jueves, 14 de octubre de 2021

REALIDAD MATEMÁTICA, FÍSICA Y POÉTICA: LA EXÉGESIS DE LA REALIDAD

 Proseguimos reflexionando sobre la(s)  estructura(s) de la realidad desde los diversas ópticas que nos ofrecen disciplinas tan (aparentemente) distantes como las matemáticas, la física o la poesía, y esto para la sección de Ciencia del blog Ancile. En esta ocasión bajo el título: Realidad matemática, física y poética: la exégesis de la realidad.


REALIDAD MATEMÁTICA, FÍSICA Y POÉTICA:


LA EXÉGESIS DE LA REALIDAD

 


Realidad matemática, física y poética: la exégesis de la realidad. Francisco Acuyo



LOS experimentos mentales son una de las más célebres manifestaciones del intelecto humano durante el siglo XX. Acaso una de las más controvertidas, también harto divertidas y dramáticas sea la del renombrado e insigne gato de Schrödinger,[1] y que vendrían a incidir en el problema de la medición cuántica. Cuestión esta de capital importancia para la ciencia, si en estas mediciones encontramos el sustrato físico para describir la realidad, aunque dicha computación y contabilidad se haga a través de herramientas matemáticas.

                Es el caso que si aceptamos que es posible crear un algoritmo que, matemáticamente puede describirnos y predecir  esta realidad esta probabilidad simultánea, el entrelazamiento cuántico no pasaría de ser una anécdota matemática más o menos ingeniosa y paradójica del ámbito teórico. Pero la cuestión es mucho más profunda (ya lo adelantábamos en anteriores entradas), debido a que dicha aproximación matemática nos sirve para predecir y describir la realidad.

                Si la teoría cuántica exige un amplio y riguroso esfuerzo interpretativo, y si esta es una instrumento de descripción y predicción de la realidad, necesariamente exige a su vez una no menos esforzada y seria aproximación a la realidad a la que se aproxima, no obstante no entraremos en discusión sobre su incidencia (bastante difícil por no decir casi imposible) en la cultura popular y sus inevitables distorsiones de la teoría  que llevan, por supuesto, a una no menos importante deformación de la realidad que tratan de describir y aproximar.

                Que la realidad se entiende como una sustancia objetiva independiente del observador forma parte indiscutible del realismo de sentido común anteriormente señalado. El instrumentalismo científico con el que realizar predicciones sobre aspectos que inciden en el mundo físico, mediante el que se cree que el algoritmo matemático no pretende describir realidad alguna que garantiza la independencia de esa realidad objetiva sobre el que interpreta dicha realidad.

                Pero también es cierto (y de hecho así lo muestran muchos científicos y filósofos de la ciencia), que en modo alguno puede rechazarse otro tipo de realidad participativa que incluyen a los mismos observadores de dichos fenómenos.

                Esta última aproximación a una realidad participativa, en matemáticas esto es algo perfectamente asumible habida cuenta de la diferencia reconocida entre unas matemáticas aplicadas al mundo de la materia, de otras puras, que se desarrollan en un ámbito estrictamente abstracto –personal y subjetivo que se atiene a unas directrices lógicas-  (siendo esto también motivo de controversias en el mundo de las mismas matemáticas). Qué decir del ámbito de los estrictamente creativo o poético, donde el individuo observador del mundo capitaliza toda su realidad.

                Ahora bien, ¿qué tienen en común –si es que tienen algo- las realidades matemáticas, físicas y poéticas del mundo? De estas analogías, que acaso serán las de teoría y mundo, hablaremos de manera más concreta en la próxima entrada de este blog Ancile.

 

Francisco Acuyo

 

 



[1] El cual podría estar vivo o muerto en una caja simultáneamente (estado de superposición cuántica), para explicar la interpretación de la mecánica cuántica según la escuela de Copenhague.



Realidad matemática, física y poética: la exégesis de la realidad. Francisco Acuyo


miércoles, 6 de octubre de 2021

LA LUZ Y SU CONSTANTE UNIVERSAL: LO REAL (COMO UN TODO) MÁS ALLÁ DE DICHA CONSTANTE

 La realidad y la diversidad de sus facetas (si es que en verdad las tuviera) es la temática que abordamos en estos últimos post del blog Ancile para su sección de Ciencia, en este caso bajo el título: La luz y su constante universal: Lo real (como un todo) más allá de dicha constante.




LA LUZ Y SU CONSTANTE UNIVERSAL:

LO REAL (COMO UN TODO) 

MÁS ALLÁ DE DICHA CONSTANTE

 



La luz y su constante universal: Lo real (como un todo) más allá de dicha constante. Francisco Acuyo


El uso –teórico y práctico- de la denominada constante universal de la velocidad de la luz ha sido y es en verdad útil y de una importancia incuestionable en física. El modelo de la relatividad general de Einstein así lo ha corroborado y puesto en evidencia, estableciéndose como un marco singular y capital para el entendimiento de la realidad física y de su fenomenología, así lo demuestra su aplicación para la mayoría de mediciones que tienen interacción con el universo.

                No obstante, no son pocos los cosmólogos que aún con herramienta tan poderosa de medición y sobre todo de predicción, no acaban de poder explicar, en virtud de sus aproximaciones, cómo es que el cosmos goza de semejante inmensidad y, lo que es aún más enigmático, cómo es posible ese grado homogeneidad manifiesto (uniforme en todas las direcciones) del que participa, sobre todo si la velocidad de la luz ha sido constante desde la génesis del Big Bang. Además, todo parece indicar que con la constante de la velocidad de la luz, el centro teórico del universo no alcanzaría el límite exterior del mismo, dando esto lugar a un universo heterogéneo, que no es precisamente lo que se observa.[1]

                Como vemos, las consecuencias de la naturaleza de la constante universal de la luz, no sólo afecta al ámbito de lo inmensamente pequeño (al dominio de lo cuántico), también en el terreno de lo inmensamente grande, como es el de la cosmología. Las relaciones de ambos territorios y su fenomenología no han tenido una convivencia precisamente pacífica en la física teórica. Buena cuenta de esta controversia (que no es nueva, data de los filósofos griegos, que ya conjeturaban que en la aparente diversidad del mundo ocultaba una unidad subyacente) la da el intento de llegar a una teoría unificada (Theory of Everything), mediante la cual establecer un modelo simple para unificar todas y cada una de las interacciones que son posibles en la naturaleza y sin contradicciones. Contradicciones extraídas, sobre todo, por lo observado en el mundo cuántico, donde el azar parece campar por sus respetos, dominio decimos al que a lo más a lo que podemos llegar (que no es poco) es al cálculo de probabilidades de que suceda un determinado evento cuántico.

                Este intento de unificar en una sola teoría las explicaciones sobre las interacciones de las fuerzas básicas de la naturaleza y sus respectivas interacciones (gravitatoria, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil) ha sido y es una constante  de la ciencia física, añadiendo la cosmología la necesidad de una fuerza inflacionaria así como la materia y la energía oscuras, que exigirían una suerte de partículas fuera del modelo estándar. De hecho la relatividad general y la física cuántica mantienen sus diferencias, cuya principal inconsistencia radica en la exigencia de la incorporación de la gravedad cuántica.[2]  De cualquier manera, la mecánica cuántica aplicada al ámbito de lo infinitamente pequeño se ha mostrado como una herramienta predictiva eficacísima, aunque deba reconocerse que una teoría total muy bien pueda resultar un imposible, sobre todo si atendemos a las derivaciones lógico matemáticas del teorema de la incompletitud de Gödel.[3]

                Todas estas idas y venidas en la búsqueda de una visión completa y coherente de la realidad del mundo ha tenido también, inevitablemente, que afectar (¿filosóficamente?) al concepto de realidad, y hasta qué punto podemos aspirar a reconocer lo que esta sea. De las aproximaciones que de ella se han hecho se ha podido abordar una panoplia grande de fenómenos con predicciones cada vez más exactas. De todas formas estamos lejos de un determinismo laplaciano de totalidad de conocimiento de lo que la realidad consista, y para ello confrontamos, de nuevo, con la incertidumbre de la realidad cuántica del mundo.

                Veremos en próximas entradas de este blog Ancile, que la realidad no es algo tan evidente como nuestros sentidos, e incluso nuestra razón común, nos muestran en primera instancia.

 

 

Francisco Acuyo

 



[1] Según algunos teóricos, en realidad, al principio del Big Bang, la velocidad de la luz no era constante, sino que era superior a dicha velocidad, y a la medida que el universo se consolidó en su expansión ralentizándose y con ella la de la luz.

[2] Véanse como alternativas a superar esta inconsistencia entre ambas la teoría de supercuerdas y la teoría de gravedad cuántica de bucles.

[3] Nos viene a decir que cualquier teoría matemática suficientemente compleja o es inconsistente o incompleta, por lo que la física (si apoyada en la verificación matemática) tampoco puede ser completa.


La luz y su constante universal: Lo real (como un todo) más allá de dicha constante. Francisco Acuyo


martes, 5 de octubre de 2021

“VUELVE DENTRO DE TI…”, ¡ AMIGO LECTOR!, POR ALFREDO ARREBOLA

 Para la sección Apuntes histórico teológicos traemos un nuevo post de nuestro amigo y colaborador Alfredo Arrebola, esta vez bajo el título: Vuelve dentro de ti, !amigo lector¡

           

                 

“VUELVE  DENTRO  DE TI…”, ¡ AMIGO  LECTOR!

                                           


Vuelve dentro de ti, !amigo lector¡  Alfredo Arrebola

 

    

    Jamás he intentado imponer a nadie mis ideas; me agrada más la persuasión y, sobre todo, aceptar  el pensamiento de cualquiera  que opine diferente  a mí. Pero  el ser humano está obligado a  obrar conforme a los principios fundamentales e inmanentes del recto y ortodoxo proceder. Estamos, pues, en el terreno de “ lo natural”, independiente de toda creencia religiosa, siempre posterior a la ley natural. Sin embargo, la historia de las religiones nos hacen ver que las hierofanías, las teofanías son el modo de manifestarse la divinidad.

   En mis largas y objetivas reflexiones he visto claramente que hay otra posibilidad: situar la revelación en uno mismo. Es el camino que han seguido las religiones de  la inmanencia, de la interioridad. Según mi modesto criterio – hablo con el máximo respeto a todo ser humano – pienso que Dios está en el interior del hombre y sólo hay que volverse allí, abandonando las realidades  exteriores, para encontrarle. Es fácil reconocer que estamos hablando de una evidencia de lo divino, pero posiblemente más íntima y recatada. El apóstol Pablo – columna vertebral del cristianismo – nos lo  dijo bien claro: “Dios lo llena todo”. La filosofía “racionalista” de Benito Spinoza (1632 – 1677), a pesar de su panteísmo, está  basada en esos principios inmanentes de la divinidad.

   Se sabe perfectamente que las experiencias místicas están en esa misma línea. España puede sentirse bien orgullosa de su rica y amplia literatura mística y ascética, que sirvieron – increíble, pero cierto - de fundamento metafísico  para admitir  la “prueba de la existencia de Dios” (Henri  Bergson, 1859 - 1941. Premio  Nobel  de Literatura 1927).  Muchas religiones - afirma el filósofo José Antonio Marina (Toledo, 1939) -, entre ellas la cristiana, han ido evolucionando hacia  grados cada vez mayores de intensidad. He aquí, pues, el porqué de esta breve reflexión “Vuelve dentro de ti.  La verdad habita en el interior del hombre”, que nos regaló uno de los más grandes  teólogos  y filósofos de todo el  Occidente, San Agustín (354 – 430). Los Vedas y los Upanisad hablan del Ser supremo como  situado en la cueva del corazón. Y así en “Katha Upanisad  I, 2, 12 leemos: “La persona inteligente que  medita en su ser reconoce al Ser divino y eterno que habita en la cueva  del  corazón”. Nuestra Santa Teresa de Jesús (1515 – 1582), la más famosa escritora mística, llamaba a  esa cueva “morada interior”.

   Quien replegado en sí mismo, liberado de los deseos, logra mediante la concentración  unirse al Uno (Dios), ve claramente la falta de realidad de los seres. Como gotas de agua, las cosas desaparecen cuando brilla el gran sol. Idea que, desde lejanos tiempos, ha fascinado siempre a la  inteligencia humana: adentrarse en lo más profundo de su espíritu. Ya el divino Platón (c. 427 – 347 a.C) decía algo parecido en su mito de la caverna: Lo que consideramos como seres no son más que  sombras evanescentes proyectadas en la pared de la cueva.  Fuera, al aire libre, luce el sol, el Bien, el único. Ciertos filósofos medievales ya hablaban del “infierno de las diferencias”. Si el ser humano fuera capaz de mirar todas las cosas en Dios, las vería hermanadas, pero la soberbia, el  pecado, la discordia  las independizan. Esta ha sido, sin duda, la trayectoria del ser humano.

   ¡Oh! ¡Si nos pudiéramos dar exacta cuenta de lo que es ese mundo interior que llevamos en el alma! ¡Si pudiéramos comprender cómo el Espíritu Divino habita en nosotros y, además, nos posee!. Verdaderamente, el  Espíritu es el alma de nuestra alma y la la vida de  nuestra  vida; ¡causa pena saber que el hombre con frecuencia olvida ese mundo que lleva dentro! ¡Lástima que, fascinados por las cosas de la tierra, muchas veces perdamos la noción de las cosas  divinas!

¡Ah! A cada uno de nosotros se nos pudiera decir lo que Jesús de Nazaret dijo a la Samaritana junto al brocal del  pozo de Jacob: ¡Si conocieras el Don de Dios! (Jn  4,10). ¡No salgas de tí, benévolo lector!. Ignoras, posiblemente, lo que llevas dentro de tu alma: riquezas sobrenaturales, riquezas 

divinas que puedes maravillosamente explotar. Pues, al fin y al cabo, el hombre está llamado a ser plenamente feliz. Reflexiona y experimenta en tu propio interior porque , nos dice Consuelo Martín, “la  experiencia aporta la única verificación  posible a la verdad trascendente que puede dar total  sentido a la  existencia” (cfr. “Introducción”  a  UPANISAD…, pág. 23 (Madrid,2001).

Vuelve dentro de ti, !amigo lector¡  Alfredo Arrebola
     También en el budismo podemos observar cómo considera que el mundo es una ilusión  mantenida
por el apego, como también  sabemos que toda la  enseñanza de su fundador, Buda (ss. VI-V a.C.), se reducía a las “cuatro nobles verdades”: la verdad de que existe la infelicidad; la verdad de que hay una causa de esa infelicidad; la verdad de que la infelicidad puede cesar; la verdad del camino  que conduce al cese de la infelicidad. El mítico eremita defiende una especie de empirismo espiritual: “Aceptar mis palabras, repetía, con relativa frecuencia, sólo y después de  haberlas comprobado vosotros mismos; no las aceptéis simplemente por la veneración que me  profesáis (…), los Budas sólo indican el camino”. Ese camino se reduce a aniquilar el deseo y alcanzar un nivel diferente de existencia: el nirvana. No lo niego - ¡tampoco me vanaglorio! - de haber estudiado medianamente bien el Budismo.

   Sin embargo, quienes seguimos a Cristo, el Unigénito de Dios, sabemos  cuál es nuestro  camino, que está perfectamente descrito en el Evangelio de Lucas:  “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian (…). A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito  tenéis?  También los pecadores aman a los que los aman (…) Amad a vuestros  enemigos, haced  el bien y prestad  sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es buenos con los malvados y desagradecidos; no juzguéis, y no seréis  juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterá una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que  midiereis se os medirá a  vosotros” (Lc 6, 27- 38).

  Larga cita, es cierto; pero no me quedaba otro remedio que servirme del propio Evangelio que nos enseña que sólo en Cristo - “Camino, Verdad y Vida”, Juan 14,6 – puede el ser humano encontrar la razón última de su existencia y su final. Es posible que no alcancemos a comprender esta doctrina sublime; pero aunque no la comprendamos, ahí están  testigos mayores de toda excepción que nos están indicando que es posible encontrar, partiendo de uno  mismo, en los múltiples y variados “dolores vitales”, la  alegría, y no cualquiera alegría, sino la “perfecta alegría”, siguiendo la senda del divino Jesús de Nazaret, que “pasó por este mundo haciendo el bien”.



Alfredo Arrebola

Villanueva  Mesía-  Granada, Septiembre de 2021

 



Vuelve dentro de ti, !amigo lector¡  Alfredo Arrebola


 

 

martes, 28 de septiembre de 2021

LA LUZ DE LA AZUCENA, LA VOZ DE TI VENIDA

 La luz de la azucena, la voz de ti venida, es el título de esta última entrada del blog Ancile para la sección Poesía, dedicada a la tristemente desaparecida periodista Elia Rodríguez.

 

 

 LA LUZ DE LA AZUCENA,

LA VOZ DE TI VENIDA



 

La luz de la azucena, la voz de ti venida,  Francisco Acuyo

 

 

A la voz, luz de humanidad,

de la inolvidable Elia Rodríguez

 

  

 

 

   SI la voz a ti debida

es de luz, en la azucena

florece como la imagen

que la música tutela.

 

 

   Voz o luz para la piel

de nuestra memoria queda

en la claridad sonora

que, si no ilumina suena.

 

    Nunca habitará el olvido

donde reside perpetua

la armonía del fulgor

que en tu voz, luz nos recuerda.

 

    El instante ya no es tiempo,

el movimiento es luciérnaga

que deviene con la música

eterna reminiscencia.

 

    Veo en tu voz familiares

(que la eternidad sustenta)

las almas contigo vivas

de quienes amé y en la pérdida

 

    por siempre creí olvidadas;

allí escuché (y vi) el emblema

fraternal de la confianza

que una voz en la azucena,

 

   si es la voz a ti debida,

arde vibrante en la estrella

que de noche nuestro espíritu

en sus acordes contempla.

 

 

 

 

Francisco Acuyo

 

 

La luz de la azucena, la voz de ti venida,  Francisco Acuyo

 

  

 

 

  

 

 

 

 



 

 

 

 

jueves, 23 de septiembre de 2021

LA CAUSALIDAD CUÁNTICA Y LA REALIDAD MATERIAL DEL MUNDO

 Seguimos el post anterior, relacionado con el paradójico mundo de la realidad cuántica, y todo para la sección de Ciencia, del blog Ancile, y esta vez bajo el título: La causalidad cuántica y la realidad material del mundo.


LA CAUSALIDAD CUÁNTICA


Y LA REALIDAD MATERIAL DEL MUNDO



La causalidad cuántica y la realidad material del mundo. Francisco Acuyo


 

Comentábamos en la anterior entrada que el sentido común es uno de los instrumentos más socorridos para establecer y orientar la causalidad de los más variados fenómenos que conforman la realidad que percibimos. También es preciso recordar la admonición a que el sentido común nos engaña como también lo hacen los sentidos a la determinante hora de corroborar la realidad de buena parte de  fenómenos físicos a los que accedemos, así como a la determinación de la estructura material (o física) de lo que decimos que consiste en el mundo.

                La no localidad[1] de la estructura (partículas) más íntima de la materia del universo –cuántico- ejerce como un elemento altamente perturbador y extraño no solo para el sentido común, también para la teoría y la praxis de la misma física clásica, y todo esto, si es que realmente ese efecto de entrelazamiento –cuántico- pone o parece poner en duda la constante de la velocidad de la luz[2], y si es que dicha enigmática correlación altera gravemente nuestra concepción de lo que acontece en el mundo, puesto que el tiempo y el espacio adquieren raras connotaciones físicas que incluso pondría en duda su existencia, al menos tal y como la concebimos según las directrices de la física clásica. Pero ¿ es por esto que la violación del principio de la constante de la velocidad de la luz implica necesariamente una ruptura de la causalidad? Hay opiniones que tratan de aclarar que estas velocidades heterodoxas no son en modo alguno físicas,[3] en el sentido de que lo que se está propagando –en realidad- no es nada físico. ¿De qué estamos hablando entonces cuando aquello que determinamos como no físico, tiene sin embargo consecuencias prácticas, tecnológicas en el ámbito de lo evidentemente físico? Es una realidad que la mecánica cuántica tiene unas implicaciones en este ámbito que son fundamentales. ¿No estamos ante una flagrante contradictio in terminis? ¿No es una discordancia lógica, filosófica y desde luego física?

                Nada físico viaja a velocidades superiores a las de la luz, nos insisten. Pero ¿qué nos dice, o de qué nos advierte el comportamiento ampliamente reconocido de la no localidad de la realidad cuántica, que parece cuestionar aquella constante y límite de la velocidad de la luz? La física clásica y la relatividad especial nos advierten de que si una parte (una partícula, por ejemplo), no tiene contacto con otra que se encuentre distante, no puede obtener información de manera instantánea. Sin embargo, en la medición cuántica esto no sucede así, de hecho, a todas luces las partículas medidas se comportan e interaccionan de manera instantánea –no local-.

La causalidad cuántica y la realidad material del mundo. Francisco Acuyo

                Es claro que el concepto de localidad necesita una revisión detenida para aclarar la naturaleza de la realidad de lo más íntimo de la materia (y sus implicaciones, si las hubiera, en la realidad con lo que interaccionamos cotidianamente). Las desigualdades de Bell[4] tratan de dar luz sobre esta inquietante cuestión que, desdice el sentido común, y diríase que también los fundamentos de la ciencia física clásica y relativista, a saber: 1- Los valores de las propiedades físicas están predeterminados antes de hacer una medida. 2- Los valores de las propiedades físicas en una parte no contienen información sobre las otras partes.[5] Esta aproximación nos dice que hay teorías que cumplen o no el realismo local, pero que en modo alguno habrá de afectar a la consistencia física de causalidad que rigen en los fundamentos de la naturaleza que observamos y que parece respetarse siempre.

                El hecho de proclamar una no localidad que nadie ha visto (aunque matemáticamente sea correcta) pone en cuestionamiento la física tradicional aunque no expone una base empírica (físico tradicional) que la constate. Mas, ¿cuál es, o, cómo es, entonces, la realidad a la que tenemos acceso, si como todo parece indicar, hasta que no observamos un sistema cuántico este no tiene por qué poseer propiedades bien definidas?[6]

                Abundaremos sobre esta cuestión tan extravagante como llena de interés científico (inevitablemente, también filosófico) en próximas entradas de este blog Ancile.



Francisco Acuyo

 



[1] Traemos nuevamente la anterior nota sobre  la realidad cuántica de la no localidad: Recordamos que dos objetos situados a distancia, en física, no pueden bajo ningún concepto influirse de manera instantánea, necesitaría de un intervalo temporal para que esto fuese posible, de donde deducimos la necesidad de un espacio tiempo para que esto suceda, por lo que es preciso que dicha influencia se propague a velocidades inferiores a las de la luz. Pues bien, este principio se demuestra inaceptable en el mundo de la realidad subatómica. El entrelazamiento cuántico será el término que pone en evidencia esta  realidad extraña (sobre todo al sentido común) de la materia en sus estructuras más íntimas. Para el matemático esta realidad resulta fascinante, porque pone en evidencia la importancia de sus acercamientos abstractos a la realidad física del mundo.

[2] Constante inviolable según Albert Einstein que nos dice que, ya estemos quietos o en movimiento, la luz o cualquier radiación electromagnética no puede sobre pasar esta constante en cualquier marco de referencia, por lo que se estima como una constante universal.

[3] Sabín, C.: Diccionario de física cuántica, Física y Química, Investigación y Ciencia, 14 de septiembre 2020.

[4] O Teorema de Bell, es un metateorema utilizado para cuantificar matemáticamente las predicciones en matemática cuántica, de la que se deduce que en modo alguno puede las variables ocultas locales de una teoría física puede reproducir las predicciones de la mecánica cuántica

[5] Ibidem.

[6] Merali, Z.: Más allá del gato de Schrödinger, Física Cuántica, Actualidad, Investigación y Ciencia, 22 de septiembre de 2020.


La causalidad cuántica y la realidad material del mundo. Francisco Acuyo


martes, 21 de septiembre de 2021

A VER CÓMO LO CUENTO

 A ver cómo lo cuento, es el título del último post que traemos para la sección de Narrativa del blog Ancile. Relato divertidísimo que exhibe las excelencias narradores de nuestro amigo y colaborador Pastor Aguiar, a quien  reconocemos como baluarte fundamental de nuestros colaboradores.



A VER CÓMO LO CUENTO

 

 

A ver cómo lo cuento, Pastor Aguiar



Déjame ver por dónde empiezo. Estoy tratando de entrarle a una serie de sucesos que han perdido el orden cronológico. Tampoco voy a dejarme tentar por el deseo de exponerles acá mi tesis sobre la inteligencia de los cipreses mientras coloco cada memoria en su lugar, así que cierro los ojos y entresaco visiones como fotos del baúl de abuela Victoria, que en paz descanse.

            Hacía poco que había llegado. Toda mi vida he sido un visitante, y esta vez recorría la casa donde viví mis últimos años antes de la gran huida.

            No vi cambios llamativos, era la segunda vivienda de la cuadra. En la esquina, supuse que aún Pericón y Marta soñaban con ser propietarios de aquella caja de concreto con ventanas de madera remendadas, idéntica a las demás, alquiladas por la revolución a profesionales de la salud.

            Yo estaba sentado en un taburete dándole la espalda a un paredón de apenas metro y medio de altura y tres de ancho, entre lo de Pericón y mi destino de entonces. La acera haraganeaba rozándome la punta de las chancletas con una de sus orillas. La otra limitaba con un verdugón de pasto interrumpido de vez en cuando por palmeras raquíticas, después la calle raramente transitada, porque era el final del pueblo.

            Yo cazaba posibles apariciones, como el policía retirado que al atardecer iba de regreso a su camastro y siempre me contaba alguna novedad sobre la fábrica de jamones para turistas; pero en vez de él llegó de repente aquel niñote cabezón hijo de Rótula y Velorio, vecinos cercanos con los que nunca tuve buenas relaciones, ya sabes, por tanto chisme que merodeaba.

            El niñote tan ancho como alto, dijera tipo tonel, colocó un objeto alargado e indescifrable a pocos centímetros por encima de mi cabeza, de forma que una punta se apoyaba en el paredón trasero y la otra en sus manos. Era algo así como una larguísima tabla de planchar, qué locura, y para colmo la soltó sin avisar. Suerte que mis reflejos anduvieron a punto para detener el golpe, de manera que eché la cosa a un lado próximo a la acera.

            Al instante llegó Velorio alérgico al saludo, con aires de padre ofendido.

            _ Qué pasó con el niño, a ver.

            _ Nada. Quien debía quejarse soy yo, porque vino a colocar un tablón enorme por encima de mi cabeza y si no ando rápido me la parte. Lo único que hice fue esquivar el trastazo. El chico desapareció en el acto.

            _ Ah, bueno, era solo para saber_ Dijo alejándose por delante de una ventolera.

            Yo me quedé imaginando que nos habíamos entrado a piñazos, cura que merecía el hijo de puta; y el niñote, de tal palo tal astilla. De seguro el mayorcito era peor, con su aire de sabelotodo, e incapaz de limpiarse el culo.


            Pero bueno, mejor sin bronca, para evitar complicaciones con la policía y posible confiscación de mi pasaporte.

            Al ratito decidí entrar a la casa para sorprenderme con la presencia de mi ahijada Torina y su hermanito Rubicundo mar de pecas, como le decía el propio padre. Y no solo ellos, pues entre la sala y los dos cuartos correteaban tres o cuatro infantes desconocidos, bajo la persecución de la abuela de Torina. Quedé pasmado al verlos a todos con la misma estampa, como si el tiempo no pasara por ellos.
Mi ahijada apenas a la altura de mi ombligo, pero con ademanes de adulta, me abrazó sin decir palabra, y todos hicieron lo mismo en fila.

A ver cómo lo cuento, Pastor Aguiar
           
 
Cuando pensé que terminaba la saludadera, se apareció, creo (Creo que cayó desde el techo) Ron, el primogénito de Agapito Caldero, un alcohólico crónico de la finca Rebacadero, carajo, que esto no correspondía con la lógica de los hechos.

            El caso era que Ron semejaba un pichón de gorila de apenas cuatro pies de altura y el triple de ancho, comparado conmigo. Sus brazos le llegaban al piso, rematados por unas manazas descomunales, una de las cuales me extendió con peligro de triturarme los dedos.

            _ ¿Qué haces aquí Ron? Jamás estuviste en este barrio, creo que ni lo soñaste.

            _ Estoy de visita, igual que tú, pero veo que te pusiste viejo y eso no puedo explicármelo_ Me dijo con una seriedad que metía miedo, y una voz de barítono ensordecedora, a tal punto que los demás desaparecieron.

            Al verme a solas con Ron se me ocurrió algo insospechado.

            _ ¿Hace mucho que no te fajas?

            _ Un tiempito. Nadie quiere que le desbarate la cara_ Me confesó.

            _ Pues acá tenemos unos vecinos pesadísimos, de esos que te dan ganas de hacerlos papilla a puros trompones. ¿Qué tal si les das un escarmiento?

            _ Para luego es tarde. Señálamelos nada más y déjamelos a mi cargo, que, muerto el perro, muerta la rabia.

            _ No es para que los mates, solo dales un buen escarmiento.

            _ No te preocupes.

            Salimos al portalito y de inmediato divisé al niñote de Velorio a pocos pasos arrastrando el tablón de antes sobre la acera.

            _ Es aquel adefesio, y ya verás que al instante viene el padrazo a defenderlo. Son tuyos_ Animé a Ron, quien ya hinchaba el pecho y comenzaba a girar sus brazos como aspas de molino.

            Yo me quedé en el portal observando a Ron en pleno ritual bélico, a pasos cortos, sofocándose a propósito, sacando su pene de caballo para marcar territorios con chorros de orina.

            Desde mi posición no pude ver claramente el rostro del niñote, pero sí su parada en seco y su intento de levantar el madero para defenderse, porque ya Ron le lanzaba un sopapo que lo dejó como una calcomanía sobre el cementado.

A ver cómo lo cuento, Pastor Aguiar

            El niñote dejó escapar un grito de cerdo en el matadero y no terminó cuando Velorio llegó esgrimiendo una silla, vociferando mil insultos.

            Ron lo vio llegar y creo que por compasión le dejó lanzar un sillazo que atajó con ambas manos. El mueble voló en añicos, y todavía no aterrizaban tales fragmentos y Velorio era un guiñapo sanguinolento entre las patas del pichón de gorila.

            _ ¡Déjalo ya, que lo vas a matar! _ Grité.

            Por suerte Ron me escuchó y vino hacia mí con su mejor sonrisa.

            _ Gracias muchacho, creo que con esto tienen para el resto de sus vidas, digo, si llegan a recuperarse. Pero te aconsejo que desaparezcas, no vaya a llegar la policía.

Efectivamente, no demoró en llegar un carro patrullero al lugar de la bronca. Los vi interrogando a lo que quedaba de Velorio, sin hacer mucho caso a un niñote que era más quejido y llanto que otra cosa.

            Yo no me había movido del portal, aunque ya Ron era un recuerdo, un quizás invento mío.

            _ Usted, ¿vio algo? _ Me preguntó uno de los agentes.

            _ Acabo de salir por causa de los gritos. Estoy de visita en esta casa. ¿Qué pasó?

            _ Eso quisiéramos saber, porque lo que cuenta la víctima mayor no parece realidad. Dice que un monstruo, algo así como un chimpancé, los atacó sin más ni más. No podremos reportar una locura así hasta que se les aclare la mente.

 

 

Pastor Aguiar




A ver cómo lo cuento, Pastor Aguiar