ENTENDIMIENTO DE LA BELLEZA

El sueño de la materia y la materia de los sueños, al albur del entendimiento de la belleza, es el título de la nueva entrada para la sección, Pensamiento, del blog Ancile.


El sueño de la materia y la materia de los sueños, al albur del entendimiento de la belleza, Francisco Acuyo




EL SUEÑO DE LA MATERIA, 

Y LA MATERIA DE LOS SUEÑOS,

AL ALBUR DEL ENTENDIMIENTO DE LA BELLEZA







Bien, verdad y belleza, y esta última, emblemático símbolo de la perfección divina, se dice que son manifestaciones de la realidad más subida, completa y excelente. Nadie podría discutir que aquellas manifestaciones susceptibles de belleza artística, literaria o natural no sean una realidad evidente de nuestro mundo (paradójicamente unidas al dolor y al sufrimiento).

                Hablamos reiteradamente de la conciencia y el proceso de creación y percepción de lo bello[1], como imprescindible requisito para su entendimiento (también apuntábamos que acaso para la compresión de la realidad de la misma naturaleza[2]); será ahora interesante reconocer que la verdad (cuando es belleza), si pierde su carácter utilitario extrema su condición intuitiva, visionaria incluso, y eleva aún más su carácter sublime de belleza.

El sueño de la materia y la materia de los sueños, al albur del entendimiento de la belleza, Francisco Acuyo                La fruición de lo bello, también lo adelantábamos anteriormente, es un deleite que no solo es puramente sensitivo, si es que, como decía Santayana, el alma se alegra de olvidar su conexión con el cuerpo[3], por eso, más allá de su desinterés, universalidad, es interesante centrar la atención sobre su capacidad de ofrecerse como realidad independiente, como objeto, y todo esto a pesar de ser un valor que necesita de la sensibilidad y, sobre todo, de la conciencia para ser en sí mismo. Contradicción aparente que nosotros emparentábamos con la de la realidad misma de la materia, según los tratados de la ciencia física de lo infinitamente  pequeño,[4] donde la observación es de capital importancia para la percepción y entendimiento y realidad de la materia, todo lo cual pone en serio cuestionamiento  la razón convencional (sentido común) mediante la que organizamos el caos de nuestras sensaciones, haciéndose precisas las distinciones de sustancia y cualidad de aquello que tratamos de recabar sobre su realidad o apariencia. El fenómeno de la sinestesia nos puede servir como muestra de esta contradictoria manera que tenemos de discernir unos estímulos de otros en virtud de los objetos percibidos y las sensaciones acústicas, ópticas, olorosas… que acaban por entremezclarse y que, si producen el efecto de la belleza, hemos de reconocer su valor emocional o ideal de la misma.

La materia de lo bello se detecta en el color, en el sonido, en el aroma…, decíamos, mas también en la desconocida sustancia del amor, en la formas susceptibles de valor estético y que pueden apreciarse bajo formas geométricas, como también en la simetría, en la variedad de una unidad repetida o en una determinada uniformidad… Pero ¿y lo material de todas las cosas, puede ser también bello? ¿Y de ser así, participan estas de los valores de conciencia necesarios para su reconocimiento como realidad y, sobre todo como realidad susceptible de considerarse bella?

La naturaleza de la conciencia, aun siendo fundamental para el reconocimiento de la realidad de lo estrictamente material y de lo no menos extraordinario como es lo  bello, parece resistirse a una explicación completa de la misma, incluso llegando algunos a negar la posibilidad de ser computable[5]. El caso es que los estudios de estética han influido sobre quien con toda modestia hace estas exposiciones como una vía de conocimiento y explanación de la realidad de lo mundano en estrecha vinculación con el valor de la belleza, con la conciencia, aunque todo lo cual conlleve en muchos momentos a esa disonancia cognitiva de nuestro hacer y crear libres, enfrentados a una realidad física –supuestamente determinista- altamente cuestionable, sobre todo si aceptamos los presupuestos estéticos y los de apreciación consciente de la realidad como algo conformado por nuestras mismas conciencias.

La naturaleza de lo que entendemos como realidad es algo que en modo alguno está todavía resuelto: la realidad física sin la realidad de la conciencia parece resultar, más que un imposible metafísico, un inverosímil material y físico. Indagaremos sobre estas cuestiones en próximas entradas de este blog.


Francisco Acuyo



[1] En Ancile: De las propiedades de lo bello y la realidad de lo observado: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/06/de-las-propiedades-de-lo-bello-y-la.html
[2] En Ancile: Cuando la realidad es belleza, y la belleza realidad: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/06/cuando-la-realidad-es-belleza-y-la.html
[3] Santayana, G.: El sentido de la Belleza, Madrid, 1999, p. 50.
[4] Nos referimos a la teoría cuántica, claro está.
[5] Roger Penrouse llega a negar la posibilidad de una inteligencia artificial fuerte. Véase La nueva mente de emperador, Mondadori, Barcelona, 1999. 



El sueño de la materia y la materia de los sueños, al albur del entendimiento de la belleza, Francisco Acuyo

martes, 20 de junio de 2017

RAZÓN Y SIN RAZÓN DE LA REALIDAD. ¿ES IRRACIONAL LA BELLEZA?

Lo racional o irracional en el mundo de lo real y de lo bello, en la sección, Pensamiento, del blog Ancile, y todo bajo el título: Razón y sin razón de la realidad ¿Es irracional la belleza?





Razón y sin razón de la realidad ¿Es irracional la belleza?, Francisco Acuyo


RAZÓN Y SIN RAZÓN DE LA REALIDAD.

¿ES IRRACIONAL LA BELLEZA?







Los resultados que se derivaron de múltiples experimentos realizados sobre la estructura íntima de la materia, vinieron a dejar claro que es imposible una descripción razonable de nuestro mundo,[1] es decir, de una realidad objetiva –separada de la observación- del mismo. Parece que las potencias físicas no tienen por qué ser necesariamente las que incidan (aisladamente de potenciales observadores) en su conexión en diferentes eventos y en lugares infinitamente distantes. Es evidente que la extraña conectividad cuántica rompe los patrones del sentido común.

                A menudo he podido constatar una análoga manera a la contemplación cuántica del mundo de entender el mundo a través del valor de la belleza (aun cuando muchas veces, en sus variadas representaciones, puede tener un marcado carácter simbólico), y es que se caracteriza la apreciación estética por una conexión no siempre racional (si no intuitiva) a la hora de establecer sus vínculos con la realidad de los que son sus objetos de belleza. La vinculación es intemporal y muchas veces universal –arquetípica- y perfectamente reconocible por muy diferentes culturas. La realidad de lo bello no necesita la objetivación física para ser real y reconocible. La inducción científica (que deduce de lo particular lo general) produce problemas lógicos que acaso son superados –irracionalmente- por la valoración de la conciencia de lo bello (que, por cierto, no tiene por qué ser consciente). Más fue a partir de la reflexión sobre la belleza que por la indagación de los planteamientos extraños de la mecánica cuántica en cómo funciona la naturaleza, como llegue a plantearme la interrogante hoy en la ciencia de la física ampliamente extendida ¿Es la consciencia –en su más amplio sentido- el fundamento vinculador, incluso creador –instantáneo- de lo que acontece en el mundo?

Razón y sin razón de la realidad ¿Es irracional la belleza?, Francisco Acuyo                Cuando científicos de muy diversas disciplinas con tal de dejar de lado el impacto de la conciencia en la realidad del mundo, hablan de las estructuras de la materia como si fuesen modelos carentes de realidad física (que no matemática), se pone en evidencia el terror de acudir al elemento de lo consciente como fundamento de la realidad de la naturaleza.

 El universo participatorio de Wheeller, qué bien casa con el mundo de los valores de lo bello, amén de participar de la potencial realidad de lo que somos y nos rodea, y que invoca necesariamente al dominio de los significados, y que nos hace plantearnos cuestiones como, ¿qué significado tiene la belleza? ¿O cuál es el de la extraña realidad de un mundo material que se sostiene en virtud de si es o no observado? Nos parece inevitable esta interrogante, sobre todo si, como a algunos nos sucede, somos partícipes de la necesidad de construir la realidad (poética, creativa) desde la necesidad de libertad, si es que en verdad queremos hacer algo nuevo, genuinamente distinto y único y que por ende sea susceptible de ser bello. A tenor de este planteamiento, Mi conciencia o percatación de la realidad de la belleza debe de ser libre, aun cuando existan convenciones implícitas sobre lo que es o no bello. Es algo en verdad enigmático que la realidad (cuántica) tenga que pasar también por un proceso similar en tanto que la conciencia afecta a la misma realidad de lo que observa y, no obstante, no puede ser una visión totalmente determinista o mecánica, por lo que la cuestión de la conciencia y el libre albedrío son de capital relevancia, y es que tanto en el ámbito de la belleza como de la realidad cuántica se ponga de manifiesto la duda de la misma causalidad, en tanto que los observadores que experimentan cambian la realidad en virtud de su libre acción en la observación que llevan a cabo.

                ¿Qué es el valor de la belleza, o, mejor, en qué se fundamenta? Berkeley señalaba en relación a la misma realidad –bella o no- su esse est percipi[2], ya que es por qué es percibido, y quiere que esa percepción objetivamente dure. Ahora bien, ¿esta percepción consciente es un epifenómeno de un órgano (el cerebro)  basado en su estructura electroquímica (material)?

El universo de lo subjetivo no parece del todo descriptible a través de los habituales correlatos neuronales. De hecho, la admisión de que realidad de lo consciente ejerce su influencia en la realidad física nos habla de otra realidad fáctica tan evidente como puede serlo la constate espaciotiempo, la carga, la masa…, claro está que nos referimos a la conciencia.[3]

La percepción y valoración de la belleza es una de las maneras más intrigantes de confirmar la conexión entre el mundo supuestamente separado, de lo objetivo (material), y el universo de lo interior o subjetivo, que a todas luces parece ser la forma más cercana a la verdad de cómo el mundo de la realidad se conforma. El equilibrio, la proporción, la simetría… son propiedades que la belleza exhibe y que nos habla de una realidad valorada por una conciencia sensible –consciente- a la singularidad que lo bello encierra. Reconocida la verosimilitud de ambas realidades (la de lo perceptible cotidiano materializado para nuestra conciencia, y la de lo hermosamente conseguido para gozo y elevación de nuestro espíritu a través de la belleza), podemos asentar el hecho de que hay diversas maneras de realidad, pero que todas tienen el nexo común de la conciencia.

La realidad de lo bello es la realidad de la conciencia (que valora y se estimula en dichos valores), mas,  ¿también la realidad de lo físico objetivo es posible en virtud de la realidad de la conciencia? Cuestión harto debatida y sin respuesta definitiva por parte de la ciencia de lo infinitamente pequeño (teoría cuántica), y que a mí me ha hecho reflexionar sobre la importancia de la conciencia como factor capital a la hora de dar forma y materia a los valores de la belleza expresos en la obra de arte y en el reconocimiento de dichos valores en la misma naturaleza. Seguiremos indagando en otras entradas sobre este asunto, a mi juicio, del todo fascinante.
               


Francisco Acuyo

               




[1] Rosenblum, B. y  Kuttner, F.: El enigma cuántico, Tusquets, Barcelona, 2010.
[2] Ser es ser percibido.
[3] Rosenblum, B. y  Kuttner, F.:, p.217.




Razón y sin razón de la realidad ¿Es irracional la belleza?, Francisco Acuyo