jueves, 5 de septiembre de 2019

QUEDA TU SOMBRA, DE ENRIQUE VILLAGRASA


Para la sección, Noticias, del blog Ancile, traemos las dos primicias poéticas del poeta y amigo Enrique Villagrasa González,. En esta primera entrada damos cuenta del libro titulado, Queda tu sombra, editado por Huerga & Fierro, para su colección La rama Dorada, de poesía; con tres  poemas de muestra del excelente quehacer poético de su autor les dejamos en esta entrada.







ENRIQUE VILLAGRASA GONZÁLEZ 


ENRIQUE VILLAGRASA GONZÁLEZ nació en Burbáguena (Teruel), en 1957.En la actualidad reside en Ta­rragona. Periodista y lector de poesía.Ha escrito diversos libros de poemas. Ha sido incluido en varias antologías y están traducidos algunos de sus poemas a otros idiomas:al árabe por Khalid Amraniy; al francés por Belén Juárez y por Geneviéve Baudry; al italiano por Emilio Coco; al húngaro, por Szijj Mária; al inglés por Rosa Lafuente; al ruso por Tatiana Mamaeva; al chino por Huaping Han; al rumano por Elena Liliana Popescu; al croata por Zeljka Lovrencic; y al portugués por Joáo Rasteiro y Carlos Castilho Pais. Colabora como crítico en Librújula, librujula. com, Tuna y Alhucema. Su última publicación es Queda tu sombra (Huerga&Fierro, 2019). Incluido en la Antolo­gía de poesía aragonesa del siglo XXI (Parnaso 2.0, Gobier­no de Aragón, 2016)












EL POETA VIVE HOY EL DRAMA DE LA PALABRA POÉTICA

A Kepa Murua
Poeta y lector: esta es la esencia del quehacer demiurgo.
La relación con el otro: contigo que estás leyendo.
No te conformes lector con la expresión del sentimiento,
ni del pensamiento; sino reconoce la fuerza de la palabra:
la intensidad de ese gesto con proyección de futuro.
La poesía es hoy más necesaria que nunca;
pero, sin respeto por el lenguaje no habrá poesía.
El poeta vive hoy el drama de la palabra poética 
en el gran teatro de la cotidianidad humana.
Eres poema un espacio de verdad. De verdad interior: 
entre el lector y el poeta, ambos coautores de la metáfora.
Y la poesía es lo que es: zarza ardiendo.
Y tú, poeta, extraño en tu tierra: aislado.
Tu ser minoritario, no quiere vivir entre imágenes.
Buscas la encarnación de la presencia.
Temor y temblor: presencia en la ausencia.
Poesía. El futuro es el gran desconocido.




La poesía camina
por el querido arrabal
hasta la extraña puerta
de tu casa y la mía.
Trae dolor y muerte, 
también exilio y locura. 
Peregrinaje sombrío.

El eco te repite
que poesía no eres tú.
Vacío, abismo, nada. 
Entrañas quemadas 
por dura escultura 
tras la metáfora ida
de la otra voz poeta,
marginal y subversiva.

Cosmovisión de la extrañeza
en un viaje sin fin
por estos y otros versos
femeninos, no dictados: 
agonía patriarcal 
en la diáspora oscura.






DUDA LA DUDA


A Nacho Escuín



Duda la duda Duda la duda, el verbo se suspende,
lucha la narración y el temor junto, 
viendo que al escribir falta la forma.

Mas cuando logra ser del poema entiende,
escríbase, nos dice; tras el punto
el mismo poeta en gesto se transforma.

Cumbre de tu belleza, más sagrado
que el Zohar nos enseña, mas camina;
tan pergeñado con mano divina
que siendo propio por verso tratado:

página de su libro celebrado,
de la posverdad que virtud declina;
 y vaso que llenaste en nuestra tina 
del vino Somontano festejado.


Enrique Villagrasa


De Queda tu sombra








lunes, 2 de septiembre de 2019

EL PROBLEMA DEL MAL EN EL MUNDO


Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traigo un fragmento de un texto todavía inédito, que pronto se publicará íntegramente, y que forma parte del que lleva por título: El problema del mal en el mundo.

El problema del mal en el mundo. Francisco Acuyo






 EL PROBLEMA DEL MAL EN EL MUNDO




Ni Dios, ni el más allá. Si esto es así, ¿de qué quejarse.
Las cosas no tienen ni intención, ni sentido, ni lenguaje.
No son en sí mismas ni buenas ni malas,
son lo que son y nada más. ¿Dónde está el mal?

J. Guitton
Mi testamento filosófico



                Si hubo algo realmente de utilidad vital y de interés existencial que aprendí del discurso filosófico racional, a través de los siglos de pensamiento –occidental- fue, sin duda, afrontar (o al menos intentarlo)  la idea de Dios  y la idea del mal, para distinguirlo del problema del mal. La ausencia de Dios y de sentido tenía una salida heroica (Niezstche) para dar sentido al devenir existencial. En cualquier caso, la persecución y búsqueda de la felicidad, con o sin sentido heroico, es una fuente continua de desagracia e infelicidad, no hace falta acogerse a un razonamiento oriental –budista- del asunto para ver el asunto con claridad[1].

                No nos queda, inferimos, más remedio que aceptar el problema del mal sólo si Dios existe. Sin esta idea es imposible racionalmente aceptar que existe tal problema y que en consecuencia nos lleva a la interrogante, por cierto, bastante peliaguda, de por qué Dios nos deja ser desgraciados con tanta frecuencia […][2] Es claro que el problema del mal tiene que ser consecuencia necesaria de que Dios existe.
El problema del mal en el mundo. Francisco Acuyo

                Es claro que aquí no planteamos una resolución del problema del mal, sino una constatación obvia de que este no sería una realidad sin la realidad no menos evidente de Dios. La respuesta al problema es una cuestión diferente. ¿Qué clase de  Dios hace admisible el genocidio o el sufrimiento de inocentes? Esta dramática interrogante parece claro que no acaba de encontrar humana respuesta. En una dialéctica plenamente racional que ha de desembocar necesariamente en mi incapacidad para dar respuesta y, por tanto, la de mostrar mis carencias para entender el problema. Sólo cabe la rebelión ante una realidad incomprensible que un Dios (no menos entendible) ofrece para ¿miseria?  de todas las criaturas.

                Desde luego el planteamiento gittoniano es revelador para caer en la cuenta de que el ateísmo no puede ser origen del mal mismo, ni siquiera de la duda. Como decía al inicio, el mal, el sufrimiento, el dolor… sea acaso la piedra de toque no solo de la fe, también de la propia razón y, desde luego, veremos, que de la idea y realidad misma del amor. Para esto quizá haga falta no sólo una nueva manera de pensar, de filosofía, también de ciencia, una nueva forma de afrontar y aceptar los límites de una y otra manifestación de razón ante las grandes cuestiones.

                Soy poeta. Para mí, la poesía ha sido una de las vías de elocuencia e indagación más poderosas para arrostrar, confrontar, sufrir y superar la incertidumbre de las grandes cuestiones que la razón y el concepto no han podido responder y llenar mi corazón y mi mente y, por qué no, mi espíritu desdichado, fugazmente dichoso, que aspira humildemente a entender el mundo, que será entenderme a mí mismo.

                Verán en seguida que este inciso no es inoportuno. El sufrimiento requiere el alivio de algún sentido. Es obvio que la poesía lo es. Pero acaso no por lo que, de consuno, muchos imaginan. Tiene que ver, sin embargo, con la libertad, el amor (del que avisábamos antes) y, sobre todo, la creación. [...]




Francisco Acuyo



[1] El origen de todo sufrimiento, según el budismo, radica en el apego y el deseo, o lo que es lo mismo, lo que consideramos, acaso sin mucha reflexión, que puede hacernos felices.
[2] Guitton, J.: Mi testamento filosófico, Ediciones Encuentro, Madrid, 1998, p. 98.




El problema del mal en el mundo. Francisco Acuyo


martes, 27 de agosto de 2019

NIHILISMO, VACÍO Y REALIDAD

Cerramos la temática sobre el concepto de realidad aludiendo muy brevemente a la idea de vacío (nada), con el post titulado: Nihilismo, vacío y realidad, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile.


Nihilismo, vacío y realidad,  Francisco Acuyo





NIHILISMO, VACÍO Y REALIDAD



Si anteriormente hacía referencias al concepto de vacío (o nanidad) en el pensamiento oriental, como singular alusión por la importancia que en dicho pensamiento identifica, ahora debo también expresar que,  quizá una de las razones primordiales por la que no fructificó en occidente fue por su carácter –¿aparentemente?- nihilista; la inadvertencia de Dios en su presupuestos, hubo de verse avocada a un repudio y ostracismo indudables en nuestro acervo intelectual. Sin pretender entrar en esta visión de la nada oriental (cosa que ya hicimos en otras entradas al respecto), sí diré, para los lectores interesados en abundar sobre la realidad de aquella, en la importancia que mantiene en sus filosofías (en algunos casos muy diversas), por lo que acudir a alguna lectura sobre esta temática sin duda resultará complemento nada desdeñable a lo ya, con toda modestia, aportado en estas páginas sobre el concepto de realidad. Señalar, no obstante que figuras como Leibniz se interesaron en estas filosofías, aunque sin aceptar la visión ex nihilo de los presupuestos de algunos textos orientales llegados a sus manos (véase su visión sobre el I Ching –o Libro de los Cambios- y sus reflexiones sobre el lenguaje binario), por lo que la distancia entre nuestros pensadores es grande, a no ser por la vertiente mística de algunos autores señalados en la anterior entrada.
Nihilismo, vacío y realidad,  Francisco Acuyo


                La revolución newtoniana (en cosmología) que reconoce la realidad incuestionable del vacío, si este es  reconocible en los inmensos espacios siderales entre unos y otros asterismos, a la postre supondría la aceptación de la nada en la ciencia moderna. Pero también hemos de señalar que junto al nihilismo atribuido al pensamiento oriental respecto al vacío, habría de surgir de esta visión cosmológica, mecánico newtoniana del vacío sideral, aún un más ferviente nihilismo hasta nuestros días, hijo del pensamiento occidental más genuino, y que habría de abrir, no obstante, una vertiente de pensadores que lo rechazaría desde una óptica personal y anímica, precisamente por el cariz de hondo pesimismo que aparentaba (Voltaire y Hume como acaso más preclaros ejemplos de esta postura de rechazo).

                En la actualidad la realidad del vacío es incuestionable (en física y, sobre todo en la física de partículas), aunque contenga intrínsecamente un carácter en verdad paradójico, cuando no contradictorio con lo que terminológicamente significa el vacío o la nada, sobre todo si lo conectamos con las viejas teorías de la plenitud, en tanto que todo parece indicar que lo que consideramos materia no es, o mejor, no son más que fluctuaciones del vacío o la nada (por lo que diríase que vacío y materia son caras de la misma moneda); todo parece indicar que estas visiones enraízan con la contemplación y entendimiento místico de la realidad genuina del mundo en no pocas mentes extraordinarias en occidente y desde luego en muchas no menos interesantes y preclaras orientales.





Francisco Acuyo




Nihilismo, vacío y realidad,  Francisco Acuyo


jueves, 22 de agosto de 2019

¿LA (IR)REALIDAD DEL TIEMPO Y LA CERTEZA DE LA INFORMACIÓN?


Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos el nuevo post que lleva por título: ¿La (ir)realidad del tiempo y la certeza de la información? 

La (ir)realidad del tiempo y la certeza de la información?  Francisco Acuyo





¿LA (IR)REALIDAD DEL TIEMPO


Y LA CERTEZA DE LA INFORMACIÓN?



 Cuando tratamos de entender la realidad acudimos a conceptos como espacio (ya hablamos de él anteriormente) así como el tiempo.  La infinitud del espacio en el universo nos hace interrogarnos si este tiene o puede tener la misma naturaleza infinita del espacio. La cotidianeidad inefable del tiempo (según San Agustín), para el matemático tiene un carácter familiar, sustentado aquél como proceso cuantificable, que nos hace entenderlo cual abstracción aplicada al cambio que pueden sufrir las cosas. En cualquier caso, el concepto aplicado a la realidad convencional de nuestras vidas es para casi todo el mundo algo incuestionable.

                El tiempo, como el espacio, son realidades (¿incuestionables, absolutas?) de nuestras vidas cotidianas. Vimos en numerosas ocasiones que esto no responde a la realidad (relativista) de lo que acontece en el universo. No obstante, el límite de la velocidad de la luz parece corroborar la extraña realidad del tiempo (como constante espacio temporal) relativa y no absoluta, y por tanto sujeta a la observación de los viajeros a velocidades cercanas a las de la luz; todo lo cual nos muestra una enigmática forma de realidad que estará sujeta a la gravedad. La curvatura del espacio-tiempo  la certifica la naturaleza y dinamismo de nuestro universo.
La (ir)realidad del tiempo y la certeza de la información?  Francisco Acuyo


                Sin embargo, el origen singular de nuestro mundo (así como la existencia de singularidades como los agujeros negros), nos dice(n) que el tiempo mismo es algo no explicable dentro de las convenciones para medir los cambios en el mundo de los sentidos (o de las mediciones matemáticas de dichos cambios). ¿Había tiempo antes del big bang; o surge este con la gran explosión? En cualquier caso, lo que sí parece permanecer en el ámbito de esa singularidades es la información, aun cuando estas singularidades parezcan que entran en contradicción con la segunda ley de la termodinámica (y la entropía), que es la que hace posible precisamente la dirección temporal por todos reconocida sensorialmente. En cualquier caso uno de los pilares de la percepción de la realidad, cual es el tiempo, es puesto es cuestión por las mismas matemáticas, fundamentales para la descripción de cualquier estructura material y física, porque ellas sí que pueden situarse fuera del mismo para su realización y la explicación de cualquiera realidad física.

                No son pocos los que piensan, no sin fundamento, que aun no pudiendo constatar realidad física alguna (espacio, tiempo, materia…) sí existirían las matemáticas, e incluso podrían ser ellas la causa primera de la realidad física y material del mundo, habida cuenta de lo extraordinariamente bien que explican los fenómenos físicos mediante sus abstracciones. La sensación del transcurso del tiempo no es más que la ilusión (ya lo anunciábamos con anterioridad)  propiciada por nuestra propia ignorancia que, al fin y al cabo se ve alimentada por nuestra falta de conocimiento, y que viene propiciada por nuestra propia conciencia. Será esta, uno de los fundamentos básicos para la comprensión de lo que la realidad sea. Mas, de todo ello hablaremos con detenimiento en las próximas entradas de este blog Ancile.





Francisco Acuyo





La (ir)realidad del tiempo y la certeza de la información?  Francisco Acuyo

martes, 20 de agosto de 2019

LA REALIDAD DEL INFINITO

 Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos el nuevo post que lleva por título: La realidad del infinito.



La realidad del infinito. Francisco Acuyo




LA REALIDAD DEL INFINITO





Tras las indagaciones  llevadas a cabo hasta el momento sobre el concepto, significado  y potencial constatación de la realidad, y habiendo indagado desde ópticas bien distintas sobre su naturaleza y estructura (material y psicológica), hemos de reconocer las innumerables dudas no solo sobre la genuina realidad (si es que posible objetivamente), valga la redundancia, de la realidad, ni siquiera si hemos propuesto las interrogantes correctas para hacer accesible al entendimiento racional su dimensión verdadera (si es que esta también es posible sustanciarla de manera objetiva). Las incertidumbres crecen cuando se nos plantean realidades aún más extraordinarias e inquietantes (sobre todo desde la óptica de las matemáticas – y su contagio a la ciencia física-) como es el caso del infinito –ya hicimos referencia al mismo cuando tratamos también algunos de sus aspectos  en el ámbito cosmológico-. ¿Qué papel juega este en la composición de  lo que la realidad sea?

            Negar la infinitud bajo el prisma de la observación o experiencia sensorial, e incluso desde una lógica de andar por casa, es algo a todas luces muy humano y de fácil comprensión, sobre todo porque el sentido común nos avisa de que todo es transitorio y de que alcanza un fin, después del cual parece que todo se acaba. La cuestión toma un cariz peliagudo cuando desde el ámbito de las matemáticas se demuestra que el infinito es un objeto matemático netamente tangible: …. Él (el infinito) es el que, en su forma superior, nos ha creado y nos sustenta, y en sus formas secundarias transfinitas aparece a nuestro lado por todas partes e incluso habita en nuestras mentes (Georg Cantor). Esta afirmación se magnifica cuando demuestra que incluso había diferentes tipos de infinito, desde el aleph cero, primer infinito, que abriría el cómputo a los sucesivos infinitos. Pero acaso lo más fascinante del mundo de los conjuntos infinitos de Cantor era que no sólo se trataba de  un constructo mental, ya que el infinito actual es algo que está conformando a la propia naturaleza (y en consecuencia estructurando su realidad).
La realidad del infinito. Francisco Acuyo

            Podremos inferir de todo lo anteriormente expuesto que la realidad es algo no sólo difícilmente de constatar, acaso también de definir, ante todo porque las limitaciones de nuestro saber están delimitadas por nuestras fronteras en el conocimiento del mundo, y puede que también por las limitaciones de nuestros propios sentidos que nos impiden acceder a realidades para ellos imperceptibles. Podemos aspirar en este sentido a un conocimiento verosímil de la realidad y lo que en virtud de este conocimiento podemos decir de ella.

            El límite sobre lo que no se puede saber y expresar (Wittgenstein) sobre la realidad acaso sólo se pueda hablar mediante la poesía y las artes creativas y la introspección trascendente, que acaso puedan situarnos en la disposición de entendimiento que aspira a un saber que se articula un paso más allá del discurso conceptual, del juicio lógico (positivismo lógico), de la razón instrumentalista positivo-científica y reduccionista.

            Cualquier intento de entender (¿conocer?) la realidad debe pasar por la búsqueda profunda de explicaciones que deben integrar todas a aquellas entidades que quieren saber de ella, porque todo parece indicar que ellas conforman también una parte fundamental de dicha realidad. Aportaremos algunas nociones de interés sobre la realidad y su conceptualización y sobre su explanación en el ámbito de lo visible (perceptible), pero eso será en próximas entradas de este blog Ancile.





Francisco Acuyo

           
           
           

La realidad del infinito. Francisco Acuyo



jueves, 15 de agosto de 2019

LAS CUENTAS DE LO INCIERTO DE LA REALIDAD


A vueltas con el concepto y realidad de la realidad traemos el post que lleva por título: Las cuentas de lo incierto en la realidad, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile.

Las cuentas de lo incierto en la realidad, Francisco Acuyo


LAS CUENTAS DE LO INCIERTO 

DE LA REALIDAD



 La incertidumbre cuantificada es acaso el legado más inquietante de la física cuántica, o lo que es lo mismo, el principio mediante el que podemos calcular el grado de desconocimiento que tenemos en relación a la propia estructura de la realidad.

                Las matemáticas (probabilísticas) de la teoría cuántica nos han llevado a un punto en el que acaso no sabemos muy bien lo que nos dicen de la realidad. Esta inseguridad plantea un serio desasosiego sobre los fundamentos de lo que en verdad sabemos sobre la base en la que se construye aquello que entendemos como realidad –perceptible-. La cuestión se vuelve aún más peliaguda cuando deducimos que, a escala subatómica, su estructura discreta –cuántica- nos ofrece un espacio más digital que analógico, o lo que es lo mismo, que no tienen una realidad física, lo que nos hace pensar que dicha realidad es sólo producto de la mente –matemática- que los ha descrito y probabilísticamente cuantificado.

                El concepto de realidad a partir de este instante ha de ser profundamente modificado. ¿Acaso es que la estructura de las partículas que fundamentan la realidad no tiene realidad? ¿Es que el mundo subatómico que sustenta el perceptual no existe? ¿O es que sencillamente, la realidad surge de la aproximación del observador que la crea a través de  dicha observación?
Las cuentas de lo incierto en la realidad, Francisco Acuyo

                Cuando la ciencia trata de verificar la realidad material pretende, mediante su método de verificación, explicar por qué el mundo es como es y cuál es el proceso que sigue para ser tal cual parece que  es, mas ahora nos cuestionamos si esto es posible sin valorar el sentido y la significación de aquello que tratamos de explicar. O es que acaso la afirmación de Heisenberg: Los átomos y las partículas elementales en sí mismas no son reales; forman un mundo de entes potenciales o de meras posibilidades, mas que de cosas o de hechos, no tiene consecuencias epistemológicas, ontológicas y filosóficas? Es aquí y ahora donde la palabra creación adquiere unos matices verdaderamente poderosos. Pero, ¿qué significa esto, si es que debe tener algún significado? En cualquier caso la célebre interrogante de ¿por qué hay algo en lugar de nada?, adquiere una nueva dimensión y necesita de un profundo debate que, irremediablemente va afectar a la idea del constructo de la realidad misma.

                Las consecuencias  de lo anteriormente expuesto afectarán incluso a la idea general del universo, su naturaleza y su origen (cosmología), para caer, al final de la cuenta, que hay muchas cuestiones a las  que no podremos dar respuesta (las leyes que rigen actualmente, por qué existen y, no otras? ¿En realidad hubo un origen singular del universo? ¿Hay uno o varios universos? ¿Es infinito o no el universo? La realidad de los espacios siderales es también una gran desconocida, lo que sabemos está basado en lo muy poco que podemos observar (materia luminosa), apenas un 5% de la realidad material y energética que constituye el universo.

                Esta manifiesta incapacidad de saber (no ya todo, al menos una parte sustancial) de la realidad, abre nuevas incógnitas sobre las fronteras que son accesibles a nuestro conocimiento y, por tanto, a saber en qué consiste la realidad, y, otro punto importantísimo, qué papel juegan nuestras conciencias en la realidad de ese mundo. Sobre este y otros aspecto particulares seguiremos indagando en nuevas entradas de Ancile.





Francisco Acuyo

               




Las cuentas de lo incierto en la realidad, Francisco Acuyo

lunes, 12 de agosto de 2019

RECUPERAR EL TIEMPO, DE PASTOR AGUIAR


Para la sección, Narrativa, del blog Ancile traemos otro espléndido relato del escritor y amigo Pastor Aguiar, que lleva por título: Recuperar el tiempo.




 Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar





RECUPERAR EL TIEMPO





Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar




Después de treinta años ausente en los países, fui a ver a Mima. Ya ella rondaba los noventa. Se me arrugó el corazón ante su imagen acartonada y frágil, disminuida la estatura como como si buscara algo oculto debajo de sus pies; pero tan clara de mente, que en pocos minutos recorrimos nuestras vidas de antaño.

_ Una sola cosa quisiera ahora, después que te vi_ Me susurró mirando alrededor.
_ ¿Qué?
_ Ir allá, donde estuvo la finca, nuestra casa, la única que sentí mía hasta el día de hoy.
_ Pero Mima, es muy lejos para tu edad. Sabes que no hay caminos, ni transporte.
_ Claro, lo sé mejor que tú. Sin embargo, es como una sed en el corazón, y sueño cada noche con ese viaje. ¿Me vas a llevar?

Me quedé pensando, me dolía respirar. Yo mismo pasaba de los setenta, aunque todavía saludable. Tendríamos que recorrer más de veinte kilómetros. Los primeros seis por la carretera central, hasta el entronque de Agüica. De allí en adelante diez kilómetros de terraplenes rumbo al barrio de Jacán, donde mi difunto padre me había inscripto semanas después de nacer. El último tramo eran cuatro kilómetros a campo traviesa, hasta un punto ya sin nombre, borrado de los mapas, sin sombra de los bateyes y fincas de antaño.

_ Maldita revolución socialista que nos desarraigó para siempre. Va a ser difícil localizar dónde vivimos. Todo lo buldozearon, no quedó casa ni arboledas. Ni los cañaverales prosperan, según me dijo mi hermano en una carta_ Agregué.
_ A mí no se me va a escapar nada. Cierro los ojos y veo cada mata de frutas, cada techo de la sitiería, hasta la gente a caballo y el olor a café. ¡Júrame que me vas a llevar!
_ No hay que andar jurando, Mima. Prepárate para mañana después de la salida del sol.
Le dije aquello sin estar convencido, pero una vez que escuché mi propia voz, no había marcha atrás.
Poco después del amanecer partimos hacia el parque central del pueblo. Por equipaje llevaba una mochila con varias botellas de agua, pan y café. De soslayo observaba yo los ojitos de Mima, apenas dos ranuras por las que fulguraban como un bando de pájaros, su curiosidad que para mí era dolorosa, pues tenía un sabor a levedad, a cosa irrepetible. Sin embargo, en todo ello, por instantes, había algo de niño, imitando mis escapadas de antaño.
Íbamos a paso de tortugas. Ella reordenaba sus huesos constantemente, mientras con la imaginación corría.


Demoramos casi una hora en llegar al parque, donde a cada rato un cochero gritaba su itinerario a peso. Eran carretones halados por caballos. Al fin alguien que me pareció conocido vociferó.

_ ¡Agüica!
_ Me parece familiar_ Le dije a Mima, que ya se acercaba a la escalerilla del vehículo.
_ Es hijo de Jesús el tuerto, que en paz descanse.
_ Igualito_ Concluí.
Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar


Yo la empujé hacia un banco lateral. Cabían ocho, pero a tal hora nos reunimos cuatro, a dos pesos por cabeza, porque eran seis kilómetros hasta el entronque que ya mencioné hace un rato.

_El problema va a ser allá en Agüica, a ver si la suerte nos acompaña.
_ Ya pasará algo_ Me aseguró ella agarrándose de mi hombro.
_ ¿Hace mucho que no vas a Jacán?
_ Tanto como al lugar donde estuvo la finca Concepción, más de media vida. Desde que te fuiste no he vuelto.
Demoramos casi una hora; muchas veces el coche se tenía que salir al costado de la carretera central por los pitazos de algún camión repleto de gente.

Por suerte, a los pocos minutos de espera en el entronque, se apareció un tractor halando una carreta vacía, al parecer caído del cielo.

_ Eh, amigo, ¿nos puede llevar? ¿Hasta dónde llega? _ Le grité al tractorista.
_ Hasta Jacán no paro, que me coge tarde.
_ ¡Ni mandado a buscar; espere un momento para acomodar la vieja!
De inmediato icé a Mima como si fuera de papel, y la acomodé en el piso de tablas, pegada a una de las estacas laterales.
_ ¡Dale!

El terraplén era un rosario de baches, y tuve que sostener a mi madre para evitar que fuera despedida contra la cuneta.

_ Todo se ve pelado; antes te encontrabas con un caserío a cada paso. Ya ni los pájaros vuelan por aquí_ Iba diciendo Mima con voz entrecortada por las sacudidas.
_ ¿Y Jacán, seguirá como siempre? _ Pregunté.
_ Bueno, me han dicho que el poblado ha crecido con los que se fueron mudando por causa de las intervenciones de sus tierras, aunque ya no hay notaría, como aquella donde tu padre te inscribió. El cementerio sí está igual que siempre, con Máximo el llorón de sepulturero.
_ Debe estar más viejo que Matusalén_ Comenté.
_ Imagina que es casi de mi edad, y dicen que los ojos le lloran todavía.

Máximo era un hombre solitario, célibe de por vida, cuyos ojos lagrimeaban constantemente; ni pestañas tenía.

_ Me gustaría visitar las tumbas por última vez_ Me susurró mi madre medio asustada.
_ Mira que no nos va a alcanzar el día.
_ Si nos agarra la noche nos quedamos en casa de Isabelita, la de Alfredo Pérez, son de los pocos que quedan por esos rumbos.

Faltarían dos kilómetros para llegar a Jacán, cuando el tractor dio un respingo tipo caballo que se espanta, y se detuvo en seco. Nos llegaron las maldiciones del conductor, quien a los pocos minutos, sudoroso y rascándose la nuca nos dijo.

_ Esta catana estiró la pata, tendré que mandar un recado a la granja, en caso de que pase alguien.
_ Ahora sí que le entró comején al piano_ Comenté.
_ Ya Dios nos mandará ayuda, hijo, no te apures.
_ Ojalá te oiga, Mima, ojalá.


El tractorista se alejó hasta la sombra de un almácigo a orillas del terraplén.
Al cabo de una hora, pasado el mediodía, la vieja comentó como si no fuera conmigo.

_ Sería mejor seguir a pie, la tortuga es lenta, pero llega.
_ En tal caso te llevaría a cuestas.
_ Qué va, no es para tanto, solo deja que me agarre de tu hombro.

Así las cosas, dimos las gracias al tipo del tractor y fuimos alejándonos al paso de las mareas cuando el agua se va retirando de la orilla.
Todavía la carreta estaba a la vista, y se me antojó una visión surreal.

_ ¿No oyes un ruido, Pepito?
_ Déjame afilar el oído.

Efectivamente, una especie de ronroneo fue aumentado de volumen, hasta que pudimos ver otro tractor deteniéndose junto al anterior. En un santiamén reinició la marcha hasta alcanzarnos. Los dos hombres se apretaban detrás del timón, pues no llevaban remolque alguno.

_ Milagro no engancharon la carreta. Brutos que son_ Me confesó Mima.
_ Si pueden, acomódense ahí, sobre los hierros de enganche_ Nos exhortó el conductor.

Con mil precauciones acomodé a mi madre y yo me mantuve en cuclillas. Eran esos artefactos de hierro para enganchar arados y carretas.

_ Dale suave, amigo, que la vieja se me puede caer.
_ No se preocupen, faltan par de kilómetros y el camino por acá está mejor_ Aseguraron los tipos entre carcajadas, pero aminorando la velocidad.

Todavía los vehículos abandonados eran visibles cuando todo se oscureció.

_ Lo que nos faltaba es un aguacero_ Dije.

Como por arte de magia el cielo el cielo se cuajó de nubarrones, y desde allí pude ver como un huso gris rumbo a la tierra.

_ ¡Un rabo de nube, carajo!
_ No seas ave de mal agüero muchacho.
_ Lo estás viendo Mima, como aquellos de antaño.
Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar

Efectivamente, era un tornado que ya rozaba la tierra levantando un torbellino rojo. Pudimos ver la carreta abandonada subir entre un sinnúmero de ramas, hojas, polvo, y caer a pocos metros por un lateral. A todas estas nuestro tractor aceleró para escapar.

_ ¡Agárrate de mí, vieja, que nos desbaratamos!
Pero en menos de lo que canta un gallo la tromba se recogió hacia su origen y no cayó ni una gota sobre nosotros.
_ ¡Menos mal! _ Suspiré.
Mientras, el caserío de Jacán surgió alrededor, como por encanto.
_ Hasta aquí llegamos_ Nos alertó el chofer.
_ ¡Gracias amigo! _ Contesté.
_ Estamos a pocos pasos de la tienda_ Me aseguró Mima_ Allí vamos a encontrar a alguien de nuestra zona. 

Aunque no fue exactamente así, entre los clientes Mima descubrió a un viejo de grandes bigotes blancos, como aquellos de los libros de historia.


_ ¿No eres de los Acosta?, ¿de los hijos de Sinencio?
_ Sí, ¿y ustedes?
_ Soy María, la del difunto Pepe, y este es Pepito, mi hijo mayor.
_ Dichosos los ojos, caramba, estás igualita a treinta años atrás. ¿Qué hacen por estos rumbos perdidos en el mapa?
_ Quiero ver la finca, o lo que queda de aquello, por última vez.
_Ah, no les va a ser fácil darse cuenta. Lo que queda es caña raquítica y dos o tres matas de caimito casi muertas. Hace un mes estuve por allá buscando una vaca. ¿Y cómo piensan llegar? Con su edad no lo imagino. Son como cuatro o cinco kilómetros.
_ Primero quería ir al cementerio_ Le dijo Mima.
_ Bueno, eso es fácil, está a cien pasos de aquí. Yo demoro un rato, los voy a esperar para que vayamos a casa. Siempre hay algo de comer. Quién sabe si les presto un caballo.

Al paso de Mima, en media hora llegamos a la puerta del cementerio, tipo arco colonial. A partir de la entrada y por ambos lados se extendía el muro de poco más de un metro de altura, para completar el área semejante a una cuadra de la ciudad, en este caso, ciudad de los muertos. Entramos por el pasillo central rumbo a la capilla, alrededor de la cual se disponían las bóvedas y después los rectángulos con cruces y nombres. Yo recordaba que a la izquierda estaban las dos tumbas de la familia paterna, una de ellas con los restos de mi padre y abuelo.

_ ¡Cómo ha llovido desde aquel Julio del sesenta, Mima!
_ Fue el único trueno aquella tarde, y le tocó a él. Si cierro los ojos lo revivo al detalle.
_ Eh, ¿qué se les ofrece? _ Era la vocecilla aflautada del sepulturero.
_ ¡Máximo! No lo puedo creer, no te retiras nunca_ Le dijo mi madre mirándolo de arriba abajo.
Efectivamente, era nada más y nada menos que Máximo el lloroso, sin pestañas y los ojillos todavía llorándole. Flaco y pequeño, con unos brazos que parecían salirle de la raíz del cuello y que giraban acentuando sus palabras.
_ Llevas más de cuarenta años en este trabajito_ Le dije.
_ Mucho más, Pepito, mucho más. Allí está la tumba de tu padre, en el mismo lugar.
_ Debí haber traído flores, qué pena_ Agregó Mima.
Estuvimos un rato en silencio junto a la cruz, hasta que mi madre se enderezó halándome por un brazo.
_ Vamos, que se nos va el día.

Máximo nos acompañó hasta el terraplén central, y desde allí sus manos gesticulaban hablándonos.
Ya en casa del hijo de Sinencio, comimos un plato de arroz con frijoles negros y unas masas de cerdo fritas.

_ Bueno, ahí les ensillé el caballo, es muy manso, a veces se duerme con su propio paso, porque a pie no llegarán ni en una semana.

Una vez que yo tomé las riendas, Mima fue ayudada para acomodarse en las ancas, desde donde se sujetaba de mis hombros. Era una bestia muy vieja y mansita.

_ Acelera un poco, hijo, que se duerme el animal, es más lento que la mula de tu difunto abuelo.
_ Déjalo así, que si se encabrona va a ser peor. Ya llegaremos antes de que anochezca.
Pero en un recodo del camino y por causa del viento, se desprendió una hoja de palma con gran escándalo. Apenas me dio tiempo de apretar las piernas contra la panza del animal, cuando se desbocaba como un relámpago.
_ ¡Agárrate de mí, que nos vamos a pique! _ Grité a mi madre.
Yo sentí las manos huesudas a punto de arrancarme la camisa, mientras los cascos ametrallaban la tierra roja del callejón. Por mucho que halaba las riendas no había forma de aminorar la carrera, hasta que un río que no identifiqué en mis memorias, se nos atravesó.
_ El río Santa Bárbara_ Suspiró mi madre aterrada.

El caballo, en vez de detenerse, quiso volar sobre el cauce que tendría unos veinte metros de ancho, y todos nos fuimos a pique en medio de la corriente. Por suerte soy buen nadador y en pocos segundos sostuve a Mima con una mano al tiempo que con la otra me impulsaba hacia la orilla opuesta, por donde ya el animal se enderezaba sacudiéndose.
A duras penas logré arrastrar a Mima, quien temblaba por la mojazón y el miedo, pero gracias a Dios, sin daños mayores.
Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar

_ Ahora vamos a tener que dar un buen rodeo para llegar a la finca, hijo, digo, si llegamos.
_ Mira vieja, el caballo se tranquilizó.
Efectivamente, el animal mordisqueaba unas yerbas a dos o tres pasos de nosotros, con la silla chorreando aguas turbias.
_ El problema va a ser subirte sin ayuda.
_ Me subes a mi primero, y después lo haces tú.
Así hice, la acomodé sobre las ancas y con mucho cuidado, me elevé hasta la parte delantera de la cabalgadura.
_ Quién me iba a decir que con mis años todavía era capaz de estas aventuras, muchacho.

Así fuimos bordeando el río hasta un puente de madera, por donde retomamos el camino real rumbo a San Lorenzo, que así se llamaba la sitiería de antaño.

_ Ya ni linderos quedan. Mira, allí estuvo la casa de Pepe Aguerrido, aquel solterón, ¿lo recuerdas?

_ Claro que sí, Mima, dicen que tenía a su abuela loca amarrada e un poste en medio del cuarto, pero nadie pudo verla hasta el día del entierro.
_ No nos va a quedar tiempo para que vieras la laguna de Asiento Viejo, donde tu padre pescaba manjuaríes y cazaba pájaros acuáticos.
_ No, pero ya me han dicho que no vale la pena. Con los diques del gobierno se ha quedado apenas como un charco en la parte de la poceta, por donde dicen que se ocultaba la madre de agua.

Y conversando, reviviendo con palabras lo inexistente, fuimos acercándonos a una de las pocas casas de la zona, la del difunto Alfredo Pérez, tío de Mima. Un bohío de paredes de tablas y techo de hojas de palmeras en medio de una pequeña franja de tierra roja sembrada de yucas, maíz y plátanos. Allí vivían su hija Esperanza y Caruco, el hermano menor, además de varios muchachos y el marido de Esperanza.

_ Acá nos va a coger la noche_ Me aseguró Mima.
Nos vinieron a recibir al patio, con los primeros abrazos y gritos de júbilo.
_ Espera mujer, para ayudarte a desmontar_ Exclamó Caruco quitándose el sombrero.
_ No han cambiado nada; Pepito un poco más blanco, seguro que en los países no hay tanto sol_ Dijo Esperanza, agregando.
_ Seguro que no han almorzado, y ya es hora de comida, así que voy a preparar la mesa.
_ No te preocupes, hija, que no contaban con nosotros.
_ María, siempre cocino para que sobre, por si acaso, como hacía tú.

A los pocos minutos nos sentamos frente al rectángulo de madera en sendos taburetes con asientos de cuero. Había arroz con frijoles negros, plátanos maduros fritos y masas de cerdo.
Esperancita, como le decíamos todos vigilaba para rellenar los platos.

_ Ya no puedo más_ Acabó diciendo mi madre.
_ Bueno, pero no pueden despreciar el postre. Buñuelos de tuca con miel de abejas. Tenemos tres colmenas debajo de la arboleda.
_ Menos mal que aunque sea podemos ver una arboleda en este campo desolado_ Dije.
_ Así es, Pepito. Por allá por los Calderines vive Alfredo el de Perera. Allá también queda algo. Se dedican a sembrar piñas para el turismo.

Alfredo era contemporáneo conmigo, y jugábamos a diario en el batey. Nos llevábamos como hermanos. Después él se casó con la hija de uno de los Calderines y se dedicó al campo alternando con el magisterio, pues daba clases a tres niños que quedaban en la zona.

_ Bueno, si siguen viaje ahora, los agarrará la noche. ¿Por qué no se quedan hasta el amanecer? Tenemos una cama lista_ Aconsejó Esperanza.
Aunque no dije palabra, me quitó la idea, sobre todo por Mima.
_ Imagina, el caballo es prestado, van a pensar que nos pasó algo_ Agregó mi madre.
_ Ya ellos sabrán que no es hora para completar un viaje y estar de vuelta antes de que anochezca_ Afirmó Esperancita_ No hay más discusión, se quedan, y con el primer gallo siguen su camino, que falta casi un kilómetro.

Yo estuve soñando con lo del trueno que mató a mi padre aquel cinco de julio, a pocos días de cumplir mis diez años de edad.
Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar

_ Te oí gritar dormido, hijo.
_ Debe ser por la pesadilla con lo de la muerte de Pipo.
Con los primeros claros el día, ya Esperanza nos esperaba con leche caliente y café.
_ Para que entonen el estómago. Si llegan a los Calderines seguro los obligarán a almorzar.

Una vez que me aseguré sobre el caballo, Caruco ayudó a subir a Mima, y al momento enfilamos rumbo al recuerdo de la finca.
Todavía la guardarraya de antaño se alargaba entre cañaverales raquíticos, y solo donde había vivido José Borges, hermano de mi abuelo materno, quedaba una mata de ciruelas.

_ Tantas veces que vine a visitar a Vita y José, carajo. Ya estamos entrando a los terrenos que fueron de abuelo Luciano, después otro callejón, la esquina de la tienda del moro, y lo que fue asiento de nuestra casa.
_ Hijo, si no fuera por ti, me iba a morir sin ver todo est por última vez.
_ Nunca digas que es la última vez, te queda mucho por delante.


Cuando pasamos por un pequeño montecillo de zarzas, más allá, descubrimos la única casa de los alrededores, la escuela primaria con su inodoro de tablas al fondo, como en el siglo anterior. La escuela anterior fue de madera también, pero durante mi cuarto grado, los alzados le dieron candela, y estuvimos recibiendo clases en la casona de mis difuntos abuelos paternos, hasta que hicieron esta construcción de concreto y techo de zinc.

_ Quiero bajarme aquí, Pepito. Dejemos el animal al lado de la escuela. A pocos pasos me parece ver la guardarraya que atravesaba el batey rumbo a los potreros. ¿Recuerdas cuando íbamos de visita a casa de tu difunto tío Juan? Vivía pegado al cuartón de los terneros. Allí jugabas toda la tarde con tus primos. ¿Qué será de sus vidas?
_ Quién sabe, Mima, ha llovido mucho desde entonces, y no solo lluvia, sino el ciclón del comunismo que lo arrasó todo.
_ Veo otro caballo debajo de aquel ateje al fondo de la escuela, ¿será Alfredo el de Perera? _ Pregunté.
_ No lo dudes, muchacho, si da clases como dice Esperanza, debe ser él.

Me deslicé a tierra primero para ayudar a desmontar a mi madre. Después nos acercamos a la puerta de la construcción de una sola pieza, y nos asomamos al aula. Contamos tres estudiantes. Al frente Alfredo, vistiendo una guayabera blanca. Terminaba la clase. Acto seguido, mientras los niños escapaban al patio, él dejó la guayabera en un pequeño escaparate junto al pizarrón y se colocó una camisa de trabajo de mangas largas, y encajetó el sombrero de campo. Uno de loa alumnos, hija suya, lo esperaba cerca del caballo.

_ ¡No puedo creer lo que mis ojos ven! ¡Nada menos que María y el desaparecido Pepito! ¿O sueño despierto?
_ Cabrón, no has cambiado en nada. Por acá no pasa el tiempo. Dos o tres canitas de lidiar con el magisterio, y nada más.

Enseguida él vino a abrazarnos. Ya la niña se aproximaba halando al caballo por las riendas.

_ Esta es Azucena, mi hija menor, pues el mayor estudia secundaria en Colón. Cualquier día les hacemos la visita allá.

Estuvimos charlando un rato durante el cual recapitulábamos la infancia, las picardías que hacíamos, los juegos de pelota, las matas de la arboleda.

_ Miren lo que queda de todo aquello, tres matas de caimito moribundas. Pasaron buldóceres para sembrar caña. Van a necesitar un adivino para encontrar dónde vivían ustedes. Debe ser por allí_ Dijo estirando el brazo al sur.
_ Vayan ustedes, que nosotros nos quedamos un rato reconstruyendo tanto pasado_ Le dije.
_ Pero los espero con el almuerzo listo. Además, les tendré unas piñas para que se las lleven. ¿Recuerdas el camino?
_ Claro, aunque hayan borrado el callejón hondo; no me perderé. Además, los campos de piñas me avisarán_ Dije.
Alfredo se fue al paso de la bestia con su hija agarrada de sus espaldas.
_ Bueno, a lo nuestro_ Dijo Mima alejándose con inusitada rapidez entre los primeros surcos de un cañaveral amarillento que no pasaba de la cintura.
_ ¡Pepito, mira, una mata de marilope de nuestro patio!
Efectivamente, las flores amarillas de la planta parecían insultar a las cañas anémicas. Me puse a registrar la tierra roja mezclada con paja y saqué un pequeño trozo de cemento que me eché en un bolsillo del pantalón.
_ Esto era del piso del comedor, estoy seguro. En aquel claro a veinte pasos veo el esqueleto de la mata de limones, ¿te acuerdas cómo me mandabas a traer dos o tres para la carne?
_ Claro que sí, y al lado estaba la mata de güira. Allí vivió, antes de que tú nacieras, Dominga Melitina. La pudiste ver con la cabeza blanca, cuando se había mudado al Desquite.
Mima parecía flotar sobre las cañas, sus gestos iban armando cada detalle de un paisaje que solo su memoria hacía posible. Vi par de lágrimas en su rostro de casi nunca haber llorado, pues acostumbraba a decir que ella, cuando lloraba, lo hacía por dentro.

Nos quedamos más de una hora en silencio, a veces cerrando los ojos, hasta que la escuché decir.
Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar

_ Ya, hijo, podemos irnos, estoy tranquila y como si me hubiera curado de la vida.
Una vez más la empujé sobre el lomo del animal para después montar yo. Al rato descubrí los campos de piñas y el caserío de los Calderines, el único que sobrevivía en la zona.
La primera casa resultó ser la de Alfredo. Lazarita, hija de uno de los Calderines y su esposa, nos esperaba con la mesa dispuesta, hasta una botella de vino tenían.
_ Es vino de piña, lo hago yo mismo_ Exclamó Alfredo llenándonos sendos vasos orgullosamente.
_ ¿Todavía existe la laguna del berraco? Recuerdo que cuando llovía mucho se comunicaba con la de Asiento Viejo_ Pregunté.
_ Claro, pero ahora es un charco que casi se seca en invierno, ya ni biajacas tiene, solo sapos_ Dijo Alfredo mientras su mujer nos repletaba los platos con arroz, frijoles negros y cerdo frito.
_ ¿Y tu hermano Osva, el isleño, por qué no vino?
_ Está muy gordo, con diabetes. No le gusta salir del pueblo después que se desmayó por la presión alta_ Le contesté a mi amigo.
La sobremesa se prolongó hasta media tarde. Vi que Mima se intranquilizaba y concluí.
_ Bueno, familia, tenemos que irnos, ya van a ser dos días escapados de la casa, y por allá deben andar preocupados.
_ Les ayudo a montar. Después les alcanzo este saco de piñas.
Así fue. Comenzamos a desandar lo andado rumbo a Jacán.
_ Va a ser muy tarde para encontrar en qué irnos a Colón, Mima.
_ Creo que sí, ya no me importa el tiempo, nada me importa después de hoy. Me parece que he vivido más de cien años, hijo.



Pastor Aguiar







Recuperar el tiempo. Pastor Aguiar