viernes, 4 de octubre de 2024

LA ANALOGÍA Y LA REPRESENTACIÓN COMO TERAPIA: EL SER DE LA CONCIENCIA

 Para la sección del blog Ancile de Ciencia, traemos un nuevo post titulado: La analogía y la representación como terapia: El ser de la conciencia.


LA ANALOGÍA Y LA REPRESENTACIÓN COMO TERAPIA:


EL SER DE LA CONCIENCIA

 


El arte, como vía de transmisión y expresión de emociones, pensamientos, como manera, en fin, de intuición y conocimiento que aspira a alcanzar la belleza, tiene una característica muy singular, la manera de adquirir aquellos rasgos que lo hacen genuino y especialmente terapéutico: se lleva a cabo mediante el ejercicio de la analogía y su poder simpatético que lo interrelaciona e integra de manera extraordinaria con el entorno. Este rasgo peculiar creativo lo emparenta con la voluntad instintiva de sanar, si se enferma, ya que esta vía de sanación es netamente creativa ya que lo que pretende es llevar a su estado original al cuerpo o la mente enferma. Parece que esta voluntad es rechazada en una terapéutica mecanicista.

                La crisis de la enfermedad, como la del creador dando forma a su obra, pueden manifestarse como auténtica catarsis con la que afrontar su trastorno o la de enfrentar la obra de arte potencial. Esta energía que puede ser terapéutica está fundada en lo más hondo de la conciencia (concepto amplio en el que nosotros incluimos los procesos inconscientes).

                El deseo o voluntad de curación nada en las mismas aguas del anhelo de crear algo nuevo con lo que expresar y comunicar y dar sentido a una vida en el artista. Es esta una fe misteriosa que no se sustenta en nada tangible, que se sumerge en lo más profundo del espíritu, de la psique, de la conciencia, a la búsqueda del milagro de la creación.

                La pasión creadora es terapéutica porque es una espita o escape extraordinario para los trastornos que pueden torturar la vida psíquica pues, a través de ella se hace posible la realización de un sentido, de un significado de vida. Ya no hay hueco para la enfermedad, solo para la pasión creadora. Esta psicología del instinto creativo (curativo) es de una importancia no suficientemente ponderada en la actualidad.

                Que se haya acabado por considerar a la materia como la realidad única cognoscible, demuestra el desconocimiento de lo que la propia materia sea y que, no obstante, ha servido a disciplinas biológicas (como la neurociencia) a sostenerse sobre principios en realidad hipostasiados, sin ser conscientes de que estamos sosteniendo un símbolo en realidad ignoto cuyo origen es desconocido. La necesidad de una crítica a esta metafísica materialista bien puede ser una de las razones del fracaso en el reconocimiento y tratamiento de no pocos trastornos, no sólo psicológicos, también físicos. El arte nos abre una vía de introspección terapéutica pues, en su ejercicio, reconocemos (consciente o inconscientemente) la sustitución permanente de unos símbolos por otros (materiales y sensitivos o abstractos o emocionales) que evidencia que (a través de su poder creativo),  todo conocimiento  es una facultad mental para designar, afrontar y, sobre todo integrarse, en esa realidad sinestésica cuyo fundamento es la incertidumbre, y que todo lo que se manifiesta en el mundo depende estrechamente de su propia apreciación psíquica que, a su vez, depende de nosotros mismos como portadores de conciencia.

                Imbuidos por la pasión creativa del organismo vivo que es el arte, podemos afirmar que es la manifestación más potente para hacernos caer en la cuenta de que el ser único mediante el que obtenemos conocimiento es la conciencia, o como lo han denominado algunos autores (Jung), el ser psíquico. Este caer en la cuenta es altamente terapéutico ya que el reconocimiento de que cualquier realidad sería inconsistente sin este ser que es la conciencia. La ciencia moderna adolece de la ausencia de esta apreciación fundamental, pero también podíamos incluir a las propias ciencias de la salud y la biología. El carácter soteriológico o salvífico del arte se fundamenta precisamente en este reconocimiento interior, el cual debería incluirse en la metodología científica, para hacer del ejercicio de la ciencia, una inmersión también en el orbe de la creación, como lo hace el arte. De hecho, ¿hasta qué punto una buena terapia no solo es una instrucción científica, sino también artística?

                Que es muy necesaria una revisión y una crítica profunda a los modelos de conocimiento y reconocimiento de la realidad de los trastornos y enfermedades mentales, sino también físicas, es evidente. Añadiremos alguna reflexión más sobre esta cuestión en próximas entradas de este blog Ancile.



Francisco Acuyo



martes, 1 de octubre de 2024

ESPÍRITU Y POESÍA: EL ALMA DEL ARTE COMO TERAPIA

 Buscando ya el cierre sobre las aproximaciones terapéuticas del arte, ofrecemos estos post para la sección de Ciencia del blog Ancile, y todo bajo el título: Espíritu y poesía: El alma del arte como terapia.



ESPÍRITU Y POESÍA:

EL ALMA DEL ARTE COMO TERAPIA


 

Espíritu y poesía: El alma del arte como terapia. Francisco Acuyo


Es en verdad paradójico que, con argumentos más o menos razonables, se haya dicho que el sufrimiento haya sido el que inspiró a la humanidad el sentimiento religioso. Sobre todo cuando, por otra parte, ha sido el dolor de los justos e inocentes el argumento más utilizado para negar la existencia de Dios. De hecho, desde antaño, el sin sentido del sufrimiento, pongamos de la enfermedad, ha estado en manos de los dioses procurarlo o eliminarlo. Dicho esto, cabría reflexionar incluso a día de hoy si no nos ata todavía un ancestral vínculo hacia una potencial curación natural, frente a la netamente científica.

                Dicho esto, el arte, en cierto modo es, además de una manifestación estética (y ética) y de conocimiento e indagación de cada cual en el mundo, una suerte de enlace o hermanamiento con lo natural en su ejercicio a la búsqueda del artefacto artístico, en cuyo instrucción creativa se refleja el propio del dios que crea y transforma en virtud de su sagrado instinto.

                Ya han advertido científicos de toda índole sobre la profunda resistencia (¿inconsciente? del ser humano a combatir esa fe en lo integrador y curativo de la naturaleza y sus arcanos espíritus. El afán analítico de la medicina intenta por todos los medios que permite su método, desgajar al hombre y a la propia naturaleza de él mismo. El ser humano, según la ciencia, no es más que un artefacto alejado de la natura naturans, cuya mecánica estructura no hace sino desmontar pieza a pieza la supuesta maquinaria de su compleja relojería.

                Desde luego, según estas modernas ópticas de la medicina, la diferencia entre el alma (la mente) y el cuerpo, no es sino una máquina susceptible de ser desmontada para su análisis y montaje positivo posterior. El tratamiento y estudio de los trastornos mentales no se ha visto libre de tal concepción. Así se infiere de el ámbito de la neurociencia.

El alma del arte como terapia. Francisco Acuyo
 En el de la psicología, no parece del todo tan claro, en tanto que el paciente parece resistirse a ser el mero objeto pasivo de observación que aspira a ser recuperado. Es estos casos, el terapeuta como el mismo paciente tiene mucho que decir y aporta para la curación o al menos la mejoría del afectado.

                A propósito de lo inmediatamente comentado, el arte se ofrece como una variante psicológico cognitiva de un enorme interés para el que sufre un tipo de estos trastornos, en tanto que el sujeto que realiza creativamente un producto artístico se ve anímicamente implicado en su ejercicio: bien como expresión personal, bien como vía de comunicación interpersonal, bien como reconocimiento de sí mismo.

                Al margen de las disparatadas visiones antisiquiátricas (recordamos, niegan que los trastornos mentales, en casi todos los casos, sean enfermedades), esta archidemostrado que la palabra creativa (literaria, poética), no solo la que es susceptible de manejar el terapeuta profesional es una poderosa herramienta que, sabiamente utilizada, es o puede ser realmente curativa; por otra parte demuestran, que el ser humano es una entidad profundamente relacional (con sus congéneres y con el mundo).

                El arte como terapia puede ofrecerse como un elemento de juicio crítico contra la concepción hoy convencional de la medicina (la neurociencia y el algunos acaso la propia psicología), porque esta(s) parecen que más que querer prestar un servicio, sean ellas un fin en sí mismas. Es por esto que tantas veces nos parece que el terapeuta (médico o no) camina singularmente cegado por las orejeras de enfermedades particulares, ignorando todo sobre la conciencia, la emotividad y personalidad del que las sufre y cómo todo esto puede influir en ella y en su curación.

                Lo que he aprendido en el dominio del arte como terapia es que el ser humano nos es en modo alguno una máquina asilada del mundo, por el contrario, que todo movimiento de aquella mecánica racional se acaba volviendo al origen primigenio e irracional que se trata de inhibir a toda costa por buena parte de las nuevas ciencias sanitarias.

                La sugerencia de lo hermoso conseguido en el arte es tan potente que puede hacer cambiar nuestros vicios de conducta y falsas cogniciones de la realidad, así como ayudar a obtener un óptimo conocimiento de uno mismo para, en virtud de todo ello, integrarse en el conjunto dinámico del mundo.

                Apuntaremos algunas nociones sobre la arrogancia de la ratio moderna frente a la mucho más profunda y rica realidad de la naturaleza del alma humana, y su manera instintiva de hacer frente a la enfermedad y sus indeseables trastornos, eso será en próximas entregas de este blog Ancile.

 

 

Francisco Acuyo



El alma del arte como terapia. Francisco Acuyo


viernes, 27 de septiembre de 2024

EL ARTE COMO VÍA INMANENTE Y TRASCENDENTE DE TERAPIA

 Con la entrada que lleva por título: El arte como vía inmanente y trascendente de terapia, seguimos el rumbo de anteriores entradas para la sección de Ciencia del blog Ancile.



EL ARTE COMO VÍA INMANENTE

Y TRASCENDENTE DE TERAPIA



 

El arte como vía inmanente y trascendente de terapia. Francisco Acuyo



¿Qué sería de la angustiosa o feliz búsqueda del arcano ágnostos theos sin el arte? ¿Qué sería del conócete a ti mismo oracular (gónthi seautón) y conocerás el universo, sin el impulso creativo? ¿Dónde reconocer la oposición proverbial de la naturaleza y el espíritu que acosa la conciencia sin la imaginación del artista? ¿Qué más óptima y necesaria plataforma que los procesos creativos para reconocer los límites del propio método científico? ¿Qué lugar más idóneo que el de la poiesis para dar solución al problema de la conciencia individual frente a la totalidad -¿de la primera conciencia?-? ¿Qué mejor vía que la del arte para reconciliar los contrarios y establecer una terapéutica desde la que afrontar el yo y el mundo? ¿Qué senda más propicia para indagar lo inmaterial de nuestro espíritu y el orbe de la materia y la experiencia sensible que el arte muestra en sus múltiples variantes?

                El arte ofrece sin duda la herramienta cognitiva propicia para acceder a la realidad que nos escinde, para proponer como una curación contemplativa y a la vez una sanción creativa para regir con equilibrio nuestras vidas. Es a mi juicio, el vínculo extraordinario entre lo que el hombre es capaz de extraer de significado, de sentido a la naturaleza.

                Tampoco puedo poner en duda que el ejercicio artístico es la plataforma singular desde la cual desarrollar nuestra personalidad y afrontar con garantías de éxito trastornos que impiden ese desarrollo y la vivencia gozosa de lo que nos ofrece la convivencia, no siempre pacífica, entre lo consciente y lo inconsciente que nos habita. Es más, es lugar en el que lo consciente y lo inconsciente son reconocibles como la totalidad de nuestra psique.

                A través del arte aprendemos que la verdad íntima que nos habita contiene una vida que discurre cuando la voluntad consciente no interviene, porque aquello que alimenta el trastorno también es alimento del mito, y el arte lo hace imagen reconocible para nosotros mismos. Que, en fin, la relegación, la inhibición del espíritu de lo más profundo que nos habita y es creación  puede enfermarnos.

El arte como vía inmanente y trascendente de terapia. Francisco Acuyo

            El arte planifica, en el que lo vive creativa o contemplativamente, la vía donde es posible la conjunción terapéutica a través de la transferencia de lo más íntimo en virtud de los símbolos y signos que acaban conformando la obra de arte, y todo ello como muestra viva de lo que nuestra psique exige para mantener un equilibrio saludable. En ese caer en la cuenta del ser creador reside el conocimiento de sí mismo y nos ofrece al mundo como agentes activos capaces de cambiarlo.

                El arte es la residencia en la tierra que no renuncia al cielo del espíritu porque es capaz de transformar la materia, donde se conectan lo físico y lo psíquico. El arte es mucho más que una imaginación activa que hace posible o reales nuestros más íntimos fantasmas, es la ventana en el tiempo que va más allá del tiempo para confrontar lo más sombrío que agobia en el pasado o amenaza en el futuro. El ejercicio creativo lleva nuestros juicios y pensamientos más allá de lo que la razón objeta para que ese pensar sea.

                A través de la imagen artística (que es posible también en la escritura), pone a nuestro alcance lo que no es admisible en la abstracción y el juicio cuantitativo, porque se abre al dominio de las cualidades para hacerlas asequibles: la alegría, el sufrimiento, la empatía… toman cuerpo de realidad ante el que accede a ella.

                Es el arte el lugar de creación y recreación perpetuos donde el ser se ofrece como la potencia que nos abre a la libertad de instaurar nuestra personalidad y su configuración continua. Hacer de aquellos fantasmas que nos torturan los aliados para la lucha por el equilibrio, será lo que nos realice como persona. Quizá, también, donde conocer sea recordar la fuente, el origen enigmático donde todo proviene y que a través del arte no nos es desconocido.

 

 

Francisco Acuyo



El arte como vía inmanente y trascendente de terapia. Francisco Acuyo


martes, 24 de septiembre de 2024

EL LENGUAJE Y LA PSICOTERAPIA: LA IMAGINACIÓN TERAPÉUTICA EN EL ARTE

Abundando sobre la terapia artística traemos una nueva entrada para la sección de Ciencia del Blog Ancile que lleva por título: El lenguaje y la psicoterapia : la imaginación terapéutica en el arte.


 EL LENGUAJE Y LA PSICOTERAPIA

LA IMAGINACIÓN TERAPÉUTICA EN EL ARTE


 

El lenguaje y la psicoterapia : la imaginación terapéutica en el arte. Francisco Acuyo

Abundar sobre la importancia capital del lenguaje no es nada nuevo si ya expuesto con rigor  y argumentos abundantes desde la antigüedad. Sin embargo, los términos logomaquia o logocracia, sobre todo utilizado por los enemigos declarados de la psicoterapia, han sido empleados peyorativamente, como implantación del poder retórico (preocupado, dicen, por lo concreto y subjetivo o individual), frente a la ciencia insisten fundamentada en la abstracción y lo universal. No obstante, es curioso cómo la ciencia en la actualidad, acaso como nunca antes (la ciencia digo, por ejemplo, de disciplinas duras como la física, en ámbitos como la teoría del caos, de la relatividad o de la mecánica cuántica) recurren a la analogía, a la metáfora, a la sinécdoque… para tratar de dilucidar, expresar y sobre todo explicar los fenómenos físicos, algunos de ellos verdaderamente extraños, con los que tienen que lidiar ordinariamente en sus investigaciones.

                No menos pasmoso resulta observar (en algunos sectores de disciplinas como la neurociencia, no solo en los movimientos antipsiquiatrícos), que el único interés en la contemplación y estudio de la conciencia y de los potenciales trastornos mentales reside exclusivamente en el sustrato biológico, es decir en el cerebro, y no tanto ¿los conceptos? denominados como psique,  mente, o como quiera denominársele. El tratamiento mediante fármacos o intervención quirúrgica se establece como panacea para la recuperación del paciente; métodos y modelos estrictamente fisiológicos imperan entre sus acólitos.

El lenguaje y la psicoterapia : la imaginación terapéutica en el arte. Francisco Acuyo
                El reduccionismo materialista de estos investigadores enmarca a aquellos que señalaron una vía diferente de indagación y tratamiento más cómo rétores, no como científicos, digo, como retóricos de mayor o menor nivel. La idea jungüiana de que una parte considerable de las mal denominadas enfermedades mentales bien podía tener un origen o ser de naturaleza ¿espiritual? no eran más que excéntricas e intrusivas divagaciones sobre lo que en realidad tiene una realidad física; o era fisiológica o no era enfermedad.  Es más, dichos trastornos no eran sino enfermedades metafóricas. De nuevo, nos vemos avocados a una interpretación despectiva de la metáfora y del ámbito retórico del cual deriva y del que en entradas anteriores ya incidimos lo suficiente. La metapherein (meta, lo que viene de más allá o de fuera, y pherein, aquello que se traslada) adquiere tintes verdaderamente ridículos por voz de aquellos investigadores, ignorando la importancia de esa transferencia de significados y sus relaciones con el símbolo (del que por cierto hace gala de su importancia, con razón, la propia matemática), cuya capacidad de descripción de la realidad (viva) para ofrecernos niveles de información, de otra forma inasequibles a la propia conciencia, siendo además de capital importancia como mecanismo de cognición para entender y experimentar cosas en términos de  otras similares.

                La cura animarum de la psicoterapia, según estas corrientes materialistas y anti-psiquiátricas, por ser individual, parece que no puede ser científica. La neurociencia, a la hora de afrontar el problema de los trastornos mentales, se muestra como una suerte de criptobiólogo cerebral, que sustenta su ciencia en una cierta correspondencia de hechos que se interpretan reductivamente, al albur de una suerte de fe positiva que no quiere reconocer que la ciencia también tiene sus límites. A través de mis indagaciones sobre aspectos psicológicos relacionados con la producción artística (sobre todo con la poesía),he podido no sólo comprender el por qué la ciencia no puede abarcarlo todo, sino que esa imposibilidad metodológica para hacerlo, deriva de la propia naturaleza de la mente: la mente imaginativa del artista puede ser un referente muy interesante para indagar en estas limitaciones.

                Podemos afirmar que los métodos simbólicos que utiliza el artista obtienen ventaja en muchos aspectos sobre el científico, en tanto que se sitúan un paso más allá de las vertientes puramente lógico racionales. Quizá por eso la neurociencia e incluso la neuropsicología no alcanza(n) a comprender la de manera integral la naturaleza del arte ni la producción artística, sobre todo cuando ciñen su empeño en circunscribirla físicamente a determinadas áreas del cerebro, ignorando la propia naturaleza plástica del mismo y de las directrices externas e internas que invocan al artista en la realización de sus obras. Los mapas cognitivos de una obra de arte no son susceptibles de encerrarse en una topología estrictamente mecánica o material-neurológica. Todos los subsistemas de interacción que intervienen en la realización artística aspiran a una totalidad, y no a ser enmarcados materialmente en reductos cerrados, ya que aquella, la realización artística, digo, depende de variables afectivas, estetizantes, trascendentes, intuitivas…

                En entradas próximas traeremos algunas nociones al respecto de lo dicho. que tienen un caro e interesante aporte terapéutico en relación a la obra de arte, tanto para el que lo realiza como para el que se interesa por su la mirífica realidad de su producto.

 

 

Francisco Acuyo



El lenguaje y la psicoterapia : la imaginación terapéutica en el arte. Francisco Acuyo


viernes, 20 de septiembre de 2024

MENTE Y MATERIA: PARA UNA ACEPCIÓN RACIONAL DE LA ENFERMEDAD

 Siguiendo con la temática de la terapéutica artística traemos un nuevo post para la sección de Ciencia del blog Ancile que lleva por título: Mente y materia: para una acepción racional de la enfermedad.


MENTE Y MATERIA: PARA UNA

ACEPCIÓN RACIONAL DE LA ENFERMEDAD

 

Mente y materia: para una acepción racional de la enfermedad. Francisco Acuyo

Recuerdo la lectura de algún que otro autor y supuesto investigador de lo que se suponen que son trastornos mentales y su no ya reticencia, sino negación manifiesta de que se traten de enfermedades. Juegan, por qué no decirlo, no ya a dilucidar problemas médicos o sanitarios, sino a ser filólogos de fuste, lexicógrafos de fundamento, lingüistas de referencia y egregios etimologistas. Así pues, su concepto de enfermedad, solo puede y debe de hacerse valer y atribuir a los desórdenes susceptibles de detectarse exclusivamente en el cuerpo, o lo que es lo mismo, a los procesos físico químicos que funciona anormalmente en la condición biológica del cuerpo[1].

                La infirmitas – atis latina (el prefijo in, negación de, el lexema firm, fuerte, y el sufijo itat, abstracción o cualidad) conforman una acepción unívoca para algunos sectores de la antisiquiatría, aplicable solo cuando afecta al cuerpo, relegando cualquier otro desorden o sufrimiento que no sea corporal, trasladando el resto al orden de mito, o, nada menos, que a un desorden que se entiende metafórico. Solo la literalidad del dolor y el malestar físico pueden ser considerados enfermedad, y por tanto, terminológicamente, apta en su definición para estos trastornos.

                Debo decir, que viendo la fecha de edición[2] de esta y otras publicaciones me siento embargado entre la estupefacción y el espanto; haciendo gala estas ediciones de un positivismo materialista no solo periclitado, sino fuera de toda realidad clínica. A fuer de no ser demasiado feroz en mis críticas, quiero creer que estos y otros autores afines a esta distinción disparatada, en realidad no entienden muy bien el lenguaje con el que se manejan para llevar a término sus juicios y mucho menos sus afirmaciones que se suponen científicas.

                Entienden estas corrientes que, si bien todo tratamiento ha de ser estrictamente corporal o físico o químico biológico, es claro que cualquier otro tipo de procedimiento curativo es mera retórica, por lo que la psicoterapia no pasa de ser un mito, una tropo persuasivo aplicado al paciente, enfatizando, para más inri, que el ejercicio elocutivo y retórico es algo trasnochado y poco o nada científico. Nos relegan al diálogo socrático como origen de tanto despropósito. Parece que el maestro y el propio discípulo (Platón, claro está) no hacía(n) más que desvariar en sus intentos de búsqueda de la aletheia (verdad), obviando el fundamento que supone aquella, la verdad, digo, para una óptica competente nada menos que de la epistemología.[3]

Mente y materia: para una acepción racional de la enfermedad. Francisco Acuyo

                En cualquier caso, parece evidente que la separación de mente y cuerpo es el sustrato teórico sobre el cual edifican el edificio de sus disparates estos dixit investigadores. La psicoterapia no es más que un juego retórico que atañe a la ficción de una enfermedad mental, que no existe como tal, por lo que el terapeuta no es más que un rétor sofista con intenciones inquietantes. Pero no contentos con estas afirmaciones indagan sobre la naturaleza lingüística de la propia palabra: therapeia, tratamiento.  Ciñen dicha acepción a la mera persuasión a través de la palabra apropiada y efectiva. Ignorando o cuando menos olvidando, que del sustantivo therapeia radica el verbo therapeuien, que significa: cuidar, aliviar, curar, por lo que su desidia hacia la retórica confirma la necedad de sus afirmaciones y el desconocimiento del significado del término.

                Insisten en que, si la terapia basa sus resultados curativos fundamentalmente en la palabra como phármakon, esta no puede llegar ser medicina por el hecho de no poder incidir en la verdadera enfermedad que siempre será física. Así las cosas, la terapia es palabra, retórica (según Aristóteles) y como tal no puede confundirse con la ciencia. La terapia está llena entimemas o singulares silogismos, según estos autores, que están sustentados en la capacidad de convencer, dejando de lado que el propio Aristóteles la establecía como ciencia: la ciencia del discurso. Por lo que, disciplinas como la literatura y todas sus derivadas en sus variadas sistematizaciones, cabe inferirse, no son más que pamplinas carentes de cualquier fundamento científico.

                Es claro que la confusión del concepto de retórica como fundamento del discurso coherente y lógico, a través del rigor de la inventio, la dispositio y la elocutio, no pueden ser propias de criterio científico, y la confusión, digo, proviene de trabucar y despistarse con una de las fases de la propia elocutio o estilo (que está compuesta por la puritas, la perspicuitas y el ornatus),[4] me refiero a la que atañe al ornatus y referida a los tropos y figuras literarias.

                Esta superficialidad de lo que supone la retórica es una de las causas de tanto disparate, mas también, el hecho de llevar lo estrictamente científico al ámbito de la materia y a lo que es meramente cuantificable. De todo hablaremos en la siguiente entrada del blog Ancile.

 

 

Francisco Acuyo

               



[1] Szasz, T.: El mito de la psicoterapia, Espaebook, 1978.

[2] 1978.

[3]Que estudia las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a la obtención del conocimiento científico.

[4] Como si la lógica de la disposición gramatical y lingüística fuese tarea propia de artesanía, o hacer compresible el juicio razonable del discurso fuese labor de bárbaros iletrados, y hacer hermoso el discurso es trabajo de gañanes ignorantes de un rigurosísimo método (artístico, si, pero también científico).




Mente y materia: para una acepción racional de la enfermedad. Francisco Acuyo


martes, 17 de septiembre de 2024

LA LÓGICA ARTÍSTICA: MÁS ALLÁ DEL SILOGISMO. UN DINAMISMO ACTIVO PARA UNA TERAPIA COGNITIVO CREATIVA

 Con este nuevo post para la sección de Ciencia del blog Ancile, abrimos una nueva serie dedicada a la terapia cognitivo creativa, en este caso bajo el título: La lógica artística: Más allá del silogismo. Un dinamismo activo para una terapia cognitivo creativa.


LA LÓGICA ARTÍSTICA: MÁS ALLÁ DEL SILOGISMO.

UN DINAMISMO ACTIVO PARA UNA TERAPIA

 COGNITIVO CREATIVA


 

La lógica artística: Más allá del silogismo. Un dinamismo activo para una terapia cognitivo creativa. Francisco Acuyo

En la arcana (y enigmática, para occidente) tradición Zen se decía que la solución final a cualquier conflicto trascendente se hace posible o procede de dentro: si la pregunta sale del yo, debe regresar al yo, o lo que viene a ser lo mismo: el yo y el no yo deben identificarse[1]. En realidad, lo que está planteando es el ancestral problema de la disociación o dicotomía de la mente y la naturaleza, de la separación del objeto y del sujeto, o, para los místicos, la separación de Dios y el mundo.

                Uno de los grandes valores terapéuticos del budismo ha sido exponer abiertamente el anhelo del regreso al origen donde no hay división posible, el lugar donde se produce la alternancia de uno a otro: del sujeto al objeto, de la mente y la naturaleza o de Dios y el mundo: ese vacío en el que no cabe unión es el que propicia la comunión constante y la perpetua disparidad y diferencia.

La lógica artística: Más allá del silogismo. Un dinamismo activo para una terapia cognitivo creativa. Francisco Acuyo
                Los dos párrafos anteriores pueden parecer extraños en la disposición de sus presupuestos de razón para hacerse accesibles, al menos para nuestra cultura esencialmente silogística,[2] de hecho, este razonar fuera y dentro de nosotros mismos, de la mente y la naturaleza, de lo consciente y lo inconsciente ya son fuente inevitables y necesarias de conflicto. Pues bien, el ejercicio artístico, como actividad creativa e imaginativa es una vía terapéutica de enorme interés, en tanto que se ofrece como impulso activo singular que intermedia entre los opuestos descritos. El fracaso de la integración de lo exterior con el interior de nuestra psique una de las nefandas fuentes de muchos de los trastornos que inciden dramáticamente en la modernidad.

                El itinerario para una recuperación de aquellas alteraciones tiene que ser cognitivo, de entendimiento y comprensión de lo que le sucede. Otra vía será la de la creación, en tanto que esta accede a través de la imaginación hasta los recovecos mas profundos de nuestra mente para extraerlos y hacerlos reconocibles, expresivos, comunicables y ofrecerlos como mucho más que algo netamente personal, también transferible allende generaciones, progenies y culturas que emparentan artísticamente sus inquietudes más íntimas.

                Al moverse el arte entre lo material y espiritual, entre la abstracción y lo preciso, la perpetuidad y lo efímero, su lógica no es silogística, ya que le permite estar conjugando los opuestos, origen de los conflictos, desde donde, en fin, contemplar con serenidad el arsenal que acumula y hace provisión de todas aquellas espectrales entidades que acaban por conformar la taxonomía de no pocos trastornos del espíritu.

                Veremos que la oferta terapéutica que propone el arte se ve inmersa necesariamente en el ámbito que tanto denostaron los adeptos a la antisiquiatría, describiendo la enfermedad mental como un mero mito en tanto que se la consideraba nada menos que como una metáfora, como si esto no fuese poca cosa, por lo que la terapia, la psiquiatría y por ende la misma psicología, según estas tendencias antisiquiatricas, no pasaban de ser una medicina o inmersión sanitaria falsa de toda falsedad.

                Indagaremos sobre esta cuestión en siguientes entradas de este vuestro blog Ancile.

 

 

Francisco Acuyo



[1] Suzuki, D. T: El ámbito del Zen, Kairós, Barcelona, 1981, pág. 34.

[2] Razonamiento lógico silogístico que fundamenta la dinámica deductiva en occidente, desde su creación por Aristóteles: dos proposiciones serán las premisas mediante las que se acceda, en relación terminológica con otra que la concluye. El sujeto y el predicado establecen la conclusión de su juicio.





jueves, 12 de septiembre de 2024

NOCTURNAS SOLEDADES

Para la sección de Poesía del blog Ancile estas Nocturnas soledades, desde las cumbres de Sierra Nevada.

 

NOCTURNAS SOLEDADES

 

 

Nocturnas soledades, Francisco Acuyo

Canzone, io credo che saranno radi

Color che tua ragione intendan bene…

 

Canción, muy pocos creo que serán

los que tu razonar entiendan bien….

 

Dante Alighieri

 

Sierra Nevada.

Observando las estrellas

 

 

 

 

   Si por seguro azar el devenir en tu mano

de luz se sostuviera, yo te imploro, oh, instante

constelado, que eterna en la noche soberano

el paso no detengas, y mi alma semejante

marcha siga del terrenal al celeste plano.

 

   La aflicción en lo abstracto de la soledad, dura-

mente en el alma, piedra de dolor, nos golpea.

En la cumbre nocturno la noche el vuelo de un aura

imperceptible, en desamparo, apenas si idea

de ti tiene: será en mi ánima carnal figura.

 

    Amor, no sabes que en el mundo existo, sí, amor,

ni que me amas acaso tú sabes, pues, tu mente

dibujó en cada estrella el semblante interior

con el que miro ahora en el astro juntamente:

veo, sin conocerla, oh soledad, su esplendor.

 

    A elucidar no alcanza razón esta belleza

que contemplo en el rostro nunca visto, el aspecto

que soñar solo puede en soledad la firmeza

de un amor sin frontera y que no entiende intelecto,

de un amor que en el alma nos hiere con certeza.

 

 

 

 

Francisco Acuyo